«Viajar hacia adentro»: la práctica del Tudong
CARIDAD MARTÍN
«Los pies se mueven por los caminos del mundo, pero el corazón camina hacia el desapego y la liberación».
Tudong de la Mancha 2025 (Málaga–Paññagiri)
1.370 km / 53 días
El encuentro
Mi amigo José Luis me llamó para contarme que acababa de llegar al monasterio Paññagiri, en Cataluña, un monje que había atravesado España caminando durante casi dos meses: más de mil trescientos kilómetros, cruzando montes y meseta, siguiendo la práctica de los primeros discípulos del Buddha: ser monjes itinerantes. Fui allí a escuchar su historia.
La tradición del tudong
En la tradición buddhista del Bosque Theravāda de Tailandia se conserva esta práctica llamada tudong: deambular con cuenco y hábito, comiendo lo que se recibe como ofrenda y durmiendo donde se pueda, confiando en la generosidad de la gente y en la fuerza del propio corazón.
La belleza de estar en la naturaleza se entrelaza con la dureza del camino en solitario: día tras día aparecen desafíos corporales y los impedimentos de la mente. Esa combinación hace del tudong la quintaesencia de la meditación budista.
Durante el periodo de lluvias, los monjes interrumpían sus recorridos para residir en parques o monasterios por tres meses. Así llegó el Venerable Varabho a Paññagiri.
El abad de Paññagiri, Ajahn Nyanadassano, es el primer monje residente permanente del lugar. Él es de origen checo. El Venerable Varabho fue recibido con gran alegría por la comunidad, tanto laica como monástica, ya que habla español. Es español. Allí terminó su recorrido, a la espera de un siguiente tudong.
Conversación con el Venerable Varabho
Son las palabras del Venerable Varabho las que mejor explican su experiencia, no solo en el camino, sino en su vida y en el proceso que lo llevó a ser monje. Mientras paseábamos por los senderos de la Masía l’Aragall, en Aiguafreda —donde se encuentra Paññagiri—, me fue contando su historia, acompañándola de los vídeos que grababa con su teléfono (cuando podía cargarlo) para tranquilizar a su madre, que no comprendía por qué su hijo se marchaba al monte.
Así que le pregunté:
—¿Cómo ha llegado hasta aquí?, ¿cómo era el camino?, ¿cómo transcurrían los días?, ¿qué le hizo monje budista?…
Ven. Varabho:
—¿Cómo he llegado hasta aquí? Pues feliz. Mire, soy de Málaga, nací en 1976. Mi nombre de laico es Daniel Barrientos Galán. De niño era feliz caminando por los montes de Málaga, como las cabras. Me gustaba perderme por ahí.
—Recuerdo que mi madre, devota de Fray Leopoldo de Alpandeire —un fraile que vivió en Granada—, nos llevaba muchas veces allí. Era de Málaga. Creo que era de los capuchinos. Cuando vi la ropa de Fray Leopoldo, llena de agujeros… algo sentí. Una atracción, una energía. No podía explicarlo, pero era la fuerza de la renuncia.
—De niño me invitaban a museos en Madrid: veía coronas de reyes magos, reyes católicos y reyes godos, pero no me significaban nada. En cambio, esas túnicas raídas despertaban en mí una admiración profunda, pero yo no lo sabía explicar.
La ingeniería, la crisis y el giro
—Como en tantas familias españolas, me educaron en la idea de elegir una carrera que diera dinero. Mi hermano era ingeniero, así que mi madre decidió por mí: «Haz como Julito, tu hermano».
—Me hice ingeniero industrial. Fue un calvario: una carrera de seis años que me duró nueve. Sufrí mucho porque no me gustaba. El último año, enojado con mis padres, me fui a vivir con un amigo.
—Finalmente me dijeron: «Aguanta, acaba la carrera y luego escapa. Haz lo que quieras, pero acaba la carrera». Ese año aprobé todo con sobresalientes y me fui a trabajar a Alemania.
—Vivía como cualquier joven: caprichos, comodidades… pero no era feliz. Lo único que disfrutaba era la diversidad de amigos internacionales: chinos, japoneses, marroquíes, madrileños.
El despertar espiritual
– En 2012 fui por casualidad a un retiro de Mahasi Sayadaw en Alemania. Eso transformó mi vida. Decidí abandonar mi carrera profesional y seguir el camino monástico.
En 2014 vivió en aislamiento preparándose para ello. En 2015 hizo voluntariado en centros de meditación Goenka en Bélgica y Suecia, y después viajó a Tailandia para ordenarse en Wat Pah Nanachat.
Allí siguió el proceso tradicional: anagarika (2015–2016), samanera durante dos años y, finalmente, la ordenación como bhikkhu el 23 de julio de 2018. Hasta 2022 residió en varios monasterios de la tradición de Wat Pah Pong.
El regreso y el tudong en España
En 2022 regresó a España tras la pandemia. Quería estar cerca de sus padres y cumplir un sueño: realizar un tudong en su propia tierra. Así nació el recorrido de más de 1.300 kilómetros desde Málaga hasta Cataluña: cincuenta y tres días caminando.
El tudong no es solo caminar físicamente. Es símbolo del viaje interior. No se trata de llegar a un lugar, sino de soltar certezas, aceptar lo desconocido y confiar. Viajar ligero, con un cuenco y una túnica, es aprender a descansar en lo esencial.
—Una vez, atravesando Jaén, estuve cuatro días sin comer. No encontraba a nadie, solo olivos y olivos. Bueno, no encontraba a nadie generoso que supiera que yo necesitaba alimento. Llegué agotado a la puerta de un supermercado por la mañana y una persona me dio un paquete de magdalenas que me llenó de alegría. Al rato, otro hombre salió con una caja de leche y, alejándose, se dio la vuelta de repente, sacó y me regaló un brick. ¡Qué alegría poder mojar las magdalenas en leche!
—A veces creo que la naturaleza conspira a mi favor. Me pasaba también cuando estaba en Tailandia: si tenía una necesidad, de repente aparecía alguien con lo que me hacía falta.
—Una vez, tras un día duro de calor abrasador, encontré un refugio que era un albergue del Camino de Santiago y tenía un número de teléfono anotado para que me dijeran dónde estaba la llave. Al llamar, me preguntaron si era peregrino a Santiago. Respondí que no, y no me dejaron entrar. Entonces entendí: yo no soy peregrino. El peregrino busca llegar a un lugar sagrado. Yo camino hacia adentro. Mi destino es el desapego. Soy un monje itinerante. Pero también viajar hacia dentro es un lugar sagrado.
Resonancias con la tradición
Durante su tudong, V. Varabho memorizaba cada día un verso del Dhammapada. Al final del recorrido podía recitarlos todos, como un mantra que lo acompañaba en momentos de cansancio y soledad. Los versos del Dhammapada, breves y claros, han sostenido a generaciones de buscadores, pues nos hablan de impermanencia, compasión y mucha sabiduría. Era una buena compañía para el viaje.
En tiempos del Buddha histórico, la cuenca del Ganges estaba llena de ascetas itinerantes que buscaban la verdad. Siddhartha Gautama, tras años de austeridades, concibió el Camino Medio: ni indulgencia ni mortificación, sino equilibrio. Desde entonces, el budismo conserva la práctica de los monjes mendicantes, dependientes de la generosidad y atentos a cada paso.
La tradición del Bosque en Tailandia, revitalizada por Ajahn Mun y Ajahn Chah, rescató esta forma de vida. Para Ajahn Chah, cada paso en el bosque era una oportunidad de ver la impermanencia: «Caminar sin saber dónde dormir es aprender a confiar en la naturaleza del Dhamma».
Una práctica viva
Escuchar a Varabho me hizo comprender que el tudong es más que un viaje: es una manera de mirar la vida. No se trata de acumular experiencias, sino de dejarse transformar por lo que ocurre. No hay mapa, ni meta, ni garantía. Cada día tiene su afán.
Al despedirme de él en Paññagiri, entendí que su testimonio no era solo el de un monje, sino el espejo de una búsqueda humana universal: aprender a soltar, confiar y caminar hacia adelante.
Referencias:
