Mahāpajāpatī fue ordenada al pedirlo por primera vez

VEN. DR. BHIKKHU MIHITA

El tema de la ordenación de Mahapajapati Gotami, la madrastra y madre de leche del príncipe Siddhartha, posteriormente el Buda, sigue siendo controversial. El entendimiento general, fomentado por la versión en pali, es que a ella se le negó la ordenación, no solo una sino dos veces, y finalmente le fue otorgada en el quinto encuentro, siendo empujada a las manos del Buda por Ananda. Sin embargo, el agama chino Madhyama, y el sánscrito, incluyen una línea específica que indica que ella recibió la ordenación apenas hizo su primera solicitud.

El príncipe Siddhartha con su tía materna, la reina Mahapajapati Gotami. Antigua pintura litográfica en Ceilán dibujada por Maligawage Sarlis. Fotografía de MediaJet, 2009.

Así pues, presentando primeramente el contexto, el Buda visita a su padre el rey Suddhodana en 1P.I. (año 1 Post-Iluminación). En este primer encuentro, al escuchar el dhamma, ella se convierte en una que ha entrado en la corriente (sotapanna) mientras que el rey se convierte en uno que no retorna (anagami). En el 5P.I., le hace una segunda visita al padre en su lecho de muerte. Después que el rey fallece, el Buda se queda en la ciudad natal de Kapilavatthu, pasando la temporada de lluvias (vassana). Con su hijo Nanda y su nieto Rahula ya vistiendo túnicas monásticas, es comprensible que Mahapajapati también tenga el monacato en mente.

Al final del vassana, ella se acerca al Buda, y en este tercer encuentro formula su primera súplica: una solicitud cortés, con respecto a que las mujeres abandonen el hogar para andar sin hogar, para entrenarse en el Camino. Pero cabe señalar que ella no está solicitando específicamente la ordenación personal para sí misma.

Uno o dos años más tarde, el Buda evita con éxito una pelea por las aguas del río Rohini. Inspirados por una charla sobre el dhamma, 250 soldados de cada lado (del clan de los Koliyas por parte de madre, y del clan de los Sakyas por parte de padre), buscan y reciben la ordenación. Pajapati, en nombre de las esposas, vuelve a hacer la misma petición, y es de nuevo rechazada.

Pero una mirada cuidadosa a la fraseología de la primera súplica misma (tercer encuentro) parece contar una historia diferente. Aquí pues viene el texto, según el agama Madhyama:

MAHAPAJAPATI

BUDA

«¿Pueden las mujeres alcanzar el cuarto fruto de la reclusión?»

[Noble silencio]

Por esa razón ¿[pueden] las mujeres… dejar el hogar para vivir sin hogar,

Ahora, Gotami, no tengas este pensamiento… [de] dejar el hogar para vivir sin hogar…

… para entrenar en el camino?

Gotami, tú [a] afeita tu cabellera de esta manera, [b] ponte túnicas ocres y [c] durante toda tu vida [d] practica la vida pura y santa.

La respuesta que obtiene para la primera parte de la pregunta es un «noble silencio». Cabe señalar que cuando al Buda se le invitaba para limosnas, su aceptación era expresada a través del silencio. Entonces, su callarse ante la pregunta significa que, de hecho, está dando indicios de que, sí, las mujeres pueden «alcanzar el cuarto fruto», es decir, el arhantado o nibbana mientras aún están vivas.

Su respuesta a la segunda parte de la pregunta, «Ahora, Gotami, no tengas este pensamiento…», puede revestir, sin dudas, un tono negativo. Pero, puede verse igualmente como una mera advertencia sobre no dejar el hogar para vivir sin hogar. Pero, en relación con sus últimas palabras, «¿… para entrenar en el camino?», el Buda parece llevarla al nivel personal: «[a] afeita tu cabellera de esta manera, [b] ponte túnicas ocres» y [c] «durante toda tu vida [d] practica la vida pura y santa» (como en la redacción del agama Madhyama).

Ahora bien, ponerse túnicas y afeitarse el cabello, ¿no significa acaso abandonar la vida laica, como también lo hizo Siddhartha al salir del palacio? No tener cabello y utilizar túnica es lo que diferencia del laicado a un bhikkhu y a una bhikkhuni, tanto entonces como en el presente. Por ende, ¿qué otra cosa habría querido indicar el Buda con esas palabras, fuera de la ordenación? ¿Acaso esto no queda aún más confirmado por el hecho de que el afeitado y la toma de hábitos debían ser «para toda la vida»?

Pero Pajapati parece haber tomado las palabras en el sentido de que se le negó la ordenación, y otra vez por una razón aparentemente muy justificada. Hoy en día, la «ordenación» implica dejar el hogar para vivir sin hogar, afeitarse el cabello y usar túnicas. También se requiere un cuenco para mendigar, ordenación dirigida por dos ancianos del sangha, y ordenación superior upasampada llamando a diez monjes, a ser celebrada en un «límite» o seema autorizado.

Así que hoy, la ordenación básicamente equivale a formalidades y rituales. ¡Sin ritual, no hay ordenación! Punto. Y en el momento en que Mahapajapatī hace la primera súplica, tales formalidades también se habían establecido, ciertamente, en relación con la ordenación masculina.

Sin embargo, y este es el punto crítico, en las primeras etapas de la ordenación masculina, no existían tales formalidades. Al visitar el Grupo de los Cinco, con quienes el samana Gotama, el futuro Buda, había pasado un tiempo en el bosque explorando la liberación, él les enseñaría el dhamma dirigiéndose a ellos simplemente como «Oh bhikkhus», y ellos responderían «Señor». Y sin más, ¡ordenados! Por cierto, que muchos de los errantes de la época eran brahmanes, y lo más probable es que también tuvieran el pelo largo y barbas, y que estuvieran desnudos de la cintura para arriba. Pero no aparece ningún llamamiento para afeitarse el cabello o usar túnicas.

Pero recordando el caso del primer varón laico, Yasa, aquí tampoco hubo llamamiento a dejar la casa para recibir la ordenación, y eso a pesar de que provenía del lujo. En cuanto a su ordenación superior, las palabras del Buda fueron: «Ven, oh bhikkhu. Bien enseñado es el dhamma. Vive la vida santa para acabar por completo con el sufrimiento».

También con respecto a otros buscadores masculinos, la ordenación tiene lugar cuando el Buda se dirige a ellos: «Oh, bhikkhu», o «Ven bhikkhu» (ehi bhikkhu), o si hay más de uno, etha bhikkhave. No se menciona afeitarse el cabello, ponerse túnicas, conseguir un cuenco para mendigar o abandonar la casa.

A pesar de tal ausencia de formalidad y ritual, cuando se trata de la ordenación masculina, es obvio que la tradición no ha dudado en reconocer a los primeros cinco y a los demás como ordenados. Y nadie, ni siquiera hoy, negaría que el llamado con solo una o dos palabras del Buda constituía una verdadera ordenación.

Pintura de Arhant Mahapajapati Gautami https://satisaraniya.ca/painting-of-arahant-mahapajapati-gotami/

Para continuar con la advertencia sobre no dejar el hogar ni quedarse sin hogar – según las tres versiones: pali, chino y sánscrito , hablando en términos puramente pragmáticos, ¿cómo podría habitar en el bosque una dama de la realeza, frisando entonces los 55 años (o posiblemente con más edad, según otra tradición)? Incluso obviando a los animales, ¿qué hacer con los depredadores humanos? ¿Acaso podría haber sobrevivido a los embates del clima: sol, lluvia y viento? ¿Y qué hacer con lo de pedir comida? ¿Podría hacer ella las rondas durante horas? ¿No sufriría acoso por parte de los hombres, en una sociedad donde las mujeres eran simples mercancías? Si recogiera comida, ¿no la perseguirían los animales? Resumiendo: permitir que Pajapati abandonara el hogar, ¿no sería una invitación al sufrimiento? Hay que recordar que el propio Buda abandonaría el extremo sufrimiento personal, y llegaría al Camino Medio. Por añadidura, ¿acaso tales impedimentos materialistas en el bosque no obstaculizarían a las cualidades que promueven la liberación, tales como la meditación, (sati; samādhi), ¿la dicha (peeti) y la relajación (passaddhi)?

A la inversa, permanecer sola en el palacio, ¿no resultaría de apoyo para un compromiso y una práctica de por vida? ¿Sería acaso un impedimento para su vida espiritual? Con el esposo fallecido, y con el hijo y el nieto adoptando la túnica, ¿quién se interpondría en su camino, fuera física o psicológicamente? Las únicas que interactuarían con ella serían las otras mujeres que la atendían. ¿Acaso interferirían con su camino? ¿De qué manera en el caso de alguien con el pelo rapado y vistiendo la túnica  y especialmente si ese alguien ya era una sotapanna, podría el hecho de recibir atenciones constituir una atracción para retornar a la vida laica?                                                                                      

Mahapajapatī Gotami Theri y arahants bhikkhunis de Gandha Kuti en Pagan, Myanmar. Fuente: Ayya Tathaaloka Bhikkhuni Facebook

De modo que, en esencia, el palacio por sí solo habría sido la combinación perfecta: un entorno pacífico, que garantizara la comida, la seguridad y la protección. De hecho, semejante contexto bien puede haber inducido al Buda a permitir una «casa vacía» (sunnagara) como la tercera opción para la vida de la sangha, además del monte y debajo de un árbol.

Si este fuera el caso, eso demostraría que a Mahapajapati de ninguna manera se le negó la ordenación. Lo que se le negó fue «dejar el hogar para vivir sin hogar» (agarasma anagariyan). Lo que vemos es al Buda, en su creatividad pragmática, encontrando una manera de ordenarla. Entonces, aunque se la advirtió en contra de irse del mundo físicamente, claramente se la está guiando hacia un irse psicológicamente, y esto para toda la vida.

Si bien el Buda la instruye que se afeite el cabello y se ponga túnicas durante toda su vida, la última línea aparece solo en las versiones china y sánscrita, por ello una prueba definitiva de que recibió la ordenación proviene de la propia versión en pali. En relación con el encuentro final, Mahapajapati se dirige al Buda en Vesali, juntamente con varias otras damas, y hace la misma pregunta: si las mujeres podrían entrar en la cuarta reclusión, dejando el hogar para vivir sin hogar. Pero en este encuentro, al establecer un conjunto de reglas del Vinaya, llamadas garudhamma, «principios de respeto», el Buda dice específicamente que aceptarlas constituiría para Mahapajapati la ordenación superior (upasampada). Ahora bien, ¿acaso no es necesario tener una ordenación inicial, pabbajja, para calificar para la ordenación superior?

Entonces, ¿cuándo le fue dada? Como se vio anteriormente, ciertamente esto no ocurrió cuando se hizo la solicitud por segunda vez, en nombre de las esposas de los soldados. El contexto obvio en el cual ella recibe la ordenación inicial, no sería otro que el de la súplica inicial.

Otra evidencia es la del Buda pasando el vassana en Kapilavatthu por una única vez, cuando el rey fallece. Pudo haber sido para brindarle consejería a la enlutada Pajapati. Pero, de hecho, puede haber sido para darle una oportunidad a esta para acudir a él.

Cabe señalar que ambos niveles de ordenación de Pajapati fueron dados por el Buda por vía de una instrucción. Si necesitamos un precedente en relación con la ordenación masculina, tenemos el caso de Mahakassapa. Era una forma distinta de ordenación, una por «aceptar una instrucción». Si bien este método no se estipula en el Vinaya, ¿acaso se ha considerado jamás como no ordenado al anciano responsable del Primer Concilio? De modo que ese es el mismo método que usa el Buda en relación con Mahapajapati Gotami.

Pero, asimismo —si es que aún no se ha probado el punto—, también se da el caso del Buda haciendo «excepciones», entre las que resalta Subhadda, el último en ser ordenado por él. La regla en ese momento era la de que un discípulo de otro maestro que buscaba el discipulado bajo el Buda, debía demorarse un tiempo, cuatro meses, antes de ser admitido. Y, por supuesto, su upasampadā solo se le daría varios años después de su pabbajja. Pero dice el Buda: «Hago excepciones individuales», y luego le pide a Ananda que lo ordene en su misma presencia, en ambos grados. Entonces, pedirle a Pajapati que se afeite y se ponga túnicas, puede apreciarse como una excepción hecha por el Buda.

Cabe señalar que Mahapajapati llega a ser ordenada en la primera súplica, ¡incluso cuando ella no lo había pedido específicamente! Al hacerlo, se puede decir que el Buda logró dos objetivos. En primer lugar, creó las condiciones para la liberación personal de su madre de leche, en una expresión de gratitud, katannutaun valor raro, como él mismo señala. Y, en segundo lugar, al admitir a esta sola mujer en la vida monástica, el Buda estaba igualmente abriendo la puerta para la ordenación de las mujeres en general, aunque con el tiempo.

Lo que el pragmatismo budiano* muestra es, pues, su claro interés en construir una sangha bhikkhuni, en lugar de la renuencia generalmente asumida. El hecho de que el Buda sea caracterizado como alguien con una «visión progresista» en este contexto, también debería disipar el mito de que sus manos fueron empujadas por Ananda. Ciertamente, la ordenación masculina ya era ahora una planta adulta; sin embargo, comenzó por una sola semilla: a saber, Kondañña, el primero en ganar intuición de las enseñanzas del Buda. Del mismo modo, la oferta proactiva del Buda a Mahpajapati Gotami puede ser apreciada como la primera y única semilla de la ordenación femenina. El solo permitir una ordenación colectiva cuando llegara el momento adecuado, no tendría nada que ver, por supuesto, con la persona de Mahapajapati Gotami, quien ya estaba en el Camino. No podían darse entonces mejores condiciones que las de pedirle vestir túnicas ocres con el pelo rapado, sugiriéndole implícitamente que una habitación del palacio fuera su «casa vacía», en un autoaislamiento.

Por tanto, la comparación entre la iniciación femenina temprana y la iniciación masculina temprana sería una efectuada sobre bases equitativas (manzanas con manzanas); en cambio, la comparación entre la iniciación femenina temprana y la iniciación masculina tardía sería una efectuada sobre bases desiguales (manzanas con naranjas). En conclusión, podemos decir que, tal y como ocurría con la ordenación masculina en las etapas más tempranas, la cual no implicaba ningún ritual, así aconteció igualmente con Mahapajapati, la cual fue de hecho ordenada en su mismísima primera súplica. También se puede decir que, con su noble silencio, el Buda está confirmando que las mujeres en general pueden alcanzar la cuarta reclusión, manteniendo la puerta entreabierta para una ordenación bhikkhunī más amplia. 

Si bien la última línea del diálogo no aparece en la versión en pali, tampoco hay mención alguna al Buda pasando el vassana, lo que muestra que esto solo ocurre por primera vez cuando el Buda visita a su padre Suddhodana tras su Iluminación. De manera que, si bien la versión en pali es claramente la primera versión escrita, no obstante, en este tema parecería reinar cierta confusión. Pero nuestro análisis debe demostrar que no hay dudas sobre la autenticidad de las versiones china y sánscrita, por muy posteriores que sean.

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 El venerable Bhikkhu Mihita es el exprofesor Suwanda H.J. Sugunasiri, quien introdujo el budismo theravada en Cuba, y también se ordenó en La Habana para inspirar a los cubanos. Activista pionero y portavoz del budismo canadiense a partir de la década de los 80, es fundador de la Facultad de Estudios Budistas de Nalanda, Toronto, y fundador de la Revista Canadiense de Estudios Budistas, Toronto, siendo su última iniciativa el Festival Literario Budista de Canadá.

* Neologismo típico del Venerable Mihita.