Ecos del instante: un diálogo entre luz y palabra (I)
JADE SIVORI & JUAN PABLO RESTREPO
Un diálogo entre la palabra y la imagen. En esta colección, los poemas de Juan Pablo Restrepo y la mirada fotográfica de Jade Sivori se entrelazan para explorar la conexión entre la espiritualidad, la naturaleza y la experiencia humana.
Bruma
El día llega con una extraña bruma espesa,
viscosa.
En el cielo, entre el azul
y la tierra, se detiene:
recuerda lo que viene de antaño,
lo que viene de lejos.
Trae las heridas de lo que fue arrasado.
Trae lamentos humanos, animales, extraños.
Viene de un fondo no encontrado,
cae en nosotros,
en el sur.
Trae la acumulada densidad del agua,
la visión mermada,
la búsqueda de lo prístino
eso que algunos dicen que jamás será encontrado.
A Buda
Yo también quisiera tocar la tierra como tú.
Al final de la noche ver el lucero de la mañana
como si fuera la primera vez.
Recordar a todos los seres en mi corazón
Sentir mi total libertad y a la vez la conexión íntima;
no como dos cosas separadas,
sino como las caras de una hoja que cae.
Además está el árbol, la higuera quizás.
Yo quisiera que un ciprés antiguo estuviera
frente a mí.
Y poder reconocer lo que se cuece abajo
donde no llegan los ojos humanos,
donde toca ser rastrero u hongo para
escuchar los sutras de las raíces.
Helada I
La helada se pega a la hierba.
El mundo despierta tranquilo,
guardándose del frío.
Ayer, la noche de luna llena
se mostraba en el hielo
de la hierba. Parecíamos
tocar las estrellas
con nuestros pies.
Hoy, los caños se han congelado
y no queda más que calentar agua
para buscar los lugares de obstrucción.
Dejamos que, de a poco,
el fuego vaya calentado
y fortalezca el corazón.
Los pasos entonces
crujirán en la hierba.
Helada II
Quizás solo seguimos,
sin proponérnoslo,
los consejos de Dongshan cuando
vinimos a parar del otro lado del lago:
Morir al frío, en el frío,
una y otra vez.
La hierba es el ejemplo
de cómo se adhiere en su
médula a la helada.
Epuyén y los Sutras
Una vez escuché:
las aguas y el lago
los carpinteros en el alto coihue
gotas de lluvia
las puertas que se abren por el viento
copas de árboles danzando
con la luz del atardecer.
Escuchamos las montañas y el sonido distante de la motosierra
las pisadas en la helada: crujir de hierba.
La imperceptible caída de la nieve en el pozón.
Lo seguimos escuchando, aún en el silencio,
cual susurro de dioses,
o dos caminos que se bifurcan para
volverse a encontrar
y andar.
Pueden leer la segunda parte de esta pieza aquí
