Mucho más que karma. Sombras y luces del budismo ante el fenómeno de la «discapacidad».
DOUGLAS CALVO GAÍNZA
Hemos entrecomillado a conciencia la palabra «discapacidad», pues, aunque ya entronizada, es falaz. Nombrar así a un ser humano es simplemente ridículo, y no solo por las celebridades ciegas, sordas o parapléjicas como Stevie Wonder, Beethoven, Helen Keller, Stephen Hawking o Roosevelt, sino por la ecuación entre destreza o productividad con humanidad. Todos somos «capaces» (y, en todo caso, solo puede hablarse de «personas diferentemente capacitadas»). Pero usaremos el término solo por comodidad literaria. Y hablaremos (introductoriamente siquiera) sobre las sombras y luces del budismo ante la «discapacidad».
Las sombras existen desde el propio tiempo del Buda. Hay un texto del canon pali (Tamotamasutta, del Aṅguttara Nikāya 4.85), donde el Tathāgata afirma que marcha hacia la oscuridad aquél nacido en pobreza, que es «una persona fea, deforme, atrofiada y enfermiza; medio ciega y con malformaciones, o coja y parapléjica…». Alguien así no recibe regalos, se involucra en la mala conducta del cuerpo y el habla, y por eso, después de la muerte «reaparece en el plano de la privación, el mal destino, los reinos inferiores, en el infierno».
Cabe preguntarse si estas palabras son o no originales del Maestro. Bien pudieran reflejar prejuicios ancestrales, subrepticiamente deslizados en los textos sacros por budistas posteriores. En todo caso, no se pueden convertir en una doctrina inapelable y totalitaria, sino que más bien hay que tomarlos como influjo del entorno indostánico. Este, si bien apreció a figuras míticas con determinadas discapacidades (como el sabio jorobado Ashtavakra o el regente ciego Dhritrashtra), también abrigaba sus escrúpulos religiosos. Y esto no debe olvidarse si leemos ese sutta. Al decir de Harris (2016): «Tenga en cuenta que el antiguo ambiente indio sería mucho menos hospitalario respecto a la discapacidad física que el nuestro contemporáneo. De modo que no es sorprendente que los textos budistas consideren a la discapacidad como un fenómeno intrínsecamente negativo» (p. 34).
¿Qué trasfondo doctrinal habría aportado la India Antigua a la nueva religión, que la tornaría susceptible de tales opiniones? Esencialmente una: el karma retributivo, y sobre todo interpretado como causalidad lineal («si padece esto [efecto] es porque en su vida previa hizo aquello [causa]) ».
Ningún otro concepto heredado por el buddhadhamma de su entorno inmediato ha sido más nocivo para la consideración del fenómeno que nos ocupa. Y no de balde el movimiento dalit iniciado por Ambedkar se opone a que el budismo adopte esa enseñanza, justificadora del casteísmo. En general, y en dependencia del uso que se le dé, bien puede erigirse en una fuente de crueldad social, cuando la creencia en el karma permite una desconfianza general hacia individuos con tales afectaciones psicofísicas, porque se cree que han cometido algún pecado en una vida anterior que, en consecuencia, los ha llevado a su actual circunstancia.
Evidentemente, tal interpretación—muy expandida a nivel popular en países budistas— coloca la «culpa» por tales padecimientos en el que los sufre. Implica una inculpación moral de personas ya suficientemente sujetas a retos vivenciales, por supuestos actos preexistentes que hoy nadie puede atestiguar. Es más, el budismo se ha usado para expandir el trastorno físico localizado en alguna esfera o ámbito de la corporeidad a toda la persona humana en su conjunto, tornando lo accidental (como la ceguera) en esencial. Así, estudios en Tailandia han demostrado que la «discapacidad» adquiere una dimensión constitutiva adicional al combinarse algunas nociones ayurvédicas con la idea de que el «agregado» del cuerpo debe contener los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego), contando a su vez la tierra y el agua de 32 elementos más pequeños. Por tanto, un cuerpo «completo» debe tener los 32 elementos, y así lo refleja el propio idioma tailandés, donde el término local para «discapacidad» (akaan mai krob samsibsong) podría traducirse como «modo de los 32 no completos» (Naemiratch y Manderson, 2009, p. 480). Se trata de una insuficiencia ontológica, del propio ser, producida por el karma (p. 482).
El efecto que tales creencias suelen ejercer sobre las comunidades budistas no puede ser sobredimensionado. En determinados entornos, resulta una fuente de dolorosa exclusión. Por ejemplo, para una inmensa cantidad de camboyanos, sufrir el impacto mutilador de una de las miles de minas enterradas durante el largo conflicto, es un evento debido al karma. Y es una revelación de la realidad espiritual de la persona, de su maldad oculta que no puede ser mitigada por acumular méritos mediante buenas acciones. En esos casos la comunidad no suele observar los estados depresivos o las tentativas de suicidio de los afectados (seres humanos con mucha de su capacidad social, laboral e imagen propia tronchadas abruptamente), con una mirada compasiva, sino suspicaz.
La investigadora Lindsay French (1994) explica que aquí juega un rol importante la creencia khmer en que la persona que nace con integridad corporal y pierde uno de sus miembros, es alguien que ha caído en la escala jerárquica del karma; la cual se une a otras condiciones locales para generar aún más estrés y aislamiento social hacia los afectados por las minas. Así que, según describe esta autora que investigó a los amputados camboyanos: «la gente les tenía miedo (…) habían adquirido una reputación de violencia, extorsión y robo», de modo que «eran casi universalmente despreciados (…) su experiencia central era de degradación y abandono, por sus líderes, familias y toda la sociedad» (p. 74).
Perturba imaginar que un instrumento de paz como el buddhadhamma se torne herramienta de tortura psicológica. Es más: la perversión doctrinal en torno a karma y «discapacidad» termina volviéndose perjudicial incluso para esferas tan sensibles para el budismo como el propio monacato. Así, «El budismo tailandés incluso les prohíbe a las personas con discapacidades que se conviertan en monjes. Esto tuvo comienzo por temor a que las personas con discapacidades dependieran de los monasterios para su sostén, y no fueran capaces de completar sus tareas. Uno, el monje Ti, fue privado de la condición monástica en el 2016 a causa de su enanismo» (Catalyst Planet, 2022, pár. 3).
Definitivamente, las «sombras» del budismo en cuanto al tratamiento del tema son reales y dignas de atención urgente. Por fortuna hay eruditos que, crecientemente, abordan el tema y procuran disipar ese espíritu intolerante y plagado de arcaicas ignorancias. Un ejemplo: entendiendo que es contradictorio asumir que un individuo que no ha alcanzado la budeidad pueda comprender el accionar del karma, Bejoian (2006) aclara para quienes juzgan aceleradamente que:
… el karma es una entidad misteriosa y compleja al máximo, al grado que solo seres iluminados (budas) pueden percibir con precisión el karma y penetrar las realidades kármicas. Pues solo ellos pueden ver las vidas pasadas y futuras, y por tanto la naturaleza de los renacimientos (…) Así que ser capaz de señalar cómo y por qué una discapacidad ha resultado de una semilla kármica específica, es imposible. («Karma», pár. 2)
Es digno de esperanza el constatar cómo para muchas personas budistas las afecciones de esa índole se han vuelto motivación para superarse en la paciencia, la intuición y la comprensión. Y aquí les guían las «luces» del buddhadhamma. A saber, toda esa polícroma gama de virtudes, bienes y bendiciones que derramó sobre la humanidad doliente la enseñanza del Despierto, conmovedor paradigma de magnanimidad y nobleza.
Junto a la expansión universal del budismo, crece la afluencia a sus comunidades de personas diferentemente capacitadas. En el dharma hallan aliento, métodos de serenamiento y estudio calmoso de la realidad. Obtienen una útil vinculación entre su padecimiento físico y la estructura del universo. Incluso, para algunas, la «discapacidad» se erige en inesperada maestra budista. Comenta una de ellas:
Como persona ciega, estoy íntimamente familiarizada con los conceptos budistas de impermanencia e interdependencia (…) Raramente espero constancia o estabilidad porque entiendo a un nivel celular que la vida es impredecible y siempre cambiante. A la vez, la ceguera me recuerda a diario mi interconexión con los demás. (Schumm, 2020, pár. 8)
Hay en esas palabras mucho que los individuos «capacitados» podrían aprender fructíferamente. Sobre todo, brilla esta verdad inobjetable: todos tenemos la naturaleza del Buda, y ella está por igual en el invidente o el parapléjico y en aquel de cuerpo y mente transitoriamente sanos. Si esto se enfatiza, bien puede ser el budismo una fuente de inagotable apoyo espiritual para todas las personas diferentemente capacitadas.
En esta recuperación de la potencialidad intrínseca del ser humano, les corresponde a los líderes budistas la tarea de instruir e ilustrar a los/as practicantes sobre la esencia fraterna, compasiva y humanista del mensaje del Maestro Buda. Por ejemplo, piénsese en la historia de Keiko Shimizu, mujer japonesa que, tras sufrir un infarto cerebral, obtuvo dos medallas de oro en competencias para personas con similares condiciones físicas. Fue inspirada en su logro por la figura de un reconocido líder budista. Se dice que: «Keiko decidió comenzar a entrenar con vigor, y escribió una carta al presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, diciéndole de su determinación. Este respondió inmediatamente: “He leído su carta. Estaré enviando mis plegarias.” Inspirada, Keiko determinó ganar una medalla de oro, a fin de poder reportarle su victoria en su próxima carta». Y así lo hizo.
Pero no solo los maestros, sino también todos/as los/as practicantes a una deben abrir su mente a la plena humanidad y potencial budeidad de las personas con alguna «discapacidad». A menudo solo falta la necesaria comunicación e instrucción, para disipar las nieblas de la arbitraria suspicacia. Así ha ocurrido cuando se prioriza el trabajo social en conjunto con la guía espiritual, tal y cómo evidencia una investigación en Sri Lanka efectuada por Higashida (2016). En esta, un entrevistado narró que él también:
Creía en el efecto del karma y sentía que ellos (los «discapacitados») eran paw (gente con demérito) hasta que participé en actividades con tales personas. Como otros, cambié igualmente mi manera de pensar. Espero que los aldeanos también cambien su actitud hacia la gente discapacitada. Ahora creo que ellas no son gente con demérito. (p. 5)
La compasión del Maestro abarca a absolutamente todos los seres vivientes. Pero no solo para que todos ellos la reciban, sino también para que todos la otorguemos. Nada puede incitar más a ese fluir compasivo y benévolo que el dharma del Buda.
Concluyendo: quizás muchos/as que en esta existencia han debido lidiar con la dura realidad de los impedimentos físicos y trastornos del aprendizaje, mediante su perseverancia y paciencia budistas han sembrado las semillas de la futura liberación más que individuos sanos psicofísicamente, pero con mucha menos intensidad espiritual. En ese caso, también la «discapacidad» puede volverse un factor de iluminación, y un atajo al definitivo Despertar.
Bibliografía
Bejoian, Lynne M. (2006). Nondualistic Paradigms in Disability Studies & Buddhism: Creating Bridges for Theoretical Practice. Disability Studies Quarterly, (26), 3. https://www.dsq-sds.org/index.php/dsq/article/view/723/900
Catalyst Planet (2022, 11 octubre). The Effects of Buddhism on Disability Rights [en línea]. https://www.catalystplanet.com/travel-and-social-action-stories/2019/11/18/the-effects-of-buddhism-on-disability-rights-r8cb8?format=amp
French, Lindsay (1994) The political economy of injury and compassion: amputees on the Thai Cambodian border. En: T. J. Csordas (ed.). Cambridge Embodiment and experience: The existential ground of culture and self (pp. 69-99). Cambridge University Press. https://academia.edu/1167249/The_political_economy_of_injury_and_compassion_amputees_on_the_Thai_Cambodian_border
Harris, S. E. (2016). Buddhism and disability En D. Y. Schumm & M. Stoltzfus (Eds.), Disability and world religion: an introduction (pp. 25-45). Baylor University Press. https://www.academia.edu/38576566/Disability_and_Buddhism
Higashida, Masateru (2016). Integration of Religion and Spirituality with Social Work Practice in Disability Issues: Participant Observation in a Rural Area of Sri Lanka. SAGE Open, enero-marzo: 1–8. doi: 10.1177/2158244015627672
Naemiratch, B. y Manderson, L. (2009). Pity and pragmatism: understandings of disability in northeast Thailand. Disability & Society 24 (4): 475-488. doi: 10.1080/09687590902879106
Schumm, Darla (2020, 17 abril). The New Normal? A Buddhist Perspective on Disability and COVID-19 [en línea]. https://berkleycenter.georgetown.edu/responses/the-new-normal-a-buddhist-perspective-on-disability-and-covid-19
Shimizu, Keiko (2004, 6 agosto). Disability is no Match for Faith and Determination: Former Stroke Victim Wins Gold in Kinki Area Swim Tournament for the Physically Disabled [en línea]. https://www.facebook.com/129951003815743/posts/224489327695243/?app=fbl
Documentos para la Historia y la Cultura de Osha-Ifá en Cuba. Lulu.com [versión escaneada]
Douglas Calvo Gaínza (La Habana, 1970). Investigador cubano, especialista en el fenómeno religioso, quien además ha realizado varios estudios sobre budismo en general y en Cuba en particular, presentados en diversas instancias académicas nacionales e internacionales. Desde el 2020 colabora con Buddhistdoor en Español, mediante artículos y propuestas audiovisuales.
