«Sonidos del budismo» en el Vesak 2025 de Barcelona. Segunda parte.
FINA ÍÑIGUEZ ABAD
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Desde el Monasterio de Pedralbes, cerca del centro de Barcelona, el domingo 25 de mayo los actos relacionados con el Vesak se trasladaron a Llinars del Vallés, una ciudad a 43 km de la capital catalana, siendo parte de un extenso programa para celebrar la Inauguración de la nueva sede de Casa Virupa, una torre novecentista de Can Bordoi en el privilegiado entorno del parque natural catalán del Montnegre-Corredor. Allí tuvo lugar el último acto en el marco de las celebraciones del Vesak, con la colaboración de la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes.
En palabras de Glòria Puig, entonces presidenta de la institución, la celebración de este año en un formato tan diverso fue «una oportunidad única para colaborar con el Museo de la Música, la Oficina de Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona, el Monasterio de Pedralbes y Casa Asia. Además de que relacionar el budismo con la música ha sido una ocasión excelente para el reencuentro comunitario y la expansión del budismo en la sociedad».
Ramón Bassas, director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya, también expresó la satisfacción de la entidad que representa en participar de la celebración del Vesak: «Un evento de una tradición muy importante, muy antigua, muy profunda e interesante, que busca un escenario de otra tradición también muy antigua e importante en Cataluña, en este caso en el edificio del Monasterio de Pedralbes que va a cumplir 700 años. Por lo tanto, estamos haciendo entrar en diálogo estas tradiciones con un acto estrictamente budista en un entorno que no lo es, lo que dice mucho del budismo y también del tipo de sociedad que debemos construir, que es la que se respeta. No hay que dejar de ser lo que se es y eso permite al mismo tiempo establecer relaciones fecundas con las demás.»
La nueva sede de la comunidad budista Casa Virupa fue el escenario del último acto de la celebración del VESAK en colaboración con la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes, que también participó activamente en los eventos del Monasterio de Pedralbes coorganizados por el Museo de la Música y la Oficina de Asuntos Religiosos del Ayuntamiento de Barcelona, con el apoyo del Monasterio de Pedralbes y Casa Asia, dentro del programa «Sonidos del budismo», de la tercera edición del ciclo «Tránsitos. Las músicas del espíritu.»
El silencio y el budismo fue el hilo conductor de la conversación mantenida entre el monje theravada y profesor de filosofía, José Luís Poveda, vinculado al monasterio budista Paññagiri, y Nick Bärtsch, practicante zen suizo que se autodefine músico «zen-punk» e instructor de aikido. Una conversación que transitó por la filosofía y las experiencias personales y fue moderada por Berta Sáenz, residente en la comunidad Casa Virupa y una de sus cofundadoras.
Hablaron sobre el papel del sonido y la música en las liturgias, de la diferencia entre música y ruido, del disfrute de la estética y el silencio en la práctica. Berta Sáenz inició el diálogo introduciendo el concepto de que el silencio es la otra cara del sonido, incidiendo en que «no se pueden separar, y que hay que entender el silencio, sin sacralizarlo.»
Nick Bärtsch argumentó que, como músico, era esencial trabajar con el sonido y el silencio. Y que en su actividad descubrió «que el silencio se puede encontrar en el sonido y que no es necesario elegir entre uno y otro, o entre vacuidad y acción, ya que incluso la vacuidad puede estar llena de energía.»
Bärtsch dijo entender el silencio como una herramienta para alcanzar la calma mental: «Por un lado, como músico, debo estar en calma mental, pero lleno de energía para actuar. Y por otro, como practicante de Aikido, no puedo estar solo relajado, sino atento y lleno de energía en la interrelación con la otra persona, entendiendo el silencio como el espacio que se deja para que el otro haga el movimiento.»
En la misma línea, José Luís Poveda defendió la importancia del silencio «tanto para encontrar samadhi (profunda concentración), como para encontrar identificarlo entre las respiraciones, percibiendo cuando hay ruido mental y cuando no.»
¿Qué aporta el silencio? Para Poveda, el silencio en la comunicación es el estado en el que se está con los brazos abiertos, y en el que se desarrolla la capacidad de escuchar.
Berta observó que la sociedad tolera poco el silencio y cuestionó cómo recuperar la relación saludable con el silencio en el día a día.
Para Bärtsch «es necesario transformar la energía, hacerla más maleable, y sobre todo busco encontrar, en mi actividad como músico, el punto medio en el proceso para controlar esa energía.»
Como profesor de filosofía de jóvenes, Poveda dijo «haber constatado que tienen fobia a parar». Considerando que los jóvenes son pragmáticos y adoptan o aceptan lo que funciona, en sus clases desarrolla la capacidad de detenerse, buscando incidir en el placer que eso produce. Considera también muy importante el tacto en una sociedad tan hiperexcitada, y propone en sus clases cualquier actividad física que se pueda regular con la meditación.
La última cuestión lanzada en el diálogo hizo referencia a cómo entender el silencio en la práctica del budismo: ¿Tiene el silencio alguna cualidad curativa? ¿Puede ser útil para el bienestar social?
Para Poveda, «sin la escucha profunda, es muy difícil tener una buena relación.» A su vez Bärtsch observó que practicar el silencio es preguntarse cómo puede influir en nuestras relaciones y dio un ejemplo de su experiencia: «Los hercios son la unidad de medida de la frecuencia en música. Desde hace 20 años toco cada lunes en un club de Zurich. Una señora que asistía asiduamente cada lunes me comentó que lo hacía por su tensión alta, porque había comprobado que la música se la regulaba».
Oscar Carrera, el escritor y estudioso de la música y la danza tal como se reflejan en la literatura escrita en lengua pali, analiza en una serie de artículos sobre la música pop y el budismo —ver «El rugido del Buda: el budismo y la música pop» (parte I,parte II, parte III) —cómo las artes en general, y la música en particular, eran mal vistas y todavía lo son en según qué interpretaciones: «Con unas pocas excepciones, los textos budistas comúnmente juzgados más tempranos, en el canon pali y sus equivalentes preservados en chino, no consideran las formas musicales como una forma de arte que nos pueda ayudar a profundizar en la comprensión de la condición humana, sino como una fuente de placer sensual.»
Sea como fuere, lo que sí parece indiscutible es que, independientemente de las interpretaciones de los textos originarios de las diferentes tradiciones, el sonido, la música, las artes en general, han estado y siguen estando presentes en la mayoría de las prácticas espirituales y devocionales como herramienta o hilo conductor de estados de meditación.
Finalizada la charla sobre el sonido y el budismo, la celebración del Vesak siguió con talleres de meditación y conciertos de los más diferentes estilos musicales hasta el atardecer, en un ambiente festivo y familiar, apto para todas las edades.
Comunidad Casa Virupa
Compuesta en su mayoría por jóvenes de orígenes diversos, la comunidad residente define Casa Virupa como un espacio para explorar y desarrollar tanto su conciencia personal como la colectiva llevando a la práctica un budismo comprometido con los problemas sociales, políticos y ecológicos del mundo contemporáneo. «Un budismo transfeminista, ecologista, antiespecista y antifascista» como dijo Glòria Cagigal, una de las cofundadoras de la comunidad, en el acto inaugural y en esta entrevista.
Son jóvenes entusiastas y bien preparados que se proponen transmitir los valores budistas con un lenguaje contemporáneo, respetando la tradición, para acercarlo a todos los públicos. Practican el budismo tibetano, en el marco de la tradición Sakya, teniendo como cabeza de linaje a Su Santidad el 41 Sakya Trichen, quien dio su bendición para iniciar este proyecto.
El director y maestro residente del centro es el joven lama Norbu, nombrado lama por Gongma Trichen en 2020.
Berta Saenz, también cofundadora del proyecto, explica que en Casa Virupa les gusta celebrar las festividades budistas a su estilo, tal y como conciben el Dharma: «Entendemos la importancia de poder confiar en herramientas que nos ayudan a preservar y practicar una tradición que tomamos muy en serio y respetamos, al mismo tiempo que nos alegra poder trasladar todo lo que aprendemos en estos espacios a otros contextos que también son más amables para otras personas. De ahí que haya muchos conciertos, mucho arte, que haya charlas, encuentros de personas de diferentes sitios que no tendrían nunca contacto con el budismo.»
Su propuesta es seguir desarrollando el proyecto comunitario que iniciaron hace 10 años, haciéndolo más accesible, más cercano y conectado al mundo de hoy, creando experiencias únicas y transformadoras.
El siguiente vídeo de lo que fue la gran fiesta del Vesak para todas las edades y públicos resume en imágenes sus palabras.
