Breve historia del arribo del budismo tibetano en América Latina

MARCO ANTONIO KARAM

Este artículo es parte de nuestra edición especial «El budismo en los países de habla hispana».

A lo largo de los milenios, las huellas del Buda han recorrido diferentes senderos en cada unos de los países en donde sus enseñanzas han arribado, y así ha sido ahora en América Latina.  Sus ideas y rica herencia multidimensional, han hoy llegado a tierras de antiguas culturas y tradiciones espirituales, moldeadas por la confrontación entre las vastas y ricas civilizaciones indígenas americanas y las de los conquistadores escolásticos católicos romanos españoles y portugueses en búsqueda de riquezas, oro y quizás la oportunidad de establecer una utopía cristiana en el nuevo mundo.  El resultado final de este atrevido «experimento cultural» es uno que no podría haber sido jamás anticipado, desde una perspectiva positiva, la creación de culturas de vibrante vida, arte, historia y genuina espiritualidad; pero desde una perspectiva negativa, también plagadas por el subdesarrollo, la sobrepoblación, corrupción, inequidad social, pobreza y la presencia de la perenne crisis y escasez económica.  Estos han sido, no obstante, los lagos en donde los «cisnes han arribado».

Su Santidad, el XIV Dalái Lama, el venerable Khensur Rinpoche, y Maritza Pacheco, líder de la Asociación Cultural Tibetano Costarricense.

Los primeros contactos que América Latina estableció con el Oriente y las enseñanzas del Buda se encuentran hoy velados por el mito y la especulación. Entre otros factores, artefactos de probable procedencia china hallados en México a lo largo de la primera mitad del siglo XX en antiguas ruinas mayas, toltecas y aztecas, así como las leyendas del histórico rey Quetzalcoatl de origen oriental, cuyo arribo en el reino de Tula en el México Central, durante el primer milenio de nuestra era común, quien trajo consigo el conocimiento de la agricultura, arquitectura y astronomía al pueblo de Tula, sugiere un primer contacto entre Mesoamérica y las culturas del Oriente. Otras narrativas indígenas, nos hablan acerca de la visita de sacerdotes de cabeza afeitada quienes llegaron del Oriente para diseminar el conocimiento de la verdad y las «cosas como son». Por esto en ocasiones se ha dicho que las antiguas civilizaciones indígenas de América se encuentran culturalmente más cercanas a las del Asia que a las de Europa.

Quetzalcóatl era considerado el dios más poderoso para los teotihuacanos, mexicas, toltecas, olmecas y mayas. Wikipedia

Del s. XVII al XIX, estos vínculos se estrecharon en principio a través de la «Nao de China», los galeones españoles y portugueses que arribaban desde las Filipinas al puerto de Acapulco y de ahí al resto de América Latina trayendo con ellos sedas, porcelanas y variadas mercancías del Oriente: India, China y el Sudeste de Asia.  Pocos saben por ejemplo que las afamadas puertas de hierro del coro de la catedral metropolitana de la ciudad de México, fueron forjadas en el sur de China de una preciada combinación de metales (Tumbaga), especialmente utilizados por artesanos budistas.  Así también, recibimos la primera oleada de inmigrantes asiáticos, mayormente de origen chino quienes trajeron consigo, entre otras muchas cosas, el conocimiento del Buddhadharma. Quizás debido a la naturaleza de los tiempos, el firme control de la iglesia católica y el prejuicio común en contra de razas no europeas o caucásicas, este contacto no fructificó y no produjo resultados significativos más allá de algunas influencias estéticas en la porcelana de talavera mexicana, la gastronomía novohispana y el vestido de las «chinas poblanas».

En el s. XIX, un nuevo movimiento cultural y espiritual de inspiración orientalista llegó a América Latina: la Teosofía. La fuerza mística de los mahatmas los cuales comunicaban sus enseñanzas a la humanidad desde las alturas de los Himalayas y el gran aislamiento de la meseta tibetana, inspiró a muchos a un resurgir del interés en un nuevo renacimiento espiritual, entre ellos, a personas notables de resaltada influencia histórica como Francisco I. Madero, primer presidente electo democráticamente de México y uno de los actores más sobresalientes de la revolución mexicana, el primer levantamiento social de gran envergadura que azotara al mundo en el s. XX.  Muchas personas de estatus social y cultural en América Latina fueron también inspiradas por este nuevo despertar espiritual y por su primer contacto con las enseñanzas del Buda. Un testimonio de esta importante influencia puede verse aún hoy en el palacio de la Secretaría de Educación Pública en el centro histórico de la ciudad de México.  Construido en la primera mitad del s. XX y decorado en uno de sus patios principales con un alto relieve monumental de la imagen del Buda, Sidarta Gautama, comisionado por José Vasconcelos, el primer ministro postrevolucionario de educación de México y un ávido teósofo y proto – budista. En su oficina privada, localizada en el corazón de este bello edificio, los muros y su escritorio personal, todavía hoy utilizado por los secretarios de educación de México, se encuentran decorados con motivos budistas, entre ellos, el texto del Prajñaparamita, o la perfección de la sabiduría. En Centro América en la década de los 50s y los 60s, hombres de esta misma orientación fueron también inspirados a patrocinar la primera y única resolución a favor del Tibet en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

José Vasconcelos. https://www.fundacionunam.org.mx/rostros/jose-vasconcelos-y-la-unam/

En los cuarentas y cincuentas, una nueva oleada de ideas de inspiración budista arribó a América Latina.  La poesía Haiku japonesa, las obras de Erick From y de Daisetsu Suzuki quienes colaboraron en la redacción del afamado Budismo Zen y Psicoanálisis en Cuernavaca, México; la poesía de Amado Nervo y de Jorge Luis Borges quien inclusive fue autor de un libro sobre budismo y al final pero no con menor importancia, la trascendental influencia de uno de los más grandes poetas e intelectuales que América Latina ha producido, premio Nobel de literatura y embajador de México en India, puesto al que más tarde renunciara tras los trágicos acontecimientos de los levantamientos juveniles y la masacre gubernamental de estudiantes en octubre de 1968: Octavio Paz.

En la década de los sesentas y de los setentas, otra importante influencia de origen oriental surgió en América Latina a través de la narrativa imaginaria del famoso o quizás debiésemos decir «infame» Lobsang Rampa.  Probablemente debido a la inclinación del carácter espiritual y transmundano de los Latino Americanos, el mismo esquema mental que dio origen al género literario que hoy conocemos como «realismo mágico», el Tercer ojo y el Médico de Lhasa, el opus mágnum de Rampa, se convirtieron en bestsellers internacionales, aún hoy ampliamente leídos y por muchos años las obras esenciales de referencia acerca del Tíbet en América Latina.

En los setentas Chögyam Trungpa Rinpoche visito a México, convirtiéndose así, en el primer verdadero Lama tibetano en tocar tierra en América Latina. En una pequeña casa en la pintoresca ciudad de Patscuaro en el estado de Michoacán, se dice descubrió el terma mental que inspiró sus enseñanzas de Shambhala. Más tarde, en la década de los ochentas, varios importantes lamas tibetanos empezaron a visitar a América Latina, entre ellos, nuestro honrado Gueshe Lhundup Sopa, quien fue el primer Lama en formalmente enseñar en México y orgullosamente uno de mis primeros maestros raíz. Al mismo tiempo, estudiantes de Dharma Latino Americanos quienes habían viajado al oriente y establecido contacto con los Tibetanos en Dharamsala India, Nepal y Tibet, así como algunos pocos de aquellos quienes habían completado grados formales en estudios budistas en los Estados Unidos, Asia o Europa volvieron a sus países natales, como fue mi caso, para introducir el Dharma.

Marco Antonio Karam, al Dalai Lama y Geshe Lhundup

En 1989, Su Santidad el XIV Dalái Lama del Tibet visitó por vez primera a América Latina, invitado por asociaciones budistas tanto en Costa Rica como en México y siendo recibido por los entonces presidentes Oscar Arias y Carlos Salinas de Gortari respectivamente.  Esto marcó el principio de una nueva era para el Dharma budista tibetano en la región. A partir de entonces, Su Santidad, así como muchos de los grandes representantes de las cuatro escuelas del budismo tibetano han repetidamente visitado nuestros países y establecido centros de estudio en Argentian, Venezuela, Brazil, Peru, Colombia, El Salvador, Costa Rica, Guatemala, México y muchos otros países. Agrupaciones de monjes danzantes tibetanos sirvieron primero como embajadores culturales representando las artes místicas del Tibet y se han ahora convertido en una parte integral del entorno cultural de nuestros países, generando con esto nuevos problemas al presentar una versión sobre comercializada de las tradiciones espirituales del Tibet.

Budistas tibetanos y mayas se encuentran en México. Fuente: http://new-sevilla.abc.es/fotos-sociedad/20110910/budistas-mayas-encuentran-mexico-83948.html

Es mi creencia el que hoy podemos afirmar, sin temor alguno, que el Dharma ha arribado a América Latina y que la influencia del Buda se ha hecho sentir en los rincones más importantes de nuestro continente esparciendo así, la revolución noética que es la herencia del iluminado.

Hoy enfrentamos muchos nuevos retos. Como en Norte América, debemos de trabajar con lo que llamo el Dharma Light, una presentación superficial de las enseñanzas del Buda que amenaza a la supervivencia de la integridad ideológica de la tradición. Debemos también trabajar con el sectarismo rampante y la cada día más vigorosa propagación del «materialismo espiritual» el cual, como un veneno emparentado al Dharma Light, ha transformado a la palabra del Buda en un objeto de consumo económico y en una moda.  En especial, debemos de confrontarnos con el gran reto de adaptar al Dharma a su nuevo hogar en América Latina, preservar la totalidad de las enseñanzas y en especial el generar las condiciones necesarias para producir su positivo efecto transformador en este nuevo medio ambiente humano, no tibetano, no europeo ni norte americano.  El reto debe de ser atendido por Latinoamericanos para Latinoamericanos, prometiendo así satisfacer la milenaria profecía del nacido en el loto, el gran adepto y erudito tibetano Padmasambhava quien hace más de 1200 años afirmara: «Cuando el pájaro de hierro vuele y los buelles corran por rieles, el Dharma arribará a la tierra del hombre rojo».

Sarva Mangalam

¡Qué esto sea exitoso!

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Presidente y fundador de Casa Tíbet México. Recibió una licenciatura en Filosofía Occidental de la Universidad La Salle, Ciudad de México, y una licenciatura en Estudios Budistas de la Universidad Naropa en Boulder, Colorado, con especialización en sicología budista y Occidental. Ha realizado estudios de posgrado en Psicología y Filosofía Budista en varias universidades de EE.UU., Asia y Europa, incluidas las universidades de Harvard, Oxford y Heidelberg. Ha sido profesor en el prestigioso El Colegio de México de México, la Universidad Nacional Autónoma de México, y muchos otros colegios y universidades en México y América Latina. Organizador Principal de la primera visita de Su Santidad el XIV Dalái Lama a Latinoamérica (México y Costa Rica 1989), así como de su segunda y tercera visita a México (2004, 2011). También fue miembro de los comités directivos responsables de organizar la visita de Su Santidad a El Salvador en 2004, y fue presidente del comité organizador de su visita a Guatemala en el mismo año. Durante los últimos 23 años ha sido uno de los principales promotores de la cultura tibetana y el budismo en el mundo de habla hispana.

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