Estupas en la Patagonia argentina

CATÓN CARINI  

Las estupas son monumentos funerarios con forma de domo, originalmente construidos para contener los restos del cuerpo del Buda tras su cremación. Según la tradición, antes de su muerte el Iluminado indicó que sus reliquias deberían ser colocadas en una estupa en un lugar en el que se cruzaran cuatro caminos. Entonces dijo: «y quienquiera que ponga flores o perfumes sobre él, o exprese devoción o sienta confianza en su corazón en ese lugar, estará contribuyendo a su bienestar y felicidad» (Harvey 1998:49). Sus reliquias se repartieron en ocho partes y fueron entregadas a ocho reyes que le habían rendido homenaje en vida y que las depositaron en sendas estupas. No todas las que se construyeron después contienen los restos corporales del Buda, ya que pueden ser receptáculos de los remanentes de sus discípulos directos o de maestros posteriores destacados. También, hay estupas que preservan objetos tales como tazones de mendigar, atuendos religiosos o escrituras budistas importantes.

Estupa de Bariloche con la vista de Bariloche y el lago Nahuel Huapi. Foto: Alfredo Leiva

Las estupas constituyen centros neurálgicos de la devoción budista a los cuales se peregrina para realizar una serie de performances específicas. La principal de ellas es circunvalar su perímetro. El peregrino debe acercarse desde el este y rodearla en el sentido de las agujas del reloj, de forma tal que el monumento siempre quede a su derecha, «imitando el sentido en que las estrellas circundan el firmamento del cielo». Durante este acto se pueden repetir mantras o plegarias o impulsar las ruedas de oración para que giren. Otras prácticas relacionadas con la estupa son llevar ofrendas tales como flores, alimentos, bebidas, inciensos o velas, meditar, y colocar banderas de oración, especialmente durante el Losar, el año nuevo tibetano.

Asistentes a la ceremonia de consagración circunvalan la Estupa de Bariloche. Foto: Michel Hanono.

Argentina cuenta con varias estupas construidas por iniciativa tanto de devotos particulares como de instituciones budistas formadas en el país en las últimas décadas.  En la provincia de Buenos Aires, el centro Dongyuling, dirigido por el maestro Gerardo Abboud, construyó dos de ellas, una en la localidad de Tandil (la primera del país) en el año 1997 y otra en Zelaya en el 2009. La organización budista tibetana Kagyu Tekchen Chöling, dirigida por los lamas argentinos Rinchen Kandro y Sangye Dorje, construyó entre los años 2003 y 2016 ocho estupas en su centro de retiros ubicado en San Andrés de Giles. En la provincia de Córdoba encontramos una estupa en la localidad de Tanti, en el centro Tashigar Sur, perteneciente a la organización budista internacional Comunidad Dzogchen Internacional, la cual fue consagrada en el año 2013 por el maestro tibetano Namkhai Norbu. Además, en la provincia de La Rioja un devoto budista construyó una estupa en la localidad de Santa Vera Cruz (también inaugurada en el año 2013), motivado por sus viajes a la India y por el impulso que le inculcaron unos monjes tibetanos que conoció en ese país asiático. Finalmente, también podemos encontrar dos estupas en la Patagonia argentina. La primera, fue terminada en el año 2005 en la localidad de San Carlos de Bariloche, provincia de Rio Negro, por el centro Dongyuling, y la segunda fue construida en el año 2011 en la localidad de Epuyén, provincia de Chubut, por el Centro de Estudios Budistas Samantabhadra, dirigido por el maestro tibetano Geshe Gelek Chodha. Para comprender mejor como ha sido el proceso de construcción de estupas en la Argentina, a continuación, exploramos la historia de estas dos últimas estupas patagónicas, deteniéndonos en las prácticas y los sentidos que tiene su veneración para los propios protagonistas.

Ceremonia de consagración de la Estupa de Bariloche. Foto: Michel Hanono.

La Estupa de la Iluminación está ubicada en un terreno privado—aunque abierto al público—sobre la ladera norte del Cerro Otto, una montaña que alcanza los 1405 metros sobre el nivel del mar, situada en la orilla sur del Lago Nahuel Huapi y en cuya falda se levanta la ciudad de San Carlos de Bariloche, uno de los destinos turísticos más importantes del país. El practicante de budismo tibetano Michel Hanono se ocupó de su diseño y construcción. En el año 1986 conoció el budismo por un libro que encontró casualmente en un refugio de montaña y ese mismo año toma contacto con el budismo a partir de la organización de las actividades que llevaron a cabo en Bariloche los lamas Drubwang Dorzong Rinpoche y Drugu Choegyal Rinpoche en su primera visita al país, cuando fundaron el centro de budismo tibetano Dongyuling.  Desde 1991 a 2016 fue director de la filial del centro Dongyuling de Bariloche, donde se imparten cursos de meditación y filosofía budista. Asimismo, organizó las visitas regulares de lamas tibetanos pertenecientes a la escuela de budismo tibetano Drukpa Kagyu. Uno de ellos, el maestro Drugu Choegyal Rinpoche lo impulsó a construir la estupa, tarea que emprendió en el año 2004. En una entrevista que mantuvimos con Michel, relata cómo fue este proceso:

En uno de los viajes a la India Drugu Choegyal Rinpoche, que había venido acá en el año 1986 me habló del proyecto de construir una estupa acá en Bariloche y bueno, como soy arquitecto y la parte constructiva más o menos sabía que me iba a defender… empecé a buscar terrenos, estuve más o menos como tres años caminando por el Cerro Otto, tratando de encontrar algún lugar apropiado, con buena vista, buena orientación y al que se pueda llegar. Entonces anduve recorriendo todo el Cerro Otto porque hay muchos loteos allá arriba (…) En una de las visitas del mismo lama que había pensado en el proyecto se definió el lugar, se compró el terreno y ahí yo me puse las pilas para construir la estupa bajo las directivas de este mismo lama (…) Los fondos para la construcción provinieron de donaciones, donaciones de mucha gente. También en parte vinieron de las actividades que se desarrollaron en Buenos Aires y Bariloche, se fue juntando y ahí se llegó a construir.

Lama Choegon en la ceremonia de consagración de la Estupa de Bariloche. Foto: Michel Hanono.

Además de la elección del terreno, la recaudación de los fondos y las obras de albañilería, el proceso de construcción de la estupa incluyó la recolección y la elaboración del relleno. Tras finalizar la construcción de la estupa, en el 2005 fue consagrada por el maestro Drukpa Choegon Rinpoche en una ceremonia que duró tres días. Michel relata cuales son estos objetos que ocupan el interior de la estupa y algunos de sus significados:

El relleno es, metafóricamente, «semillas de iluminación», porque hay millones de semillas, toda la parte de abajo contiene bolsas de semillas de todo tipo de cereales, hay vegetales aromáticos, plantas medicinales, reliquias, fotografías, estatuitas, medallas, cosas que la gente llevaba relacionadas al budismo. También están todos los textos del Kagyur y el Tengyur (el Canon Pali en idioma tibetano), todos los textos del dharma budista, y algunas reliquias que trajo el lama que la vino a consagrar. Y también hay miles de tsa tsas (…) unos conitos de arcilla que vienen todos labrados, que para fabricarlos se realiza una práctica especial que los practicantes hicimos, llevan mantras y después con un tipo de práctica se sella ese mantra, se sella esa «semilla para la iluminación».

Tsa tsa para rellenar las Estupa de Bariloche fabricada por los propios budistas. Foto: Michel Hanono

Unos 170 kilómetros más al sur, en la localidad de Epuyén, provincia de Chubut, encontramos la Estupa de Samantabhadra, que ostenta el doble título de ser la más grande de Argentina (se alza unos 12 metros) y la más austral del mundo. Fue construida por iniciativa de Alejandra Almada, una devota budista de origen mexicano radicada en Epuyén hace unos quince años. Alejandra relata los motivos que la llevaron a emprender este proyecto de la siguiente forma:

Surge a nivel arquitectónico por el deseo de hacer felices a los demás y yo, al ser una mujer quizás dura, que trabajó en el medio marítimo mucho tiempo, me era difícil cumplir ese anhelo. Leyendo todas las escrituras de Buda me encontré con muchas cosas de las que se habla del poder de las estupas, que no radican en sí mismas sino al poder que le damos al circunvalarla. Lleva a la iluminación, permite que el corazón se abra («La magia de la Estupa en Epuyén». El Patagónico, 2017).

Estupa de Epuyén: Foto: Facebook Samantabhadra

La construcción de la estupa de Epuyén fue financiada con sus propios fondos y asentada en una propiedad familiar. Michel Hanono colaboró en el diseño y la construcción y el Geshe Gelek Chodha—o Geshe La—un maestro tibetano perteneciente a la organización budista internacional Foundation for the Preservation of the Mahayana Tradition (FPMT) y consejero espiritual del Centro de Estudios Budistas Samantabhadra, es quien brindó el apoyo espiritual para su edificación.

El proceso de creación de esta estupa comenzó en el año 2010 cuando el Geshe Gelek Chodha consagró el lugar donde sería emplazada un año después y designó a algunos de sus discípulos del monasterio de Sera Je para llevar a cabo los rituales y supervisar el proyecto. Posteriormente, diez días antes de la ceremonia principal realizada el 26 de noviembre de 2011, comenzaron los preparativos que incluyeron la recolección del relleno de la estupa. Para ello, se solicitaron «donativos de flores secas, hierbas medicinales, y juguetes que representen algo valioso para los humanos o representaciones de animales». Luego, el 21 de noviembre se consagraron estos objetos en una ceremonia oficiada por lamas tibetanos. A esta jornada siguieron dos días, del 22 al 23 de noviembre, durante los que se rellenó la estupa con estos objetos consagrados, evento que incluyó la presencia de lamas y devotos budistas locales. Finalmente, el sábado 26 se consagró la estupa, en un evento encabezado por el mencionado maestro tibetano Geshe Gelek Chodha («Consagración de la Estupa», Samantabhadra: la estupa de Epuyén, 2021).

Ceremonia en la Estupa de Epuyén. Foto: Samantabhadra

Cabe señalar que, aunque ambas estupas, la de Epuyén y la de Bariloche, están construidas en terrenos privados, se encuentran abiertas al público para que más gente pueda acercarse a ella. Son lugares que trascienden el budismo, ya que ellas convocan personas de todas las religiones y no es preciso realizar prácticas religiosas o budistas para visitarla. En este sentido, Michel Hanono remarca «me siento feliz porque el objetivo se cumplió y funciona. Cuanta más gente pase por ahí, más beneficio. Ya pasaron 16 años y cada vez circula más gente. Es como un manantial que la gente busca para saciarse» («Un lugar mágico para meditar en medio del paraíso barilochense», Rio Negro, 2020).  

Visitantes de Estupa de Epuyén haciendo una circunvalación y moviendo las ruedas de oración: Foto: Facebook Samantabhadra

En efecto, según la tradición budista, las estupas propician una serie de beneficios a quienes se acercan a ellas para venerarlas. En el sitio web del mencionado grupo Kagyu Tekchen Chöling puede leerse:

Los budistas siempre han sabido, que no importa como luzca exteriormente una estupa, siempre contiene bendiciones increíbles. Sólo verlas es una bendición. Tocarlas es una bendición. Oír o recibir el sonido del viento que sopla alrededor de ellas es una bendición (…) Su simbolismo, su base, simetría, orientación y el contenido, y al mismo tiempo su simpleza de líneas, le otorgan un inmenso poder espiritual para bendecir a los que la ven, la tocan, hacen plegarias ante ella, la recuerdan. Incluso beneficiando con el viento que pasa por ella, tanto a seres humanos, animales, insectos, y otros seres por igual. Las bendiciones de una estupa tienen el potencial de sobrepasar las limitaciones del idioma, y generar armonía y sabiduría Iluminada para todo el mundo («El Mérito y Simbolismo de las Stupas», Kagyu Tekchen Chöling, 2020). 

Ruedas de oración en la Estupa de Epuyén. Foto: El Patagónico

Las estupas también tienen un efecto benéfico sobre el espacio en el que están emplazadas, y «generan un polo de paz, felicidad y crecimiento espiritual y temporal a todos los habitantes del país» («El Mérito y Simbolismo de las Stupas», Kagyu Tekchen Chöling, 2020). En este sentido, la estupa:

…es comparable con una planta generadora de electricidad (…) desde muy lejos pueden conectar con ella, y así tener un ancla en el espacio, ahora y en tiempos futuros (…) Promueve el orden en la naturaleza y en el cosmos más grande protegiendo de desastres (…) promueve la armonía y el balance de equilibrio en el mundo. Magnificadas muchas veces por las reliquias que están selladas dentro de ellas, su habilidad para atenuar las fuerzas del caos y la negatividad, puede pacificar las energías del cuerpo y la mente, elevar la conciencia y revertir desastres universales («Estupa: Símbolo Sagrado de Iluminación», Grupo Kum Nye Argentina, 2021).

Monjes tibetanos confeccionando tsa tsas para la estupa de Epuyén: Foto: Facebook Samantabhadra

También es preciso mencionar que una de las acciones más benéficas relacionada con la estupa es el hecho mismo de construirla, o de patrocinar económicamente su construcción:

Construir una stupa es una manera muy poderosa de purificar el karma, los velos y la negatividad, y acumular méritos inconmensurables. De esa manera podremos obtener realizaciones en el sendero hacia la Iluminación, y estaremos capacitados para trabajar perfectamente en liberar a todos los seres, que igualan al espacio, del sufrimiento, guiándolos hacia la felicidad sin par de la Iluminación, que es la última meta de nuestra vida («El Mérito y Simbolismo de las Stupas», Kagyu Tekchen Chöling, 2020). 

Para finalizar, tras el recorrido realizado por las estupas de Argentina, podemos decir que, para muchas personas, el camino espiritual que propone el budismo puede materializarse en la forma de un sendero de montaña que lleva a una estupa. Y la práctica budista, más allá de la meditación y el estudio de la enseñanza, también puede ser experimentada al construir, mantener o circunvalar una estupa con veneración y fe en su poder sagrado.

Monje tibetano colocando banderas en la estupa de Epuyén: Foto: Facebook Samantabhadra

Sitios web consultados:

«Un lugar mágico para meditar en medio del paraíso barilochense». (22/08/2020). Rio Negro. Recuperado de: https://www.rionegro.com.ar/un-lugar-magico-para-meditar-en-medio-del-paraiso-barilochense-1471644/.

 «La magia de la Estupa en Epuyén». (22/01/2017). El Patagónico. Recuperado de: https://www.elpatagonico.com/la-magia-la-estupa-epuyen-n1532670.

«Consagración de la Estupa». Samantabhadra: la estupa de Epuyén.  Recuperado el 22/02/2021 de:  https://www.cesamantabhadra.com/consagracion-de-la-estupa/

 «El Mérito y Simbolismo de las Stupas». Kagyu Tekchen Chöling. Recuperado el 25/02/2020 de: http://www.kagyuargentina.org/prod/sp/Stupas.php.

 «Estupa: Símbolo Sagrado de Iluminación». Grupo Kum Nye Argentina. Recuperado el 17/02/2021 de: https://www.kumnyeyoga.com.ar/estupa

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Catón Eduardo Carini es licenciado en antropología por la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), magister en antropología social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y doctor en antropología por la UNLP. Trabaja como investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina y como profesor de Antropología Cultural y Social en la UNLP. Se interesó en el budismo en 1999 cuando comenzó a practicar meditación zen con el maestro francés Stéphane Thibaut de la Asociación Zen de América Latina. Posteriormente, se abocó a la práctica de la meditación vipassana en centros vinculados al maestro birmano S. N. Goenka, así como a la práctica de la tradición dzogchen del vajrayana, bajo la guía del maestro tibetano Chogyal Namkhai Norbu.

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