Meditaciones de un “jardín interior del que nadie está privado”:  budismo, feminismo y ecología en Alicia Jurado. Primera parte

SONIA BETANCORT

El tiempo juega un ajedrez sin piezas

en el patio. El crujido de una rama

rasga la noche. Fuera la llanura

leguas de polvo y sueño desparrama.

Sombras los dos, copiamos lo que dictan

otras sombras: Heráclito y Gautama

Jorge Luis Borges, “Estancia el Retiro”,

dedicado a Alicia Jurado

A mediados de los años setenta del siglo pasado, una literata, feminista y naturalista argentina revisaba con fervor bibliografías francesas, inglesas e hispanas acerca del budismo. En su amplio piso de la avenida Santa Fe, en Buenos Aires, esa misteriosa mujer cuidaba con el mismo esmero de sus plantas y de su ecléctica biblioteca. Al tiempo, alternaba las vistas de su querida ciudad con las de tantas otras de América, Europa, África y Asia. Así dio con la “la aurora del mundo”, la India en la que confluyeron muchas de sus inquietudes, el oriente forjado por sus lecturas y sus viajes.

Su principal objetivo residía entonces en ser los ojos del titán de las letras hispanas que había intercalado, en una faceta algo desconocida por crítica y lectores, numerosos axiomas budistas en una de las más impactantes muestras de la literatura fantástica universal. El escritor del que hablamos, como puede intuirse, era Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) –prácticamente ciego desde los años cincuenta— y la colaboradora que leía y escribía, una ignota ecologista, feminista y notable escritora llamada Alicia Jurado (Buenos Aires, 1922-2011).

Fruto de esa amistad y de la pasión oriental compartida fue la publicación conjunta del libro Qué es el budismo (1976) con el que ambos entran en la historia de los estudios budistas. El investigador Peter Harvey ha definido este ensayo como “una extraordinaria obra de síntesis que abarca la totalidad del tema en menos de ochenta páginas”. Destaca el apelativo “extraordinario” y que, en efecto, nuestros autores logren una aproximación a la “totalidad” del budismo con un breve compendio donde erudición y fantasía acercan las claves de esa cultura al lector occidental. En la nota preliminar de la obra, Jurado firma una humilde declaración acerca de su tarea como colaboradora: “investigar y seleccionar material en textos más recientes, aportar algunos datos y sugerir modificaciones menores”. Sin embargo, un vistazo a los manuscritos y al texto final, el cotejo de algunas de sus publicaciones en prensa, sus experiencias como viajera e, incluso, algunas declaraciones de Borges, revelan la valiosa intervención de esta escritora e investigadora que, sin duda, debemos descubrir.

Alicia Jurado en su casa de la Avenida Santa Fe (Buenos Aires). Fotografía del libro Revisión del pasado (Elefante Blanco, 2001).

Autora de la primera biografía de Borges (Genio y figura de Borges, 1964), forma parte de esa nómina de mujeres hispanas opacadas o desconocidas que ofrecen una mirada erudita y viajera cuyo interés por las culturas orientales –principalmente, la India y el budismo— contribuyó a enriquecer muchos de los debates de las sociedades hispanoamericanas del siglo XX. En la discusión de la identidad argentina que a un tiempo rechazaba y asumía su naturaleza cosmopolita, Jurado proclamaba “el desgarramiento espiritual de no pertenecer por entero a un solo continente” [i]. De este modo, recurre a las huellas orientales como forma de interpelar las idiosincrasias argentinas. Las filosofías y culturas indias la ayudan a construir así una idea de literatura tan nacional y tan universal como los habitantes del país austral, ya que nos dice:

Tal vez el olvido de las diferencias locales –que subsistirán, naturalmente, para dar variedad y encanto al mundo- y el gusto de compartir la belleza y la verdad que nos pertenecen a todos, sean los pasos más eficaces para desviar esa agresión de tribu que nos ha condicionado desde mucho antes de la prehistoria.

Como puede observarse, nuestra escritora defiende la unidad de todas las culturas como impulso de una convivencia más pacífica. Dicho de otro modo, para esta literata, la diversidad local es bella y necesaria cuando dialoga con otros territorios porque reafirma nuestra semejanza universal y, con ella, un trato menos agresivo. Una convicción compartida con Borges, como demuestran estas declaraciones de los años ochenta: “hasta ser parte de un juego que deberá hacernos olvidar que somos orientales u occidentales, y que nos unirá a todos”, porque “quizás las fuentes de nuestra cultura sean varias”.

Portada de Qué es el budismo (Emecé, 1998)

No sorprende, por tanto, que la India y el budismo aparezcan en la vida y en la obra de Alicia Jurado con naturalidad, intercalados en su cotidiano, en vinculación con su condición de mujer, con su defensa del pacifismo y con su preocupación por la naturaleza. Afirmará, por ejemplo, con motivo de su viaje a India en 1976: “yo me sentí fraternalmente unida a esas gentes misteriosas y también intensa y puerilmente feliz”. Con esa emoción fraternal de fondo, lejos de ausentarla de las cuestiones nacionales, el budismo actúa como acicate de sus reflexiones sobre la emancipación histórica, la conformación de la ciudad letrada, los movimientos de liberación de la mujer, la responsabilidad individual de los ciudadanos o el falso progreso que pone en peligro la riqueza natural del continente americano.

Cuentos como los recogidos en Leguas de polvo y sueño (1965), ensayos como Vida y obra de W. H. Hudson(1971), memorias como Descubrimiento del mundo (1989) o artículos de prensa como los recopilados en su espléndido Revisión del pasado (2001) dan cuenta de esta encrucijada que la emparenta con otras coetáneas más o menos reconocidas –de Victoria Ocampo a Adelina del Carril o Carmen Dragonetti— y que de manera singular en Jurado construye una valiente intersección entre budismo, feminismo y ecología. En efecto, adelantándose a muchos debates que se dan en la actualidad, el acervo oriental de Jurado convive en armonía con un amplio conocimiento del feminismo que le vale para proponer el pacifismo, la compasión y la ética como soluciones al despiadado impacto humano sobre el medio ambiente y la propia especie.

Portada de Revisión del pasado (Elefante Blanco, 2001).

De su curiosidad heteróclita parte, precisamente, su indagación orientalista, extraída de estratos bibliográficos muy diversos. Caben en los anaqueles de su extensa biblioteca, tanto las obras sagradas como los estudios académicos, los apuntes de viaje o las obras literarias. El Dhammapada, por ejemplo, una de sus lecturas preferidas, se alterna con obras académicas de argentinos como Fatone o Dragonetti; con reputados orientalistas como Conze, Stein o Suzuki; con viajeros como Alexandra David-Neel o Paul Reps, con literatos como Kipling, Forster o Tagore; y con personalidades emblemáticas como Gandhi o Nehru. A través de esta expedición libresca, amiga de indagar en la sencillez de las costumbres, Alicia Jurado facilita, aclara y compendia conceptos clave de las tradiciones budistas. De este modo, axiomas acerca del amor, la disolución del sujeto, la irrealidad, la impermanencia y la sabiduría se intercalan en sus reflexiones feministas y ecologistas con naturalidad y arrojo.

Como paráfrasis de las ideas de Virginia Woolf, la escritora porteña invocó la necesidad de “estar libres de lealtades ficticias”, así lo anotó en “La mujer argentina frente a la Libertad” (1956). Esta sentencia actúa no solo como activación del nuevo paradigma de género sino también como tratamiento de una tradición identitaria que, mediante lo oriental, logró un ensanchamiento de la expresión literaria y cultural hispanoamericana. La impronta de la mujer en la esfera educativa y política, la defensa de la igualdad de género en la vida profesional, el aborto, o la convivencia, son examinados por la mente de Jurado con dedicación y empatía. En este marco, comienza sus reflexiones en la historia colonial:

mujeres de la América hispana […], de la libertad solo conocieron la palabra. […] El grito sagrado de nuestras patriotas bisabuelas solo tenía vigencia para elegir el color de sus vestidos y la composición del almuerzo del día siguiente, […] para qué se afanaban tanto por el triunfo de una libertad que les aprovechaba tan poco.

Como puede verse, crítica con un pasado que al ultraje de “la raza vencida e inferior” unía el “desprecio hispánico por la mujer”, se pregunta por la misión feminista que corresponde en la reconstrucción de su país.


[i] La mayoría de las citas de Alicia Jurado pertenecen, salvo cuando se indica otra cosa, a los artículos recogidos en su libro Revisión del pasado, publicado en Buenos Aires por la editorial Elefante Blanco en 2001.

Pueden leer la segunda parte de este artículo aquí

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