Una perspectiva diferente acerca de la muerte

LILIÁN GARCÍA ESCALONA [i]

La muerte es un asunto que nos atañe a todos, pues nadie puede escapar a ella. La incomodidad y el dolor que genera pensar en la muerte hace que el ser humano evite acercarse y tratar de comprenderla, sin embargo, dicho entendimiento es necesario. Es vital que nos hagamos de las herramientas que nos permitan convivir con dicho fenómeno de la mejor manera posible. El budismo nos ayuda a promover una visión de la vida y de la muerte diferente a la perspectiva común, permitiéndonos entender que no hay razón para sufrir, ni siquiera en el momento más temido por el hombre.

Este artículo abordará cómo es que esta visión correcta, señalada y enseñada por el Buda a lo largo de su magisterio, nos permite deshacernos de la ilusión que nos hace sufrir y nos impide ver los fenómenos tal como son. Se aplicará este enfoque para analizar, específicamente, el fenómeno de la muerte, con la intención de mostrar cómo el entendimiento de dichas enseñanzas puede resultar de beneficio para sobrellevar dicho proceso, tanto por las personas que están cerca de dicho momento, como las personas a su alrededor.

Figura 1. Muerte del Buda Histórico (Nehan-zu), Periodo Kamakura (1185-1333), Pergamino colgante; tinta, color y oro sobre seda, 196.9 × 188.6 cm, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, https://www.metmuseum.org/art/collection/search/44841

Como se puede observar en la Figura 2, la mayoría de los seres presentes en la muerte del Buda se encuentran sufriendo (desde seguidores laicos y animales, hasta los mismos demonios): presentan un semblante sombrío y, en muchos casos, de llanto, lamento y desesperación. Por otro lado, si se presta atención, podrá uno percatarse de que en la imagen aparecen también otros seres (pocos) que mantienen un estado sereno. Y entonces, uno se puede preguntar: ¿quiénes son esos seres?, ¿cómo puede ser posible que exista alguien que no se entristezca ante la muerte?, ¿cómo es posible que alguien pueda mantener tal estado de serenidad ante un evento que, por lo que hemos vivido todos, puede ser de lo más desastroso y difícil de sobrellevar?

Figura 2. Muerte del Buda histórico (detalle).

De acuerdo con El sutra mahaparinirvana mahayana, [ii] entre los seres que acudieron a honrar al Buda en su lecho de muerte destacan unas bhikkhunis (monjas budistas) que no se lamentan ni sufren por los acontecimientos, sino todo lo contrario: en comparación con el resto de espectadores, ellas mantienen una actitud serena e inamovible (ver Figura 3). Dichas bhikkhunis son bodhisattvas que han practicado los cuatro estados inconmensurables de la mente (de bondad amorosa, compasión, alegría y ecuanimidad), logrando, con ello, adquirir un poder ilimitado.

Figura 3. Muerte del Buda histórico (detalle).

En la tradición mahayana, el término bodhisattva hace referencia a un ser determinado a alcanzar la iluminación con la finalidad de ayudar a todos los seres (Buswell and López, 2013, 134). Como lo describe El sutra mahaparinirvanamahayana, estas bodhisattvas destacan del resto porque han logrado completar las 10 fases del desarrollo bodhisattvico (es decir, han adquirido las virtudes de la generosidad, moralidad, paciencia, vigor, absorción meditativa y entendimiento de las Cuatro Nobles Verdades, visión directa del principio de la condicionalidad, la virtud de los medios hábiles, la virtud de la aspiración, de la fuerza y de la sabiduría), con lo cual han conseguido la capacidad de actuar bien en nombre del Buda.

¿Y qué es lo que han comprendido estas bodhisattvas acerca de la muerte?, ¿qué es lo que les permite mantener una actitud ecuánime ante la muerte del Buda? Para responder estas preguntas, haré uso de la metáfora que Thich Nh́ât Hạnh [iii] emplea para explicar por qué ver las cosas objetivamente permite no sufrir. [iv] La metáfora trata de un arroyo que quería alcanzar el mar lo más pronto posible y que no sabía cómo permanecer en paz en el momento presente. Entonces, se esfuerza por correr hacia abajo de la montaña, hasta que alcanza la llanura y se convierte en río. Como río, está forzado a ir más despacio, lo que hace que el agua que lleva se vuelva más quieta.

Como consecuencia de ello, en la superficie del río, ahora se pueden reflejar las nubes del cielo. El río, perdido en su ilusión, sigue a las nubes y se aferra a ellas. El río sufre, pues las nubes siempre se están moviendo y cambiando de forma; es decir, son pasajeras y no permanentes. Pero el río no comprende eso. Un día, hizo mucho viento y las nubes desaparecieron: el cielo quedó azul y vacío. El río, sintiéndose solo y sin comprender nada, lloró y lloró hasta que, por la noche, tras haber podido escuchar su propio llanto, tuvo una revelación que le permitió volver en sí: descubrió que él y las nubes eran, en realidad, uno mismo. Tanto él como las nubes eran agua y, como consecuencia, comprendió que no se tenía que aferrar a ellas.

Al siguiente día, cuando el río despertó y vio el cielo azul y despejado, notó que ese vacío que en algún momento le había producido tanta soledad, ahora era algo maravilloso y brillante para él. El azul del cielo se reflejaba en él y le permitía descubrir su libertad e inocencia: entendió que el vacío del cielo era el hogar de todas las nubes y que no podía haber nubes sin cielo. Tuvo entonces otra revelación: comprendió que la naturaleza del cielo es no-nacer y no-perecer. Eso le dio una gran tranquilidad. Anteriormente, el río solo podía ver el cambio, es decir, la vida y la muerte; pero ahora que había podido sentir el vacío del cielo, logró sentir la dicha de la ecuanimidad. Ya no se aferraba a ninguna nube, a todas las amaba por igual; sabía que volverían después de haber sido lluvia o nieve y también se sentía bien cuando no había ninguna nube en el cielo. El río era, por fin, libre y ya no tenía apuro por llegar al mar.

Una noche, la resplandeciente luna llena brilló hasta tocar las profundidades del río. Este, junto con la luna y el agua, meditaron juntos. El río disfrutó el momento presente en libertad: se había liberado del sufrimiento.

Las nociones de muerte y vida son solo eso: nociones, conceptos. Si uno se detiene a observar la realidad tal como es, se dará cuenta de que pensar en términos de «inicio» y «final» no es correcto: ¿dónde comienza y dónde termina «nuestra» vida?, ¿puede uno hablar en términos de «nuestra», es decir «mi» vida, «tú» vida?, ¿no es más correcto pensar que «todo» es, en realidad, solo «agua», como en la metáfora? Como menciona Thich Nh́ât Hạnh, dichas nociones evitan que seamos felices y, en su lugar, deberíamos esforzarnos por lograr ver los «ocho no-s»: no nacimiento, no muerte, no venir, no ir, no igual, no diferente, no ser, no no-ser (Nh́ât Hạnh 2002, 53).

Los bodhisattvas de la imagen no lloran porque pueden ver la muerte del Buda como no-muerte, es decir, como polvo que vuelve al polvo; agua que vuelve al mar. Han alcanzado la sabiduría que les permite discernir lo que es verdadero de lo que no lo es y, por lo tanto, no causarse a sí mismos sufrimiento, ni causar sufrimiento a otros seres. Solo una visión correcta nos permitirá deshacernos poco a poco de las cadenas que nos hacen daño. Soltarse de dichas ataduras es la verdadera libertad y la verdadera felicidad. Esa sabiduría nos permitirá entender que todo es impermanente, es decir, que lo natural es que las cosas surjan y también cesen, y que no hay vida ni muerte, sino solo diferentes apariencias de un proceso interdependiente.

Es por ello que la muerte del Buda es la no-muerte del Buda, sino su «fundición» con el cielo azul. Eso es lo que entienden los bodhisattvas y es por ello que no tienen razón para sufrir. El Buda enseñó que el cuerpo es una formación y, como tal, surge y cesa. En palabras de Ajahn Chah: «Todo este cuerpo se está degenerando constantemente y el Buda nos enseñó a ver que no nos pertenece. Es natural que el cuerpo sea así porque todos los fenómenos condicionados están sujetos al cambio […] Lo mismo ocurre con tus riquezas, tus posesiones y tu familia: todos son tuyos solo de nombre; en realidad no te pertenecen, pertenecen a la naturaleza» (Chah 2021, par. 8-9). [v]

¿Qué hacer entonces? Es necesario esforzarse para generar una visión correcta que nos permita observar las cosas como verdaderamente son. Para ello, es fundamental cultivar sabiduría. Ver los fenómenos con una visión correcta nos llevará por el camino gradual del cese del sufrimiento. Comienza por concentrarte en el aquí y en el ahora, no seas como el arroyo que tenía prisa por llegar al mar. Tú eres el mar. ¿Prisa para qué? Ya has llegado.

Referencias

Ajahn Chah. “Advice for Someone who is dying [Consejo para alguien que está muriendo]”, fecha de acceso febrero 27,2022, https://www.lionsroar.com/our-real-home-death/.

Buswell, Robert E., Jr, and Lopez, Donald S., Jr. The Princeton Dictionary of Buddhism. Princeton: Princeton University Press, 2013.

Muerte del Buda Histórico (Nehan-zu), Periodo Kamakura (1185-1333), Pergamino colgante; tinta, color y oro sobre seda, 196.9 × 188.6 cm, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York,https://www.metmuseum.org/art/collection/search/44841.

Nh́ât Hạnh. No Death, No Fear: Comforting Wisdom for Life. New York: Riverhead Books, 2002.

The Mahayana Mahaparinirvana-sutra [El Sutra Mahaparinirvana Mahayana]. Traducido por Kōshō Yamamoto. Ube, Japan: Karinbunko, 1973.


[i] Correo electrónico: [email protected]

[ii] Los sutras son un género literario peculiar de la India y característico de la literatura budista que consiste en discursos declarativos cortos, escritos en prosa y que han sido traducidos y entendidos como «aforismos». El sutra mahaparinirvana es un texto que narra los hechos que acontecieron en el momento de la muerte del Buda Sakyamuni; para más detalles se puede consultar The Mahayana Mahaparinirvana-sutra [El Sutra Mahaparinirvana Mahayana], trad. Kosho Yamamoto (Ube: Karinbunko, 1973).

[iii] Conocido como el «Padre de la atención consciente [mindfulness]», Thich Nh́ât Hạnh (Vietnam, 1926-2022) fue un monje budista, activista por la paz, escritor, poeta, profesor y fundador de la tradición «Villa del Ciruelo [Plum Village]».

[iv] Nh́ât Hạnh, No Death, No Fear (New York: Riverhead Books, 2002) 66-8. Para la versión en español de este libro, se recomienda ver Nh́ât Hạnh, La muerte es una ilusión. La superación definitiva del miedo a morir, trad. Núria Martí (Barcelona: Editorial Planeta, 2018).

[v] Texto original: “This whole body is steadily degenerating and the Buddha taught us to see that it doesn’t belong to us. It is natural for the body to be this way because all conditioned phenomena are subject to change […] It is the same with your wealth, your possessions, and your family—they are all yours only in name; they don’t really belong to you, they belong to nature.”


LILIÁN GARCÍA ESCALONA es licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cuenta con una maestría en Estudios Budistas por la Universidad de Hong Kong (HKU) y actualmente se encuentra cursando una maestría en Consejería Budista, también en HKU. Ha trabajado como profesora de chino mandarín en la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción de la UNAM y, así mismo, como traductora independiente de chino mandarín-español.

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