La importancia del diálogo interreligioso y objetivos para el encuentro desde la perspectiva budista

Venerable Sik Hin Hung

Nuestro mundo cambia a gran velocidad. Con los avances en ciencia, tecnología, las formas modernas de comunicación y transporte nos acercan, pero, al mismo tiempo, dividen y distancian a las personas y las culturas a un nivel más profundo. Los conflictos culturales y la competencia conducen al odio y la violencia, lo que desestabiliza la paz mundial. La omnipresencia del materialismo, el consumismo y el individualismo genera avaricia, sufrimiento y desesperación, y alimenta dudas sobre el sentido de la vida en las mentes de muchos. Temas como la degradación ecológica son globales y transregionales, y nos afectan a todos. No pueden ser ignorados y demandan nuestra atención inmediata y una respuesta urgente.

Establecer un diálogo interreligioso genuino es una respuesta constructiva a estos retos. Muchas de las dificultades a las que nos enfrentamos hoy en día surgen de la ignorancia, el miedo y las ideas equivocadas. El diálogo interconfesional es indispensable, porque sin paz entre las comunidades religiosas no es posible la paz en el mundo. Mediante el diálogo y la comprensión, se alimentará la aceptación de las tradiciones y valores de cada uno y se reducirán la intolerancia y el odio. Ser abiertos de mente permite comprender que los demás también están siguiendo su camino espiritual y, muy a menudo, comparten ideales universales de amor y compasión. Por último, pero no menos importante, el diálogo interreligioso sentará un ejemplo de comunidades distintas viviendo en armonía en un mundo que está siendo continuamente «arrasado».

En su larga historia, el budismo siempre ha coexistido con otras tradiciones religiosas. Si nos remontamos a sus orígenes, el budismo coexistía en la India con el brahmanismo y el jainismo. Interactuó con religiones nativas como el daoísmo y el confucianismo en China; y se mezcló con el shintoísmo autóctono de Japón. En Sri Lanka, el budismo theravada ha convivido durante siglos con el cristianismo. El budismo comprende muchas tradiciones,con enfoques hacia otras tradiciones que van del exclusivismo al inclusivismo, y, más recientemente, al pluralismo. Sin embargo, la actitud prevalente hacia otras tradiciones se caracteriza por el compromiso mutuo, la aceptación y la comprensión.

El Buda promovió la comunicacióncomo forma de resolver las diferencias religiosas. En las escrituras canónicas, el Buda mostraba su actitud manteniendo conversaciones cordiales y pacíficas con contemporáneos no budistas. En estos encuentros religiosos, el Buda se retrata como un observador objetivo, culto y perspicaz, siempre cortés y respetable. Puede adaptarse a personas de cualquier extracción, y guiarlos con destreza y de manera apropiada por el camino de acabar con el sufrimiento.

El aprecio del Buda por la libertad y la diversidad religiosas va de la mano con su reconocimiento de las diferencias religiosas. El Buda no aceptaba incondicionalmente las demás tradiciones ni opinaba que todos los caminos convergían en un mismo destino. Al contrario, el budismo es único en su objetivo, que es alcanzar la iluminación total, lo que resulta en el final completo y absoluto del sufrimiento. Por lo tanto, no debemos incorporar automáticamente una religión en el marco de otra porque eso carece de sentido y no es necesario.

Sin embargo, el Buda reconoció que se podía encontrar verdad y valor en otras tradiciones siempre que estas contribuyeran a la eliminación del sufrimiento. En el Udumbarika-sῑhanāda Sutta (DN 25), el Buda reconoce los méritos de los credos de otras religiones al declarar: «permitid que los principios buenos de vuestras doctrinas […] lo sigan siendo» y anima al asceta errante Nigrodha a no abandonar su fe diciendo: «Deja que quien es tu maestro lo siga siendo». En el Upāli Sutta (MN 56) el Buda recomienda al jainista Upāli que no renuncie a su apoyo al jainismo. Es más, en el Mahasihanada Sutta (DN 8) encontramos al Buda dialogando con maestros espirituales de otras tradiciones dejando de lado temas en los que no es posible alcanzar el consenso y siguiendo adelante con la conversación amigable sobre aquellos temas en los que existe una base común. En las escrituras canónicas, aparte del Buda, el iluminado, también aparecen budas solitarios (pratyekabuddha), lo que implica que se puede alcanzar la iluminación independientemente de las enseñanzas del Buda.

Muchos budistas reconocen que la bondad y el crecimiento espiritual se pueden encontrar en otras tradiciones y aprecian su originalidad. Maestros actuales del budismo, como el Dalai Lama y Thich Nhat Hanh, por ejemplo, no solo respetan, sino que admiran el cristianismo y han abogado por el diálogo interreligioso. En el caso de Santa Teresa, debido a sus virtudes: amor, compasión, determinación y humildad, muchos budistas la admiran y la tienen en una gran consideración.

Dado que nuestras dos religiones establecerán un diálogo continuo durante los próximos días, permítanme dedicar unos minutos a realizar una breve introducción sobre la religión budista y el papel de la meditación en el budismo.  En primer lugar, hablaré de cómo afronta el budismo temprano estos temas y seguiré con cómo los entiende el budismo mahayana. A diferencia del budismo temprano, que nació con Shakyamuni Buda hace aproximadamente 2600 años, el budismo mahayana apareció aproximadamente 200 años antes de Cristo.  Las enseñanzas del budismo theravada, la tradición que será representada en esta conferencia, son muy parecidas a las del budismo temprano. Tanto el budismo chino como el budismo tibetano son ramas del budismo mahayana.

El objetivo del budismo es resolver el problema persistente del sufrimiento humano.  Para alcanzar este objetivo, el Buda enseñó las Cuatro Nobles Verdades que son la base de todas las enseñanzas budistas.  Verdad en este caso implica realidad. Según el Buda, las Cuatro Nobles Verdades son cuatro realidades que una persona con una mente sensata puede ver y reconocer.  Estas son:

  • La Noble Verdad del sufrimiento. El sufrimiento es una realidad en la vida. Deberíamos reconocer esta realidad y aspirar a eliminar el sufrimiento.
  • La causa del sufrimiento. Existen causas para este sufrimiento y son los deseos y la ignorancia. Debemos aspirar a eliminar las causas del sufrimiento.
  • El cese del sufrimiento. El cese del sufrimiento es posible. Mediante la eliminación del deseo y la ignorancia, el sufrimiento cesa. Podemos alcanzar esta liberación y librarnos de las causas del sufrimiento y del sufrimiento mismo.
  • El camino para alcanzar el cese del sufrimiento. Existe un Noble Camino que puede conducir al cese del sufrimiento, este incluye:
 
  1. Visión correcta
  2. Pensamiento correcto
  3. Hablar correcto
  4. Actuar correcto
  5. Medio de vida correcto
  6. Esfuerzo correcto
  7. Atención plena correcta
  8. Concentración correcta 

Estos ocho componentes del Noble Camino no deben verse como independientes entre sí porque se integran e interactúan de formas que permiten el impacto para que todo el Camino se convierta en algo más potente que la suma de sus partes.

El papel de la meditación en el budismo se entiende mejor mediante este Noble Camino para acabar el sufrimiento.  En términos generales, la práctica meditativa budista implica la práctica de la atención plena correcta y la concentración correcta bajo la guía de la visión correcta.  Sin la visión correcta, la atención plena y la concentración no serán «correctas».

El Buda indicó que la raíz del sufrimiento es el deseo (taṇhā) que viene instigado por la ignorancia y el apego a conceptos de «yo», «ego» y «mío».  Para romper estas cadenas de ignorancia y deseo, una persona debe practicar la concentración (samādhi), un componente básico de la meditación budista.  El samādhi consta de dos partes, que son las prácticas de calma duradera (śamatha) y la práctica de la sabiduría (vipaśyanā). Una persona solo puede ver con claridad que tanto el cuerpo como la mente padecen un sufrimiento permanente mediante una buena integración de las prácticas de calma y sabiduría y, por lo tanto, renunciando al apego al concepto del yo. Cuando se renuncia al concepto del yo, la ignorancia y el deseo cesan y, por tanto, cesa el sufrimiento. Los conferenciantes profundizarán en los detalles de las Cuatro Nobles Verdades en los próximos días.

Al contrario de las enseñanzas del budismo temprano explicadas anteriormente, el budismo mahayana hace hincapié en la compasión y en la eliminación del sufrimiento de todos los seres dotados de sentidos.  Es mediante el desarrollo del compromiso para salvar a todos los seres dotados de sentidos y alcanzar la iluminación final, como una persona corriente se convierte en bodhisattva, un practicante del sendero mahayana.  Con este compromiso, bodhicitta, el bodhisattva emprenderá la práctica de las Seis Perfecciones (pāramitā), que son: generosidad, disciplina, paciencia, diligencia, concentración y sabiduría.

Similares a las prácticas del budismo temprano, la concentración también es un componente clave para la práctica del budismo mahayana. Aunque los objetos de concentración puedan ser distintos entre el budismo temprano y el budismo mahayana, su papel a la hora de promover y nutrir el desarrollo de la sabiduría es idéntico. Además, según el budismo mahayana, su comprensión de la naturaleza vacía del fenómeno es profunda y exhaustiva, por lo tanto, la sabiduría prajna que surge de esta comprensión permite a un bodhisattva ser más capaz y persistente a la hora de ayudar a los seres dotados de sentidos.

Otra diferencia principal entre el budismo temprano y el budismo mahayana es que el budismo mahayana cree en la santidad y el poder sobrenatural de budas y bodhisattvas.  Por lo tanto, además de utilizar cuerpo y mente como objetos de meditación, los budistas mahayana también utilizan budas, bodhisattvas y mantras como objetos de meditación, en la creencia de que estos objetos sagrados cuentan con una bendición especial.

En un reciente experimento neurocientífico que llevamos a cabo, pudimos identificar que el canto religioso repetitivo podía modular los últimos estadios de la respuesta cerebral frente a imágenes que provocan miedo o estrés.  Utilizamos potenciales relacionados con eventos (ERP) para explorar los efectos de cantar el nombre de un buda (Amitābha) sobre la respuesta cerebral al observar imágenes negativas que provocaban miedo o estrés. Grabamos y analizamos datos de electroencefalogramas (EEG) de 21 budistas con experiencia en el canto cuando observaban imágenes negativas y neutras. A los participantes se les pidió que cantaran en silencio para sí mismos los nombres de Amitābha, de una figura neutral con la que estuvieran familiarizados o que permanecieran en silencio total (sin cantar) mientras veían las imágenes. Los resultados mostraron que observar imágenes negativas (en contraposición a imágenes neutras) incrementaba la amplitud de la componente N1 (una medida de procesos de atención) en todos los casos de canto. La amplitud del potencial positivo tardío (LPP) (una medida de recuerdo de información) también incrementó cuando las imágenes negativas fueron observadas en los casos de ausencia de canto y quienes recitaban el nombre de la figura neutral. Sin embargo, el incremento de la LPP no se observó al cantar Amitābha. Estos descubrimientos coinciden con los obtenidos en una investigación similar sobre prácticas religiosas cristianas y respuestas cerebrales a estímulos negativos.  Así, es posible que las prácticas de oración/religiosas tengan una universalidad transcultural en la regulación de las emociones.

Estos próximos días de encuentro interconfesional nos ofrecen muchas oportunidades de aprender los unos de los otros. Podemos avanzar en nuestra comprensión de las distintas creencias y prácticas espirituales, en sus propios términos y sin sobreponer unas a otras. Sin embargo, para una paz y armonías sostenibles en el mundo, no basta con la tolerancia, y ni siquiera con la comprensión mutua. Debemos intentar superar ambas para alcanzar la amistad y la fraternidad genuinas.

Una de las funciones del diálogo interconfesional es explorar las diferencias y afinidades entre religiones. Las diferencias son importantes, porque debemos saber en qué diferimos. Sin embargo, aunque avanzamos por distintos caminos, hay una gran base común por la que podemos andar juntos. Sobre esta base existen intrigantes puntos en común entre los caminos theravada y carmelita que merecen atención y explicación. Este encuentro nos permitirá ver que muchas de las cosas son importantes para las dos religiones. De modo que, seguramente, ambas tratan temas iguales o similares, solo que observados desde distintos ángulos.

La verdad y la bondad no son específicas de ninguna tradición, y cada una puede perfeccionarlas a su manera. Podemos reconocer lo que es bueno de otras religiones sin abandonar la propia fe. Seguro que podemos aprender los unos de los otros sin perder nunca nuestra propia identidad. Muchos budistas conocen la rica tradición contemplativa carmelita y aprecian profundamente el trabajo de santa Teresa de Ávila. Será beneficioso para los budistas aprender de las experiencias y el conocimiento de la tradición contemplativa carmelita.

Con la implicación mutua podremos cooperar. Nuestras dos tradiciones no tienen que coincidir en un mismo objetivo espiritual para trabajar juntas para el bien común. Existen muchas áreas donde podemos conectar y en las que, como buenos vecinos, podemos cooperar para aliviar el sufrimiento del mundo y promover el amor y la compasión fraternales. El objetivo es trabajar por un mundo más pacífico mediante la promoción de prácticas espirituales y la construcción de relaciones armoniosas. Esto nos beneficiará a todos.

El tema de nuestro encuentro interconfesional es «Meditación y contemplación: caminos hacia la paz». La auténtica paz no es solamente la ausencia de conflictos explícitos, implica armonía y la ausencia de odio y sufrimiento. Todo está interconectado y no puede haber paz en el mundo sin paz en el interior de las personas. A la vista de esto, nuestras dos tradiciones religiosas reconocen que la meditación y la contemplación son las herramientas más efectivas para abordar el odio, la codicia, el egoísmo y la ignorancia, las raíces del sufrimiento y la violencia. Por tanto, promover la meditación y la práctica contemplativa es promover la paz interior y la paz en el mundo.

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