Soto Zen en Chile: la experiencia del maestro Jikusan y El Zendo, Tunquén

MARÍA ELVIRA RÍOS PEÑAFIEL

Según los datos que hallamos en la Enciclopedia de religiones en América Latina, el desarrollo del budismo zen en Chile se produce, principalmente, por personas chilenas que se convierten al budismo, ya sea como religiosos o laicos, y no por inmigrantes japoneses que hayan llegado al país. Esto se entiende, principalmente, porque la inmigración japonesa en Chile ha sido mucho menor que en otros países sudamericanos, como en Brasil y Perú. En conversación con Luis Diaz, discípulo de Roshi Nishijima y traductor de la versión de su maestro del Shinyi Shōbōgenzō de Dōgen, nos comenta que el primer chileno que habría tenido un vínculo con el budismo zen y difundido en Chile habría sido el matemático Jorge Soto Andrade, quien hizo sus estudios de doctorado en la Universidad Soborne en Francia, y allí se unión con un grupo de Deshimaru, uno de los principales difusores del budismo zen en Francia. Jorge Soto, al regresar a Chile, habría fundado el primer o uno de los primeros dōjōs de Soto Zen (según los últimos datos de 2019, habría unos 29 dōjōs en Chile, pero muchos de ellos dedicados más a las artes marciales que a la práctica de meditación).

Maestro Jikusan en El Zendo, Tunquén, fotografía de María Elvira Ríos

En esa época, década de 1980, mientras ocurrían estas primeras resonancias del budismo zen en Chile, el maestro Jikusan, en ese entonces Patricio Goycolea y fotógrafo, toma la decisión de partir a India para conocer y practicar yoga. Ahí fue que decide viajar a Katmandú. El yoga, comenta el maestro Jikusan, le serviría mucho para mantener la postura sentado de zazen, que lo acompañaría en su vida. Estando en Nepal se entera de un maestro que enseñaba zen y decide ir a escucharlo. Quedó fascinado de esa práctica, por lo que realiza algunos retiros de sesshin para luego regresar a su vida de fotógrafo en Chile, sin antes pasar por Inglaterra a enseñar esa práctica, algo que haría en otras ocasiones de su vida (https://respirarensintonia.wordpress.com/2014/09/03/un-peregrino-del-cambio/).

Para aquel entonces, Chile se encontraba en dictadura, era un país donde pocos salían y los que se habían ido de Chile no pensaban en regresar. En el mundo que transitaba como fotógrafo, se contaba que la palabra «zen» era «taquilla» (estaba de moda), pero nadie sabía muy bien qué significaba. Para aquella época, el maestro no recuerda haber conocido a nadie vinculado al budismo zen en Chile, ni tampoco un lugar en el que se practicara zazen.

Harada Tangen Roshi y maestro Jikusan en su estancia en Bukkoku-ji. Fotografía cortesía del maestro Jikusan

El maestro Jikusan comenta que fue a realizar un reportaje a Japón sobre el zen. Iba por diez días, llegó al monasterio Bukkoku-ji en el que estuvo en un retiro por una semana y luego le permitieron tomar fotos. Le gustó tanto que se fue quedando y los diez días se convirtieron en diez años … «esos diez años pasaron volando, no había ninguna noción de qué día de la semana era, nunca lo supe, sabía algo de las fechas, pero era maravilloso vivir sin tiempo de calendario, existir, nada más… » (Entrevista al Maestro Jikusan, 15 de julio, 2023)

El Bukkoku-ji es un templo que fue dirigido por Harada Tangen Roshi, discípulo de Sogaku Roshi, y quien habría abierto las puertas de su templo a muchos extranjeros que llegaban y se quedaban a vivir en el templo. Así ocurrió con el maestro Jikusan (https://mountainsrivers.com/2015/02/22/zen-practice-in-japan/comment-page-1/).

Después de diez años, al maestro Jikusan le surge la necesidad de compartir el beneficio de esa práctica y de ahí es que decide volver a Chile. Eso fue el 2001. El destino lo llevó cerca de La Serena, en una localidad llamada El Molle: «Todo eso surgió a partir de las primeras prácticas que realicé en una hostería, muy raro la verdad … pero era el lugar donde se abrieron las puertas para hacer meditación. Impulsado por un amigo que había conocido en Japón, fue que tomé la decisión de enseñar ahí y estuve unos meses, hasta que se dio la oportunidad de abrir un espacio en El Molle» (Entrevista al maestro Jikusan, 15 de julio, 2023).

MARÍA ELVIRA RÍOS: De esos años en El Molle, ¿cómo fue la experiencia meditativa?

Maestro Jikusan: Durante mi tiempo allá sucedió algo fascinante. Esto fue cuando todavía estaba en la hostería, yo ahí no tenía mucho que hacer, era una hostería donde comían pollo con papas fritas… entonces se me ocurrió ir a la cárcel y ofrecer meditación. Primero hablé con el alcaide y le dije que venía llegando de Japón y que había aprendido una técnica que ayuda a eliminar el sufrimiento, y quería compartirla con los internos. El alcaide quedó curioso y entonces me dijo si podía enseñarlo a los gendarmes primero. Fue justo en un momento en que había cambiado el sistema judicial y los gendarmes no tenían mucho trabajo por unos meses. Entonces hicimos un intensivo de dos veces de meditación al día. Después empecé con los internos, fue durante siete años, iba tres veces a la semana; daba meditación a los menores, a las mujeres y a los hombres, cada grupo por separado, pues no se podía mezclar. A veces me acompañaba gente de El Zendo. En una oportunidad, una televisión local me fue a entrevistar a la cárcel y nos filmaron, pero los internos no querían salir en la televisión, no solo para que no los vieran presos, sino también porque quizá alguien los reconocía y diría «ese también me robó a mí» y le darían más años en la cárcel… También me entrevistaron y señalé que en la cárcel habían notado mejoras, sobre todo que la relación entre los gendarmes y los presos había mejorado notablemente. Cuando salió esta entrevista en la televisión un periódico popular decía «El héroe de las cárceles» (risas)… Esta impresión surgió en la gente, no sólo por lo que se estaba difundiendo en los medios, sino también porque cuando iba a La Vega (centro de venta de frutas y verduras en Chile) a comprar para EL Zendo, la gente me llamaba así porque tenían parientes en la cárcel y me regalaban mucho alimento…

Maestro Jikusan enseñando meditación en la cárcel de la ciudad de La Serena. Fotografía cortesía de maestro Jikusan.

MER: Y ahora en Tunquén, un espacio prácticamente idílico, cerca del mar, rodeado de naturaleza y en un lugar lleno de serenidad, ¿cómo percibe lo que se experimenta aquí?

MJ: Tunquén lo podemos ver como una «República Independiente», que tiene un paradigma distinto. La gente cuando entra acá cambia mucho, sobre todo quienes se quedan y practican, tiene un efecto muy favorable para desarrollar el desapego. A eso se suman ciertas cuestiones locales que se han incorporado a la práctica del zen aquí en Tunquén y que tienen relación con el adecuarse a lo que nos entrega el lugar. El mejor ejemplo es el uso del cochayuyo (alga que prolifera en las costas de Chile y es considerado un alimento muy completo). ¡Hasta la puerta es de cochayuyo (risas)! En el desayuno comemos cochayuyo, la base del alimento es el cochayuyo. También incorporamos el uso del poncho (manta tradicional chilena) y una práctica que son los baños de mar. Cada vez que baja la marea y con poca marejada nos bañamos en el mar. Pero bueno, todo se incorpora, pero la esencia de la práctica es la misma, es zazen y es lo principal. Eso es lo que hizo Buda debajo del árbol, eso es lo que imitamos, dejar pasar la mente hasta que el cuerpo quieto, quieto, cae y, luego, cae la mente y encuentras la esencia que es la misma de todos los seres, de todas las cosas, absolutamente imperturbable y, al mismo tiempo, una constante impermanencia, porque desde el comienzo de una sílaba hasta el final, ya cambió. No hay ninguna célula en el mismo lugar. Esto nos llama a estar siempre alerta, conscientes de eso.

MARÍA ELVIRA RÍOS (1980), es doctora en estudios de Asia y África, con especialización en China, del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México (2015), postdoctorado Fondecyt (3190076). Sus publicaciones abordan temáticas en torno al budismo chino contemporáneo, cultura e idioma chino. Ha publicado sus investigaciones en diversas revistas académicas. Actualmente dicta cursos de cultura china y budismo en diversas instituciones académicas y es investigadora adjunta del Núcleo Milenio ICLAC, Universidad Católica de Chile. Miembro Aladaa Chile. Miembro de ALADAA CHILE.