El budismo como servicio : Ayya Yeshe

Caitlin Dwyer

Ayya Yeshe. Imagen cortesía del autor.
Ayya Yeshe. Imagen cortesía del autor.

“La felicidad no es sólo un asunto personal, es un asunto de la comunidad” nos dice la Venerable Yeshe Chodron, conocida como Ayya Yeshe en la introducción de la web de su fundación. Ayya Yeshe tuvo la idea de la “felicidad común” y lanzó una llamada: la fundación Bodhicitta Foundation, una organización no gubernamental dedicada a servir a los pobres en la India. Autora del libro cuyo título podríamos traducir como “ La Iluminación diaria: cómo guerrear espiritualmente en el fregadero”  Everyday Enlightenment: How to be a Spiritual Warrior at the Kitchen Sink (HarperCollins 2006), se encontró con el budismo a los 17 años después de sufrir una depresión. Seis años después, tomó los hábitos al hacerse monja en un centro budista en Australia, su país de origen, antes de trasladarse a la India. Y, allá, cuando se encuentra frente a la pobreza de la gente de la comunidad Dalit, conocidos como la casta de los “intocables”, queda impresionada por su sentido de justicia y derechos humanos y quiso ayudar. La Fundación Bodhicitta provee de alimentación, educación, cuidado sanitario y acompañamiento a las comunidades pobres como también meditación y guía espiritual.

Buddhistdoor Global: Has fundado la Bodhicitta Foundation para servir a los miembros de la comunidad india, especialmente los de la casta baja. ¿podemos hablar un poco más acerca de lo que te inspiró y cómo empezó todo?

Ayya Yeshe: Cuando fui ordenada monja, en 2001, no tenía donde dónde quedarme; el centro australiano me cobraba una renta, pero permitía a los que eran étnicamente monjes tibetanos hombres quedarse gratuitamente. En medio de esto, tuve muchas solicitudes para enseñar el Dharma en escuelas, prisiones y centros de rehabilitación. Pero en Australia no pude sobrevivir financieramente y me fui a la India a estudiar. Eché de menos un compromiso social. Entonces me fui a Bodh Gaya donde me di cuenta de que hay una gran brecha entre los enclaves de mármol para los budistas extranjeros, con aire acondicionado y la pobreza de la población local. La mayoría de estos centros para extranjeros estaban rodeados con cercas de alambre de púas y me pregunté en qué lado de la cerca estaría el Buda.

Luego conocí a un hombre de la comunidad ambedkarita [budismo dalit, un movimiento budista socialmente comprometido en la India] y me fui a Nagpur. Me inspiré en la lucha de los dalits por los derechos humanos.

Ayya Yeshe con mujeres Dalit. De bodhicitta-vihara.com

BDG: Trabajar con mujeres y niñas es una parte primordial de la misión de la ONG. ¿Por qué es importante enfocarse en ellas, mujeres y niñas?

AY: Todos los datos que tenemos sobre la justicia social muestran que las mujeres y las niñas son las más vulnerables y las que más sufren la opresión. El setenta y cinco por ciento en el tráfico de personas son mujeres. La mayoría de las víctimas de malnutrición, pobreza, analfabetismo y violencia doméstica son mujeres. Las mujeres realizan el 60 por ciento del trabajo mundial, pero poseen el 10 por ciento de su tierra. Hay millones de chicas jóvenes esperando la oportunidad de asistir a la escuela. La lucha contra la pobreza y el medio ambiente, así como el crecimiento de la población, pueden abordarse en gran medida educando a las niñas. 

BDG: Usted da clases de meditación y habla sobre la importancia de dar a las personas un lugar para recuperarse del estrés de la pobreza. ¿Cómo ayuda la Fundación Bodhicitta a brindar un respiro y renovación a las personas que sufren estrés crónico?

AY: Las gentes que viven en barrios marginales conviven entre 5 y 7 personas en una habitación. Tener algo de espacio en la lucha constante por la supervivencia, la violencia y el alcoholismo, o en el caso de las mujeres, el trabajo doméstico no remunerado, les ayuda a descubrir su propia bondad interior y su potencial que les da acceso a más recursos internos y más resiliencia. Aumentando ese bienestar, se pueden salvar relaciones familiares y además, mucho sufrimiento. Ahora tienen más habilidades para resolver conflictos y tratarse mejor porque han sido tocadas por la paz.

BDG: En su blog, escribió: “Para mí, esta es la vocación de los monásticos: ser padrinos temporalmente o ser como el mejor amigo y consejero de toda la comunidad, no sólo de una familia, pareja o niño”. ¿Puede decirme cómo ve su vocación como monástica?
AY:
 El Dr. [B. R.] Ambedkar, que era el Martin Luther King Jr. de la comunidad Dalit, veía a los monásticos como trabajadores sociales. A la gente le gusta compartir sus problemas con los monásticos. No tenemos familias y no estamos atados a la generación de riqueza, por lo que tenemos más libertad para ser faros de cordura en un mundo de problemas. Esto se logra tanto a través de los espacios de refugio y paz que creamos en los monasterios como a través del trabajo social para responder directamente al mundo que sufre.
Todo está hecho de elementos que carecen de entidad propia. No puedo existir sin aire, agua, campesinos, comida, mis padres, la tierra y el sol. Ser espiritual es cuidar el misterio sagrado de la interacción y desarrollar empatía para todos los seres, nuestras madres de vidas pasadas.

De Fundación Bodhicitta Facebook.

BDG: ¿Cómo es la organización de la Fundación Bodhicitta? ¿Cómo trabaja el personal para ayudar a la comunidad?

AY: Tenemos 17 empleados, en su mayoría son personas que vienen de chabolas o áreas subdesarrolladas, algunos de los cuales han hecho un gran esfuerzo para capacitarse con la educación.
Tenemos 30 niñas que estudian en la escuela secundaria y en la universidad en nuestra casa (de niñas). De lo contrario, estarían trabajando en empleos parciales o se habrían visto obligados a contraer matrimonio debido a la pobreza.
Hacemos 6.000 comidas al año para niños desnutridos. Tenemos alrededor de 100 niños pobres en grupos de estudio después de la escuela, porque la calidad de la escolarización gratuita a menudo es mala. También capacitamos a mujeres y adolescentes en terapia de belleza, computadoras, inglés y costura. Patrocinamos a 55 niños para que vayan a la escuela.

BDG: Esperas expandir el centro y crear un espacio más permanente. ¿Cuáles son tus esperanzas para este nuevo espacio y qué necesitas todavía para hacerlo realidad?

AY: De las 15 personas con las que fui ordenada, sólo quedé yo y otra monja. El setenta y cinco por ciento de las monjas budistas tibetanas occidentales cuelgan los hábitos ya que en realidad casi no hay apoyo. Si bien estos centros pueden realizar un trabajo muy bueno, las estructuras más pesadas excluyen a las mujeres de los roles de líderes espirituales y de una participación equitativa en los recursos. Me gustaría acabar con el patriarcado y el etnocentrismo en el budismo tibetano. También me gustaría crear un lugar para que los activistas puedan descansar y para personas que estén interesadas en profundizar su práctica y crear medios de vida más sostenibles para el futuro.

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