¿Creencia o convicción? Creando el cambio

 LILIANA ARIAS ROMERO

En esta ocasión voy a repetir sólo las palabras de mi maestro, que no son más que la sabiduría del Buddha para mí.

Percepción equivocada

Cuando algo sucede, estamos más preocupados por tener paz. La guerra no es el resultado de ese momento, está sucediendo todo el tiempo, cuando hablamos, respiramos, etc.

Hay dos cuestiones: la razón por la que nos preocupamos cuando sucede algo malo y por qué no nos preocupamos cuando no suceden cosas malas es porque pensamos que algo malo pudo suceder ayer.

Nuestra percepción de la realidad es muy incompleta. Por ejemplo, durante la escena de una película, un rey tenía un pedazo de papel en la mano, lo rompió y lo arrojó al fuego, y se quemó. La siguiente escena fue una guerra, y durante mucho tiempo estuve pensando: «Si nunca hubiera quemado ese pedazo de papel, esa guerra nunca habría sucedido». Y atribuimos la culpa a ese papel.

Hay un punto: esto parece inocente, solo una escena de una película, pero realmente así es; creemos que el papel fue la causa de todo el incidente.

No tenemos las condiciones para ver más allá y nuestro comportamiento no ayuda a tener una mente más enfocada.

Tenemos esa tendencia a relajarnos. Cuando estamos en tiempos difíciles nos olvidamos de la paz y en los buenos tiempos nos olvidamos de la guerra, y en medio casi siempre estamos sobresaltados, estamos constantemente creando el próximo evento.

Es curioso, en tiempos de paz es como si nos estuviéramos preparando para el tiempo de la guerra; en la forma en que nos comportamos creamos esa escena y terminamos en la guerra, y luego pensamos que esto acaba de suceder.

Es como cuando descubrimos una carie dental: no nos damos cuenta, pero ese proceso se ha estado desarrollando durante mucho tiempo.

En este contexto, preocuparse por las cosas que suceden es irrelevante. Como seguidores del Buddha, necesitamos pensar en estas cosas de una manera diferente, una que sea constructiva, que sea productiva y significativa.

En los buenos tiempos deberíamos preocuparnos por cómo mantener la paz de la que disfrutamos, pero no actuamos así; asumimos que la paz es un hecho, «siempre ha sido así» y «siempre será así».

«En el caso del Tíbet ocurrió algo así, la guerra se perdió porque «estaban disfrutando de buenos momentos». Hubo un tiempo en que el Tíbet controlaba un imperio, cuando llegó el Dharma se disfrutaba de la paz, y cuando el Dharma se convirtió en un sistema de creencias más que en una acción real, se pagó un alto costo por la paz.

Su Santidad Dalai Lama 13, trató de modernizar el Tíbet, pero los tibetanos no lo permitieron, todos estaban tan felices, con mucha paz y alegría, no fue esta la única razón, pero fue una razón importante.

Algunos exploradores tibetanos fueron a explorar los países vecinos y advirtieron por una carta que había peligro, que el Tíbet podía ser tomado por otros países, había una alerta y era obvio. El funcionario tibetano dijo: «cuál es el problema, no hay nada de qué preocuparse, además de que nunca hemos lastimado a nadie, por qué querrían hacernos daño», una comprensión algo inocente de la realidad, no se puede asumir que tal ingenuidad tendría éxito.

Entonces, dado que las cosas suceden por ciertas causas y condiciones, no debemos invertir energía en preocuparnos, porque preocuparnos, no es una experiencia inocente, porque no sabemos preocuparnos, en lugar de empoderarnos, nos quita energía, nos debilita, nos desanima.

La mayoría de las veces seguimos nuestros instintos, no nuestra inteligencia ni nuestra racionalidad.

Los estados aflictivos nos quitan poder 

La preocupación le da mayor poder al lado negativo, cuanto más débiles somos, el otro lado, es decir, el objeto que nos preocupa, se vuelve más poderoso.

La violencia, por ejemplo, no queremos empoderarla, por lo que tenemos que cultivar una mentalidad que nos empodere, que nos ayude a darle el peso adecuado a las cosas, si vemos violencia, abuso, poder, como una fuerza que tiene fortaleza, entonces realmente les estamos dando poder, pero si los vemos como un signo de debilidad, lástima, compasión, objeto de compasión, un objeto que tiene que ser comprendido, que aún no se entiende, etc., obtenemos la clave para ganar paz mental.

Cuando estamos felices y en paz, es más probable que hagamos algo racional. Debemos convencernos constantemente de que la paz es el camino, porque no estamos seguros de si nos vamos a encontrar cara a cara con aquellos que pensamos que pueden ser nuestros enemigos, no sabemos cómo podemos reaccionar. Pero en realidad, todos deberíamos ser amigos.

¿Hasta qué punto estamos convencidos de lo que significa la paz? ¿Estamos realmente convencidos de ello? 

Tal vez muy pocas personas están convencidas de ello, personas como Gandhi, Su Santidad el Dalai Lama, realmente muy pocas personas en este mundo están convencidas de ello, todos los demás somos creyentes en la paz, pero no estamos convencidos al nivel de ellos, que viven y representan la paz.

Podemos probarnos a nosotros mismos: ¿cuánto creemos en la paz?, ¿qué creemos que es la paz?, ¿hasta qué punto encarnamos la paz?

A este nivel no estamos convencidos, simplemente creemos en la paz, somos seguidores de las enseñanzas del Buddha. Si estuviéramos convencidos de que la paz es el camino, no necesitaríamos seguir al Buddha y, de hecho, seríamos independientes e iluminados.

No entenderemos completamente la paz hasta que podamos encarnar las enseñanzas del Buddha.

Es más recomendable disfrutar de la vida, el sufrimiento no lo es.

Si realmente quieres sufrir hay muchas formas de hacerlo y las personas negativas son muy buenas en eso, y es muy fácil llegar a ello, lo único tienen que hacer es matar a alguien y millones de personas quedan heridas, profundamente heridas, este es el trasfondo, ese es su mensaje; lo hacen porque si se comete este acto todos se ven afectados emocionalmente, y no nos damos cuenta de cómo nos afectan las cosas negativas.

Debemos educarnos sobre cómo relacionarnos con estas cosas, tenemos que crear un estado mental en el que no le demos poder a las fuerzas negativas y debemos mantener la paz mental.

Como Su Santidad el Dalai Lama, por ejemplo, mantiene la resiliencia, podemos llorar, pero no vamos a llorar día y noche, como gesto de simpatía podemos llorar, por supuesto; esa es la diferencia.

¿Cómo nos empoderamos? 

Nuestro trabajo es ser militantes dentro de nosotros, nuestro trabajo principal es protegernos, a este pequeño bebé: «nuestra paz de mente», eso es importante. Esto es a lo que nuestras oraciones, meditaciones y enseñanzas deben enseñarnos y animarnos, son cosas que ya sabemos.

Quizás sabemos algo. Realmente no lo sabemos, y al mismo tiempo tenemos mucho que aprender para no olvidar las cosas que ya sabemos. 

Cuando le preguntaron al Buddha cuánto había comunicado al mundo, dijo «todas las hojas que hay aquí»: probablemente era otoño, innumerables hojas yacían en el suelo. El Buddha tomó una hoja y dijo: «Esto es lo máximo que he enseñado».

No aprovechamos todos los recursos. Si somos curiosos y nos enseñamos a aprender, queriendo aprender, podemos hacer muchas cosas, en lugar de preocuparnos y caer en las fuerzas negativas que nos hacen perder el tiempo.

En cambio, deberíamos estar haciendo algo significativo, no estar enfocados en lo que nos quita la paz mental, estamos distraídos de lo que estamos haciendo y nos estamos preocupando por algo sobre lo que no podemos hacer nada, al menos por ahora no hay nada que podamos hacer, podemos rezar, es lo máximo que podemos hacer.

No va a pasar que la guerra se vea bonita, amorosa, feliz, nunca va a pasar que sea pacífica, por eso debemos tener entrenamiento en tiempos de guerra, es lo mejor, porque no aprendemos bien cuando estamos cómodos.

Tenemos que aprovechar la oportunidad ahora para potenciar nuestra tranquilidad. Una buena sugerencia es: «conocer lo negativo como lo negativo, pero no ser negativo sobre lo negativo», cuando vemos lo negativo, lo que está mal, lo que es malo, etc. tenemos que conocerlos, estar atentos, en guardia, pero no caer en lo negativo hacia lo negativo, si lo hacemos es inútil.

Estaríamos haciendo lo que los negativos quieren que hagamos, sin darnos cuenta, estaríamos siguiéndolos; pero en lugar de eso, se supone que debemos seguir al Buddha, sin embargo, nos distraemos.

¿Cómo orientamos nuestras acciones?

Al igual que en la carretera cuando estamos conduciendo, cada pedacito de paz en la mente es precioso, cada pequeña distracción podría matarnos.

El Buddha nos dice: «estar alerta, ser consciente, permanecer en la conciencia».

Para que el mundo sea un lugar un poco mejor, al menos tenemos que estar convencidos de la paz, pero lamentablemente la mayoría de las veces damos opiniones, pero no tenemos nada que ver con ellas, son solo ideas.

Al contrario: las oraciones, la meditación, las enseñanzas, la bondad, más coraje, más determinación, son las respuestas, nos transforman indirectamente.

Uno de los principales mensajes de los Buddhas es: «Mira las causas y las condiciones, y verás que los resultados ya están hechos». Huelgas, bombardeos, la guerra en sí misma, no son malos, son un subproducto de la humanidad, viene de hace mucho tiempo, se conecta con el comienzo de la tierra misma hace miles de millones de años. La evolución no solo tiene un aspecto físico-biológico, no tiene que ver con la idea de haber creado aviones, bombas, etc., todo está conectado con otra cosa. No hay una causa particular que dé un resultado particular, eso es imposible. Todas nuestras acciones solo están dando sus resultados.

Así que deberíamos trabajar más en lo que somos buenos, en lo que creemos, en lo que está a nuestro alcance, centrarnos menos en lo exterior.

La paz allá afuera debe ser el reflejo de nuestra convicción, de nuestra dedicación, de nuestra forma de vida.

Mientras pasamos buenos momentos, tenemos todos los recursos, todo accesible, todo concebible y no usamos gran parte de esa energía. Deberíamos preocuparnos más por lo que hacemos o dejamos de hacer, por lo que se supone que debemos hacer o no hacer.

Comentario

Estas ideas nos muestran que muchas veces actuamos inconscientemente como un barco que avanza al ritmo de las olas en del mar, no nos hemos hecho dueños de nuestro destino, no somos el capitán de nuestro barco, los eventos exteriores y nuestras emociones han tomado el descontrol.

Deseamos que las cosas buenas ocurran, pero no hemos sembrado sus causas y condiciones, las cosas no son el resultado de un momento, son el producto de muchas causas y circunstancias.

Si queremos experimentar paz y alegría en nuestras vidas plantemos estas condiciones positivas y vivamos conscientemente el día a día.

Si queremos paz y alegría en nuestras vidas debemos sembrar paz y considerar a todos los seres sin excepción, absolutamente todos colaboran con este objetivo.

Referencias: 

Enseñanza impartida por el Venerable Khenpo Pema Wandag, monje budista de la tradición Sakya.

Fue designado por S.S. Gongma Trichen Sakya Trizin 41 como máximo representante de la Tradición Sakya del budismo tibetano para difundir el budismo en lengua inglesa.

Palden Sakya y Vikramasila foundation