Jātaka: de la literatura en relieve a la pintura mural

NATY SÁNCHEZ ORTEGA

Jātaka … Tal vez sea una palabra desconocida para un lector poco familiarizado con la cultura budista; conozco el caso, incluso, de personas que llevan tiempo explorando el rico legado de esta tradición espiritual y que no saben a qué hace referencia el término. En los párrafos que siguen, procuraré arrojar un poco de luz sobre su significado y la importancia educativa y estética que han tenido en la historia del arte budista.

Detalle, Mahakapi Jataka, Estupa 1 (la Gran Estupa) en Sanchi (Madhya Pradesh), sobre un pilar de la puerta oeste/torana, fechado c. Siglo I a.C. - C. Siglo I d.C.

Se denomina jātaka a un conjunto de relatos que transmiten sucesivos episodios vividos por Buda antes de nacer como el príncipe de Kapilavastu que fundó el budismo hacia el siglo VI a.C. Es decir, narran sus vidas pasadas, en especial a partir del momento en que decidió convertirse en un bodhisattva para beneficiar a todos los seres en la senda que aspira a la liberación del sufrimiento. La misma palabra jātaka es idéntica en pali y en sánscrito y significa “nacimiento”. Estos cuentos fueron recopilados en las etapas tempranas del budismo y forman parte del corpus literario más antiguo que se conserva, remontando sus orígenes, según la tradición, a la vida del propio Gautama, quien habría sido el primer narrador oral—y por tanto autor—de estas historias. Según las enseñanzas budistas, cuando se alcanza la Iluminación también se adquiere la facultad de recordar las vidas anteriores, como si el prolongado esfuerzo de elevación culminara en una cumbre desde la cual se puede contemplar todo el camino andado. Buda habría hecho uso de esa capacidad para ofrecer a sus discípulos ciertos referentes de conducta. Por este motivo, y aunque en cada una de esas vidas se manifestó de un modo distinto—ora como ser humano, ora como animal—, en todas ellas destaca su esfuerzo por ayudar a los demás e ir adquiriendo las diez virtudes de perfección o “perfecciones de sabiduría” (pāramitā)*, lo que convierte los relatos en fábulas edificantes e inspiradoras para la transmisión de ciertos valores éticos y espirituales, como sucede en otras parábolas de la literatura universal. Las diez pāramitās son dāna (generosidad, caridad, don); sīla (moralidad); ksānti (paciencia); vīrya (coraje, energía); dhyāna (concentración, meditación); prajñā (conocimiento); upāya (la habilidad en los medios); pranidhāna (voto trascendente); bala (fuerza obtenida por la reflexión y la meditación) y jñāna (sabiduría). Sería demasiado extenso explicar este bellísimo tema central del budismo en estas líneas; baste decir que los distintos cuentos presentan aventuras y situaciones difíciles a través de las cuales el bodhisattva resuelve las dificultades aplicando las pāramitāsy son un ejemplo de cómo ir adquiriéndolas. Asimismo, la idea del karma y la conexión entre causas y efectos en la cadena de acontecimientos que se dan en una misma vida, o de una vida a otra, es también un mensaje importante de este género literario.

Con independencia de quien o quienes fueron sus autores, por su conexión con el Maestro y su poderoso rol educativo los jātaka fueron incluidos en el canon pāli o Tipitaka, ** a fin de que se conservasen en la memoria de la comunidad. En concreto, pertenecen a la colección de sermones y poesías que conforman el Khuddaka Nikaya, que a su vez es parte del Sutta Pitaka, la segunda de las tres divisiones del Tipitaka. Esta es la causa de que la lengua de la versión más antigua de los cuentos sea el pāli. A partir de ahí, han sido traducidos a las infinitas lenguas en que se ha expresado el budismo al expandir su influencia, incluidas las europeas, entre las que destaca el inglés. En castellano, disponemos al menos de tres recopilaciones con una selección de cuentos vertidos directamente a nuestro idioma a partir del texto original en pali (ver bibliografía).

Como sucede a menudo en la literatura de tradición oral, los jātaka fueron conectando con otras culturas y sus propias narraciones, incorporando nuevos elementos y muchos e infinitos matices, que hacen de su estudio un apasionante laberinto de tradiciones literarias budistas y no budistas. Esto también ha provocado, no obstante, que haya distintos matices a la hora de clasificarlos, pues algunos se consideran canónicos y otros no, por lo que la lista de cuentos puede variar de una escuela a otra.

Estupa de Sanchi.

Además de su gran valor literario, los jātaka jugaron un rol muy significativo en el desarrollo del arte budista y su primitiva estética narrativa. Estos cuentos nos hablan del bodhisattva encarnado a veces como ser humano, pero otras muchas bajo una forma animal: mono, gacela, elefante… Cuando su forma es animal, los artistas enfatizan el entorno natural de las representaciones, poniendo de manifiesto su detallado conocimiento de la vida vegetal y animal que les rodeaba. Cuando su manifestación es humana, dado que predominan las apariciones como príncipe, brahmín, comerciante o mujer, se creó el marco ideal para la descripción de la vida palaciega y otros pormenores de la vida humana masculina y femenina.

Como es bien sabido, durante los primeros siglos del budismo se evitó la representación antropomorfa de Buda, sustituida por símbolos como sus huellas, el trono vacío, el árbol, etc. En esta misma línea, se presentó como un inteligente recurso pedagógico y plástico recurrir a sus vidas pasadas para la decoración de las primeras estupas monumentales alzadas en India a partir del emperador Ashoka (siglo III a.C.) y embellecidas en época Sunga (siglo II a.C.), como las de Sanchi o Bharhut, donde artistas de la corte proyectaron sobre la piedra de la torana (gran puerta monumental) y la vedika (balaustrada de piedra que circunvala la estupa) un extraordinario y sintético código de imágenes. La historia más famosa trabajada para ambos escenarios es la del nacimiento del bodhisattva como rey de un grupo de ochenta mil monos que vivían gracias a los mangos que les ofrecía un hermoso árbol. Sin embargo, la codicia humana pronto se convirtió en calamidad para ellos, pues el rey de Benarés, Brahmadatta, quiso apropiarse del árbol y ordenó que su poderoso ejército lo rodease. Acorralados, los monos se creyeron perdidos cuando el bodhisattva les mostró una salida: él convertiría su propio cuerpo en un puente para que todos los monos pudieran escapar al árbol continuo sin caer en el riachuelo que pasaba por debajo. Así lo hicieron, y todos se salvaron, pero uno de los monos, que era el malvado primo del futuro Gautama, Devadatta, también en una vida anterior, quiso destruirle aprovechando la situación y saltó sobre su espalda hasta romperle el corazón. El rey Brahmadatta, impresionado por los acontecimientos, atendió al bodhisattva en sus últimos momentos de vida y le ofreció después un cortejo fúnebre digno de un monarca, anunciando así a todos la enseñanza que había aprendido del rey de los monos.

Sanchi, puerta monumental.

Las representaciones de Sanchi y de Bharhut del mismo tema son muy diferentes, mostrando la libertad iconográfica de las distintas regiones y épocas. Si nos centramos en Sanchi, vemos que, frente a unas representaciones humanas todavía imprecisas, la mano de los maestros buscó la excelencia en el trato de la figura animal facilitada por los jātaka, propiciando un verdadero archivo documental que evidencia el talento de estos artistas para interpretar el lenguaje de la naturaleza. Me parece apropiado reproducir aquí las palabras de Jean Rivière, cuando describe con admiración los relieves de la estupa de Sanchi (Rivière, 1958, pág. 114):

Lo que hace el encanto principal de Sâñtchi son los djâtaka, las “vidas anteriores”, con sus temas vegetales y animales tan adecuados (…) Ya se trate de historias animales, como la historia del elefante con seis colmillos o Chaddanta djâtaja, o la historia del rey de los monos o Mahâkapi djâtaka; de historias humanas con la jungla por cuadro, como la historia del Richi unicornio (el ingenuo anacoreta), o como la dramática leyenda del príncipe Visvantara, o como la historia no menos conmovedora de Syâma, en todos los casos, quizás más que en las escenas de la vida del Buda histórico, se siente a los artistas de Sâñtchi en su propio elemento. ¡Qué amor a la naturaleza, qué inteligencia en estas formas florales y animales! Como nuestras catedrales son enciclopedias de piedra, las puertas de Sâñtchi desarrollan ante nosotros el maravilloso poema de la naturaleza india, el verdadero “Libro de la selva” (…) También, sobre el dintel central de la puerta meridional, la admirable escena del elefante-bodhisattva en la selva, rodeado de su rebaño (chaddanta djâtaka). Los bajorrelieves asirios, en comparación con estos, resultan convencionales, e incluso los griegos estarían en peligro de permanecer fríos ante estas escenas de un naturalismo delicado y tierno. Respecto a esto hay que señalar lo que distingue a los animalistas clásicos de los indios, y que es su simpatía fraternal para todos los seres vivos, sentimiento que deriva a la vez del dogma de la transmigración y de una ternura universal, propiamente búdica y djaïna o krichnaíta. Bajo la inspiración de los djâtaka la jungla se convertido en un paraíso terrestre.

En breve, su presencia en la pintura mural se volverá significativa. El caso más célebre lo encontramos en las cuevas de Ajanta, un auténtico paraíso pictórico para los ojos del observador moderno que se adentra respetuoso en aquellas antiguas grutas abiertas a las profundidades interiores. Acompañando a los monjes anónimos que allí moraron, los cuentos se despliegan sobre las paredes oscuras para iluminar con su temática las horas contemplativas. Las veintinueve grutas se encuentran en la zona centro-oriental de la India (Dekkan occidental, noroeste de Hyderabad) y abarcan un amplio arco temporal, entre el siglo II a.C. y el VI d.C. El texto utilizado como fuente de inspiración para estas imágenes es una de las versiones en sánscrito, el Jātakamālā (“Guirnalda de nacimientos”), formado por quinientos cuarenta y siete cuentos. Las cuevas más antiguas cuevas (9, 10, 12, 13 y 15A) presentan esta decoración temática y se suelen datar entre el siglo I a.C. y el I d.C., si bien hay voces que las hacen retroceder también a tiempos de Ashoka. Más tarde, en el resto de las grutas se incluirán las novedosas iconografías que incluyen a Sidharta Gautama en su aspecto humano y en episodios de la vida en que alcanzó el Despertar, pero no por ello se dejará de recrear, con nuevos matices estilísticos, estas bellas fábulas.

Vista general de las cuevas de Ajanta.

Ya sean vihāras***o chaityas****, los relatos fueron pintados para culminar los esfuerzos del trabajo espiritual cotidiano de los monjes en sus momentos contemplativos o para acompañar las enseñanzas impartidas. Ni su valor ético ni su belleza estética tienen fecha de caducidad. De hecho, la proyección de los jātaka en estos muros ha llegado a convertirlos en verdaderos documentos históricos por sus elaborados detalles, que transfiguran estas pinturas en testimonios de las costumbres sociales, la vestimenta, la joyería, los espacios cortesanos, etc. Algo muy llamativo es la clara presencia de elementos estilísticos extranjeros, de origen persa y griego, entre otros, con la inclusión de etnias diversas claramente reconocibles en los frescos, todo lo cual se enmarcó siempre en los valores del arte de la tradición india, protagonizada en aquel momento por dos grandes corrientes: la llamada principal, el arte gupta, y la corriente del sur, āndhra

Los pintores utilizaron colores diversos como ocres, rojos, azules y verdes. Por desgracia, a pesar de los esfuerzos de conservación del último medio siglo, los frescos han sufrido mucho; a veces ni siquiera es posible reconocer las figuras con claridad. Por poner algunos ejemplos, en la chaitya número 10, en el muro derecho, se representó el Saddamanta jātaka, un cuento en el que Buda renació como un elefante prodigioso con seis grandes colmillos y se casó con dos mujeres, a las que siempre quiso tratar por igual. En cierta ocasión, estaban de paseo en un momento del año en que los árboles se habían engalanado con flores y, para alegrar sus corazones, empujó un árbol levemente para que los pétalos cayeran sobre ellas. En ese momento se agitó una ráfaga de viento que provocó que todos los pétalos se dirigieran a una sola de sus esposas. La otra, que sólo recibió algunas ramas secas, se enfadó tanto que esperó a renacer en una vida futura como reina y ordenó que le trajeran los colmillos del majestuoso elefante. El cazador acechó al bodhisattva, pero no logró capturarle y al final él mismo le ofreció sus colmillos a la par que anunciaba que le eran mucho más gratos los colmillos de la omnisciencia que aquellos que se arrancaba. Su antigua esposa, comprendiendo lo erróneo de su conducta, se arrepintió de ella. Otro de los muros de Ajanta, ubicado en el vihāra 1, relata el Mahāyanaka jātaka, la historia de dos príncipes. Al morir su padre, el mayor subió al trono, pero al poco comenzó a rumorearse que el pequeño anhelaba usurpárselo. Aferrado a sus riquezas y honores, y dejándose arrastrar por la mezquindad de las habladurías, el que era rey trató de arrestar a su hermano, quien logró escapar y reunir un ejército contra él, muriendo, pese a todo, en la batalla. La esposa, embarazada, huyó y tuvo a su hijo en el anonimato, un niño noble llamada Mahāyanaka, nuestro bodhisattva. Ignorando su identidad se hizo comerciante y terminó por llegar con el tiempo a su ciudad de origen, Mithila, donde su prima se enamoró de él y logró que se casaran. Ambos fueron un bello ejemplo de virtud, ajenos al deseo de poder y riquezas y así, al envejecer, se retiraron de la corte palaciega para vivir como ascetas.

La representación de los jātaka no terminará con la incorporación de la figura antropomorfa de Buda a la planificación artística de las comunidades budistas en los primeros siglos de la era común, sino que seguirá ampliándose y adquiriendo nuevos matices con el tiempo. Con la difusión del budismo más allá de las fronteras de la India, esta temática encontrará nuevos soportes como los thangkas, pinturas portátiles realizadas sobre tela características del Tíbet, Nepal y Bután. Este formato ofrece numerosos y bellísimos ejemplos y muestra también como el género de los jātaka siguió ampliándose e incorporando nuevas historias. No menos interesante sería abordar, si el breve espacio de este artículo no se agotase ya, los muchos manuscritos ilustrados que ofrece este género literario en dos milenios de tradición escrita, desde los ricos ejemplos tailandeses a las modernas ediciones para niños y adultos en múltiples formatos, pues estos cuentos son algo más que fábulas y por ello siguen inspirando nuevas expresiones plásticas, ya que esconden verdades que no tienen tiempo, que están más allá de la anécdota, más allá del hecho “biográfico” de un personaje… Son el retrato literario y la poesía plástica del Camino del Despertar.

* La palabra pāramitā se traduce de diversas maneras, desde “trascendencia” o “perfección” a “acción trascendente”, “virtud trascendente”, “perfección de sabiduría”. Se trata de una serie de actos virtuosos guiados por la sabiduría superior que practica un bodhisattva a través de sus numerosas vidas o existencias hasta que logra alcanzar el Despertar. Las distintas tradiciones pueden presentar una lista de diez o de seis pāramitās, si bien en esta última, la sexta pāramitā, prajñā, implica o contiene las cuatro últimas. La traducción al castellano de los nombres de las pāramitās varía mucho de un autor a otro. Las que indico en el texto pretenden ofrecer sólo una pauta orientativa.

** Nombre del conjunto de los textos recitados en el primer concilio budista tras el Paribbāna de Buddha y conservados por vía oral en pāli, hasta que se pusieron por escrito a finales del siglo I a.C.

*** Monasterios donde habitaban los monjes budistas.

**** Santuarios budistas para reunirse y meditar colectivamente.

Breve bibliografía en castellano

Campo, E. F. (2007). Las pinturas de Ajanta. Teatro de la naturaleza en la India clásica. Madrid: Abada Editores.

Coomaraswamy, A. (2007). Elementos de iconografía budista. Madrid: Sanz y Torres.

Cornu, P. (2004). Diccionario Akal de Budismo. (F. L. Martín, Trad.) Madrid: Akal.

De Palma, D. (1998). Jataka. Veintitrés nacimientos del Buda Gotama. Madrid: Miraguano Ediciones.

Foucher, A. (1959). Las vidas anteriores de Buda. Madrid: Taurus.

García, R. (2015). Jātakas, Antes del Buda. Relatos budistas de la India. Ciudad de México: Aldus.

Quingles, J. (1986). Veinte cuentos Jataka. Palma de Mallorca: J. J. de Olañeta.

Rivière, J. M. (1958). El arte y la estética del budismo. Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

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  1. Naty,felicidades.Un articula muy interesante, escrito con sencillez para que llege a todo el mundo y como siempre una leccion de sabiduria.

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