El Dios de lo extraño: Buda en las revistas chilenas de principios de siglo XX

MARÍA ELVIRA RÍOS 

Una pequeña tienda llena de cachivaches, encubría el santuario. Era éste una habitación sombría, enteramente tapizada de sedería roja, que tenía de trecho en trecho caracteres chinos bordados con oro. En la puerta, un farol tamizaba una luz suavísima, envolviendo los contornos de las cosas que bajo su parpadeo cobraban extraña vida. Al fondo, colores diluidos sobre una tela de seda, aparecía la figura del Buda en su actitud hierática, las piernas cruzadas, las manos sobre el pecho y el rostro impasible.

En el país de Fu-Sang de Sady Zañartu, Revista Zig-Zag, 22 de agosto, 1925

Un Buda, sentado entre velos rojizos, es el protagonista de este cuento que narra el escritor chileno de principios del siglo XX, cuya historia se lee en las páginas de la tan popular revista magazinescas de la época, Zig-Zag. El cuento crea una atmósfera en la que el Buda se haya sobre un altar de una casa, ubicada entre las calles oscuras de la ciudad peruana, Tacna, revelando el despertar orientalista que para ese entonces ya inundaba el imaginario de este lado del continente sudamericano.

Las concepciones en torno al budismo en Chile llegarán del mismo modo en que arriban otras religiones y filosofías del Asia. Estas se introducen por medio de movimientos espirituales provenientes del mundo europeo, alimentados de un pensamiento ecléctico que reúne una serie de doctrinas. Entre estos destaca la Sociedad Teosófica, que se constituye en 1875 y en Chile se funda en 1919, fusionando a una serie de grupos de estudios teosóficos, que se habían formado en las ciudades de Valparaíso y Santiago (Luarte, 2019). Si bien estos nuevos movimientos abren posibilidades o concepciones espirituales distintas a las habituales, también trasladan los modos orientalistas de lo asiático que empapan la concepción sobre el Buda y el budismo. A esta influencia se suma también las historias de los viajeros, los cuentos literarios o aquellos relatos foráneos traducidos y publicados en las revistas y traspasados a la sociedad chilena. En este artículo se analizan representaciones del budismo y elementos asociados que se hallan en publicaciones de principios del siglo XX. Las representaciones del budismo aparecen como cultura de «lo asiático»; del pueblo asiático como «hijos de Buda», incluyendo o incluso destacando su parte bélica, o como parte de una idea de religión monoteísta en torno al Buda, asociado a ideas de bondad y benevolencia, o de violencia y brutalidad.

Es curiosa la polaridad que se deja entrever en los imaginarios en torno al Buda, pues estas deambulan entre la concepción de un personaje misterioso, exótico, oscuro y de prácticas religiosas particularmente violentas y un «Dios» salvador, que protege y entrega beneficios. Los ejemplos que aquí se mencionan se leen en textos publicados en revistas de principios de siglo XX en Chile, las que se crean en un periodo de transformación comunicacional en el país y que serán consultadas por un público heterogéneo (Ossandon y Santa Cruz, 2005; Rinke, 2002). Estas revistas cumplen un papel fundamental en la transmisión de noticias y acontecimientos sociales y culturales a la sociedad chilena.

Volvamos al cuento de Zañartu. La historia narra el asesinato de una mujer y el acusado es un «misionero budista», Juan Shin, quien habría cometido el delito por Buda, para que la víctima fuera «la primera rescatada a su paraíso». El cuento titulado «En el país de Fu-sang» combina elementos legendarios sobre Fu-sang o Fusang que, según la antigua tesis del sinólogo francés J. de Guignes, se refiere al nombre que el monje budista Huishen utilizó para referirse a América, lugar que habría visitado en el siglo V. Si bien es fascinante la discusión sobre esta historia como también los orígenes de la palabra Fusang (ver Russell, 1990) lo que aquí nos interesa destacar es que más allá de lo inverosímil de la historia del monje Huishen, esta sirvió a Zañartu para crear un cuento en el que Juan Shin se refiere a la supuesta llegada del «profeta» a las tierras americanas para «difundir los misterios de su religión»:

…combina elementos del misticismo orientalista de actos de violencia entre la invención de ritos, decorada con la estética de espacios chinos, con faroles rojos, aroma a opio, luces tenues y sombras de siluetas. El cuento de Zañartu evidencia los aspectos señalados acerca del imaginario chino de la época, incluyendo referencias a prácticas religiosas ficticias, creando una historia en el que el asesinato de mujeres responde a actos de sacrificio al Buda (Ríos, Montt, Chan, 2021).

Este carácter perverso de Juan Shin y del Buda como un dios malvado que permite ritos crueles se lee en otros relatos. Uno de ellos se titula «La fabricación de monstruos humanos en la China», en La Revista Nueva, tomo II, año 1900, y que corresponde a la traducción de un texto publicado por J. Drexelias en el Mercure de France. Como tal cual lo dice el título, la nota describe una serie de prácticas sumamente agresivas, donde se enfatiza un «suplicio chino» al extremo, alimentando el imaginario de lo chino, que hasta la fecha se sigue concibiendo como «lo asiático»(ver Montt, 2017), extendiendo la concepción de un pueblo extremadamente violento. En el texto se lee: «Quemar a fuego lento, desollar en vida, son torturas inventadas por el odio político o religioso». Al final se agrega:

Parece que la privación de la luz basta para convertir un niño en un monstruo bastante curioso, sobre todo, si se le alimenta de un modo especial i se le atrofian las cuerdas vocales. Así se fabrican Budas vivos, que las [sic] bonzos (sacerdotes) exhiben ante las piadosas multitudes. Un niño, después de largos años pasados en una oscuridad absoluta, se volvió perfectamente blanco, casi como de nieve. Además, se le mantuvo inmóvil ese mismo tiempo, en la conocida posición de los Budas, no le hablaron jamás, ignoraba todo de todo; al fin, se convirtió en un ser casi vegetal, en una especie de callampa con vida. Exhibida ante los fieles, esa masa de carne con brillantes ojos, fué venerada por la multitud (La Revista Nueva, tomo II, 1900: 122)

Es muy probable que lo que se pretendía describir es el sokushin jōbutsu, traducido como alcanzar la budeidad en este cuerpo, práctica que se realizaba en Japón por monjes que decidían efectuar un ascetismo extremo y lograr la momificación de sus cuerpos. Si bien esta práctica se prohibió en el país, el contenido que aquí se describe habla de un rito brutal a niños, como figuras a exhibir, lo que lleva a una desproporcionada y errada información, repleta de brutales descripciones.

Una imagen que representa esta concepción oscura del budismo en que indirectamente estaría abalando el actuar violento se halla en el anuncio de una publicidad de «Té 18», en la revista Instantáneas del año 1900. En la ilustración se describe un episodio satírico en el contexto de la Guerra de los Boxers y las potencias internacionales, y en la parte posterior de la imagen vemos una pagoda (stūpa), símbolo budista en el que se guardan las reliquias del Buda o maestros eminentes y que nos recuerda uno de los preceptos más importante del budismo, ahiṃsā, no violencia (Ríos, Montt Strabucchi y Chan, 2021:138).

Revista Instantáneas, 22 de julio, 1900, título: "Los sucesos de la China por John Bull (Mejías y San Román, 2018)

El que veamos una pagoda responde también al imaginario del este asiático, pues más allá de la comprensión de la pagoda como un edificio budista, esta se concibe, principalmente, como un símbolo de «lo chino», (o lo asiático), el que se dibujará en diversas imágenes que quieren representar un espacio «oriental». Un par de ejemplos, también de la época, son estas ilustraciones de dos cuentos publicados en revistas infantiles:

Revista Mamita, cuento «Los dos ruiseñores» 10 de julio, 1931
Revista Mamita, cuento «La pájara pinta» 19 de noviembre, 1931

Con respecto al Buda, y volviendo a esta figura temeraria, que abala la crueldad de sus prácticas religiosas, leemos otras notas, en que se describe como «el padre» que permite el actuar bélico de sus hijos:

Y los europeos saben ya por experiencia lo que puede la raza amarilla una vez que aprende a manejar sus mismas armas, todo aquello de que es capaz el hijo del Buda una vez que ha aplicado la ciencia y el ahínco incomparable de su sangre al manejo de las grandes máquinas de industria o de destrucción moderna.

Revista Zig-Zag, 6 de enero de 1907: «El despertar de la China»

Esta concepción paternal y protectora también se describe como aquella figura divina a quien debes rogar, lo cual no se aleja a la devoción existente al Buda en el Asia, principalmente en el Amidismo, pero que en estas lecturas adquiere un papel mucho más apegado al dios cristiano. En otro cuento que se publicó en la revista Sucesos en 1914 se relata “La leyenda de la seda”, en que una emperatriz, desesperada por el hambre que invadía a su gente, recibe la protección del Buda:

¡Oh, Reina! dijo el visitante. Buda ha oído tus súplicas; tu virtud, tu caridad, han tocado su corazón. He tenido un sueño profético y desde el bosque obscuro, y desde sobre una roca inaccesible para los mortales curiosos, he construido mi morada he venido para traerte la buena nueva. La soberana tomó la mano del santo varón y la besó. Mañana, prosiguió el singular personaje, vístete sencillamente, ponte calzado de viaje y acompañada por dos de tus doncellas más robustas, salen en cuanto amanezca, a recorrer los campos que rodean a tu Capital. Buda guiará tus pasos y ten confianza en lo que te dirá una mujer anciana, quien sin haberte visto jamás, reconocerá tu alta alcurnia. Comprendió la soberana que se había cumplido la voluntad de Buda y que el trabajo al cual había asistido durante varias semanas sería la redención de su pueblo. Se arrodilló y dio gracias a la divinidad.

Revista Sucesos, 17 de diciembre de 1914: La leyenda de la seda (Literatura industrial)

En el cuento se leen descripciones como «que el Buda les proteja», se había cumplido la voluntad del Buda” o “era la piedad de Buda”, todas ellas dirigidas al «Dios Budha» cómo se describe en la anécdota de viaje titulada “Vida doméstica en un templo budhista” (revista Selecta, 1909) o el «¡Santo Budha!», del cuento «El corazón de una Geisha», de la revista Selecta (1910). Estas frases que apuntan a la benevolencia y compasión del Buda ubican al budismo como una religión monoteísta, con un dios absoluto que escucha las plegarias de sus fieles: una cierta tendencia mahayánica, pero con una evidente influencia de la retórica y concepción soteriológica del cristianismo.

En conclusión, la figura del Buda que se lee en las revistas publicadas durante las primeras décadas del siglo XX se observa como un dios «de lo extraño», aludiendo a ese término en relación a la concepción del encuentro con lo extraño que describe Sara Ahmed y que adquiere relevancia en los estudios orientalistas en Chile (Montt, 2017). Un dios padre que, por un lado, lo rodea un entorno oscuro, misterioso, de ritos despiadados, que lidera a sus «hijos» en la acción violenta de la guerra y, por el otro, ese ser divino todopoderoso, que escucha las plegarias y ayuda a los más necesitados.

Referencias

Ahmed, S. (2000). Strange Encounters: Embodied Others in Post-Coloniality. Routledge.

Ossandón, C. y Santa Cruz, E. Con la colaboración de Ávila, P. y Santa Cruz Grau, L.E. (2005). El estallido de las formas. Chile en los albores de la “cultura de masas”. LOM, Universidad Arcis.

Luarte, F.  (2019) “Una aproximación histórica al (Neo-) Hinduismo en Chile”. Nuevos Diálogos: Asia y África desde la mirada latinoamericana. Eds. María Elvira Ríos et. al., El Colegio de México.

Montt Strabucchi, M. (2017). Imagining China in Contemporary Latin American Literature [thesis for the degree of Doctor of Philosophy, University of Manchester].

Rinke, S. (2002). Cultura de masas: reforma y nacionalismo en Chile 1910-1931. Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.

Ríos, M.E., Montt Strabucchi, M. y Chan, C. (2021). El imaginario de lo chino en las revistas magazinescas chilenas de principios del siglo XX, Rumbos TS, año XVI, Nº 24, p. 129-150.

Russell Maeth, Ch. (1990). Nuevos estudios sobre el problema de Fu-Sang. Estudios de Asia y África, XXV: 3, p. 461-488.

Revistas consultadas (Biblioteca Nacional de Chile):

Revista Zig-Zag, enero, 1907

Revista Zig-Zag, agosto, 1925

Revista Mamita, julio, 1931

Revista Mamita, noviembre, 1931

Revista Sucesos, julio, 1900

Revista Sucesos, diciembre, 1914

Revista Selecta, 1909

Revista Selecta, 1910

La Revista Nueva, tomo II, 1900

Revista Instantáneas, 22 de julio, 1900

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MARÍA ELVIRA RÍOS (1980), es doctora en estudios de Asia y África, con especialización en China, del Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México (2015). Sus publicaciones abordan temáticas en torno al budismo chino contemporáneo, cultura e idioma chino. Ha publicado sus investigaciones en diversas revistas académicas. Actualmente dicta el curso Estética Budista en el Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile y es postdoctorante Fondecyt (3190076) en la misma institución, con la investigación “La reflexión ecológica del budismo chino”.

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