Meditación con kasiṇas de color
THITAPUÑÑO BHIKKHU (HOY MIGUEL A. ROMERO)
Los objetos kasiṇa (el vocablo pali kasiṇa significa «todo, completo, entero») se encuentran entre los temas de meditación recomendados por el Buda que son adecuados para desarrollar la concentración conducente a las cuatro absorciones materiales (rūpa-jhāna).1 Por diversas razones, hasta el presente, la práctica de la meditación utilizando objetos kasiṇa no ha sido muy popular en Occidente. Esto se debe a que el método es difícil de enseñar en grupos, tal como se hace normalmente en los retiros de meditación. La meditación con kasiṇa requiere que cada meditador utilice su propio dispositivo y que el entorno que lo rodea esté libre de estimulantes visuales. Otra razón puede ser que no sea fácil encontrar maestros que hayan tenido experiencia con el método. Lamentablemente, la información sobre este método de práctica es limitada y, a menudo, también vaga. Es aconsejable que un maestro supervise a los estudiantes que se inicien en la práctica de los kasiṇas en un ambiente de retiro.
La meditación con kasiṇas de color puede ayudar a quienes han tenido poco éxito con la respiración u otros objetos de meditación. Su ventaja es que ofrece un objeto visual claro y definido; la respiración, en comparación, es más sutil y difícil de establecer; sin embargo, esto demanda mayor atención y concentración por parte del meditador, lo cual —desde otro punto de vista— es una ventaja.
Para un principiante puede resultar más fácil captar un objeto muy concreto como un kasiṇa de color durante las etapas iniciales del desarrollo de samādhi. Durante dicho desarrollo utilizando dispositivos kasiṇa, la mejora gradual en la atención plena y la concentración se hace evidente mediante la aparición de signos claros (visuales y/o mentales) llamados nimitta que marcan etapas definidas del proceso. Durante la práctica, estos nimitta, o signos, facilitan la evaluación del progreso por parte del meditador al establecer puntos de referencia claros. En particular, lo que se persigue es la generación interna del llamado «signo de contraparte» (paṭibhāga-nimitta).2
El principal inconveniente de la meditación kasiṇa es la posible fatiga o irritación ocular. Conviene no interrumpir la práctica por ello, dentro de lo razonable, pues el alivio suele llegar al cerrar los ojos en las pausas. Puede ayudar tener a la mano gotas de gel humectante. En todo caso, como en otras formas de meditación sedente, es normal soportar ciertas molestias físicas, especialmente en retiros.
Instrucción básica
Las siguientes instrucciones son breves e incluyen algunos aspectos no mencionados en los textos clásicos. Sin embargo, se recomienda a los meditadores que consulten los textos disponibles que tratan diversos puntos no mencionados en este artículo.3
Dependiendo de la escala, el dispositivo kasiṇa debe colocarse a una distancia adecuada con respecto al meditador. Para un kasiṇa circular de 9 pulgadas de diámetro (color amarillo, azul, rojo o blanco) con 0,81 pulgadas de grosor del borde negro y centrado en un cuadrado de color blanco de 27 pulgadas (ver ilustraciones al final del artículo), la distancia recomendada es de 1,5 a 3 metros respecto a los ojos. Dispositivos de kasiṇa más pequeños pueden ser más convenientes y prácticos para trasladar, particularmente cuando se viaja. Para su fabricación basta guardar las proporciones que se pueden deducir de las dimensiones dadas arriba. En caso de usar dispositivos más pequeños, será necesario ajustar la distancia de los ojos al dispositivo de manera adecuada. Para un meditador principiante es importante usar un dispositivo fabricado de manera que la imagen y su fondo carezcan de irregularidades que pudieran causar distracción; el color debe estar distribuido de manera uniforme y ser de textura lisa.
Los comentarios señalan que los kasiṇas de colores son especialmente apropiados para temperamentos codiciosos. Si el meditador siente una afinidad estética marcada por algún color, ese puede ser un buen punto de partida para escoger el kasiṇa. En términos generales, el blanco suele convenir a la mayoría; el amarillo resulta útil para contrarrestar estados de letargo o decaimiento; el azul es conveniente por su cualidad calmante y refrescante y puede beneficiar tanto a temperamentos codiciosos como aversivos, especialmente en climas cálidos; y el rojo, por su calidez, puede ser adecuado para personas apáticas o para la práctica en climas fríos. En último término, conviene probar cada color durante algunos días y valorar por experiencia directa cuál funciona mejor como objeto de meditación.
La meditación se inicia cuando uno mira fijamente el centro de la imagen colorida —sin atender al borde o al área blanca de fondo—. Uno puede parpadear para aliviar la tensión o la fatiga ocular; cabe insistir en el uso regular de gotas de gel hidratante. El tiempo que uno debe dedicar a practicar la meditación kasiṇa varía de persona a persona. En términos generales, uno dedicaría tanto tiempo como normalmente invierte en desarrollar cualquier otro tema de meditación. Hay que mirar fijamente el objeto kasiṇa continuamente durante varios minutos, o a veces más de una hora, para adquirir una imagen retinal intensa. Esta aparecerá como una imagen persistente «complementaria» o «negativa» impresa en la retina que se manifiesta al cerrar los ojos. Por ejemplo, cuando se utiliza un kasiṇa azul, la imagen retinal aparece como una imagen amarillo-anaranjada con el borde negro apareciendo como un anillo blanquecino brillantemente iluminado. El fondo aparecerá como una sombra oscura, realzando aún más el brillo de la imagen retinal por efecto de contraste.
Cuando se manifiestan signos de fatiga visual, se deben cerrar los ojos con atención y sin perder el «tren de concentración». Con los ojos ahora cerrados y sin la más mínima interrupción en el curso de la atención, uno debe continuar concentrándose en la imagen retinal (virtual) que ha surgido derivada del mirar la imagen física coloreada (la llamada imagen de trabajo). En gran medida, la clara definición e intensidad de la imagen retinal generada depende del grado de atención y concentración ininterrumpidas. La aparición de otros signos o nimittas, que se describen a continuación, puede tardar en aparecer días, semanas o meses dependiendo de cada practicante, pero la imagen retinal siempre aparece después de un breve período de mirar fijamente el objeto.
La imagen retinal permanecerá presente naturalmente durante unos segundos o minutos y luego comenzará a desvanecerse. En este punto, normalmente uno abre los ojos y vuelve a mirar la imagen de trabajo sin perder el enfoque. En ocasiones se puede notar que, si los ojos permanecen cerrados, la imagen retinal puede desaparecer por un breve momento para reaparecer de forma atenuada al cabo de unos segundos. Los ciclos en que la imagen retinal aparece y desaparece pueden repetirse unas cuantas veces más. Se deben utilizar estas imágenes desvanecidas como objetos de enfoque. La ventaja de hacerlo es que la mente intenta realzar o complementar los elementos que poco a poco se van desvaneciendo. Así, después de muchos días, semanas o meses de práctica, la mente puede generar la imagen mediante visualización mental, sin necesidad de un inductor físico.
Cuando surjan el letargo y la torpeza mental, y se dificulte mantener la atención en el objeto (kasiṇa azul, por ejemplo), puede ser útil cambiar rápidamente a uno amarillo (su complemento visual). Al hacerlo, el kasiṇa amarillo suele aparecer más brillante y definido, pues su imagen se ve reforzada por el contraimagen retinal del azul. Este efecto tiende a reavivar el interés y la atención plena sostenida, ayudando así a disipar esos impedimentos.4
Con el tiempo, la mente se estabiliza y puede sostener una atención lúcida sobre el objeto durante más tiempo. Entonces puede ocurrir que la imagen retinal se superponga parcialmente a la percepción visual del kasiṇa, e incluso que el fondo blanco parezca teñirse del color correspondiente. Se trata de un fenómeno secundario al que no conviene prestar atención.
Debido a que la imagen retinal es el negativo de la imagen física, su superposición hace que esta última pareciera desaparecer, aun con los ojos abiertos. Esta nueva imagen «vacía» o de tono oscuro o negruzco puede denominarse el nimitta «eclipsado».5 En ese punto, el meditador no debe aflojar el esfuerzo, sino afinar aún más la atención sobre este nuevo nimitta.
Si el meditador sostiene el esfuerzo, esta imagen «eclipsada» acabará por desaparecer —a veces de forma repentina— y dará lugar a una imagen muy luminosa, conocida como signo homólogo o signo de contraparte. Esta aparece con gran claridad y uniformidad, semejante al disco de la luna llena o del sol visto a través de una ligera bruma. Su surgimiento señala la entrada en la concentración de acceso o concentración de vecindad, estado en el que la mente queda temporalmente libre de los impedimentos mentales y alcanza una estabilidad, calma y satisfacción superiores a las ordinarias. A partir de ahí, queda preparado el acceso a los niveles profundos de serenidad, iniciando con la penetración fija o concentración de logro (appanā-samādhi) propia del primer jhāna.
El practicante debe procurar sostener la concentración de acceso el mayor tiempo posible y no darse por satisfecho con haber generado momentáneamente el signo de contraparte, pues luego puede ser difícil reproducirlo. Por eso, una vez que haya surgido y permanecido por un tiempo, conviene intentarlo una y otra vez —sobre todo en la misma sesión— de forma que se afiance la capacidad de evocarlo. Para proteger este logro, es necesario evitar distracciones, cuidar la buena conducta moral, resguardar las puertas de los sentidos, comer con moderación, mantenerse atento y dueño de sí, y perseverar en el abandono de los impedimentos y en el sostenimiento de la concentración. La práctica continua es indispensable para estabilizar este estado.
Cuando el objeto kasiṇa se domina por completo, el meditador puede generar el signo de contraparte sin apoyo físico y también variar su tamaño a voluntad, tal como indican los textos.3ª, b, d Con ese dominio, puede permanecer largo tiempo en la quietud concentrada y avanzar en el desarrollo de la serenidad. Si ha dominado el logro del primer jhāna, puede orientarse hacia el segundo jhāna, donde cesa el pensamiento discursivo y los impulsos volitivos quedan casi suprimidos. Desde ahí, permanece abierta la posibilidad de abandonar los restantes factores jhānicos y avanzar sucesivamente hasta el cuarto jhāna material, lo cual abre la puerta para el subsecuente desarrollo de los llamados logros inmateriales, con lo que culminaría el camino gradual para el desarrollo completo del samādhi.6
Notas
- Ver, por ejemplo: a) Mahāsakuludāyī Sutta (Majjhima Nikāya 77) (y notas correspondientes); b) Saṅgīti Sutta(Dīgha Nikāya, 33), en The Long Discourses of the Buddha, trad. Maurice Walshe, Wisdom Publ., Boston, 1995.
- El signo de contraparte o paṭibhāga-nimitta, que técnicamente podría denominarse aloka-kasiṇa (kasiṇa de luz), surge simultáneamente con la supresión de los cinco impedimentos (pañca nīvaraṇā). En la práctica de kasiṇa, hay cuatro signos (nimitta) a considerar en el proceso de alcanzar la concentración de acceso: 1) El objeto kasiṇa coloreado en sí (la imagen «física» o «de trabajo»); 2) La imagen retinal (la imagen visual «negativa» del objeto kasiṇa coloreado que aparece claramente tras cerrar los ojos); 3) La imagen «eclipsada» (la imagen visual de sombra oscura que surge cuando 1) y 2) se neutralizan entre sí debido a una «superposición» al tiempo en que los ojos están abiertos); y 4) El signo homólogo o de contraparte, brillante y bien definido (una imagen mental), que marca el establecimiento de la concentración de acceso o la concentración de absorción. Es importante señalar que las imágenes 2 y 3 descritas arriba no aparecen en la literatura canónica o poscanónica.
- Véase, por ejemplo: a) Vimuttimagga (El camino de la liberación) del Arahant Upatissa, trad. Bhikkhu Nyanatusita, Sociedad de Publicaciones Budistas (BPS): Kandy, Sri Lanka, 2024; b) The Jhanas in Theravada Buddhist Meditation, por Ven. Henepola Gunaratana, Wheel Publication n.º 351**–352–**353, BPS; c) «The Mystery of the Breath Nimitta» del Ven. Soṇa Mahathera, en http://www.baynet.net/~arcc/dhamma/nimitta.html; d) Visuddhimagga (El sendero de la purificación) por Ven. Buddhaghosa, III.97, V.12–V.20, XIII.95, XVII.143, BPS: Kandy, Sri Lanka. El libro en español puede obtenerse en: http://www.librosbudistas.com/libro/sendero-purificacion-isuddhimagga.
- Según el Abhidhamma, una de las causas próximas de la atención plena (sati) es una percepción firme o fuerte (thirasaññā); la otra son los cuatro fundamentos de la atención plena (satipaṭṭhānā).
- La desaparición del objeto de trabajo en esta etapa es análoga a la «desaparición» —que algunos meditadores reportan— del signo del objeto de meditación en la respiración, que generalmente ocurre como resultado de que se vuelve más sutil a medida que el cuerpo y la mente se acercan al samādhi. Esto también marcaría una etapa equivalente de desarrollo de la serenidad utilizando un objeto kasiṇa.
- En cierto sentido, todo el desarrollo de la concentración profunda consiste en un progresivo movimiento de simplificación: la mente abandona la proliferación y la diversidad perceptiva para fijarse cada vez más en un solo aspecto. Primero elige un dispositivo kasiṇa entre innumerables objetos; luego se concentra en una característica particular de ese objeto; después se orienta hacia una imagen más refinada; y así sucesivamente, hasta enfocarse en objetos cada vez más sutiles, incluso los propios de los logros inmateriales. En la enseñanza del Buda, la culminación del cultivo mental es el desarrollo del conocimiento introspectivo (vipassanā), el cual suele apoyarse en la base que otorga el samādhi.
Miguel Ángel Romero nació en Ciudad de México y se formó como químico orgánico en la UNAM y la Universidad de Columbia Británica. A los 39 años ingresó en la vida monástica theravada, recibiendo la ordenación completa en el Abhayagiri Buddhist Monastery de California con el venerable Ajahn Pasanno como preceptor. Tras dejar la vida monástica en 2004, ha continuado impartiendo conferencias y retiros de meditación y ha dedicado buena parte de su trabajo a la traducción de textos budistas al español, entre los que destacan el Diccionario budista del venerable Nyanatiloka y El Noble Óctuple Sendero de Bhikkhu Bodhi.
