Periodismo budista en una época de desconfianza

Justin Whitaker

Muchos usuarios de Facebook en todo el mundo están participando este mes en la campaña “Febrero Libre de Facebook” (FLF), cuyo objetivo es alejar a los usuarios de sus pantallas y de las redes sociales, para que se impliquen con el mundo real. Los objetivos principales de muchos de ellos para participar el FLF son disminuir su consumo de los medios, ser más conscientes en la vida diaria y mejorar su salud mental. Se ha demostrado que las redes sociales, la principal fuente de noticias para la mayoría de usuarios, no solo están asociadas con un empobrecimiento de la salud mental, sino que también incrementan, entre otras cosas, la depresión, ansiedad, soledad, y el aislamiento. (Forbes)

Mientras los usuarios continúan cuestionando su uso de las redes sociales, se les puede plantear a los medios de comunicación que reevalúen su papel en el deterioro cultural de la modernidad. 

En enero, el diario The Guardian publicó un provocativo artículo sobre Johan Galtung, un profesor noruego que ha tenido una poderosa influencia sobre el periodismo global durante los últimos 50 años. Galtung escribió en 1965 un estudio sobre periodismo que parecía decir que “si bien es cierto que la importancia y la novedad eran cruciales, también lo eran la emoción y el conflicto.” Inadvertidamente, esto se convirtió en una regla de oro para el periodismo de noticias. (The Guardian)

De unsplash.com

Sin embargo, Galtung dijo que sus definiciones pretendían mostrar cómo las noticias se equivocaban. Él enfatizó que su estudio decía que si las noticias continuaban reflejando el mundo de esta forma antagónica, generarían una negatividad extrema, y una “tensión creciente entre el centro y la periferia a nivel nacional y global” (The Guardian)

Parece que la preocupación de Galtung se omitió, y que los medios han continuado enfocándose demasiado intensamente en la negatividad. Y también parece que ya hemos alcanzado el estado híper-polarizado que él predijo. Del mismo modo, para muchas personas, las actuales prácticas de los medios, han debilitado su confianza en los medios de comunicación, mientras que otros se han vuelto indiferentes:

El barómetro de Edelman Trust publicó un estudio global a finales de 2017 que mostraba que de media un 53% personas en todo el mundo creían que el sistema en el que vivían estaba fallando. Los encuestados expresaron un “sentimiento de injusticia”, “falta de esperanza”, “falta de confianza” y un “deseo de cambio”. En países como Francia, Alemania, Italia, EEUU, España, Reino Unido y Holanda, entre el 56% y el 72% de la población describió una crisis de confianza en la sociedad democrática.  

“Los medios de comunicación están ahora repletos de historias sobre desgracias”, comentó Hans Henrik Knoop, profesor asistente del Instituto de Psicología de Dinamarca. “La negatividad controla el flujo de noticias, y por lo tanto también la política y el debate público. El resultado es la apatía o el miedo. El riesgo es que la gente no solo deje de usar los medios de comunicación como fuente de noticias, sino que también se desvinculen del debate público.” (The Guardian)

Han surgido diversas iniciativas a lo largo de los años para contrarrestar esta tendencia. Una de ellas ha sido el periodismo público o cívico, nacido de la idea que el periodismo debe comprometerse con el público y examinar críticamente la información dada por los gobiernos, en vez de simplemente informar sobre ello. El profesor de periodismo de la Universidad de Stanford, Theodore Glasser, escribió en La idea de un Periodismo público(The Idea of Public Journalism) Guilford Press 1999) que el periodismo público podría ser:

. . . una forma de pensar en la actividad de la profesión que hace un llamamiento a los periodistas para (1) dirigirse a las personas como ciudadanos, como participantes potenciales en asuntos públicos, en vez de como víctimas o espectadores; (2) ayudar a la comunidad política a tomar medidas, en vez de simplemente a conocer mejor sus problemas; (3) mejorar el clima del debate público, en vez de simplemente observar cómo se deteriora; y (4) ayudar a hacer que la vida pública vaya bien, de modo que se gane el derecho de nuestra atención (p.22)

Otro movimiento ha sido el de las “buenas noticias”, que aspira a contrarrestar el embate de las noticias negativas seleccionando y dando importancia a las historias positivas. En el 2001, la Agencia de las Buenas Noticias (“Good News Agency”) creó el “Código Ético de los Medios de Comunicación”, alentando a los editores a dar mayor voz a los eventos positivos en el mundo. Este enfoque ha tenido éxito y ha sido defendido por sitios como Upworthy y páginas de inspiración budista como Zen Habits y Tiny Buddha. Sin embargo, también ha sido criticado por problemas de falta de profundidad y foco, en una época en la que la reflexión crítica es tan necesaria.

Un tercer enfoque, más reciente, es el del “periodismo de soluciones”, que intenta impulsar a los lectores a responder a los problemas sociales de forma que los empoderen y les dé energía, ofreciendo herramientas efectivas, inspiración y comprensión no solo de los problemas del mundo contemporáneo, sino también sobre maneras en las que estos pueden ser exitosamente abordados. “Lo que hace del periodismo de soluciones algo atractivo es el descubrimiento—el viaje que lleva al lector o al espectador a comprender cómo funciona el mundo, y quizás, qué se podría hacer para que funcione mejor.” (Learning Lab).

De unsplash.com

En septiembre del 2018, el Dr. Lindsay Green-Barber escribió que “el periodismo orientado a soluciones incrementó las habilidades para solucionar problemas en los lectores de noticias, hizo que la gente se sintiera con más energía y con menos ansiedad, incrementó su conexión con la comunidad y se sentían más confiados a la hora de encontrar soluciones.” (Media Impact Funders)  

Entre éstas y otras estrategias emergentes para lidiar con el deterioro actual de los medios de comunicación, podríamos sugerir el desarrollo de una forma de periodismo budista particular, por muy embrionaria que sea en la actualidad. Raymond Lam (redactor sénior de Buddhistdoor Global) ha sido una fuente principal de ideas y de orientación para esta disciplina.

El reto del periodismo budista es informar a los lectores y ofrecer orientación para desarrollar un Camino budista. Este camino es descrito de muchas formas, pero la más común es la de los tres aspectos: ética, meditación y sabiduría (Pali: silasamadhipanna), y el famoso Noble Óctuple Sendero

Hace un año, Lam ofreció una visión basada en el Noble Óctuple Sendero en una editorial de Buddhistdoor. Empezando con la Visión correcta, Lam escribió:

Las noticias tratan sobre lo fugaz y lo transitorio; los ciclos de noticias vienen y van, y la atención general puede moverse desde un escándalo vergonzoso o un drama político, tan rápido como se fija en ello. Pero para los budistas, debe haber una narrativa, un arco que lleva de la ignorancia hacia la comprensión profunda. Esto parece ser el trabajo del periodista del Dharma: eliminar la ignorancia sobre las verdaderas causas del sufrimiento en el mundo, y aportar conocimiento sobre las soluciones potenciales ante las peores formas de sufrimiento (un periodismo deliberativo aporta un modelo posible). (Buddhistdoor Global)

Esto es ciertamente un inicio excelente y diversas editoriales con la misma visión que Buddhistdoor desarrollan la idea del periodismo budista (o del Dharma). El verano pasado, Lam asistió al primer Encuentro de Medios de Comunicación Budistas Asiáticos, cuyo objetivo era desarrollar “una comunicación consciente para evitar conflictos y para un desarrollo sostenible”.

Allí, el secretario general de la Confederación budista, el Venerable Dhammapiya desafió las prácticas comerciales usadas por algunos medios de comunicación centradas en los problemas de la sociedad. Además, sugirió que cualquier progreso de relieve necesitaba mirar hacia el interior así como hacia el mundo a nuestro alrededor.

Esto resuena con el enfoque del Noble Óctuple Sendero promovido por Lam. El periodismo budista puede emerger como una plataforma para aportar luz a los problemas cotidianos de formas que puedan luego convertirlos en soluciones potenciales y existentes.  Pero estas soluciones deben estar enraizadas en prácticas e ideales budistas. En un mundo donde los paradigmas no-budistas son tan ampliamente dominantes, el hecho de que el periodismo budista pueda desarrollarse y recobrar la confianza será un continuo desafío.

This Post Has One Comment

  1. muy bueno!

Leave a Reply

Captcha loading...