Películas budistas pioneras

DANIEL MILLET GIL

Este artículo forma parte de nuestra edición especial «El budismo y el cine»

Hoy en día estamos acostumbrados a la presencia del budismo en nuestras pantallas, pero antes de la década de los 90, apenas si figuraba en celuloide. Una mayor representación del budismo en el cine—el llamado «Buda Boom»cinematográfico—siguió a que, en 1989, le fuera concedido el Premio Nobel de la Paz a S.S. el XIV Dalai Lama, y a producciones como Pequeño Buda (1993) de Bernardo Bertolucci, Siete años en el Tíbet (1997) de Jean-Jacques Annaud, o Kundun de Martin Scorsese (1997). Desde entonces, asistimos a una producción continuada de filmes con contendido budista. En este artículo, ofrecemos unas pinceladas sobre películas precursoras del cine budista moderno que, en general, muestran una escasa comprensión de esta tradición, orientalismo, y ciertos estereotipos aún vigentes en el cine actual.

Budismo en el cine mudo

Una de las primeras producciones fue Buddha de 1913, hoy lamentablemente desaparecida, y de la que muy poco se conoce. A esta siguió otra película muda titulada El alma de Buda, rodada en 1917. En 1919, D.W. Griffith (1875-1948) dirige Flores rotas (Broken Blossoms) en la que presenta al budismo positivamente. El protagonista llega a Inglaterra desde China con el sueño de difundir el dharma en esas lejanas tierras. Aparentemente, la primera producción sobre la vida del Buda fue Buddhadev, literalmente «Señor Buda», producida por el director indio Dadasaheb Phalke (1870–1944) en 1923.

La Luz de Asia (Prem Sanyas)

En 1925, fue estrenada una película muda alemana, con título en hindi: Prem Sanyas (La Luz de Asia, Die Leuchte Asiens en alemán, The Light of Asia en inglés). Fue codirigida por Franz Osten (1875–1956) y Himansu Rai (1892–1940), uno de los padres del cine indio. El guion consistió en una adaptación libre a la pantalla del famoso libro La luz de Asia, publicado en 1879 del poeta británico Sir Edwin Arnold. Esta película, que tuvo un gran éxito en Europa, dramatizaba la vida del Buda histórico.

La constante situación bélica en Asia durante la década de los 30 llevó a que se filmaran pocas películas budistas durante esa época. Tras las guerras, el cine dhármico floreció a lo largo del continente asiático.

Horizontes perdidos (“Lost Horizon”) 

En 1937, se estrena Horizontes perdidos, un film estadounidense dirigido por Frank Capra (1897– 1991). El guion de Robert Riskin, es una adaptación de la novela homónima del escritor británico James Hilton (1900-1954) que, a su vez, estaba inspirada en Utopía de Tomás Moro. Cuenta la historia de un grupo de viajeros que, inesperadamente, llegan a Shangri-La, una sociedad budista quimérica en el Himalaya. Horizontes perdidos, ganó dos premios Óscar, y con el tiempo llegaría a convertirse en un clásico, pero hundió a la productora Columbia Pictures en una crisis financiera de la que tardó cinco años en salir. En 2016, la Biblioteca del Congreso de EE.UU. declaró la película «cultural, histórica y estéticamente significativa», y fue escogida para su preservación en el Registro Nacional de Cine norteamericano.

La historia transcurre entre 1935 y 1937. El joven británico Robert Conway es un «Hombre del Este, soldado, diplomático, héroe público», que sueña en vivir «en un lugar utópico, de paz y seguridad, donde vivir no sea una lucha sino una delicia duradera», una tierra de eterna juventud. Habiendo estallado una rebelión popular cerca de la frontera china con el Tíbet, Conway evacua a un grupo de occidentales que intentar escapar por avión a Shanghái: un fugitivo estafador norteamericano; un pusilánime paleontólogo británico; Gloria, una norteamericana a la que han pronosticado que le queda poco tiempo para morir; y George, el hermano pequeño de Robert. Tras partir, el grupo descubre con terror que han sido secuestrados por un piloto mongol y viajan hacia el Tíbet en lugar de hacia Shanghái. Sufren un accidente aéreo al cual sobreviven excepto el piloto, aunque se encuentran incomunicados en una remota área del Himalaya. La sombra de la muerte cierne al espectador desde un inicio. Conway dice que 10,000 chinos muertos durante la revuelta no cuentan para su informe al gobierno británico. Gloria se ríe de que ahora sean todos, y no solo ella, los que enfrenten con una muerte inevitable en su asilamiento en el Himalaya. La presencia de la mortalidad y la impermanencia resaltan al ser retacados y llevados a Shangri-La, utópica comunidad en el Tíbet donde la gente parece ser dichosa y no envejecer. El monasterio lamaísta de Shangri-La es dirigido por un chino llamado Chang con el que Conway tiene largas conversaciones filosóficas. Tras un mes, el Gran Lama convoca a Conway y le cuenta la historia del monasterio. Conway aprende que el Gran Lama es en realidad el padre Perrault, un misionero capuchino luxemburgués que arribó al valle de Shangri-La a finales del siglo XVII y fundó el monasterio. También viene a saber que ninguna persona que haya salido del valle se ha mantenido en vida. Finalmente, descubrimos que ha sido el padre Perrault quien, subrepticiamente, ha traído a Conway a Shangri-La para que le suceda al frente de la comunidad. Conway accede a la petición del Gran Lama y empieza a estudiar para convertirse en lama. Cuando el padre Perrault muere, debido a su extrema avanzada edad, Conway quiere permanecer y atender a su nueva responsabilidad adquirida, pero sus compañeros deciden escapar aprovechando la llegada de unos porteadores. Conway, a regañadientes, finalmente huye con ellos. Algunos mueren en el intento, pero el diplomático británico, aunque enfermo, consigue llegar a la India, donde es sanado por unas monjas. Tras recuperarse, Conway regresa a Shangri-La.

El Arpa Birmana (“Biruma no tategoto”) de Kon Ichikawa (1956).

Es julio de 1945. Una compañía de las tropas japonesas estacionadas en Birmania quiere alcanzar la frontera y cruzar a Tailandia. Los soldados nipones se sienten exhaustos y hambrientos. Mizushima, el protagonista del filme, que a menudo toca el arpa para alentar a sus camaradas en armas, se ve en la necesidad de apartarse de su unidad y pierde contacto con ella. Deambulando en busca de su tercio, solo muerte y devastación se cierne a su alrededor y descubre, horrorizado, que miles de cadáveres de soldados yacen en la intemperie, sintiéndose obligado a darles sepultura. Para ello, se hace pasar por monje budista y jura no regresar a Japón hasta que todos los muertos reciban un entierro digno.

Mientras tanto, su compañía, que aún no ha sido informada de que Japón han perdido la guerra, se ve rodeada de tropas británicas y acaba detenida en el campamento británico. Tras regresar a su unidad, ya conocedora de la capitulación, el capitán inglés pide a Mizushima que informe a otra compañía japonesa que sigue luchando en las montañas, que la guerra ha terminado. Pero estas tropas rehusan rendirse, siguen luchando y acaban muriendo. Mizushima huye, pero es herido y pierde la consciencia. Aun vestido como monje budista, todo el mundo le toma por tal cuando despierta, y recibe limosnas de los campesinos chinos. Cuando su compañía regresa a Japón, nuestro héroe expresa su vehemente deseo de permanecer en Birmania, dar sepultura a los muertos, y aliviar el sufrimiento de otros.

El Arpa Birmana está basada en una novela homónima de Takeyama Micho de 1946. Es un filme de una extraordinaria sensibilidad y una banda sonora inolvidable. La película no deja indiferente. Habla del cultivo del amor y de la compasión frente a la inevitabilidad de la muerte y el reconocimiento de la efimeridad de todas las cosas, lo que convierte a Mizushima en un verdadero bodhisattva.

Siddhartha

Siddhartha es una película que solo puede ser categorizada como sui generis. Es una adaptación al cine de la novela homónima (1922) del escritor novel laureado, Hermann Hesse. Describe el viaje espiritual de un hombre llamado Siddhartha en busca del sentido de la vida, en los tiempos del Buda Gautama. Fue producida y dirigida por Conrad Rooks (1934—2011), quien también adaptó del libro a la pantalla. La fotografía corrió a cargo del cinematógrafo sueco Sven Vilhem Nykvist (1922-2006), ya por entonces célebre por su trabajo con el director Ingmar Bergman. El papel estelar fue interpretado Shashi Kapoor (1938-2017), uno de los actores y productores indios más conocidos internacionalmente. El Siddhartha de Hesse es un clásico del siglo XX, y la película es fiel al libro excepto en su final. Pero, contrariamente a muchas adaptaciones, esta película da vida al texto, con magníficas vistas y música en vivo.

Siddhartha es una extraordinaria película que despierta los sentidos. Fue una de las primeras películas en India en representar actos sexuales, y las imágenes y la música saturan la atención del espectador. Conrad Rooks obtuvo el permiso de los editores para llevar la novela al cine con la ayuda del hijo de Hermann Hesse, Heiner Hesse, a quien conoció en Zúrich durante un tratamiento de desintoxicación. La película se rodó en el norte de la India y, más particularmente, en la ciudad santa de Rishikesh y en las propiedades privadas y los palacios del Maharajá de Bharatpur. Todos los actores son indios. El film despliega la trayectoria espiritual del protagonista, de alguna manera paralela a la del Buda histórico, y su hallazgo del camino del medio (madhyamā-pratipad) entre el ascetismo y el hedonismo. A lo largo de la película vamos conociendo las venturas que van llevan a Siddhartha lejos de esos extremos y hacia la madurez espiritual y la liberación, a través de la compasión y el cese de toda búsqueda.

Siddhartha es un joven Brahmín que abandona la casa de su rica familia para convertirse en un sadhu (hombre santo de la India) y vivir una vida más libre y de mayor sentido. La búsqueda lo lleva primero a la práctica de austeridades severas, autodisciplinas yoguis, que no llegan a satisfacerle. Llega a conocer las enseñanzas del Buda, por las que siente respeto, pero decide seguir su propio camino. Sigue una etapa de voluptuosidad, erotismo y autoindulgencia en el disfrute de riquezas materiales, que desemboca es un estado de autodesprecio, agotamiento y depresión para, finalmente, conseguir la paz y armonía consigo mismo que siempre ha estado buscando y que solo alcanza a través del amor: «deja de buscar, deja de preocuparte, aprende a dar amor… aquí está la paz», es el mensaje del filme.

Kung Fu (El pequeño saltamontes)

Cuando hablamos de la mítica serie de televisión Kung Fu, este artículo puede volverse personal para los lectores de Buddhistdoor nacidos a principios de la década de 1960. Esta serie norteamericana, creada por Ed Spielman, dirigida por Jerry Thorpe, y protagonizada por David Carradine, constó de 62 capítulos emitidos en tres temporadas (1972-1975) y fue un gran evento que dejo una indeleble huella cultural. Sin duda, mucho de los que los occidentales conocen sobre el budismo—aunque nunca mencionado de una manera explícita a lo largo de la serie—les llegó a través de las aventuras del protagonista.

Kwai Chang Caine es un joven monje chino del templo de Shaolin que se obligado a escapar a EE. UU., tras haberse puesto precio a su cabeza por haber asesinado al sobrino del Emperador, lo que sucedió para vengar la muerte de Po, su maestro espiritual. En EE.UU. su objetivo es encontrar a su medio hermano, Danny Caine, que también había huido de China, y poder empezar una nueva vida de familia.  (Hoy sería inaceptable, pero el papel de Kwai adulto, fue interpretado por Carradine, un actor blanco). Una vez llegado al lejano oeste de EE.UU. procedente del lejano este, Kwai vive una vida errante, guiado por una visión budista de la vida, y protegiéndose de toda amenaza con las artes marciales. (Como niño, Kwai Chang es famosamente llamado «pequeño saltamontes» por su querido maestro).

El maestro enseñando al joven Kwai Chang. Captura de pantalla de Kung Fu.

Kung Fu tuvo una importante impronta en la cultura popular hispanoamericana, y es uno de los rasgos de identidad de toda una generación. Recordemos que estos son los años álgidos en la fama Bruce Lee, experto en Kung Fu (que fue considerado para el papel, pero no obtuvo). Es posible que nada ayudara tanto a popularizar el budismo, y la filosofía zen, en la década de los 1970 como Kung Fu. 

Milarepa 

La última película precursora del «Buddha Boom» de los 90 que deseamos poner de relieve es Milarepa, un drama italiano dirigido por Liliana Cavani, que entró en el Festival de Cine de Cannes de 1974. El film está inspirado en la biografía de Milarepa, uno de los grandes maestros del budismo tibetano, que es leída por un joven de los años 70. Pasado y presente sucumben cuando la historia de Milarepa y la realidad del joven son paralelamente entendidas e interpretadas por el mismo joven actor. La trama pasa constantemente del pasado del siglo XI en Tíbet al presente y vemos como los protagonistas están turbados por las mismas inquietudes. Cavani creo un film que aun cautiva a los que se acercan a él.

Captura de pantalla de Milarepa

Referencias:

Cho, Francisca. (2009). Buddhism. En John Lyden (ed.), The Routledge companion to religion and film..

Cho, Francisca. (2017) Seeing Like the Buddha: Enlightenment through Film, SUNY Press.

Green, Roland. (2014). Buddhism Goes to the Movies: Introduction to Buddhist Thought and Practice,

Suh, Sharon A. (2015). Silver Screen Buddha: Buddhism in Asian and Western Film. Bloomsbury

Enlaces de interés sobre budismo y cine

Fundación Budista de Cine

Canal de Cine Budista

Festival Internacional de Cine Budista 2020 Selecciones oficiales

Budismo en el cine

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Daniel Millet Gil es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona, máster en Estudios Budistas (distinción) por el Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong y Ph.D. en Estudios Budistas por el Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong. Recibió el premio Tung Lin Kok Yuen a la excelencia en estudios budistas (2018-2019). Obtuvo su Ph.D. en Estudios Budistas con un estudio comparativo entre El Castillo Interior de Santa Teresa de Ávila y El Camino de Purificación de Buddhaghosa. Su área de especialización es en religiones comparadas (en particular, estudios comparativos entre el budismo y el cristianismo), la ciencia contemplativa y la psicología del yo. También es uno de los promotores de una serie de congresos cristiano-budistas celebrados conjuntamente en Ávila, España, por el Centro Internacional de Estudios Teresianos y Sanjuanistas (CITeS) de Ávila y el Centro de Estudios Budistas de la Universidad de Hong Kong. Daniel es contribuidor habitual y editor ejecutivo de la plataforma web Buddhistdoor en Español. Ha publicado numerosos títulos en revistas académicas y divulgativas sobre dialogo interreligioso, religiones comparadas y psicología del yo, que se pueden consultar en: https://hku-hk.academia.edu/DanielMillet

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