Zen en la “Atenas de Cuba”. Promesa y semilla.

DOUGLAS CALVO GAÍNZA

El siguiente artículo ha sido publicado también en inglés por Buddhistdoor Global. 

Nadie ha visitado Cuba si no pasó por Matanzas. Casi todos los turistas anhelan las virginales arenas y aguas de Varadero, o, en menor cuantía, la arcaica naturaleza de la Ciénaga de Zapata con sus resilientes especies endémicas.

Pero hay muchísimo más que ver. Como Cárdenas (sede de los más ancestrales aborígenes, de la primera bandera patriótica, de la más vetusta estatua latinoamericana de Colón…). O como la propia ciudad cabecera provincial. Allí el mar es un ciudadano más, cuyo sereno transitar es apenas «civilizado» por los infaltables puentes metálicos. E inolvidable espectáculo resulta el amanecer en su bahía, cuando en el horizonte, la súbita explosión de fuego emite una escalera de olas doradas, la cual se expande infinitamente mientras la acogen las titilantes luces de los hogares despertando.

Matanzas: cielo, mar y puentes. Imagen de facebook.com

Ahora bien: quizás algún día Matanzas será también un sitio de peregrinación espiritual. Eso pudiera ocurrir si fructificara el proyecto del Centro Zen de Cuba, que involucra a la par a las sanghas de Bárbara Kosen (España) y Michel Tai Hei (Cuba).

Ambos son líderes budistas bien conocidos. La primera es heredera del linaje soto zen desde 1993, y fundadora de la Asociación Zen Taisen Deshimaru en España. (https://zenkan.com/linaje/barbara-kosen/). El segundo comenzó su práctica hacia 1999, y desde entonces ha ido progresando en «la Vía», hasta recibir el shiho o transmisión del dharma en el 2018.

El maestro Michel (al frente, centro) rodeado de su sangha. A sus espaldas, la monja Darlenys Shin Gyo (foto cortesía de esta última).

El centro en germen procura suplir la total carencia de templos para la práctica del zen en Cuba. En La Habana los meditadores deben reunirse en una vivienda particular, mientras que en Matanzas el dojo es itinerante, y realiza zazen en parques, entornos naturales, o en espacios cedidos por la iglesia comunidad metropolitana (ICM) y el Museo Farmacéutico. Por tanto, «impresionada por la dignidad y determinación de los practicantes cubanos», la sensei Bárbara ha escrito una carta pública exhortando a recaudar, colectivamente, una suma de 28.000€ destinada a «crear un lugar de práctica diaria, que también pueda recibir a los residentes en la isla y dar la bienvenida a los maestros que visitan Cuba.»

El futuro centro aspira a una capacidad simultánea para treinta personas. «Además de ser el dojo de la ciudad de Matanzas – dice el proyecto -, contaría con una biblioteca, una sala de conferencias y otra sala dedicada a la costura y la caligrafía.» (Para más detalles, ver: https://zenkan.com/centro-zen-en-cuba/ o https://www.ccebudistes.org/es/noticias/centro-zen-en-cuba/)

Interesados en conocer sobre esta prometedora iniciativa, solicitamos al maestro Tai Hei que nos orientara con información útil. Y éste le encomendó esa tarea a la monja Darlenys Shin Gyo, del dojo matancero, la cual respondió nuestras preguntas con singular cultura y despliegue de espiritualidad.

BUDDHISTDOOR EN ESPAÑOL: ¿Cómo y cuándo surge, exactamente, la idea del Centro Zen Cuba?

DARLENYS SHIN GYO: «Es un anhelo de todos los que alguna vez practicaron aquí. (…) Durante años fue una utopía, hasta que finalmente la rueda echó a andar y el proyecto comenzó a tomar forma definida. Este es el fruto de años de esfuerzo justo, y de la gran compasión de nuestros maestros que han trabajado duro para continuar la práctica del zen en Cuba. Gracias a eso también contamos con la guía del maestro Michel Tai Hei, quien durante más de veinte años ha sido parte de la sangha de Cuba, muchos de ellos como godo del dojo de La Habana.

Y claro, la ordenación de uno de los nuestros como maestro, fue ese último empujoncito que nos hizo empezar a buscar una sede para que el maestro Tai Hei también cuente con un lugar para compartir sus enseñanzas con budistas y curiosos de cualquier lugar de la isla y el mundo.» 

BDE: ¿Qué factores primarios incidieron en la elección de la ciudad para ser sede del proyecto?

DSG: «Me gustaría decir que es un acto de profunda poesía, la consecuencia natural de las semillas que se han sembrado en nuestra ciudad, y que nos anteceden en el tiempo. Pero también es una consecuencia o efecto de la práctica durante años en esta geografía. Antes de que el dojo de Matanzas existiese, practicantes de toda Cuba venían a los retiros que se organizaban y desarrollaban aquí. De alguna manera ellos son también responsables de que el zen floreciese en nuestros corazones.

A esto se suma que estamos muy cerca de la capital, pero con las ventajas que trae no ser una ciudad tan céntrica o poblada. También influyen los precios de los inmuebles, las posibilidades de intercambio que ofrecen las comunidades religiosas de la ciudad, y hasta esa cultura inclusiva y conciliatoria que caracteriza a los matanceros.

Y, en última instancia, la necesidad vital de que los practicantes de Matanzas cuenten con un espacio físico donde reunirse asiduamente.»

BDE: Además de promover la recaudación de fondos, ¿qué otras vías o iniciativas concretas de apoyo al Centro Zen pudieran ser promovidas por los simpatizantes?

DSG: «Como en cualquier proyecto cuya base sea la cooperación y la ayuda solidaria, siempre hay mucho que hacer. Lo primero es la difusión. Cuantas más personas conozcan de nuestro proyecto, más posibilidades hay de que se involucre la gente que está interesada no solo en ayudar económicamente a la compra del Centro Zen, sino también en la práctica de zazen, y en el intercambio interreligioso basado en el respeto y la armonía.

Luego vendrían las donaciones, que son la materialización de esa ayuda que necesitamos para fundar este centro de estudios, práctica e intercambio, y que estará disponible para personas de todo el mundo. En tercer lugar, cuando ya no sea un sueño sino una realidad, vamos a necesitar ayuda también para convertir una casa de familia en un espacio para la práctica budista.

Y finalmente, la mejor manera de colaborar será sentándonos todos juntos en la práctica de la postura del despertar del Buda. Por eso todas las personas son bienvenidas a colaborar de la forma que su corazón dicte, y su circunstancia les permita.»

BDE: Una vez que se materialice el proyecto: ¿cuál estiman que será su repercusión sobre el posterior desarrollo del zen en Cuba?

DSG: «El centro nos dará la oportunidad de recibir a personas y maestros de todas partes, y de distintas escuelas. Será un centro de comunión, de práctica intensiva de zazen, y el espacio para celebrar sesshines o retiros.

Hasta ahora la sangha cubana se ha visto limitada en cuanto a las posibilidades de recibir a personas interesadas en compartir ese tiempo de práctica intensiva, porque somos más bien itinerantes. Nuestros retiros se realizan en fincas que se rentan, o en espacios que utilizamos por un corto período de tiempo.

El Centro Zen será la sede de nuestros retiros, y el sitio físico que acogerá también al dojo de Matanzas. Esto hará que sea posible tener días y horarios específicos para la práctica, que no estén sujetos a la disponibilidad de los locales que gentilmente nos prestan ahora, o a los encuentros en zonas abiertas como parques. Así mismo, las ceremonias, la costura de los kesas y rakusus, las celebraciones relacionadas con nuestra fe… todo eso encontrará justo sitio allí.»

Las respuestas de la monja Shin Gyo resultan plenamente esclarecedoras. No obstante, también nos interesa indagar respecto a los desarrollos preliminares del zen en Matanzas, y sobre todo porque allí ha comenzado (quizás por primera vez en Cuba) una colaboración estable y consagrada entre budistas y cristianos, así como actividades ambientalistas y animalistas impulsadas por la típica visión holística y compasiva del dharma.

Aunque ya existía una pequeña y estable comunidad local antes de la formalización del dojo matancero, sin embargo, la fundación oficial de este tuvo lugar el 9 de diciembre del 2019, cuando el maestro Michel Tai Hei le entregó el kyosaku caligrafiado al monje Manuel Zomoku. Sin embargo, las primeras prácticas del zen en esa región surgieron en una iglesia católica. Sobre esto nos comenta la entrevistada:

DSG: «Hubo un tiempo en que el padre Ramón Martín Blázquez mantuvo una iniciativa muy interesante en la iglesia de los carmelitas. Un grupo de personas se reunía allí para practicar yoga, meditaciones, y algo muy cercano al zazen de la escuela rinzai, que se caracteriza por el estudio de koanes.

Había también una revista con ese mismo espíritu de intercambio religioso y apertura. Luego de eso, cuando el padre dejó la isla, se perdió esa conexión. Uno de los asiduos de aquella época lo visitó en el monasterio donde vive ahora, y supo que aún está en contacto con su guía zen, una monja católica que abraza ambas espiritualidades.»

Además, el zen en Matanzas ha contado con el fraterno apoyo de la iglesia de la comunidad metropolitana (ICM), incluso con antelación a la formalización del dojo local. Según la hermana Shin Gyo, esta es «una amistad que nació igualmente del deseo de ayudar a animales callejeros, y de vivir en una sociedad que abrace y celebre las diferencias tanto religiosas como políticas, sociales, o de cualquier naturaleza.»

Confraternizan la iglesia comunidad metropolitana y el dojo zen de Matanzas (foto cortesía Darlenys Shin Gio).

Conociendo que una de las pastoras de esa iglesia, Yileivys Cruz Suárez, es parte de la sangha matancera, la contactamos para inquirir sobre sus impresiones como doble practicante. Gentilmente, ella responde:

«Para mí el acercamiento al zen fue una experiencia que me cambió la vida para siempre. A través de la práctica, el silencio y la meditación, me fui haciendo consciente de la necesidad de ver al mundo con ojos más sensibles, y sentir misericordia de los seres que sufren por la desmedida depredación de los humanos. Ser cristiana y a la vez asumir una filosofía de vida budista, me ha hecho ser una humana sin limitaciones, al encuentro de la espiritualidad.»

«He conocido más de cerca – acota Yileivys – esa conexión que nos une a [email protected] los seres con la naturaleza, y he aprendido a observar a un mundo que corre sin medidas, desde una mirada paciente y sin turbulencias. Siempre haciendo el compromiso, cada mañana, con la justicia hacia los más vulnerables y sufridos de la tierra, y con el respeto a la libertad plena de todos los seres como un sacramento de vida.»

La pastora Yileivys (cuarta de izquierda a derecha) tras la imagen del Buda. (fotografía cortesía Darlenys Shin Gyo).

En general, tanto ICM como los seguidores del zen en Matanzas, junto a otras personas y grupos, colaboran rescatando y asistiendo a animales callejeros. Igualmente, la sangha matancera y la iglesia bautista local planifican una iniciativa ecológica conjunta, enfocada en la recolección de baterías inservibles para agruparlas en una zona reservada, con lo cual se evita su proliferación indiscriminada.

«Esperamos que la creación del Centro Zen de Cuba en nuestra ciudad – afirma la monja – nos dé también la posibilidad de ampliar nuestro trabajo, fomentando una cultura comunitaria de respeto al medio ambiente.»

Concluimos deseándole pleno éxito al proyecto del zen en Matanzas, la «Atenas de Cuba». Este es solemne promesa de iluminación para muchas personas en la isla, e igualmente semillero de ecumenismo y fraternidad interreligiosa. A la vez, tipifica a una sociedad civil cubana imbricada, desde su fe, en el ecologismo y el bienestar animal.

Tristemente, hoy soplan destructivos vientos globales de fundamentalismo e intolerancia, mientras se ahonda la catástrofe planetaria emanada del especieísmo antropocéntrico. Por eso necesitamos ese Centro Zen. Y muchos más. Porque nada debe extinguir definitivamente a la compasión humana, ni a la perpetua aspiración de nuestra especie a la libertad. Al contrario, siguiendo a la entrevistada pastora zen, nos toca ser «semillas al viento», que «volamos libres al encuentro de un misterio que ni podemos nombrar, ni podemos hacer nuestro.»

Datos de contacto para las donaciones:

https://zenkan.com/centro-zen-en-cuba/ 

Asociación Zen Taisen Deshimaru (AZTD)

Contacto: Belén B., tfno: 00 34 662 164 082

email: [email protected]

Inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones. Nº 145061

Fecha: 25 de abril, 1995

Ministerio de Justicia, España

Mokusan Dojo Madrid

C/ Conde de Romanones 5, Madrid 28012

Página web: www.zenkan.com

Templo de Shorinji

Villanueva de la Vera (Cáceres)

Teléfono móvil del Templo: 00 34 622 885 199

Existe un PDF con amplísima información que se puede solicitar a Belén Boville, teléfono 00 34 662 164 082.

Douglas Calvo Gaínza (La Habana, 1970).

Investigador y escritor residente en Cuba. Traductor de literatura espiritual, con varias maestrías y un doctorado en religiones y filosofía. Estudioso del budismo desde el año 2000, y colaborador de Buddhistdoor desde el 2020.  

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