Adriana Etsuho, practicante de budismo soto zen

BELÉN AZAROLA

Este artículo forma parte de la edición especial «Mujeres y budismo en los países de habla hispana».

Adriana Etshuo tomó los votos de monja en el budismo zen, aunque suele definirse a sí misma como una practicante. Junto a su forma precisa y a la vez descontracturada de hablar, nos acerca su mirada sobre el vínculo mujeres y budismo después de años de explorar esta relación y compartirlo en su blog Mujeres budistas sin vueltas.

Haciendo zazen como pilar en el zendo del templo Sobogenji. Fotografías cortesía de Adriana Etsuho.

Antes de tomar los votos de monja con su maestro Ricardo Dokyu* en la tradición de budismo soto zen, Etshuo ya había entrado en contacto por primera con el budismo zen en 1994 de la mano del maestro zen Kosen Thibeaut. Había recibido la enseñanza de la costura del Rakusu** de parte de la monja zen Silvina Cruz y había tomado los votos de bodhisattva del maestro Kosen. 

Mantiene el blog mujeresbudistasinvueltas en el que publica sus exploraciones sobre las mujeres en el budismo, las «ancestras»—como ella las llama—y las contemporáneas; apoyada por Daniel Terragno roshi, maestro guía de la sangha de Viento del Sur, con cuyo grupo también participa en retiros prolongados. Asiste a las conferencias de Sakyadhita y de los encuentros Zen de Latinoamérica. Entrenó por un breve periodo en el monasterio de monjas budistas soto zen, Aichi Senmon Niso-do en la ciudad de Nagoya (Japón), liderado por la reverenda Shundo Aoyama roshi.

Actualmente asiste a practicantes en la costura del manto budista rakusu dentro de la rama zen y redactó un instructivo sobre la costura de este manto en forma de parches o remiendos. Mantiene estudios de caligrafía zen con el maestro Mumon Osho y el trabajo con koans bajo la supervisión y guía del maestro Daniel Terragno.

BA: ¿Cómo empezó a explorar la relación entre mujeres y budismo? ¿Hubo alguien en relación a esta búsqueda que quiera mencionar?

AE: Aproximadamente en el año 2009 o 2008 estaba practicando con el maestro Ricardo Dokyu, un monje budista soto zen argentino que recibió ordenación en Japón. Él entreno en Eiheiji y estuvo viviendo en Japón diez años. Volvió a la Argentina. Lo conozco y empiezo a practicar y entrenar con él. No obstante, conocía integrantes de la sangha Viento del Sur guiados por el maestro Daniel Terragno. Ellos tienen la particularidad de que una vez por año van a Córdoba a hacer retiros de siete días. Como el maestro Dokyu no estaba haciendo retiros así largos, entonces, bueno, yo practicaba con el maestro Dokyu e iba con mis amigos de Viento del Sur a hacer los retiros intensivos de siete días. Y ahí es donde conozco al maestro Daniel Terragno, que es un maestro chileno que vive en California desde hace muchísimos años. Ya está como naturalizado y el grupo de Viento del Sur lo tiene a él como maestro guía. Viene una o dos veces por año a dar los retiros y al conocerlo… Bueno, él viene de un país, Estados Unidos, donde hay un florecimiento del budismo, en particular del budismo zen.

Un día saliendo del jardín japonés, donde habíamos estado en una ceremonia con el maestro Dokyu, no sé cómo fue que el maestro Dokyu, mi maestro, me comenta que en Japón la presencia de las mujeres en el budismo, en el soto zen, es prácticamente nula. Entonces yo me quedé como diciendo [ríe] y yo qué hago conmigo, dónde me ubico.

BA: Claro, con una falta de referencia, ¿no?

AE: Sí, aparte sos del grupo de la minoría [ríe]. Me quedé con eso. Y cuando voy al retiro con el maestro Terragno junto con los hermanos de Viento del Sur, allá en Córdoba—son retiros en los que se hacen dokusan, que son entrevistas privadas con el maestro—en esa entrevista privada, le comento: «lo que pasa es que para las mujeres nos es muy difícil porque estamos muy solas. No hay maestras, no hay monjas…» Y él me dijo: «pero cómo, pero si hay por todos lados»; y yo le digo: «no, no hay…», pero sí, hay montones de maestras. Es más, te puedo decir que ya casi hay más maestras que maestros, o al menos tantas maestras como maestros. Entonces dije esto será porque es en Estados Unidos dónde aflora. Pero … eso me quedó, me impactó mucho y me sugirió que investigase. Volví, empecé a investigar y a darme cuenta que había maestras, monjas, centros, que había maestras que enseñaban el Dharma, que había ancestras, había mujeres antes que yo, antes que nosotras en el budismo.

Empecé a investigar en el pasado de la época de Shakyamuni y ahí me di cuenta. Es una suerte haber tenido la internet, la web que abre puertas, pero también las librerías a las que iba con ciertos nombres, ciertas referencias. Y entonces empecé a comentar con algunas compañeras de práctica sobre algunas maestras, ver vídeos y escuchar algunas conferencias dadas por YouTube, libros… Y de repente, cuando tomo por primera vez contacto con el libro de Sharon Salzberg, El corazón del mundo, y leo las primeras páginas, realmente me emocioné porque sentí cómo mi corazón vibraba al son de esas palabras y encontré un eco de hermandad que no la tenía con mi maestro.

Después, el maestro Terragno me conectó con una maestra en Estados Unidos para que en el año 2017 yo pudiese entrenar por unas semanas en el Niso-do de budismo soto zen, un monasterio para monjas soto zen en Japón, liderado por la venerable maestra Shundo Aoyama. Había tratado de conectarme, pero había sido imposible y gracias al maestro Terragno él me conectó con esta maestra en Estados Unidos que ya había entrenado e hizo de puente. A su vez, después el maestro Terragno me ha regalado libros… O sea, digamos que en el maestro Terragno hay cierta “amorosidad” de ver a alguien que está un poco perdido, tiene inquietud y teniendo la posibilidad de ayudar y tirar una soga, lo hizo, así que estoy profundamente agradecida con él. También con el maestro Ricardo Dokyu, porque yo no sé desde dónde él dijo lo que dijo, quizás justamente dijo lo que dijo para esto, para lo que surgió después.

Mi ida a encontrar a Sakyadhita, la Asociación Internacional de Mujeres Budistas. Cuando la encontré fue como decir ¡Guau! ya no estamos solas.

BA: Tal cual.

Preparando el desayuno en Sesshin 2019 los Hornillos, Córdoba.

AE: Después todo lo que tuvo que ver con el encuentro con esas mujeres al otro lado del mundo. Sabiendo de ellas. Porque, por ejemplo, la maestra Tenzin Palmo, sabía de ella, el modelo de ella: la maestra Tenzin, años viviendo en la caverna con la nieve que le tapaba la puerta, sola y haciendo meditación sola. Todo un gran modelo a seguir, un referente. Y, de repente, me encuentro que «estás sola, vení para acá» y ¿quién era?, Tenzin Palmo, yo dije: no puede ser, ¿a mí? [reímos]. Con una soltura, una naturalidad propia de las grandes; ver que son mujeres de carne y hueso.

Me pasó otra cosa. Una de las cosas lindas que tiene esto, cuando te sorprende el Dharma, el camino se abre y te sorprende. Es como cuando hacés buceo y vas bajando, vas bajando y de repente ves agua, agua, tu respiración y no hay nada, y seguís bajando, de repente: se abre, se abre como un telón y ves el fondo del mar y decís ¡guau! Pasa lo mismo con el camino en la práctica, hacés, hacés y de repente se abre el telón y hay alguien que te llama y es Tenzin Palmo: «Vení, no comas sola, vení a comer acá con nosotros».

También me pasó que yo había estado leyendo un libro, Woman Living Zen [Las mujeres viviendo el zen], y hablaba de todo un trabajo de investigación de una académica, de Paula Arai de la Universidad de Oxford que viajó a Japón, al Niso-do en Nagoya donde yo estuve, para hacer una investigación y hacer un trabajo de campo de toda la historia de ese Niso-do y, en particular, de V. Shundo Aoyama. Yo había estado leyendo ese libro y estaba ahí, hablando con otras mujeres, allá en la India, en Vaishali, donde se ordenó por primera vez a las monjas, y estaba hablando y de repente le digo a una mujer que estaba ahí: «sí, porque hay un libro, de Paula Arai, que habla sobre las mujeres en el zen». Me dijo: «yo soy Paula Arai».

BA: Publicó un fragmento de un artículo de Laurent Deshayes que hablaba sobre un cambio sin precedentes en el lugar que hoy ocupa la mujer. Un poco lo que contaba es que fue descubriendo a medida que se interiorizaba e investigaba más sobre el tema. ¿Qué lugar piensa que ocupa ahora? Más allá de su investigación, porque quizás se hizo el ojo para verlas y no sé si es el ojo general, diría yo, creo que todavía están un poco ocultas.

AE: Claro, te iba a decir enseguida esto es aquí, ahora, en estas circunstancias. Estamos en Occidente; América, Europa, Europa del Este y Australia. Ahí tenés mujeres con una característica, son mujeres occidentales que vienen con un bagaje de diferentes aspectos. Después están las mujeres en Oriente, Asia, Sudeste, Sudoeste Asiático. Todo lo que podría ser Laos, India, Sri Lanka, desde India hasta Japón, que tienen otro bagaje cultural. Otro aquí-ahora diferente. La mujer en Occidente tiene capacidad de ser dueña de alguna forma, dueña de su vida, de sus decisiones y elecciones, vos decís ¿somos dueñas? Sí, sí, totalmente. Ni que hablar con lo que pasa en Afganistán [se refiere a la reciente toma del poder en manos de los talibanes]. Así que agradecida de este país [Argentina], de esta cultura. El budismo en Occidente circula en un estrato de la sociedad que tiene cierto conocimiento, cierta apertura e inquietudes, un espacio de búsqueda interior que religiones occidentales no han saciado, sí hay mucha compasión y caridad. Salieron a buscar respuestas o un lugar donde dar cauce a esas respuestas y encuentren en el budismo el medio, la forma, la filosofía o la estructura. Entonces es a elección.

Hay muchas condiciones previas para que tengamos una mujer occidental empoderada en su práctica, académica, que pueda hablar más de dos idiomas o que hable al menos dos idiomas. Leer, escribir, capacidad de estar presente frente a un grupo de gente, que siente cierta seguridad y sabe de sus derechos y reclama esos derechos. A diferencia de la mujer en Oriente. En el caso del budismo, muchas mujeres vienen de áreas rurales, aunque no quiere decir que todas, donde hay mucha carga de la mujer en lo que es el rol dentro de la familia. Hay mucha dependencia de las mujeres en cuanto al dominio o a las decisiones de los hombres: ser la hija de, ser la mujer de. Eso no quiere decir que no suceda en Occidente, pero el estrato en el que se mueve el budismo es distinto en Oriente y en Occidente.1

Junto al Tenzo en mi rol de jefe de servicio. Templo Sobojenji.

No obstante, lo que tiene la mujer oriental es un gran conocimiento en la práctica y el ser parte en un templo en un monasterio. Si bien puede ser que no tenga el conocimiento académico, como pueden ser en las mujeres occidentales, practicantes occidentales. La mujer en Oriente tiene el conocimiento que da la práctica dentro de un monasterio, y eso es un conocimiento muy difícil de transmitir. El otro, el académico, es un conocimiento que uno, bueno, se presenta y habla, expone y desarrolla, investiga. Pero el conocimiento que se va desarrollando con la práctica no es un conocimiento para ser expuesto. Y si ha de ser expuesto, es expuesto a través de cosas, como puede ser un haiku, un poema, o un dibujo o un arreglo, una flor. Por ejemplo, todo el conocimiento que Shakyamuni dio a Mahakashyapa cuando le dio la flor y Mahakashyapa sonrío. Ahí hay todo un conocimiento, una sabiduría, una realización que no es académica. Ahí tenemos dos grandes aspectos y lo interesante de todo es que se reconocen mutuamente Oriente y Occidente.

Por ejemplo, fue maravilloso ver cómo las orientales reconocían a las occidentales y las occidentales a las orientales y diciéndose entre sí: necesito aprender de vos, nos complementamos de alguna forma. Quizás la mujer oriental, la practicante oriental, no se expresa tanto, o son pocas como la maestra Shundo Aoyama. Ella luchó por ser una académica y realizar los dos tipos de conocimiento, el conocimiento propio que te da el templo o el monasterio y el conocimiento afuera en una universidad junto con todos hombres. Hace 50, 60 años, siendo ella sola, peleándola por esa realización de ese estudio académico budista y no solo quedarse con lo que se podía aprender en el templo, que hoy en día es bastante. Se estudia a los ancestros, se estudia las escrituras, se estudia cómo llevar adelante las ceremonias, cómo vestir, cómo moverse. Se estudia, por ejemplo, caligrafía, se estudia la ceremonia del té. Pero bueno, no es lo mismo que el estudio académico en la universidad como el que hizo Paula Arai cuando fue a pasar una temporada al Niso-do y después elaborar todo un libro maravilloso que habla de las mujeres ahí en Niso-do y su historia.2

BA: Sí, yo creo que todas esas voces y todos estos abordajes son necesarios.

AE: Sí, lo interesante es que no importa el linaje, no importa la rama y eso es una de las cosas que estuvo muy presente en la conferencia. Por ejemplo, la de Hong Kong, donde era festejar el encuentro con la otra, la generosidad, la apertura, la compasión por la práctica de la otra, compartir la práctica de la otra, tratar de ver cómo es la práctica la otra y hacer una pequeña fiesta de ese encuentro.

Esa fiesta se desarrolla en el corazón y eso es lo que estuvo muy pero muy presente en la conferencia. ¡Y eso que éramos quinientas! Veías a monjas de diferentes vertientes con diferentes mantos de diferentes colores, haciendo la meditación de las tibetanas y dejándose porque hay un solo hilo conductor.

Junto a una hermana del dharma de Estados Unidos, California esperando ser recibidas por el Karmapa junto al resto de las hermanas de diferentes ramas budistas en India. 2013.

BA: ¿Hay algo más que quieras compartir?

AE: Siguiendo con la línea de lo que venimos hablando, las mujeres y el zen, las constituidas en la práctica y en la búsqueda, lo que quisiera decir es que ya sea la mujer practicante de budismo o no sea practicante, cualquier mujer, me parece que tendría que permitirse la oportunidad de echar una mirada compasiva al resto de las mujeres.

Creo que lo más doloroso e injusto…

Mi perro ladra interrumpiendo a Etsuho.

Sí—dice hablándole a él—, tiene razón, tiene razón, está bien. Estoy de acuerdo. Creo que lo más doloroso… ¿El perro tiene naturaleza búdica? Y el maestro responde mu. Es un koan.

Creo que lo más doloroso es ver cuando las mujeres son duras con ellas mismas, entre ellas, a veces ingratas. Esa cosa de juzgar, esa dureza. Tratar de tener un corazón más amoroso, una mirada más compasiva hacia el resto de las mujeres, hacia las otras, hacia tus hermanas. Elijan la vida que elijan y el camino que elijan. Es un interesante desafío, porque hay cosas que no compartís con otras mujeres y de repente ahí está un interesante desafío, uno de desarrollar la compasión, una mirada amorosa a esa mujer que se expresa en la vida de una forma diferente o que elige una forma diferente. No importa si soy budista o no, me importa desarrollar esa hermandad porque creo que empieza por ahí. Pero tiene que empezar primero por nosotras mismas, hacia nosotras.

BA: Muchísimas gracias. ¿Le parece si saco una foto? Me parece muy linda esta imagen pandémica, estando las dos en Argentina y encontrándonos por este medio.

Captura la pantalla.  

* Fundador del templo Serena Alegría de Buenos Aires.

** Kesa de cinco bandas.

Notas de Etsuho a la entrevista

1 Algunas monjas de países de Oriente pueden asistir a las conferencias de Sakyadhita, la Asociación Internacional de Mujeres Budistas, si sus maestros las autorizan, esto es una diferencia muy importante con una practicante en Occidente. También muestra valentía de parte de los hombres que habilitan estos viajes.

2 En estos últimos años han surgido mujeres dentro del budismo en Oriente que han realizado y realizan estudios académicos, pero son una minoría. La Asociación Internacional de Mujeres Budistas, Sakyadhita, promueve y da a conocer este logro.

———————————————————————————————————————————

Belén Azarola es antropóloga por la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y se especializó en Budismo Tibetano trabajando temáticas vinculadas a la traducción en la transmisión del Dharma, la transformación personal a partir de la práctica y la reflexión sobre las nociones de individuo y dividuo. Estudió Filosofía del Arte y Etnomusicología en Paris Sorbonne IV (Francia) y está formándose como paisajista en Pampa Infinita (Argentina). Trabaja con los escritos de los indólogos Fernando Tola y Carmen Dragonetti. Tuvo un cargo docente en la Universidad de Buenos Aires y fue pasante en UNESCO (Francia). Participó en distintas Jornadas y Congresos Científicos de América Latina y forma parte de equipos de investigación argentinos desde 2011 (UNESCO, CONICET, UBA).

Leave a Reply

Captcha loading...