Budismo ¿secular?

Bernat Font

La sala de meditación está repleta. A tu alrededor hay personas sentadas en una confiada postura, los párpados bajados; otras inquietas, con ojos rebosantes de expectación. ¿Cuántas llegaron a la sala motivadas por un deseo imperioso de liberarse del ciclo de muerte y renacimiento? Si la maestra lanzase esa pregunta, ¿se levantarían muchas manos? ¿…se levantaría la tuya?

Bernat Font (izquierda) y Stephen Batchelor (derecha). Imagen cortesía de budismosecular.org

Me aventuraría a decir que poca gente se acerca hoy al dharma por estos motivos: no nos hemos criado en un entorno que vea el mundo de esta forma, y la idea de renacer no nos suena intuitivamente a maldición. De acuerdo con esta disposición general, muchos maestros occidentales presentan sus enseñanzas como una herramienta práctica para esta vida finita, frágil y a menudo desconcertante que bien podría ser la única. (En menor medida esto también sucede en Asia, dentro del movimiento vipassanā.) Sin embargo, este enfoque permanece implícito: opera en el silencio de no abordar aspectos cosmológicos y metafísicos que situarían la práctica en un marco bastante diferente.

Con esto contrasta el budismo secular, una corriente que ha decidido ser explícita con este mismo enfoque, que pone sobre la mesa sus dudas respecto a ciertos elementos tradicionales en lugar de evitarlos simplemente. Su voz, si se me permite simplificar, dice: “Sí, soy budista y no creo en la reencarnación.” Y podríamos añadir: “esto no le quita un átomo de seriedad a mi compromiso con la práctica del dharma.” Quizás te parezca blasfemo, quizás muy razonable, o incluso puede que acabes de sentir un inmenso alivio. Al descubrir que esto es una opción mucha gente resuelve un conflicto interno que llevaba años anudado en el estómago. Y como ya imaginaréis, una postura así de heterodoxa también genera su ración de animosidad. Guste o no, el budismo secular existe. Ahora bien, ¿de qué se trata?

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Con algo menos de dos décadas de vida, el budismo secular mantiene una visión como mínimo agnóstica sobre doctrinas como la reencarnación, el karma, o los varios reinos de existencia. Toma como marco lo que las ciencias naturales nos cuentan sobre nuestro entorno y evolución, y busca un lenguaje nuevo que articule el dharma no sólo para el mundo de hoy, sino desde él. El autor Stephen Batchelor, exponente principal de esta corriente, usa ‘secular’ para connotar ‘de este mundo’ o ‘de este siglo (saeculum)’. La búsqueda de este nuevo lenguaje implica interrogar hasta los dogmas más centrales del budismo, mover las placas tectónicas indias que subyacen todo el edificio. Y si bien la experimentación tiene sus riesgos sísmicos, es algo estimulante y creativo —algo que muchas generaciones budistas ya han hecho en el pasado. El budismo pasa de ser algo en que creer a ser algo que hacer. Cuestiones de doctrina a parte, también se replantean estructuras que reflejan la mentalidad feudal que ha acompañado al budismo en el pasado. Valores democráticos, de igualdad e inclusividad marcan al budismo secular, así como a otras escuelas hoy en día.

Si indagamos en su lógica, veremos que en muchos sentidos el budismo secular nace de aplicar principios tan budistas como la impermanencia y la condicionalidad al propio budismo. Visto así, cada tradición debe sus características no a una verdad absoluta a la que acceden seres espirituales privilegiados, sino a circunstancias históricas, culturales, e incluso económicas. Es la combinación única de esas condiciones la que ha dado lugar a formas como el budismo tailandés, tibetano, ch’an, shingon, etc. Es más —se pregunta un budista secular—, si el dharma ha sobrevivido gracias a su enorme capacidad de reconfigurarse, ¿por qué habría que parar en Tsongkhapa o Nichiren?

Stephen Batchelor. Imagen cortesía de budismosecular.org
Stephen Batchelor. Imagen cortesía de budismosecular.org

Las reformas tienen la costumbre de volver a los orígenes, como el propio budismo demuestra con su historia. Debido a este querido retorno, y a que la otra mitad de su ADN es la tradición Insight Meditation (una modernización del theravada), el budismo secular suele centrarse en los textos más antiguos, conservados en el canon pali y en traducciones al chino. Sin embargo, su actitud reformista bien podría aplicarse a cualquier otra corriente de budismo.

En el centro de este nuevo movimiento yace una relectura del primer discurso de Buda que transforma la doctrina de las cuatro nobles verdades en cuatro tareas. En lugar de afirmar que la existencia es insatisfactoria, debemos acoger nuestro sufrimiento e insatisfacción. En lugar de proclamar que el origen de ese sufrimiento es el deseo, debemos soltar la reactividad compulsiva, que no sólo genera malestar, sino que muy a menudo resulta de él. Mientras que la tercera noble verdad promete un estado que trasciende todo sufrimiento, la tercera tarea nos llama a experimentar por nosotras mismas el cese de la reactividad, incluso si es momentáneo. Y en lugar de ver el camino óctuple como lo que conduce al nirvana, aspiramos a cultivar una forma de vida que nazca de ese espacio vaciado de avidez, aversión y confusión, un espacio que podríamos llamar nirvánico.

Así, el dharma secular baja la luna del nirvana hasta nuestro alcance. Ya no se trata como una realidad metafísica distinta de todo lo concebible por nosotros ni como una meta más lejana que lo lejos: es cuestión de vivir cada instante de nuestra vida desde ese lugar de no-avidez, no-aversión y no-confusión. Al familiarizarnos con los momentos en que tales fuerzas se apaciguan, aprendemos a vivir desde la perspectiva del aprecio y la generosidad, de la amabilidad y la compasión, de la sabiduría.

Imagen cortesía de budismosecular.org

El budismo secular no termina con Stephen Batchelor: hay otros nombres, como Winton Higgins, John Peacock y Doug Smith, sin olvidar a Martine Batchelor. Hoy día este movimiento cuenta con grupos en Australia, Nueva Zelanda, Austria, el Reino Unido e incluso España, y han nacido organizaciones como la Secular Buddhist Association (USA) o el europeo Bodhi College. Otros linajes comparten un enfoque afín, que podría llamarse secular aunque no se apliquen a sí mismos la etiqueta: Soka Gakkai, el budismo pragmático de Thich Nhat Hanh, o el tantra moderno de Justin von Budjoss y Lama Rod Owens. Hay quien dice que el dharma verdaderamente contemporáneo y secular, vestido de un lenguaje nuevo, es el mindfulness. Solapándose entre sí, todos estos proyectos participan de la gran empresa de arraigar el budismo ya no en occidente sino en la contemporaneidad. Y si bien el budismo secular se distingue por ofrecer una mirada especialmente radical a los axiomas del budismo, se separa del mindfulness al retener una dimensión existencial que se acerca más a la religiosidad o espiritualidad que a la mera instrumentalización de prácticas meditativas que hoy tanto se estila.

En el dharma, como en otras tradiciones, religión y secularidad no son al fin y al cabo del todo incompatibles, y varios han sido los intentos de amalgamarlas. Por paradójico que suene, existe lo que ciertos pensadores llaman “fe secular”: es la devoción a aquello que es finito y temporal, en lugar de a lo eterno e inmortal. Ejemplo de la primera de las cuatro tareas, es un incondicional abrazo a nuestra condición humana.

Para saber más, ¿qué puedes leer?

  • “Budismo sin creencias” de Stephen Batchelor
  • “Por qué el budismo es verdad” de Robert Wright
  • Blog budismosecular.org

Y ¿qué puedes ver?

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Bernat Font es autor del blog budismosecular.org. Fascinado por el dharma desde la adolescencia, ha practicado en Europa, India y Myanmar durante la última década. Forma parte del programa de ‘teacher training’ del Bodhi College, al tiempo que cursa un doctorado en Estudios del Budismo en la Universidad de Bristol. Desde hace años guía la Sangha Secular en Barcelona.

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