La resiliencia orgánica del budismo en Cuba: entrevista con Douglas Calvo Gaínza
BUDDHISTDOOR EN ESPAÑOL
En esta entrevista, conversamos con el profesor Dr. Douglas Calvo Gaínza, analizando la reciente evolución del budismo en Cuba. Nos enfocamos en sus avances en desarrollo educativo, cohesión y organización, un proceso que ha crecido de manera gradual y orgánica en los últimos años.
Douglas Calvo Gaínza (1970), académico cubano, ha desempeñado un papel importante en la investigación y divulgación del budismo en la Isla. De formación científica, desde hace unos 30 años se enfoca exclusivamente en estudios humanísticos y en la investigación social. Es Máster en Estudios Sociales y Filosóficos sobre Religión, y en Tradición y Filología Clásica, así como Doctor en Ciencias Filosóficas por la Universidad de La Habana. Además, cuenta con una sólida formación teológica, que incluye un PH.D. en Teología de la Graduate Theological Foundation (USA).
En esta conversación, abordamos los retos y logros del budismo en Cuba, desde iniciativas académicas hasta proyectos culturales. Este movimiento, aunque pequeño, sigue consolidándose gracias al esfuerzo de investigadores, practicantes y organizaciones interesadas en su desarrollo.
BUDDHISTDOOR EN ESPAÑOL: Para comenzar nuestra conversación, nos gustaría que nos compartieras tu trayectoria académica en los estudios sobre el budismo en Cuba. ¿Cómo iniciaste tu interés por esta temática y cuáles han sido los hitos más significativos en tu carrera?
DOUGLAS CALVO GAÍNZA: He sido especialista desde el 2020 al 2025 en el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), institución pionera en el análisis del budismo en Cuba desde principios de los años 2000. Por esta vía, he presentado conferencias sobre budismo en eventos nacionales e internacionales, enfatizando particularmente las interrelaciones entre las religiones cubanas de origen africano y el budismo de inmigrantes chinos. Igualmente he impartido clases en cursos de posgrado en Antropología, en el Festival de Meditación de La Habana, entre otros espacios académicos.
Muy significativo para mí resultó efectuar un hallazgo científico respecto a la obra del Héroe Nacional cubano, José Martí. Para quienes no conocen bien la cultura de nuestro país, resulta difícil aquilatar el peso de la presencia y el legado de quien llamamos «el Apóstol». En su Cuaderno de Apuntes 9 (1882) combinaba reflexiones personales y párrafos en italiano refiriéndose al Buda y al budismo, cuya fuente se desconocía, lo que impedía comprender importantes detalles de sentido.
Ahora bien, fijándome en una palabra que usó Martí, «hammathana», colegí que equivalía a kammaṭṭhāna en pali. Eso me brindó la pista para una investigación acuciosa que concluyó conmigo, hallando la desconocida fuente del Cuaderno 9 (una publicación europea sobre los Jātaka), y elucidando la admiración del «Apóstol» por el budismo, apreciable en toda su obra. Mi aporte —publicado en formato abreviado en Buddhistdoor en Español y en proceso editorial académico en Cuba— ha sido muy bien recibido por los principales expertos en la obra martiana, lo cual me enorgullece.
Además, soy profesor titular en la Universidad de La Habana, Facultad de Filosofía, Historia y Sociología. Ahí, entre otras responsabilidades, tengo asignada una línea de investigación filosófica sobre escuelas heterodoxas de la India antigua, que incluye al budismo. También imparto la asignatura Pensamiento Oriental —la cual enseño asimismo en el Centro Educativo Español de La Habana—. En esa materia abordo el budismo. A la par he sido tutor de varias tesis sobre budismo y filosofía. Finalmente, este año fue publicado por la editorial universitaria Félix Varela mi libro Estudios budistas en Cuba, el primer texto cubano dedicado a la budología.
Paralelamente, para Buddhistdoor en Español llevo escribiendo desde el 2020, una treintena de publicaciones hasta hoy. Ha representado un hito entrañable en mi vida espiritual y profesional; máxime porque entre BDE y la Fundación Dharma-Gaia (FDG) pude crear lo que quizás sea —al menos, según sé—, el primer documental completamente dedicado al desarrollo del budismo en un país concreto de Hispanoamérica, titulado Albores del budismo en Cuba (2024). Lo estrenamos virtualmente en México, en colaboración con la Red Iberoamericana de Estudio del Budismo (RIEB) —de la cual soy miembro—, y muy en especial con la del antropólogo mexicano Ezer Roboam May, con quien sostuvimos un extenso conversatorio.
Y, para concluir, deseo agradecer especialmente a la Universitat Rovira i Virgili, que junto con la incansable FDG auspició la magna obra colectiva Estudios budistas en América Latina y España, en la que se me honró incluyéndose un capítulo mío. Asimismo, agradezco al Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CiteS), de Ávila, tierra natal de la inmortal Santa Teresa, por haberme concedido galardones accésit en el III y IV Premio Internacional Teresa de Jesús y el Diálogo Interreligioso (2022, 2024), convocado junto con la Universidad de Hong Kong, por ensayos que he compuesto sobre mística comparada. Uno de estos ensayos ha sido publicado en un libro por los Carmelitas.
Definitivamente ha sido un privilegio el acercarme talmente a los estudios budistas, siguiendo las huellas de otros intelectuales cubanos que fueron mis profesores y a los cuales les debo eterna gratitud, como Eduardo F. Freyre y Gustavo Pita Céspedes. Me queda mucho por hacer, como profundizar en el conocimiento del pali para apoyar a la comunidad theravāda local, e impartir un curso de budismo en la edición futura de la Maestría de Estudios Sociales y Filosóficos sobre Religión de la Universidad de La Habana.
Aprovecho para añadir, en breves líneas, que, aunque se le dedican espacios tangenciales al budismo en diversos cursos académicos del país, esta Maestría es el único posgrado en Cuba donde dicha religión se incluye curricularmente con una presencia visible. No ostentamos aún una tradición de estudios budistas, pero estamos más cerca de tenerla que una década atrás.
BDE: ¿Cómo ha influido el budismo en su vida personal y profesional?
DCG: Siempre he sentido una rara fascinación hacia el Buda. Sus imágenes me despertaban respeto y una ternura inexplicable, aun siendo totalmente ignorante de sus enseñanzas. En torno al 2004, aproximadamente, empecé a estudiar esa religión con cada vez más seriedad, y hacia el 2019 empecé a comunicarme con las monjas lideradas por la venerable Thubten Chödron y a recibir literatura budista desde China. En el 2020, cuando visitó Cuba el venerable Shifu Zhihan, de Taiwán, mi apasionado interés quedó definitivamente consolidado.
Pero debió pasar mucho tiempo para lograr interiorizar más profundamente el dharma. Creo que esta interiorización comenzó tras el primer Vesak theravāda virtual en el año 2021, guiado por bhikkhu Mihita. Este me indujo a estudiar pali y a profundizar en los suttas. Y me siento igualmente confortable estudiando Prajñāpāramitā o Dhammapada.
Soy, simplemente, un admirador incondicional del pensamiento budista, desde la Filosofía (pues eso soy: un filósofo). Y al presente me hallo próximo a culminar un ensayo con determinadas interpretaciones mías sobre aspectos filosóficos del budismo, el cual espero sea mi legado intelectual de mayor peso.
BDE: ¿Cuál es el estado actual de las relaciones entre las diferentes comunidades budistas en Cuba? ¿Existen iniciativas o posibilidades concretas para la formación de una asociación que fomente la colaboración y el diálogo interbudista en el país?
DCG: Las comunidades budistas en el país tienen buenas relaciones de práctica. Reina un espíritu fraterno, y nunca he escuchado de problemas interbudistas serios. Un ejemplo: la monja Ayya Marajina, maestra de la comunidad theravāda en Cuba, tomó los votos de bodhisattva en el Dojo Zen de La Habana con el maestro Michel Taihei. Y ella ha instruido a los miembros de su comunidad a participar activamente en la meditación zen.
Además, hay una ONG cubana llamada Om Meditación que auspicia, también a nivel académico, los estudios sobre disciplinas meditativas y espiritualidades orientales. Gracias a Om, en el 2024 se celebró un Vesak en el que se reunieron públicamente diversas escuelas en un espíritu de fraternidad. Durante ese evento, varios líderes y lideresas representando sus respectivas ramas (theravāda, zen, vipassana, budismo temprano, camino del diamante y cristian@s de ICM) compartieron mensajes conjuntos, y se meditó, se concelebró y se mantuvo un espacio panbudista e interreligioso muy bello. Por cierto, en ese Vesak supimos oficialmente de la existencia en Cuba del linaje Aro gTer, de la escuela nyingma, que opera aquí junto al Centro Himalaya y los discípulos del lama Ole Nyhdal, completando así la representatividad tibetana en la Isla.
Pero, en cuanto a las posibilidades organizativas legales de una asociación, al presente no se están explorando, pues resulta un proceso sumamente engorroso. Ahora bien, salvo algún grupo cuya adscripción a su linaje es muy estricta, los demás maestros que conozco están todos interesados en promover la unidad budista. Y esta se ha ido logrando de alguna manera en la práctica, si bien no de una forma asociativa jurídica. El tiempo dirá si esta última es factible.
BDE: ¿podrías compartir tu perspectiva sobre la vitalidad y el desarrollo del budismo en Cuba? ¿Qué factores crees que han influido en su crecimiento y cómo evalúas su impacto en la sociedad cubana actual?
DCG: Definitivamente el budismo en Cuba exhibe una resiliencia admirable. El país se halla en una severa crisis socioeconómica, y la emigración constante de miembros de las comunidades budistas las afecta sobremanera. Estas no tienen (salvo una, la Sōka Gakkai Internacional-SGI) una representatividad legal, ni alcance mediático en un medio sin tradición budista previa.
Constantemente uno oye a la gente sorprenderse y preguntar: «Pero… ¿hay budismo en Cuba?» Y este desconocimiento no es subsanado, dada la casi imposibilidad de llegar a los medios nacionales (el citado documental Albores solo ha sido proyectado en una presentación local de cine, auspiciada por Om).
Se suman la falta de financiamiento, dificultad para rentar espacios o construir templos, y mucho más. Sin embargo, ahí están nuestr@s budistas, que son como el ave Fénix. Y, sobre todo, cultivan una muy benigna energía espiritual, que es lo importante.
BDE: ¿Podrías comentar cómo se ha desarrollado la labor del theravāda en Cuba? ¿Qué desafíos ha enfrentado y qué logros destacarías en su crecimiento dentro del contexto cubano?
DCG: Desde noviembre de 2024 existe Theravāda-Cuba, resultado de un proceso con muchos rostros, visibles y ocultos. Uno de los más discretos pero efectivos ha sido Buddhistdoor en Español. Ellos me conectaron con Bhikkhu Mihita para una entrevista, y luego yo, a su vez, serví de enlace entre él y un grupo de practicantes locales de budismo temprano (llamado originalmente Dhammadasa), a quienes contacté con vistas al documental Albores. También me acerqué a la embajada de Sri Lanka en Cuba, que posteriormente brindó su apoyo. Por tanto, la influencia benéfica de BDE ha jugado un rol meritorio en el theravāda cubano.
Luego el Venerable Mihita no pudo continuar, por motivos de salud, y afortunada (y kármicamente) asumió una bhikkhuni estadounidense de origen cubano, Ayya Marajina. Ella supo del budismo en Cuba leyendo una entrevista a Mihita, realizada por Frank Usarski (otro rostro no visible, pero vital en este proceso).
Cuando aparece un maestro espiritual sano, el resultado son energías, resonancias y vibraciones positivas. Eso es Theravāda-Cuba bajo la guía de la venerable Marajina. Por demás, ella está estableciendo contactos con monjes y monjas de otras naciones, a fin de lograr construir un monasterio de esa fe, el primero en la Isla. Ya se cuenta con aspirantes, e incluso con un logro inédito: actualmente hay un cubano entrenándose en un monasterio de Tailandia para convertirse en el primer bhikkhu de nuestra Historia.
Como un admirador del budismo en sus múltiples expresiones,.me siento feliz con este ancestral theravāda entrando a mi país, al cual amo. Será de considerable beneficio para nuestro pueblo. Estoy optimista, pese a tantísimas condiciones adversas, pues noto mucha calidad espiritual en la enseñanza, sus practicantes y la maestra.
Mi deseo final es que el budismo en todas sus escuelas, le aporte al pueblo cubano mucha claridad espiritual, serenidad e ilimitada compasión. Las necesitamos.
