Saraṇa Vihāra: un refugio en el macizo del Montseny

ALEIX RUIZ FALQUÉS

El Buddha nunca vivió dentro de núcleos urbanos, sino que él mismo buscaba en bosques y zonas apartadas un cierto refugio del ruido mundanal. A sus discípulos les recomendaba no establecer monasterios ni muy lejos ni muy cerca de los pueblos. Esta es la regla de oro que sigue el centro Saraṇa Vihāra («monasterio refugio»), regentado por la monja Sayalay* Uttarā (Annai Osuna). Situado en la periferia del pequeño pueblo de Santa Maria de Palautordera, cerca del parque natural del Montseny, Saraṇa Vihāra es uno de los pocos centros de retiro de larga estancia para monjas buddhistas que existen en España, y seguramente uno de los pocos en Europa. El centro también está abierto a practicantes laicos de cualquier género.

Saraṇa Vihāra, con la casa de meditación al fondo. Pequeño grupo de amigos acompañando a las monjas Ayya Anopama, Sayalay Uttarā y Sayalay Piyadassī el día de la inauguración. Mayo 2021. Fotografía gentileza de Sayalay Uttarā.

Aunque hoy en día existen muchos retiros de corta duración y un gran número de cursos breves para aprender a meditar, es todavía difícil encontrar entornos específicamente diseñados para una práctica diaria y constante. El círculo vicioso es comprensible: la falta de centros fomenta la falta de interés en retiros largos y la falta de interés impide que centros como Saraṇa Vihāra cuenten con el apoyo suficiente. El tiempo, sin embargo, parece jugar a favor de este tipo de iniciativas, puesto que cada día existen más meditadores y meditadoras interesados en retiros largos o incluso hacer una vida retirada, contemplativa, o bien directamente aspiran a la vida monástica. La buena acogida del proyecto de Sayalay Uttarā y el interés que ha suscitado en pocos meses pone de manifiesto un cambio de dinámica en las comunidades buddhistas en España.

Oficialmente, Saraṇa Vihāra abrió sus puertas la luna llena del pasado mes de mayo, coincidiendo con la festividad del Vesak. La ceremonia tuvo dos partes en dos continentes diferentes, América y Europa, y se celebró por Zoom, ya que todavía tenían vigencia las restricciones de la pandemia. Algunos amigos del centro que vivimos cerca tuvimos la oportunidad de acudir a la ceremonia en persona y hacer una ofrenda de comida a las tres monjas residentes en aquellos momentos, que eran, además de Sayalay Uttarā, Ayya Anopamā (Alemania) y Sayalay Piyadassī (Lituania).

Sayalay Uttarā ofreciendo comida al maestro meditador Maha Myaing Sayadaw. Fecha indeterminada entre 2011 y 2014. Fotografía gentileza de Sayalay Uttarā.

En las ceremonias se recitaron suttas en pali y también hubo la intervención de monásticos y laicos de varios continentes. El motivo recurrente de todas las intervenciones fue la alegría y la gratitud de contar, a partir de ahora, con un lugar de retiro residencial, basado completamente en el dāna («donativo»), es decir: en la generosidad de la gente. La palabra que más se repitió fue «autenticidad», seguramente porque en un mundo hipermercantilizado como el nuestro, confiar en la buena fe de otras personas parece de una gran candidez y valentía. Pero la historia de Saraṇa Vihāra y su espíritu de servicio, así como la solidez de sus nuevos cimientos, se pueden comprender mejor si uno rastrea los pasos que han llevado a Sayalay Uttarā hasta aquí.

Residencia de la monja Sayalay Uttarā en Saraṇa Vihāra, Santa Maria de Palautordera (Barcelona). En la fotografía, un servidor conversando con S. Uttarā. Fotografía de Monserrat Falqués Sala. Agosto 2021.

Los inicios de la vocación se remontan a la adolescencia de Annai. Ya a los catorce años se dedicó a llamar a varios monasterios católicos, interesada por hacerse monja. Fue amablemente rechazada bajo el pretexto de que era demasiado joven. Annai sentía un interés genuino por lo religioso y continuó su estudió y sus investigaciones sobre la tradición espiritual cristiana y también otras corrientes.

Años más tarde un amigo la introdujo en la meditación vipassanā de la escuela del maestro Goenka. Fue entonces cuando Annai empezó a profundizar en la meditación, compaginándola con la vida familiar, pues su hijo y su hija eran todavía niños. Además de aprender en la tradición de Goenka, se dedicó a la práctica del yoga y también tomó las enseñanzas de algunos maestros de la tradición tailandesa del bosque. Cuando sus hijos fueron ya mayores, Annai tuvo la oportunidad de ir a India y allí dedicó un año en el centro de vipassanā de Dhamma Giri, en Igatpuri (Maharashtra), a estudiar pali y profundizar en la práctica de la meditación. Al cabo de un tiempo le sugirieron que podría hacerse monja y Annai lo aceptó después de discutirlo con su familia y de meditarlo consigo misma.

Llegó a Myanmar (Birmania) a principios del 2008, un momento de turbulencia política después de las protestas que en los medios se vinieron a llamar «la revolución azafranada» (Saffron Revolution). Retirada en el centro de meditación de Thae Phyu en las cercanías de Yangon, Sayalay Uttarā vivió apartada del ajetreo diario. Sí le llegaron noticias, aunque tarde, de la incalculable devastación provocada por el ciclón Nargis en abril del 2008. Pero más allá de estos eventos pudo dedicarse completamente a la meditación.

Al cabo de un tiempo, su maestro el venerable U Paññajota, más conocido como Thae Phyu Sayadaw, hizo un retiro al bosque Maha Myaing en el norte de Myanmar, cerca de Tamu, en la frontera con India. Al volver, el maestro compartió su experiencia con sus discípulos y aquello inspiró a Sayalay Uttarā a pedir permiso para hacer un retiro de larga duración en las profundidades de la jungla. El maestro aceptó la idea, pero no sin ciertos requisitos. «Era un bosque muy profundo» explica Sayalay Uttarā, «y no dejaban entrar a personas extranjeras, mucho menos a mujeres. Después de ver a mi maestro de vuelta y oír lo que contó de su experiencia en aquel bosque, sentí una gran inspiración y decidí que quería ira a meditar allí, lo cual era insólito porque era mujer, extranjera, etc. Sayadaw me dijo que para meditar en aquel bosque necesitaba tener una concentración muy fuerte. Y así estuve ya doblemente motivada. Después de tres años en el monasterio me dio permiso.» Fue así como Sayalay Uttarā se retiró a los bosques de Maha Myaing durante tres años, haciendo una vida simple en una cabaña, dedicada completamente a la meditación.

Durante sus seis años en Myanmar visitó muy esporádicamente España y la India. Una de las visitas a España la hizo con el mero propósito de vender su piso en Terrassa (Barcelona) y dedicar el dinero a proyectos de centros de meditación para monjas en Myanmar. Pero fue entonces cuando muchas personas de su entorno le pidieron que se quedara en España, donde las cosas estaban cambiando y la presencia de una meditadora experimentada como ella podía ser de gran ayuda. Uttarā pensó que, efectivamente, era bueno volver para apoyar los proyectos locales. El problema era que, quizás, sus hábitos monásticos podían ser demasiado exóticos y causar malentendidos. «Fue difícil tomar la decisión de volver a ser una persona laica, pero pensé que sería más fácil». Esta es una más de las cosas increíbles en la vida de Sayalay Uttarā. En su caso, el sacrificio consistió en colgar los hábitos de forma provisional.

Cabaña en el bosque cerca del lago Inle, estado Shan, donde hizo uno de sus retiros Sayalay Uttarā. Fotografía gentileza de Sayalay Uttarā.

Com es comprensible en una monja, no disponía de demasiados recursos económicos y, una vez de vuelta al mundo laico, dedicó años de trabajo y ahorro en España e Inglaterra. Además de trabajar, también hizo de voluntaria, dando cursos de meditación en la tradición de Goenka. En aquella misma época apareció, por una combinación de circunstancias, la posibilidad de mudarse al espacio que hoy es Saraṇa Vihāra, no muy lejos del centro Dhamma Neru de la comunidad Goenka.

Tras la muerte de su padre en abril 2020, en plena pandemia, Annai decidió volver a ordenarse monja. Retomó el estudio del pali y empezó a plantearse la posibilidad de convertir su pequeña finca de dos casitas en Saraṇa Vihāra. Sayalay Uttarā ya tenía una larga experiencia en proyectos sociales, talleres sobre cómo afrontar la muerte y la organización de grupos de meditación. Una de las dos casitas estaba ya preparada para acoger a grupos de meditación. Por todo ello, no le ha sido especialmente complicado realizar los trámites burocráticos para que su idea se materializara de forma oficial como asociación. «Ha sido un proyecto que ha ido echando raíces de forma natural, a través de una serie de carambolas», explica Uttarā.

Desde los inicios del centro en mayo, Uttarā colabora estrechamente con una antigua compañera y amiga en el Dhamma, Sandra Ramos, del Centro Theravāda de México. Ellas ya habían coincidido hace muchos años en Myanmar. Gracias a esta nueva colaboración, que aprovecha las oportunidades de los encuentros en línea, la comunidad de Saraṇa Vihāra en América también está creciendo poco a poco. Sayalay Uttarā está interesada en crear sinergias desde ambos lados del océano. Recientemente también se ha puesto en contacto con Bhante Rāhula y su intención es crear un espacio virtual e intercontinental para el desarrollo del Dhamma en lengua española. Cabe decir, sin embargo, que su comunidad se extiende más allá del mundo hispano, pues también ofrece charlas y meditaciones bilingües, en español e inglés.

En la breve vida de Saraṇa Vihāra ya ha habido algunas monjas y personas laicas que han hecho retiros en el centro. Se espera que pronto se instalen las primeras monjas ordenadas en el centro mismo. Son una mujer de Estados Unidos y otra de Inglaterra. Se espera también la visita, durante un mes, de una monja que vendrá de Holanda. Un grupo de practicantes de Uruguay y Colombia tienen también la intención de venir para un retiro tan pronto como las circunstancias lo permitan.

A pesar del éxito, Sayalay Uttarā no se deja llevar por las prisas. Ahora mismo tiene ganas de hacer las cosas lentamente, poquito a poco, y crecer de forma orgánica. Cuando bromeo con la posibilidad de trasladarse a otro terreno más extenso, donde se podría dar alojamiento a las decenas de personas que querrían venir, ella ríe tímidamente, transmitiendo de forma muy amable y respetuosa su nulo interés por un crecimiento desproporcionado.

Sayalay Uttarā con dos compañeras meditadoras al lado de su cabaña, después de completar un año de retiro en silencio. Myanmar, 2012. Fotografía gentileza de Sayalay Uttarā.

Los refugios suelen ser pequeños y acogedores, y así es Saraṇa Vihāra, el monasterio refugio en los frescos valles del Montseny. El centro no dedica recursos a la publicidad, tampoco los necesita. De momento tampoco tiene sitio web, aunque pronto lo tendrá. Es posible que además de la función principal de centro abierto de meditación, Saraṇa Vihāra también desempeñe otra función, imprevista, pero también muy importante, que es la de crear un modelo y desbrozar el camino para que otros centros pequeños similares se vayan implantando en el territorio. Pues así es como ha sido, tradicionalmente, la difusión modular del Dhamma en pequeños centros con raigambre local, conectados en una red más amplia.

Nos despedimos agradecidamente de esta maestra solitaria y silenciosa y ella vuelve a sus tareas de mantenimiento del refugio, para que otros puedan también venir y gozar de la misma paz y serenidad.

* Pronunciado sayalé, que en birmano significa, literalmente «maestra menor», pero que en su uso normal significa «venerable maestra». A veces también se utiliza la palabra sayakyi, «gran maestra». Técnicamente, una sayalay no es bhikkhunī o monja con la ordenación monástica completa. Pero sí es una monja buddhista en tanto que suele llevar una vida monacal, contemplativa y/o de estudio, en comunidad monástica, y sigue los diez preceptos básicos (dasa sīlāni): (1) no lastimar ni matar a seres vivos, (2) no tomar lo que no ha sido dado, (3) abstinencia sexual completa, (4) abstinencia de mentir o utilizar lenguaje vano o grosero, (5) abstinencia de sustancias inebriantes, (6) abstinencia de comida después del mediodía, (7) abstinencia de entretenimientos, (8) abstinencia de adornos, perfumes, etc., (9) abstinencia de asientos y camas blanda y confortables, (10) abstenerse de manipular dinero en cualquier forma. También se espera de las sayalays que sigan un código ético basado en las 75 sekkhiya-sikkhāpada«reglas de entrenamiento», las reglas más básicas del código monástico llamado Pātimokkha. Agradecemos al venerable Khammai Dhammasāmi su ayuda para aclarar el significado del término en su uso social).

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Aleix Ruiz Falqués (Barcelona, 1982) es Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Barcelona (España), Master en Sánscrito por la Universidad de Pune (India) y doctor en Estudios del Asia del Sur (especialidad de pali) por la Universidad de Cambridge (Reino Unido). Su campo de investigación es la literatura buddhista en pali, específicamente la tradición birmana. Actualmente es profesor de lengua y literatura pali en la Shan State Buddhist University, Taunggyi (Myanmar), y profesor de pali en el Instituto de Estudios Buddhistas Hispano (www.iebh.org). Tradujo junto a Abraham Vélez de Cea y Ricardo Guerrero el libro de Bhikkhu Bodhi En palabras del Buddha (Kairós, 2019) y próximamente publicará el libro Los últimos días del Buddha: El Mahāparinibbānasutta pali con el comentario de Buddhaghosa (Trotta, 2022).

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