Recuerda la bondad que hay en ti. Segunda parte

VENERABLE KARMA TENPA

S.S. el Dalái Lama muchas veces ha dicho: «Mi religión es la bondad». Que esto nos inspire a asumir esta afirmación como propia, para que se exprese en nuestros pensamientos, palabras y obras. Este es el segundo artículo en el que hablo de esa bondad.

Puede leer la primera parte de este articulo aquí

Nuestro punto de partida

El hecho de que el Buda citara al sufrimiento como el primer punto cuando enunció las cuatro nobles verdades, en una mirada clara a las realidades de la vida, pone de manifiesto su presencia en nuestras existencias. También es verdad que experimentamos felicidad, amor, satisfacción por nuestros logros, divertidas risas con amigos y hasta la tibieza de una taza de té entre nuestras manos en una tarde de otoño. Pero cada uno de nosotros se enfrentará, antes o después, a las diversas formas de dolor y sufrimiento; la vida no se los ahorra a nadie.

Cuando se le preguntó al maestro, escritor y erudito budista estadounidense, nacido en Noruega, Gil Fronsdal cuál era su práctica respondió: «Me detengo para sufrir». Aquí es donde empieza el camino: enfrentarnos al sufrimiento en nosotros mismos y en los demás. Por lo tanto, es importante definirlo para abordarlo, explorarlo para comprenderlo y liberarnos, o al menos aliviarlo, a través de un método.

La palabra sánscrita duḥkha describe muchos matices del sufrimiento, pero es un término difícil de traducir porque, como describe Dokusho Villalba*, «no existe en ninguna lengua occidental un equivalente. Incluye las experiencias de malestar, descontento, desilusión, insatisfacción, sufrimiento, incomodidad, sed, carencia, dolor, intranquilidad, imperfección, conflicto, pesar, frustración, irritación, presión, agonía, ansiedad, tensión, angustia existencial… Se refiere a la experiencia de malestar general que acompaña a la existencia humana».

Pero Buda también afirma que nuestro sufrimiento puede terminar en una liberación completa. La base de esta afirmación es su experiencia personal y el hecho de que todos somos naturalmente capaces de una transformación radical, debido a lo que él llama la inmaculada pureza mental. Esto opera como un poderoso optimismo terapéutico o confianza fundamental en nuestro potencial y es una constante en todas las enseñanzas.

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Que nuestro desconcierto nos lleve al amor

Cuando la mente está esclavizada, la verdad se oculta y todo es turbio y confuso, el agobiante hábito de juzgar trae disgusto y desánimo (Seng-Tsán, Tercer patriarca chan).

Cuando nos encontramos tanto con las situaciones cotidianas menores como con los grandes temas, nuestros hábitos, expectativas y condicionamientos diversos encajan todo, a veces forzadamente, en un molde conocido. Así nos privamos de que los demás y la realidad nos sorprendan con todo aquello que no sabemos ver. «Porque nos cuesta pensar, juzgamos», decía Carl Jung.  

Recordad la bondad que hay en cada uno de nosotros nos invita a ir más allá del perímetro de identidad egocéntrica hasta encontrar que todo el amor, la bondad y la comprensión que necesitamos nos habita de forma latente en nuestra naturaleza búdica. Pero su expresión se encuentra obstaculizada por las emociones conflictivas y condicionantes, a las que las enseñanzas budistas llaman klesha, que significa veneno. Reduciéndolo todo a la fórmula más simple posible, hay tres primordiales: el aferramiento a lo que consideramos agradable, el rechazo a lo que consideramos desagradable o intimidante, y la ignorancia o la desconexión de lo que nos parece indiferente.

Los tres venenos, representados por un gallo, una serpiente y un cerdo, aparecen en el centro de una pintura llena de simbolismos llamada bhavachakra en sánscrito, la rueda de la vida, que representa el sufrimiento repetitivo de los seres.

Por ejemplo, con el apego, o avidez, tendemos a exagerar lo atractivo de algo y nos termina encandilando casi adictivamente. Y con la aversión exageramos lo desagradable y buscamos a toda costa evitarlo. En el caso de la ignorancia, hoy nuevas voces dicen que la evasión o evitación vivencial es nuestra respuesta de huida más radical. Pero lo que señala el budismo es el error activo de la mente que desconoce que todos los objetos materiales e inmateriales carecen de identidad inherentemente propia. «Estas tendencias no siempre son muy evidentes, la mayor parte del tiempo operan por debajo de la consciencia, disparándose y ‘cableándose’ calladamente… Tu cerebro simula el mundo: todos vivimos en una realidad virtual que se parece lo suficiente al mundo real para que no tropecemos con el mobiliario» **

La normalización del sufrimiento

Si repasamos los matices enunciados más arriba de dukkha encontraremos que a muchos de ellos nos hemos ido adaptando, es más, como dice Gabor Mate los hemos «normalizado» de tal manera que se convierten en suficientemente normales para que no lo detecte nuestro radar. ***

David Foster Wallace, artista de la palabra, escritor y ensayista, abrió un discurso con una parábola jocosa que ilustra muy bien el problema de la normalidad: dos peces se cruzan con un anciano de su especie, que los saluda alegremente: «Buenos días, muchachos. ¿Qué tal está el agua?». Y los dos pececillos siguen nadando un rato, hasta que uno mira al otro y le pregunta: «¿Qué demonios es el agua?».

Hemos normalizado el sufrimiento vital y también lo hemos hecho con lo poco que reposamos en el amor, haciéndolo fluir de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro. Me animo a decir que necesitamos un vocabulario suplementario, personal y social, que realce la importancia del amor, que nos acerque a la voluntad de extender nuestras fronteras personales para favorecer el crecimiento espiritual de uno mismo y el de otra persona. Parafraseando al psiquiatra estadounidense M. Scott Peck, no nos sintamos obligados a amar, mejor elijamos hacerlo. Al amor lo acompaña la voluntad, que comprende tanto una intención como un acto. Ambas cosas implican una elección ética y virtuosa que acompañen a las realidades de nuestros tiempos globales.

El riesgo de amar

Uno de los cuatro pensamientos inconmensurables es el amor benevolente, maitrī o mettā en sánscrito y pali respectivamente. Se lo define como una cualidad de la mente que se expresa en forma de comportamiento y que es capaz de materializar nuestro anhelo de que los demás estén bien y felices. Los tres restantes son la compasión, la alegría y la ecuanimidad.

Shantideva, (India, 687-763 d. C.), un extraordinario erudito y maestro de meditación, cuya magnífica obra el Boddhicharyavatara es una fuente de estudio e inspiración constante, los definía como la bodhicitta absoluta que se expresaban en la bodhicitta relativa a través de las seis pāramitās (generosidad, paciencia, diligencia, ética, atención plena y sabiduría).

Las enseñanzas budistas y sus prácticas nos ayudan a relacionarnos compasiva y sabiamente con nosotros mismos, a aceptar el lugar donde nos encontramos y a ensayar la posibilidad una y otra vez de auto regularnos y acompañarnos en los vaivenes del miedo y la esperanza. Desde esta confianza, arriesguémonos a amar, a amar sin más.

Por ejemplo, si asumimos el riesgo de aprender a amar al fracaso, no nos condenaremos por sus resultados. Amemos nuestro sentido del ridículo y seremos libres de la tiranía de la perfección. Es riesgoso aprender a amar un verbo encendido que señale las injusticias y ser realmente innovador porque lo disruptivo es ser humilde. Amemos nuestras imperfecciones y la de los demás y no nos angustiaremos por ellas. Asumamos el riesgo de amar al éxito, en vez de desearlo ansiosamente, para que si no llega no caigamos en la falta de valía.

Como dice Tara Brach, «la construcción de un verdadero sentido de confianza en uno mismo deriva de establecer contacto con las partes más profundas de nuestro ser, como la verdad de nuestro amor, aunque a veces actuemos de modos que no nos gustan. Entonces, atrevámonos a amarnos y a amar». ****

En definitiva, atrevámonos a amar, porque el precio que pagaremos por no hacerlo será el de una vida sin sentido. ¿Deseamos una vida así?

Bibliografía

* Dokusho Villalba Atención plena, Editorial Kairós. Barcelona, 2019. Edición Kindle p. 35

** Rick Hanson El cerebro de Buda. Editorial Milrazones, España 2011 p. 33

*** Gabor Mate El mito de la normalidad. Editorial Tendencias, España 2023, Edición Kindle p 17

**** Tara Brach. Compasión radical. Editorial Urano, España 2021, Edición Kindle.

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Venerable Karma Tenpa es un monje budista, argentino, residente en España. En el año 2007, recibió de parte de S. E. Situ Rimpoche la ordenación de guelong (monje completamente ordenado). Como Instructor imparte enseñanzas en varios Centros budistas y ofrece enseñanzas sobre filosofía budista y meditación en diversos ámbitos colaborando con profesionales de la psicología y neurociencia. Participa en la formación de voluntarios en el acompañamiento espiritual en el proceso de morir en la Fundación Metta Hospice (https://fundacionmetta.org/)

Fundador de la Comunidad virtual “Bienvenido a tu mente”, desde donde ofrece programas de formación filosófica y prácticas meditativas en atención plena y compasión basadas en la tradición budista y las ciencias contemporáneas

También gestiona el programa Creciendo en Nepal, cuya actividad se centra en recaudar fondos para dos hogares de acogida para menores en Katmandú.