Las cinco contemplaciones
DENKŌ MESA
El arte de comer con cuidado y delicadeza es una de las prácticas de meditación transmitidas a través de los linajes, particularmente en la escuela Sōtō Zen. Las indicaciones, las formas y los procedimientos que propone son una expresión de elegancia y un valioso soporte para el desarrollo de la atención. Las llamadas cinco contemplaciones se encuentran en el Hyakujō shingi, una colección de las reglas de los monasterios zen, publicada en 1338. Aparecen en el Shibunritsu gyōji shō y recogen un comentario sobre el vinaya de la escuela Dharmaguptaka, realizado en el año 630 por el famoso monje Dōsen, quien influyó mucho en el budismo chino. Posteriormente, fueron prescritas por el maestro japonés Eihei Dōgen (1200-1253) en un documento titulado Fushuku hanpō («El desarrollo del desayuno y el almuerzo»).
En India los monjes usaban un solo cuenco de forma redondeada que les servía tanto para pedir limosna como para comer. En China, luego en Japón y Corea, donde los monasterios se convirtieron en grandes complejos, las comidas tomaron una forma ritualizada, por lo que empleaban varias escudillas y varios instrumentos. En la escuela Sōtō Zen serán designados con el término ōryôki, que podemos traducir de la siguiente manera: el recipiente (ki) correspondiente (ō) a la medida (ryō). Por tanto, la expresión cabe entenderla de dos maneras: como el recipiente hecho según las medidas del Buddha, o bien como el recipiente que recibe la nutrición adecuada, para mantener el cuerpo y la mente en buen estado de salud, evitando los excesos. En la escuela Rinzai se usa otro término, jihatsu, literalmente «los cuencos que sostenemos».
En los retiros que realizamos en la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma y en el templo zen Senjuin (Francia), durante las comidas seguimos una forma simplificada, usando solo tres cuencos. Una vez que los participantes acuden al comedor, cuando todas las personas están servidas, el responsable da dos golpes de claquetas. Los comensales juntan sus manos a la altura del pecho (gasshō), se inclinan ante la comida y recitan las cinco contemplaciones. Dan testimonio del respeto por todos los presentes, así como por las enseñanzas del Buddha. Paso a enumerarlas y luego describirlas brevemente:
- En este alimento contemplamos todo el esfuerzo necesario para su elaboración.
Con esta comida profundizamos en la gratitud.
- En este alimento contemplamos nuestras vidas y nuestras prácticas.
Con esta comida profundizamos en la humildad.
- En este alimento contemplamos el equilibrio y la justa medida.
Con esta comida profundizamos en la plenitud.
- En este alimento contemplamos la buena medicina del cuerpo y la mente.
Con esta comida profundizamos en la bondad.
- En este alimento contemplamos la liberación de los tres venenos.
Con esta comida profundizamos en la aspiración al despertar.
El primero de los versos invita a expresar la gratitud. Este sincero enunciado fomenta una profunda vinculación con la vida y con el mundo que nos rodea. Agradecer por la comida que recibimos es un recordatorio diario de nuestra relación con la Madre Naturaleza y la que sentimos con otros seres humanos. Además, reconocemos y valoramos el esfuerzo realizado, así como los recursos que se han necesitado, para elaborar cada alimento que consumimos. La gratitud permite atender conscientemente para recibir lo que nutre y eleva, pues favorece la apertura de la consciencia y te mantiene en el camino. Alimenta no sólo la comida que ingieres, sino lo que miras y desde dónde lo estás observando, es decir, tus emociones, sentimientos y sensaciones. Junto a la comida que tomas, también te alimentas al poner la atención en la cualidad de la gratitud, ya que fortalece el estado de presencia.
El segundo verso invita a tomar una distancia prudencial y adoptar una observación adecuada. Desarrollamos la humildad al sentirnos desapegados de la pretensión del ego, que trata de acaparar o hacerse dueño de algo o alguien. De esta forma, nos centramos en la contemplación sostenida y equilibrada de todos los fenómenos que se presentan. Así pues, el meditador se entrega a una labor sagrada en la que los resultados no dependen de su voluntad. Los frutos de la práctica surgen al reposar la atención en una mente en calma que mira sin pretensiones. Meditar es una disposición gozosa que conlleva fluir constantemente a través de la energía.
El tercer verso habla del estado de plenitud. El universo se despliega a través de un ritmo armonioso y natural. Es fundamental desarrollar la capacidad de ver lo verdadero y valioso que vive en todo. Al hacerlo, te quedas solo con la esencia y dejas partir lo superfluo. Cuando te alimentas y guías por esto, conoces la plenitud. Esta acontece y se da en ti gracias a que estás recorriendo el camino en una observación equilibrada, honesta y amorosa hacia todo lo que Es. Solo aparece si caminas y comprendes en su justa medida el valor de lo que tiene valor. El artesano es exquisito en el saber hasta dónde sí y hasta dónde no. Se queda con lo valioso y desecha lo sobrante. Desde el equilibrio se abre y expresa la totalidad en la simplicidad. En este sentido, la práctica no aumenta ni mengua, siempre expresa la realidad del momento presente. Por eso, la meditación aporta cada vez más bienestar, fortaleza y convicción interna real. Nos sentimos más ligeros y felices. La meditación es una vivencia integral que refleja el orden y la armonía de nuestro ser.
El cuarto verso nos recuerda que en la bondad está la buena medicina. Es un estado sublime que nutre al cuerpo y a la mente, manteniéndonos alejados del sufrimiento y la enfermedad. Desde la bondad bendices todo lo que observas, como la comida que estás a punto de ingerir. De esa forma, todo lo que sale y entra en ti es medicina y un buen alimento. Es la manera fundamental para preservarte en salud porque emites en una alta vibración, atrayendo siempre lo mejor. No deseas nada distinto a lo que sucede. Todo está bien tal y como está siendo.
Por último, recitamos los versos que ponen la fuerza en la sincera aspiración al despertar (hotsu bodaishin en japonés). Esto sucede a través del trabajo consciente con los tres venenos, a saber, apego, aversión e ignorancia. Estos son los grandes distractores de la atención que se ve arrastrada hacia callejones sin salida y nos sacan del camino interior. Te entregas a la nutrición sin avidez por lo que te gusta y trasciendes caer en el rechazo por lo que no te agrada. Despiertas al liberarte de los condicionamientos, comprendiendo la verdad. Este es el impulso del deseo puro en un corazón puro.
Denkô Mesa nació en 1967 en la isla de Tenerife, España. Es maestro zen, director espiritual de la Comunidad Budista Zen Luz del Dharma. Cursó estudios superiores en la Universidad de La Laguna donde obtuvo la licenciatura en Filología Hispánica en el año 1990. Asimismo, es profesor del prestigioso Máster en Mindfulness de la Universidad de Zaragoza. Comenzó a estudiar y practicar el budismo zen en 1989. En el año 2005 es reconocido como maestro zen. Junto a su dedicación como maestro zen, ejerce docencia como profesor de Lengua Castellana y Literatura en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. Ha publicado dos libros de poesía, así como otros relacionados con la tradición budista.
