¿Tiene sentido un río? A propósito del documental cinematográfico The Departure, de Lana Wilson

ALEIX RUIZ FALQUÉS

Este artículo forma parte de nuestra nueva edición especial: «El budismo y el cine».

Uno de los fenómenos aparentemente más desconcertantes de las sociedades ricas es el alto índice de suicidios. Se trata de un problema muy particular por su componente tabú y por la imposibilidad de desentrañar cuáles son, verdaderamente, las causas que pueden llevar a una persona a quitarse la vida, siendo esta decisión una mezcla personal e intransferible de razonamientos lúcidos y confusos. En una sociedad que busca desesperadamente soluciones médicas científicas, eficaces y definitivas, a través del control de la materia tangible, la imposibilidad de predecir y tratar problemas de orden espiritual o mental se convierte en una fuente de constante frustración. Al mismo tiempo, es imposible no tomar cartas en el asunto, y se puede decir que cada cual hace lo que puede con los medios de que dispone, como quien intenta navegar a través de una densa niebla.

Portada del DVD del documental The Departure («La salida»), dirigido por Lana Wilson

El documental cinematográfico The Departure («La salida»), dirigido por Lana Wilson, aborda el tema del suicidio desde la problemática de la terapia preventiva. ¿Existe alguna fórmula para tratar a personas que tienen pensamientos suicidas? Ittetsu Nemoto, el monje zen japonés que protagoniza el documental, se dedica con cuerpo y alma a visitar y aconsejar a potenciales suicidas. Algunos muestran evidentes signos de desequilibrio mental, como el hombre que (comprensiblemente) no soporta ver a sus hijos una hora al mes y siente que ha fracasado como padre y como persona. Otros pacientes no muestran ningún signo que los pueda diferenciar de lo que llamaríamos el común de la gente. Sin embargo, el pensamiento recurrente de quitarse la vida se ha apoderado de sus vidas y se encuentran sin armas para afrontar la tentación de terminar con todo de una vez. Aquí es donde entra en acción el peculiar monje zen Nemoto, que recibe llamadas y mensajes de correo y teléfono sin parar, y está disponible las veinticuatro horas del día para atender a personas que están al filo del precipicio.

Además de visitar a sus «pacientes», el monje Nemoto organiza un retiro periódico llamado «la salida» (the departure, en inglés). Se trata de un ejercicio de meditación grupal sobre la muerte y el dejar atrás las cosas y personas más queridas. Es una especie de simulacro de la propia muerte. El monje pide a los participantes del taller que escriban en tiritas de papel las nueve cosas de las que no podrían prescindir. Luego les pide que vayan restando tiritas hasta que solo queda una: aquello que elegirían si solo pudieran preservar una cosa. Pero también esta tirita de papel debe ser finalmente descartada. «Mi madre» se lee en el papel de una participante; «mis memorias» dice el de otra, «viajar por el mundo» ha escrito otro participante. Uno tras otro va descartando el último papelito que les queda. «Ahora lo habéis perdido todo. Esto es la muerte.»

Un fotograma del documental en el que se pueden ver a los participantes de un retiro sobre la muerte con el monje zen Ittetsu Nemoto. Fuente: http://lanawilson.net/projects/the-departure/#trailer/1/

Lo más destacable del método de Nemoto es su falta de sistema, la ausencia de protocolo. Él se deja llevar por la compasión, estrictamente hablando. No siente el dolor y la confusión de sus pacientes como algo ajeno. Está emocionalmente implicado y comprometido con ellos. Quizás es verdad que el monje no posee grandes dotes de oratoria. En sus conversaciones con los potenciales suicidas no se apresura a dar una respuesta completamente articulada y racional a los problemas que se plantean. Más bien se dedica a escuchar con su corazón, a intentar vivir lo que vive la persona que sufre. No va con la teoría o con el protocolo por delante. En este sentido, Nemoto es un terapeuta zen y no un psiquiatra al uso. No busca juzgar al suicida, parece que ni tan solo intenta impedir que se cometa el suicidio. El propio Nemoto sugiere a veces que también él siente a menudo la pulsión de acabar con todo. Con este tipo de conversación tranquila y casual actúa como un espejo, para que la otra persona pueda entender mejor el porqué de su frustración y su deseo de desaparecer.

Uno de los temas recurrentes en la enseñanza del maestro Nemoto, que por otro lado es una enseñanza vaga y nebulosa, es la imposibilidad de dar sentido a aquello que no lo tiene de por sí. Cuando una de las chicas en uno de los talleres sobre la muerte le dice que a veces querría comprender el sentido de la vida, el monje le responde que quizás hay ciertas cosas que no tienen por qué tener sentido: «¿Acaso un río tiene que tener sentido?» Existe una diferencia sutil entre esta observación y el nihilismo que directamente afirmaría que las cosas no tienen sentido. El monje no afirma ni niega que la vida tenga sentido o no lo tenga. Simplemente cuestiona el planteamiento. ¿Tiene sentido preguntarse por el sentido? ¿Acaso todo tiene que tener sentido? ¿Es forzoso que así sea? Me parece que aquí reside la fuerza del discurso del monje Nemoto, pues sutilmente apunta a lo que podría estar en la raíz de la pulsión suicida: forzar a la vida a que ofrezca algo que no puede ofrecer y, por lo tanto, forzar un conflicto sin solución posible. Lo que Nemoto propone no es una solución, sino un cambio de planteamiento, dar la posibilidad a otro tipo de planteamientos sobre la vida.

El monje Nemoto con una de las participantes en su retiro. Fuente: http://lanawilson.net/projects/the-departure/#trailer/3/

El propio Nemoto se encuentra en una encrucijada que también refleja los dilemas de sus pacientes. Su salud es frágil debido a problemas de corazón. El estrés de su trabajo y preocupación constante con personas deprimidas están dejando mella en su salud y ponen en peligro su vida. Pero él afirma en un momento que quizás una buena vida no tiene por qué ser larga. Una vida breve, pero entregada a la ayuda al prójimo, es en definitiva una buena vida. «Quizás algunos lo vean como una forma de suicidio» se plantea en un momento. Lo único que preocupa a Nemoto es que su mujer y su pequeño hijo sufran a causa de él y por ello parece que al final decide cambiar de estilo de vida.

En efecto, uno de los elementos más pintorescos de este monje es que visita discotecas y baila, se emborracha y tiene familia. Se hizo monje porque vio en un anuncio en el periódico que se buscaba a monje para hacerse cargo de un monasterio zen. El hecho de que solicitara el puesto, sin embargo, no es casual, ya que Nemoto se encontraba en un momento de cambio después de un gravísimo accidente. Abandonó su antigua vida bohemia y hedonista, en la que ya no encontraba ningún sentido. Parece que en este caso el hábito sí hizo al monje y, aunque en ningún momento del film se alude a la doctrina budista, la forma como Nemoto encarna las virtudes de la compasión y la generosidad es conmovedora.

Escena de rodaje del documental The Departure («La salida»), con Lana Wilson, la directora, encargándose del sonido ambiente. Fuente: https://chickeneggpics.org/grantee/the-departure/

El film es de una notable belleza estética, a veces un tanto cruda y austera, y un ritmo lento que deja espacio para ir reflexionando sobre las conversaciones. Un aspecto interesante y atractivo de este documental cinematográfico es que prescinde del formato de entrevista directa al protagonista. Seguramente esto se debe a que el propio protagonista se dedica, de algún modo, a entrevistarse continuamente con otras personas. Uno no sabe si se trata de una obra de ficción o de un reportaje. También la estructura del relato rehúye las convenciones y está planteado de forma circular, con un final anticlimático, en el que parece que estamos de vuelta al principio, eso sí, con una sensación contradictoria de no saber si las cosas han cambiado o siguen igual, una sensación de atemporalidad que de algún modo simboliza esta pausa para la reflexión que Nemoto intenta ofrecer a sus compañeros y compañeras.

Este es el segundo film de Lana Wilson, que ya había codirigido junto a Marta Shane After Tiller (2013), un documental sobre médicos abortistas en los Estados Unidos. Más recientemente ha dirigido el documental Miss Americana (2020), sobre Taylor Swift. Sus obras denotan un interés por los puntos de vista marginales y polémicos, y tienen un claro componente de crítica social. En el caso de The Departure logra profundizar en el drama del sufrimiento humano, del suicidio en general (no solo en Japón), y logra retratar la actividad de un monje terapeuta de una forma fiel y respetuosa, con un arte simple y lleno de sutileza, con una elegancia y una ausencia de pedantería dignas del mejor arte zen.

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Aleix Ruiz Falqués (Barcelona, 1982) es Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Barcelona (España), Master en Sánscrito por la Universidad de Pune (India) y doctor en Estudios del Asia del Sur (especialidad de pali) por la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Su campo de investigación es la literatura buddhista en pali, específicamente la tradición birmana. Actualmente es profesor de lengua y literatura pali en la Shan State Buddhist University, Taunggyi (Myanmar), y profesor de pali en el Instituto de Estudios Buddhistas Hispano (www.iebh.org). Tradujo junto a Abraham Vélez de Cea y Ricardo Guerrero el libro de Bhikkhu Bodhi En palabras del Buddha (Kairós, 2019) y próximamente publicará el libro Los últimos días del Buddha: El Mahāparinibbānasutta pali con el comentario de Buddhaghosa (Trotta, 2022).

This Post Has 2 Comments

  1. Recordé con el título el poema de Jorge Manrique “Coplas por la Muerte de su Padre” cuando dice: “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que el morir”… Suena muy interesante ver este documental.

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