Ma: el arte del espacio vacío
JOSEPH HOUSEAL
«Ma», el concepto japonés de «espacio», es mucho más que una mera distancia física. Es una idea matizada y polifacética que influye profundamente en diversas disciplinas culturales de Japón, dando forma a la estética, al sentido del tiempo, a la comunicación y a la expectativa, e incluso a las interacciones sociales. Cuando el ya fallecido cantante David Bowie vio —y escuchó— por primera vez una obra de teatro nō japonesa, no lograba percibir del todo los ritmos de la música. Lo describió como «flujo de tiempo variable» y «ritmo encontrado». Después de preguntar a los músicos cuál era el ritmo, le dijeron que era en ocho tiempos, y Bowie se quedó perplejo. Entonces le dijeron: «Son ocho tiempos… con agujeros». Los agujeros del ritmo, que alargan los silencios entre los golpes del tambor y crean momentos teatrales distendidos y dilatados, son ma: el vacío en acción, que abre una puerta para acoger un pensamiento más profundo y una experiencia personal, tanto para quien interpreta como para el público.
Ma también es una palabra de uso común. Cualquiera familiarizado con el metro de Londres conoce el aviso habitual cuando un vagón se detiene en una estación: «Mind the gap between the train and the platform» («Cuidado con el hueco entre el tren y el andén»). Ese hueco es ma: espacio, intervalo, vacío activo. El término estético japonés ma suele referirse a la creación intencional de espacio o vacío como un elemento activo en la interpretación artística y en la percepción del público. Un santuario sintoísta en Japón, muy parecido en esto a un escenario de nō, es poco más que un espacio enmarcado. Un escenario de nō es, en esencia, un cubo vacío, elevado y techado. En un santuario sintoísta, lo sagrado es el espacio, no las vigas de madera. En un jardín zen de rocas —considerado una expresión de la filosofía y la estética budistas— las piedras se disponen para crear ma, espacio, en el que quien medita puede volcar su propia mente y su espíritu, atravesando ámbitos trascendentes de sentido interior mediante el ma activado —el vacío, la nada— como herramienta y técnica de cultivo de la conciencia. Pura gestalt: ma dentro de ma, encontrarse con ma; el vacío que fluye y la quietud activa.
Ma se conecta de manera profunda con las nociones de minimalismo y con la función artística de las líneas limpias, tanto en arquitectura como en artes escénicas como el nō japonés. En un escenario de nō no hay un verdadero «decorado»; más bien, el intérprete principal —con un vestuario elaborado y una máscara— es el punto de referencia y el foco: el centro móvil de todo. En la pared del fondo hay pintado un pino que representa el lugar donde se celebraron las primeras obras de nō. El escenario es, esencialmente, una caja de espacio vacío, ocupada no solo por el actor físico, sino por un espacio vivo: volumen, energía, atmósfera y nada menos que la realidad espiritual del personaje principal. Así, el espacio de un escenario de nō está lleno de memoria, poesía, crisis espiritual y de la apertura propia de la estética del vacío. Esto permite que las percepciones y sensaciones del público se unan a las de quienes actúan en el vacío del que nace una obra de nō que, en realidad, pretende ser ese mismo vacío en el núcleo del ser: el mismo vacío que experimenta un monje zen en meditación o una miko, sacerdotisa sintoísta, mientras traza los patrones abstractos de su acumulada posesión espiritual.
En la obra de nō Izutsu, el fantasma de una amante del poeta Narihira, vestida con su ropa, se asoma a un pozo donde se conocieron de niños. El pozo, decrépito por el paso del tiempo, es un espejo de recuerdos, desamor y locura. A solas en el espacio vacío de un escenario de nō, el actor mira hacia un espacio vacío y enmarcado, y el clímax del drama es vacío sobre vacío: la naturaleza misma de la realidad. Hay espacio para que el público participe en la creación del significado. Ma —el espacio vacío, su encuadre y su manipulación artística— crea la interacción dinámica entre flujo y quietud, y posibilita transiciones fluidas hacia dimensiones no materiales de la existencia. El espacio físico, rítmico y sonoro es la esencia de la interpretación en el nō y de las danzas sintoístas miko mai. La bailarina se desliza, gira y se detiene, permitiendo que los espacios vacíos se conviertan en partes integrales de la coreografía. Esas pausas no son meros descansos o paradas. Más bien, son emanaciones energéticas, dotadas de intención, creadas para amplificar la gracia y la precisión de los movimientos, e invitan a la contemplación y a la conexión con deidades, personajes y realidades interiores.
Ma se convierte en un lienzo para la interpretación. El ya fallecido bailarín de ballet Rudolf Nureyev observó: «Si quieres que algo sea más bello, hazlo más despacio». Esto describe bien la manera extremadamente lenta de ejecutar el nō japonés, de la que nace buena parte de su belleza. En lugar de resultar aburrida, la lentitud destaca la figura en el espacio, con un aire de trance, e invita al público a una experiencia artística serena y concentrada.
Esta forma de realzar el movimiento —lentamente— en un espacio vacío es una cualidad universal de ma aplicada a las artes escénicas. Disfruta aquí de un cortometraje extraordinario del Ballet Nacional de Canadá, con el coreógrafo-bailarín Guillaume Côté y la dirección de fotografía de Jeremy Benning. El vacío y la lentitud se usan con enorme eficacia, hasta abrir finalmente paso a un vacío nuevo y distinto: un flujo cuántico de espacios abiertos —no espacios negativos— definidos por el bailarín en la dimensión de la nada. Rara vez la danza se muestra con tanta claridad.
Joseph Houseal
Joseph Houseal es el director de Core of Culture, una organización dedicada a salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial del mundo y a garantizar la continuidad de antiguas tradiciones dancísticas allí donde se originan. Como expresión religiosa, filosófica y ritual, la danza desempeña un papel importante en la práctica del budismo, el taoísmo, el hinduismo y otros sistemas de creencias asiáticos. Largas transmisiones ininterrumpidas de formas de movimiento se reflejan en representaciones artísticas religiosas, en las que la iconografía performativa es tanto un código místico como una ilustración del movimiento. «Ancient Dances» examina los vínculos entre la danza y la espiritualidad para enriquecer la práctica y la apreciación entre los lectores y para fomentar la conciencia cultural en un mundo cambiante. Utiliza la danza como una lente para explorar estados de conciencia y representaciones simbólicas. «Ancient Dances» se publica mensualmente.
