La danza es la práctica completa
JOSEPH HOUSEAL*
La escritura sobre huesos oraculares (甲骨文) es la forma más antigua documentada de escritura china; se fecha en la etapa final de la dinastía Shang, en el segundo milenio a. C. Las inscripciones se tallaban en la cara inferior de caparazones de tortuga —en concreto, los plastrones—, o en escápulas de buey, como parte de rituales de adivinación: una suerte de escapulimancia o lectura de huesos. Tras calentarlos, se «leían» las grietas y se extraía el augurio. Las inscripciones registraban tanto la pregunta como la interpretación del adivino. Estos objetos rituales de adivinación, reunidos, se conocen en China como «huesos oraculares». De este modo, la escritura sobre huesos oraculares es una de las formas más antiguas de lenguaje escrito que se conocen: un uso ritual del lenguaje en el que una imagen —un pictograma de una persona danzando— es el propio lenguaje. Vemos a un bailarín sosteniendo plumas o ramas en un ritual para comunicarse con lo divino: otra dimensión de la realidad. Hay un aspecto chamánico en este glifo.
El petroglifo que sirve de base para el logotipo de Core of Culture es indio y, aunque es mucho más antiguo que cualquier escritura, también emplea figuras danzantes como lenguaje dibujado. En el carácter de «danza» de la escritura sobre huesos oraculares se aprecia con claridad la evolución desde el dibujo figurativo hacia el uso abstracto como símbolo lingüístico. Resulta fascinante que, en esta fase inicial de la creación del lenguaje, ya esté presente la imagen del cuerpo danzando en un ritual, llevando consigo ideas de transformación mental y la sacralidad de la danza como medio de comunicación.
Con el tiempo, esas formas pictográficas evolucionaron hacia la escritura en bronce, la escritura de sello, la escritura clerical, la regular y así sucesivamente. Muchos caracteres oraculares comenzaron como pictogramas o ideogramas simples, pero ya en la etapa final de los Shang se habían convencionalizado parcialmente y abreviado para su uso como caracteres escritos. Por eso, cuando hablamos en términos artísticos de una «forma de danza de huesos oraculares», a menudo estamos reconstruyendo a partir de variantes gráficas halladas en huesos excavados, en bronces y en manuscritos antiguos. Hoy existe incluso un estilo caligráfico denominado «hueso oracular».
El trabajo doctoral de la coreógrafa e investigadora taiwanesa Liu Feng Shueh (1925-2023), realizado en Londres en el Laban Centre for Movement and Dance y en la Universidad de Cambridge, examinó la frecuencia y el abanico contextual del carácter oracular de «danza», así como su significado como indicador de la profundidad mágica de la comunicación en niveles cada vez más hondos de la existencia. Esto se asemeja a la comprensión budista newar en Katmandú, donde la palabra «danza» significa «meditación». ¿Qué puede ser tan valioso como para ser objeto de adivinación, interpretación, inscripción y registro en forma de palabras? ¿Qué acción es esa? Es la acción divina de la expresión en el núcleo de la propia esencia; el propósito y la acción de uno en el mundo.
Tuve la fortuna de conocer a Mme. Liu Feng Shueh a través de mis propios estudios en el Laban Centre for Movement and Dance, de leer su tesis y de ver sus coreografías en escena. En el teatro-estudio de su taller en Taipéi me mostró muchas reconstrucciones de la dinastía Tang, e incluso danzas confucianas anteriores, nobles y geománticas. Mme. Liu creía que el rigor y la nobleza de la danza china emanan del carácter oracular de «danza». Si la verdad del significado del glifo no está viva en una interpretación danzada, falta algo crucial. Ya se trate de danza moderna, de las danzas de los pueblos indígenas taiwaneses o de devolver a la vida danzas de tiempos arcaicos, Liu Feng Shueh enseñó y creó una conexión con la expresión más antigua de la danza. Se la considera una de las pioneras de la danza moderna china.
Qué alegría descubrir hace poco, a la venta, un rollo verdaderamente inusual, probablemente de los años setenta. Lo compré y ahora cuelga en mi estudio. Está en la forma literaria estándar de cuatro caracteres. La escritura moderna y el nombre budista del artista aparecen, en menor tamaño, en el lado izquierdo. El rollo es tan poético y filosófico como retórico y visual. Pretende contener mucho significado, más allá de las palabras: algo esquivo y poético. Evoca el espíritu de la época de los huesos oraculares y, en ese sentido, porta un peso ritual, una seriedad en el acto. Este rollo caligráfico moderno, escrito en estilo de huesos oraculares, declara: «La danza es la práctica completa».
Lo que al principio parece arcaico, paleográfico e indescifrable se convierte en una afirmación viva de ritual, espiritualidad y arte; nos recuerda que la danza no es una simple actuación, sino el cumplimiento de la plenitud: un modo práctico de llegar a ser lo que los taoístas llaman «un ser humano real». Danzar es moverse en más de un mundo a la vez, pasando con gracia de uno a otro; la imagen consumada de la autoconciencia, incluso cuando la ausencia de yo es el estado final de la danza ritual. Según un tratado budista drikung kagyü del siglo XII sobre danza, Los atributos del león de las nieves, «la danza es la apoteosis del logro místico». Este sentido no está lejos del rollo que estamos examinando.
Esta es mi lectura del rollo, aunque hay otras, como ocurre con cualquier traducción y, desde luego, con cualquier imagen simbólica de carácter adivinatorio. La escritura sobre huesos oraculares era el lenguaje del ritual y de la comunicación con lo divino. El énfasis en la danza como primer carácter de este rollo, y el uso del glifo escrito más antiguo conocido para «danza», subrayan la sobriedad espiritual y el sobrecogedor poder mágico de la danza, invocados y ensalzados de nuevo. Sencillo, potente, sin ornamentos. Y con un punto posmoderno: se apoya en formas clásicas contundentes para lograr un efecto moderno y anacrónico.
Un marchante de arte conocido me ofreció este rollo. Lo que me llamó la atención de inmediato fue el carácter de «danza», escrito en estilo de huesos oraculares. Conocía ese glifo, con los brazos alzados y las plumas: un vestigio de las primeras danzas rituales talladas en plastrones de tortuga hace más de 3000 años. Compré el rollo sin saber qué significaban los otros caracteres, atraído únicamente por la presencia de la danza en su forma arcaica.
La inscripción resultó ser de cuatro caracteres: «舞之全業». A primera vista podría traducirse como «Toda danza» o «El arte completo de la danza». Pero en inglés esa expresión suena más a panorama general: un libro que cataloga estilos e historias, o un manual introductorio para estudiantes de danza. Sin embargo, el rollo está diciendo algo muy distinto. Una versión más fiel y solemne sería: «La danza es la práctica completa». Es decir: la danza no es fragmento, ni entretenimiento, ni siquiera solo arte; es una totalidad, una práctica que abarca cuerpo, mente, ofrenda y disciplina. La imagen de danza empleada es la de un bailarín ritual: el propósito original de la danza.
El rollo es moderno, escrito en un estilo revivalista de huesos oraculares por un calígrafo que firma como Yiru («Una talidad»), un seudónimo tomado del pensamiento budista. No es una reliquia de la antigüedad, sino una creación personal: una autoinvención elevada, poética y mística, situada dentro de la gran tradición de la caligrafía china. Los trazos del pincel se mueven como si siguieran un paso antiguo: audaces, arcaicos, enigmáticos; encarnan el misterio de lo que declaran, mientras que el anonimato del artista queda velado bajo un nombre espiritual y poético. La pintura con tinta y la caligrafía a veces se describen también como danza.
Para el lector occidental, esta idea resulta poco habitual. La danza suele entenderse como espectáculo o entretenimiento, a veces como arte, pero rara vez como práctica espiritual. En muchas tradiciones asiáticas y antiguas, sin embargo, la danza no es nunca meramente simbólica: es eficaz y tiene un propósito. Monjes, magos y chamanes danzaban para consagrar el espacio, invitar a las deidades, proteger a la comunidad o transmitir enseñanzas.
En el budismo tibetano, las grandes danzas cham no son simples espectáculos, sino ofrendas rituales. Los danzantes encarnan deidades protectoras y los propios pasos renuevan el tiempo y purifican el entorno. En el ritual taoísta, la meditación y la práctica marcial, el Paso de Yu es una coreografía sagrada que se enseña para alinear al practicante con el orden cósmico. En Japón, Zeami escribió que la danza en el nō es «escribir caligrafía en el aire», un recordatorio elocuente de que el movimiento puede ser a la vez arte y revelación experiencial. A través de estas tradiciones, la danza se entendía como práctica completa: eficaz, transformadora e integral; abarcadora de todos los aspectos. Viva y, por ello, expresión de vida; elemental y, por ello, universal.
La caligrafía de este rollo no describe la danza: la proclama. La danza es la práctica completa: entera, capaz de llevar cuerpo, mente y espíritu a la vez. El propio carácter de «danza» lo muestra: manos que sostienen plumas, pies en movimiento, una figura que danza con presencia ritual encarnada. Al escribirse en estilo oracular, el sentido antiguo vuelve a hacerse visible: la danza como invocación, como comunicación con lo invisible.
Lo notable es la simplicidad de la inscripción. Cuatro caracteres, escritos en un estilo arcaico, y sin embargo portadores de una verdad que tratados enteros luchan por expresar. Esto está en el espíritu de los letrados: tomar pincel y tinta y hacer de ellos no solo arte, sino una manera de vivir. La audacia aquí está en su claridad. No adorna ni argumenta. Simplemente dice: «La danza es la práctica completa».
De este modo, el llamativo rollo es más que decoración. Es una afirmación viva de ética y filosofía antiguas en nuestro tiempo; un recordatorio de que el arte todavía puede ser un recipiente de verdad. La caligrafía encuentra su propio fluir, moviéndose entre la escritura oracular antigua y una mano moderna, sosteniendo un misterio mientras habla con claridad. Es un ejemplo pequeño pero profundo de cómo se encuentran la tradición artística y la espiritualidad personal, de cómo la práctica puede inscribirse en las formas más simples.
*Este artículo se publicó originalmente en inglés en Buddhistdoor Global el 11 de octubre de 2025.
Joseph Houseal es el director de Core of Culture, una organización dedicada a salvaguardar la cultura inmaterial del mundo y a asegurar la continuidad de antiguas tradiciones de danza allí donde se originan. Como expresión religiosa, filosófica y ritual, la danza desempeña un papel importante en la práctica del budismo, el taoísmo, el hinduismo y otros sistemas de creencias asiáticos. Largas transmisiones ininterrumpidas de formas de movimiento se reflejan en representaciones artísticas religiosas, donde la iconografía performativa es tanto código místico como ilustración del movimiento. Ancient Dances examina los aspectos de la danza y la espiritualidad para mejorar la práctica y la apreciación entre los lectores, y para impulsar la conciencia cultural en nuestro mundo cambiante. Utiliza la danza como lente para explorar estados de conciencia y representaciones simbólicas. Ancient Dances se publica mensualmente.
