Ken Wilber y el budismo (Segunda parte)
CATÓN EDUARDO CARINI
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La mirada sobre el budismo
Apoyándose en una perspectiva histórica basada en los «Giros de la Rueda del Dharma», Wilber propone que el budismo ha experimentado tres grandes transformaciones a lo largo de su historia y que ahora está surgiendo un Cuarto Giro, destinado a adaptar las enseñanzas budistas a la realidad contemporánea sin perder su esencia. De esta forma, el Primer Giro de la Rueda del Dharma comenzó con las enseñanzas originales del Buda Gautama, hace 2.500 años, especialmente en las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Sendero. La tradición que lo representa es el budismo theravada, con su enfoque en la ética, la meditación y la sabiduría como medios para alcanzar el nirvana. El Segundo Giro surge con el budismo mahayana, y es impulsado por el sabio hindú Nagarjuna, quien introduce la noción de vacuidad ( shunyata ) y enfatiza la compasión y el ideal del bodhisattva , quien busca la iluminación no solo para sí mismo, sino para el beneficio de todos los seres. El Tercer Giro está representado en el budismo vajrayana. Asociado con las enseñanzas de los hermanos Asanga y Vasubandhu, perfecciona el yogachara y se enfoca en doctrinas avanzadas no duales como el tathagatagarbha (naturaleza de Buda) y el dzogchen, que subrayan que la iluminación es una realidad siempre presente, accesible en cada momento.
Para Wilber, actualmente el budismo está experimentando el Cuarto Giro, que daría lugar a un «budismo integral»: una síntesis entre el budismo tradicional y los avances modernos en campos como la psicología, la neurociencia, la teoría del desarrollo y la posmodernidad. Argumenta que, aunque el budismo ha sido una de las tradiciones más avanzadas en el estudio de la mente, ha cuidado de una visión integral que abarque no solo la iluminación espiritual, sino también la evolución psicológica, cultural y social de la humanidad. Este cuarto giro busca integrar la sabiduría tradicional con una comprensión más amplia y contemporánea de la realidad.
La idea de un «Cuarto Giro de la Rueda del Dharma» se enraíza en una mirada crítica del budismo en la que vale la pena detenerse un momento. Si bien Wilber valora profundamente el budismo y lo considera una de las tradiciones más avanzadas en el estudio de la conciencia, también le realiza varias críticas desde su perspectiva integral. Sus principales objeciones se centran en la falta de un marco evolutivo en la doctrina budista, su limitada comprensión de ciertos aspectos de la psicología moderna y su tendencia a rechazar la modernidad y la ciencia en algunos contextos. Además, considera que algunas tradiciones budistas son incompletas porque enfatizan el «despertar» sin integrar aspectos psicológicos, emocionales y sociales de los practicantes.
Con respecto a la falta de una visión evolutiva del desarrollo humano, sostiene que el budismo tradicional carece de una comprensión clara del desarrollo de la conciencia. Si bien reconoce que el budismo ofrece métodos avanzados para explorar estados de conciencia elevadas, argumenta que no distingue entre estados y estructuras del desarrollo. En este sentido, aunque el budismo ha desarrollado una psicología sofisticada basada en la meditación y el estudio de la mente, Wilber argumenta que ignora muchos hallazgos de la psicología occidental. Por ejemplo, el budismo tradicional no ha incorporado conceptos clave como el desarrollo infantil, el subconsciente freudiano, la psicología del trauma o las teorías del desarrollo moral y cognitivo de autores como Jean Piaget y Lawrence Kohlberg. Según Wilber, esto ha llevado a que muchos practicantes budistas confundan estados alterados de conciencia con un desarrollo genuino de la personalidad, lo que puede generar problemas como el «bypass espiritual», lo cual significa evitar enfrentar problemas psicológicos profundos mediante la práctica espiritual.
En otras palabras, para Wilber el budismo le enseña cómo experimentar estados profundos de iluminación, pero no presta suficiente atención a cómo una persona evoluciona a través de diferentes etapas o estadios de desarrollo psicológico, cognitivo y moral. De modo que afirma que la iluminación no es simplemente alcanzar un estado trascendental, sino integrar esa experiencia en todos los niveles del ser. Esta perspectiva se ve ilustrada con la postura que toma con respecto a la mencionada técnica del Big Mind, ya que si bien lo recomienda debido a que permite a los practicantes acceder rápidamente a estados de conciencia elevados y experimentar la iluminación o la realización del vacío, también advierte que esta práctica se centra principalmente en la experiencia transitoria de estados elevados y no exigir en el desarrollo estructural de la conciencia a través de estadios de desarrollo psicológico y moral. En pocas palabras, la Big Mind es útil para la trascendencia del ego, pero no aborda necesariamente el crecimiento integral de la conciencia a lo largo de todas las etapas del desarrollo humano.
Asimismo, Wilber sostiene que el budismo, especialmente en sus formas más tradicionales, a menudo tiene una relación tensa con la modernidad y la ciencia. Aunque algunas escuelas han incorporado descubrimientos de la neurociencia y la psicología cognitiva, muchas todavía ven la modernidad como un obstáculo para la iluminación, en lugar de reconocer su valor. Desde esta perspectiva, la iluminación no debe ser entendida solo como un retorno a un estado primigenio de pureza espiritual, sino como parte de un proceso evolutivo que integra ciencia, razón, desarrollo social y espiritualidad en un todo más amplio.
Finalmente, Wilber advierte que algunas interpretaciones posmodernas del budismo han caído en una visión nihilista o excesivamente relativista. En particular, critica la interpretación extrema de la doctrina de la vacuidad ( shunyata ), que algunos practicantes entienden como si la realidad no tuviera estructura ni significado. Esta visión posmoderna del budismo ha llevado a una forma de budismo relativista, que rechaza cualquier jerarquía de desarrollo y niega la existencia de niveles de conciencia más elevados. Esto, según él, ha sido particularmente evidente en el «budismo boomeritis», una distorsión del budismo adoptada por los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964), especialmente los jóvenes protagonistas de la contracultura de los años sesenta y setenta, quienes lo convirtieron en una herramienta de autoafirmación en lugar de un camino de trascendencia.
De modo que el concepto de «budismo boomeritis», presentado en su obra Espiritualidad Integral (2006), señala una apropiación del budismo distorsionada por tendencias narcisistas y relativistas propias de la mentalidad posmoderna, lo que ha dado lugar a una práctica espiritual superficial y desvirtuada. Así, el budismo boomeritis se caracterizaría por un elevado grado de egocentrismo espiritual, ya que, en lugar de servir como herramienta para trascender el ego, se convierte en una práctica centrada en la autoimagen, dando lugar a un «yo espiritualizado» que refuerza el individualismo en vez de superarlo.
Otra crítica al budismo boomeritis es el rechazo de la jerarquía, la tradición y la autoridad de maestros legítimos, promoviendo una visión igualitaria y antijerárquica que, según Wilber, obstaculiza un desarrollo espiritual genuino. Asimismo, influenciados por el posmodernismo, los boomers tienden a sostener que todas las verdades espirituales son igualmente válidas, lo que diluye la profundidad y la disciplina propias del budismo tradicional. También se realiza un excesivo énfasis en la terapia sobre la iluminación, ya que muchas versiones occidentales del budismo priorizan la sanación psicológica y el bienestar personal, desplazando el objetivo central de la tradición budista: la realización de la vacuidad y la liberación del sufrimiento.
Finalmente, Wilber critica la ausencia de compromiso real de muchos practicantes occidentales que adoptan el budismo como una moda o un complemento de estilo de vida, sin comprometerse con la disciplina rigurosa que exige la tradición. En pocas palabras, el «budismo boomeritis» sería una versión superficial y egocéntrica del budismo que diluye su esencia transformadora.
Para concluir, podemos afirmar que Wilber busca complementar el budismo con un enfoque más amplio que integre su profundidad espiritual con la evolución psicológica, la modernidad y la ciencia. Su Cuarto Giro del Dharma es precisamente una propuesta para expandir el budismo más allá de sus limitaciones tradicionales, incorporando un modelo integral que abarca todas las dimensiones del ser humano. De esta forma, el Cuarto Giro del Dharma no pretende reemplazar los giros anteriores, sino complementarlos y expandirlos, adaptando el budismo a una visión más completa del desarrollo humano y la realidad en su conjunto. Este enfoque integral busca equilibrar la profundidad espiritual del budismo con las demandas y los conocimientos de la modernidad, lo cual puede propiciar que esta tradición religiosa tenga un mayor impacto en los mundos modernos y postmodernos.
Bibliografía
Wilber, Ken (1990). Espiritualidad Integral . Barcelona: Kairós.
Wilber, Ken (2000). Breve historia de todas las cosas. Barcelona: Kairós.
Wilber, Ken (2002). Boomeritis: Un camino hacia la liberación . Barcelona: Kairós.
Wilber, Ken (2005). Sexo, ecología y espiritualidad . Madrid: Gaiá.
Wilber, Ken; Patten, Terry; Leonardo, Adán; Morelli, Marcos (2010). La Práctica Integral de la Vida . Barcelona: Kairós.
Wilber, Ken (2017). La religión del futuro . Barcelona: Kairós.
Wilber, Ken (2017). El cuarto giro: evolucionando hacia un budismo integral . Barcelona: Kairós.
Catón Eduardo Carini es licenciado en antropología por la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), magister en antropología social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y doctor en antropología por la UNLP. Trabaja como investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina y como profesor de Antropología Cultural y Social en la UNLP. Se interesó en el budismo en 1999 cuando comenzó a practicar meditación zen con el maestro francés Stéphane Thibaut de la Asociación Zen de América Latina. Posteriormente, se abocó a la práctica de la meditación vipassana en centros vinculados al maestro birmano S. N. Goenka, así como a la práctica de la tradición dzogchen del vajrayana, bajo la guía del maestro tibetano Chogyal Namkhai Norbu.
