Pensadores grecorromanos y el Buddhadharma: de Pirrón a Plotino

DOUGLAS CALVO GAÍNZA

Cuentan que Tertuliano preguntaba: «¿Qué tienen que ver Atenas y Jerusalén?» Le dejamos la respuesta a especialistas en temas patrísticos. Pero, en el caso del budismo indio y Grecia, no dudamos de que la respuesta será: mucho que ver.

El Buda habría pasado al nirvana final entre el 483-400 a.e.c., y hacia el 326 a.e.c. las huestes de Alejandro Magno penetraron victoriosas en el subcontinente indostano, donde toparon con los «gimnosofistas» o sabios desnudos. ¿Serían ascetas jaina (digambara, concretamente)? Nunca lo sabremos con certeza. Pero sí dejaron un legado perdurable en el pensamiento helénico, que ahora se topaba con un budismo relativamente joven.

Existe bastante consenso en admitir, ya desde la Antigüedad, la influencia budista sobre Pirrón de Elis, el principal maestro escéptico de Grecia. Sobremanera resalta un famoso fragmento suyo (que traducimos acá del texto griego según Beckwith, 2015, p. 186, con nuestra metodología habitual que atiende a la evolución de la lengua helénica en todas sus etapas):

Ahora bien, los asuntos (prágmata) se revelan como siendo en sí mismos todos indiferentes (adiáfora), imponderables (astáthmēta) y libres de crítica (anepíkrita). Por eso mismo es que ni nuestras sensaciones ni nuestras opiniones nos dan ni la verdad ni la mentira. Y precisamente por eso no debemos poner nuestra fe ni en unas ni en otras, sino que nos corresponde permanecer libres de opiniones (adóxastos), sin decantarnos (aklinḗs) y sin agitaciones (akrádantos), diciendo sobre cada asunto que es así, pero no más de lo que no es así; y que a la vez es así y no es así; y que ni es así ni no es así.

Pirrón de Elis

Quizás se note acá alguna influencia de la enseñanza jaina de anekāntavāda, o la libertad de opiniones parciales. Pero el especialista Christopher Beckwith ha estudiado cómo etimológicamente este pasaje pirrónico concuerda casi al pie de la letra con la formulación budista de las tres marcas de la existencia (trilakṣaṇa), notando que «El enunciado tripartito de Pirrón carece completamente de paralelos y precedentes en el pensamiento griego» y aclarando que «El Buda hace referencia exclusivamente, al igual que Pirrón, a asuntos éticos o morales, incluyendo las emociones y otros conflictos. Como Pirrón, el Buda ni siquiera menciona a la metafísica (…). La versión de Pirrón del trilakṣaṇa se halla tan cercana a la budista india, que es virtualmente una traducción. Tanto el Buda como Pirrón hacen una declaración en la cual listan tres características lógicas de todas las cuestiones o “cosas, asuntos, materias (éticas)” particulares, pero otorgándoles solo una negatividad, en el sentido de “Todos los asuntos son no-x, no-y y no-z”. Es similar, pues, el modo peculiar en el cual se presentan las características, con la principal diferencia siendo el orden de la primera y la tercera». *

Si se atiende a la estela del escepticismo en el pensamiento filosófico occidental posterior, quizás no sea exagerado intuir que, subyaciendo nuclearmente a las desconcertantes líneas de pensadores como Montaigne o Hume, vibraba secretamente la onda expansiva de la iluminación de Siddhartha Gautama.

En el Asia Central helenizada (donde el imperio seléucida se escindió en el reino grecobactriano, al que sucederían el reino indogriego y el imperio de los kuṣāṇ), el contacto de unos 800 años entre griegos y budistas fue sumamente fructífero. Allí durante siglos confluirían, entremezclándose, influencias hindúes, avésticas, sogdianas, partas, chinas, hunas o escíticas, todas ellas sobre un sustrato helenizado. Comprensiblemente, allá se emitían monedas con signos budistas asociados a motivos homéricos, y el éter vibraba al unísono con las recitaciones del mantra Gāyatrī, himnos a Zeus y sutras búdicos.

Desde la vastedad centroasiática saldrían predicadores rumbo a Sri-Lanka, y los griegos redactarían inscripciones y manuscritos de contenidos budistas. Allá conversarían el rey Menandro y el santo Nagasena, con palabras inmortalizadas en el diálogo ya arraigado como canónico para los birmanos. Kaniṣka el magno se erigiría en uno de los mayores patronos registrados del budismo, propulsor del Cuarto Concilio Budista en Cachemira y del canon sarvāstivāda, así como de la traducción de escrituras mahāyāna al sánscrito. Incluso las versiones de dichos textos en chino producidas bajo la dinastía Han, se le agradecen a un monje kushan.

Y en áreas como Gandhāra, nacería esa praxitélica imagen del Buda que todos conocemos hoy, togado con naturalistas ondulaciones de la tela y cabellera a la Apolo. Sí: a un arte religioso originalmente anicónico, y donde Siddhartha Gautama era representado mediante sus huellas, la rueda, etcétera, los modelos escultóricos de la Hélade le aportaron la escultura canónica del Despierto. Y, ¿cómo podría ser diferente? Una escultura griega es un summum visual de tersura, equilibrio, ausencia de pasiones… y sobre todo de humanismo ideal. Y el nirvana se puede atisbar a la par en la expresión mayestáticamente supraterrenal de una Atenea clásica. Así, cuando hoy nos detenemos en contemplación ante la estatua búdica, sin que lo sepamos desde ella también se emanan las reverberaciones estéticas de un Policleto, un Fidias, un Mirón… y nos saludan por igual Aśoka y Pericles.

Buda de Gandhara. Fuente: https://art.seattleartmuseum.org/objects/16896/buddha?ctx=b5c10d84-22a7-40ba-ae5a-f00cac03b807&idx=35

Pero ahora quisiéramos concentrarnos en un pensador grecorromano concreto: Plotino.

El imprescindible Émile Bréhier sospechaba en Plotino influencias teóricas venidas de allende el Ganges. Y cita cómo: «Porfirio refiere que tenía apasionada afición por la filosofía bárbara, es decir, por todas las doctrinas extrañas a la tradición helénica»,** en las cuales pudo contarse tanto el mitraísmo como el hinduísmo —y, de hecho, abundan los estudios especializados sobre Plotino y el dharma hindú. Ahora bien, aunque quizás se hayan trabajado menos sus coincidencias con el buddhadharma, estas también han sido objeto de la curiosidad docta.

Por ejemplo, se ha comparado su esquema emanantista tripartito con el pensamiento de Vasubandhu y la escuela yogācāra. Según esta interpretación, lo Uno, la Mente (Noús) y el Alma del Mundo que constituyen las tres hipóstasis de Plotino, se corresponden con parinispanna (Ser Absoluto), paratantra (Ser Dependiente) y parikalpita (No-Ser) en la doctrina vijñānavāda. El No-Ser es la naturaleza imaginada, con su implicación de falsedad, el apego a la cual —como imaginación del mundo—, conlleva al sufrimiento. A la inversa, el Ser Absoluto como la conciencia almacén o ālaya-vijñāna, «en su estado puro, se asemeja a lo Uno. Está libre de anhelo, sensación, asociación e ignorancia, mientras que en su estado impuro se halla “siempre flotando, como un torrente”». ***

Vasubandhu. Fuente: https://studybuddhism.com/es/budismo-tibetano/maestros-espirituales/vasubandhu

También se han formulado analogías cosmológicas entre lo Uno y el «reino sin forma» (ārūpyadhātu), el cual trasciende lo físico, al incluir habitantes sin forma o lugar (aunque sí sujetos a karma), y el cual se halla ubicado sobre el Akaniṣṭha o último mundo rūpadhātu «con forma». Dicho ámbito sin forma «Se halla fuera de la medida y el número, como lo Uno de Plotino, y por ello el ārūpyadhātu no es un lugar» según el Abhidharmakosa de Vasubandhu. **** Pero más autoevidente ha sido la equiparación entre lo Uno y el nibbāna. Cabe evocar dos textos canónicos: Udāna (VIII.3), donde el Despierto alude a lo «no nacido, no devenido, no hecho, no compuesto», sin lo cual no hay salida del ámbito de constante devenir; y, segundamente, el anuncio del Tathāgata de que el camino hacia lo «incondicionado» es la destrucción de las contaminaciones mentales mediante la atención plena dirigida al cuerpo (SN, sutta 43:1). Basado en ambos —y entendiendo lo no condicionado como no calificado o sin límites conceptuales—, Yount concluye que «Tenemos alguna justificación para declarar que el nibbāna de algún modo existe (o es uno que no deviene), y sin embargo no lo hace, tal como el Bien o lo Uno; además, el nibbāna no tiene origen». *****

Personalmente me cautiva la analogía visible en el concepto de interpenetración. El todo está en el todo, y en la parte. La parte y el todo coinciden. Esta intuición de la autosemejanza universal (modernamente asociada al conjunto fractal de Mandelbrot), ha sido explorada por pensadores tan disímiles como Anaxágoras o Leibinz con sus inclusivas mónadas. Y, por qué no, también por el budismo.

Fractal. Fuente: https://www.researchgate.net/figure/Mandelbrot-set-1-Magnification-of-fractals-are-demonstrated-using-a-Mandelbrot-set_fig17_235959052

Vayamos a la desaparecida escuela Huayen. En las Diez misteriosas puertas del Vehículo Unitario de Huayen el erudito Chi-Yen describe a la llamada «red de Indra». Y en ella, metafóricamente, ocurre como si muchos espejos se reflejaran mutuamente, apareciendo en cada uno de ellos las reflexiones de todos los demás. Así, cada reflejo será reflejado en todos, y todos los reflejos en todos. En términos doctrinales, en cada átomo de un mundo búdico hay incontables otros orbes análogos, con sus montañas diamantinas, pero sin embargo no hay aglomeración. «En cada átomo —afirma Chi-Yen— hay tierras en forma de estandartes, triángulos, paralelogramos y demás, sin jamás estorbarse mutuamente». ****** Esta interpenetración no ocurre debido a poderes psíquicos o técnicas meditativas específicas, sino inherentemente; y así los límites, comienzos y finales son ilusorios. 

Para el platonismo, ocurre algo equivalente en el «mundo de las ideas» arquetípicas. En su quinta Enéada comenta Plotino que:

… allá todo es diáfano, nada es oscuro ni opaco, sino que cada uno es transparente a cada uno y en todo, puesto que la luz lo es a la luz. Y es que cada uno posee a todos dentro de sí y ve, a su vez, en otro a todos, y todo es todo y cada uno es todo, y el resplandor es inmenso, porque cada uno de ellos es grande, pues aun lo pequeño es grande. El sol allá es todos los astros, y cada astro es, a su vez, sol y todos los astros. En cada uno destaca un rasgo distinto, pero exhibe todos (…) en el cielo de acá, un astro no puede constar de otro astro, y así cada astro no puede ser más que una parte. Pero en el Cielo de allá cada Ente consta siempre del todo, y así es a la vez cada uno y todo. ******* 

Al decir del inolvidable Pierre Hadot: «En este universo de puras Formas, donde cada Forma no es otra que sí misma, reina una completa interpenetración» ********  

Resumiendo: son múltiples las analogías entre lo griego y lo budista, y más concretamente entre filósofos como Pirrón o Plotino y el buddhadharma. Cabe cerrar este ensayo notando que no siempre los influjos filosóficos migraron desde Oriente hasta Occidente, sino que hay evidencias de lo contrario. Así, McEvilley comenta sobre la posible influencia de la dialéctica helena —y quizás incluso de los Discursos pirrónicos de Enesidemo, una obra cumbre del escepticismo occidental— sobre textos prajñāpāramitā y sobre la posterior escuela mādhyamaka, notando que «las áreas indias donde se supone comúnmente que surgió el mahāyāna —Gandhara, Cachemira y Amaravati— son aquellas donde penetró más profundamente la cultura helénica». Y afirma del budismo mahāyāna que «parece haberse originado en comunidades grecobudistas indias, mediante una fusión de la tradición helena de Demócrito, los sofistas y los escépticos con los elementos de escepticismo empírico, rudimentario e informal, ya presentes en el budismo temprano» *********

* Beckwith, Ch. (2015). Greek Buddha: Pyrrho’s encounter with early Buddhism in Central Asia. Princeton University Press, p. 28, 31-32.

** Bréhier, É. (1953). La filosofía de Plotino. Editorial Sudamericana, p. 156.

*** Sabo, Th. (2017). Plotinus and Buddhism, p. 20. https://www.academia.edu/36306016/Plotinus_and_Buddhism.

**** Kloetzli, R. (2007). Nous and nirvana: Conversations with Plotinus – An essay in Buddhist cosmology. Philosophy East & West, 57(2), 140–177; p. 155.

***** Yount, D. (c. 2016). Nibbāna, the Good, and the One: The Similarity Among Their Natures and Requirements, Among Buddha, Plato, and Plotinus’ Ultimate Experience, p. 7-8. https://www.academia.edu/8474476/Nibb%C4%81na_the_Good_and_the_One_The_Similarity_Among_Their_Natures_and_Requirements_Among_Buddha_Plato_and_Plotinus_Ultimate_Experience

****** Cleary, Th. (1983). Entry Into the Inconceivable. An Introduction to Hua-yen Buddhism. University of Hawaii Press, p. 138.

******* Tratado V.8, 4, 4-8, 24; en Plotino (1998). Enéadas. V-VI. Gredos S.A. [Original publicado en c. 270 E.C.], p. 146, 147.

******** Hadot, P. (1993). Plotinus or The Simplicity of Vision. The University of Chicago Press, p. 37.

********* McEvilley, Th. (2002). The shape of ancient thought: comparative studies in Greek and Indian philosophies. Allworth Press, p. 783, 786.

Douglas Calvo Gaínza (La Habana, 1970). Investigador cubano, especialista en el fenómeno religioso, quien además ha realizado varios estudios sobre budismo en general y en Cuba en particular, presentados en diversas instancias académicas nacionales e internacionales. Desde el 2020 colabora con Buddhistdoor en Español, mediante artículos y propuestas audiovisuales.