El sueño de una utopía (I): Las Tierras Puras en el budismo mahayana

FEDERICO ANDINO

Nuestro artículo anterior (El espejo de Yama) trataba sobre como una sociedad budista podría funcionar, desde el punto de vista económico. Por supuesto, es una situación que hoy en día no se puede ver en el mundo. Ningún país que se denomine a sí mismo budista tiene esas características, siendo la mayor parte de corte libremercadista.

Pero esta situación no es nueva; desde el comienzo histórico del budismo ninguna sociedad pudo implementar un sistema puramente de acuerdo con los lineamientos del Dharma. ¿Cómo podría serlo una sociedad dónde el poder está concentrado en reyes, por ejemplo? Lo que ha existido, desde el comienzo del mahayana, es una serie de visiones y de expresiones que son englobadas bajo el término de «Tierra Pura» (en sánscrito buddhakṣetra, literalmente «campo búdico») como expresiones de lugares dónde existe una posible sociedad dhármica.

El Palacio de Potala. Fuente: Wikimedia Commons

Las primeras Tierras Puras fueron asociadas a lugares donde el Buda había dado discursos importantes, como el Pico de los Buitres, o Sarnath, en la India. En estos lugares, por lo menos por un tiempo, existió una sociedad dhármica, según los textos budistas. Pero con el paso del tiempo y la aparición de los bodhisattvas como característica de esa corriente, empezaron a surgir nuevas tierras.

Estas tierras eran el resultado de los votos que un bodhisattva tomaba en su entrenamiento, para ayudar a todos los seres sin excepción. Esencialmente, son lugares dónde los componentes económicos y sociales (tratados en el artículo previo) surgen por medio de la intervención del bodhisattva en cuestión, llamado en ese contexto el dharmodaya («la fuente de Dharma») quién genera y da forma a la tierra en sí. Todos los detalles de esa tierra están de acuerdo con la voluntad de su dharmodaya, desde los seres que la habitan hasta la forma en que el tiempo pasa en ella. Estas tierras no son consideradas parte del nirvana, sino que se encuentran aún en samsara; pero es una versión de samsara dónde las características socioeconómicas están determinadas por un bodhisattva o un buda, por lo cual el entrenamiento en el Dharma se facilita especialmente. En algunas Tierras Puras existen sistemas más complejos que en otras; kapala, por ejemplo, tiene un gobierno formal, lo que no existe en sukhavati. Pero todas están pensadas para facilitar el proceso de entrenamiento.

Amitabha en el paraíso de Sukhavati. Fuente: Wikimedia Commons

Esta modalidad, si bien es poco conocida en los países americanos y europeos, es la principal modalidad budista del mundo, si de números hablamos. Más budistas asiáticos se reconocen devotos de alguna de las Tierras Puras que de cualquier otro sistema.

En un principio, las escuelas de las Tierras Puras tendían a enfatizar la devoción y el comportamiento moral para, tras la muerte del practicante, renacer con un nuevo cuerpo en esas tierras. De esa forma, podrían rápidamente entrenarse y alcanzar la budeidad. Constituían una forma de preIluminación, dado que una vez que alguien renacía en esas tierras rápidamente la alcanzaría. Pero con el paso del tiempo, empezó a surgir una nueva modalidad de acceder a las Tierras Puras: mediante la meditación y la visualización, los practicantes podrían visitar esas Tierras para aprender, aún estando vivos. Esta innovación permitió una revolución visionaria: de ser un paraíso tras la muerte, las Tierras Puras comenzaron a ser algo alcanzable por cualquier practicante en vida. Maestros como Shinran hicieron popular la devoción a las Tierras Puras, especialmente la Tierra Pura del Buda Amitabha.

Pero como los practicantes varían, existían múltiples Tierras Puras. Amitabha genera la Tierra llamada sukhavati, probablemente la más popular, pero tierras como abhirati del Buda Akshobya, o akanishta del Buda Vairocana aparecen. Entonces, surge en el mahayana tardío un concepto cósmico de iluminación: los practicantes devotos, tras su muerte, empiezan un largo periplo de Tierra Pura a Tierra Pura, viajando entre los mundos, aprendiendo de todos los budas y culminan, tras tres largos eones, en transformarse en budas plenamente iluminados en la tierra de akanishta bajo la guía de Buda Vairocana.

El Buda Akshobya y el reino de Abhirati. Fuente: Wikimedia Commons

A esta concepción del viaje cósmico el tantrismo le puso su propio sello: las Tierras Puras tántricas ya no requieren eones. Uno puede viajar a ellas en vida, mediante la meditación, pero también puede uno encontrarlas en esta tierra. Reinos como el de shambhala, en Asia Central dónde el Buda Kalachakra preside en la ciudad-capital de kalapaestán tan descriptos en la literatura tántrica que mapas literales para viajeros pueden ser leídos. Otras tierras, como zangdok parli, del maestro Padmasambhava se hallan en nuestro mundo. Muchos académicos la han situado en Madagascar, dónde, mediante contactos con el imperio tántrico de Sri Vijaya, el vajrayana llegó en el siglo XI de la era común.

Los 25 reyes de Shambhala. Fuente: Wikimedia Commons

Por supuesto, el vajrayana deja su importa en las Tierras Puras. La Tierra Pura de zangdok parli es un reflejo del carácter más salvaje de Padmasambhava: está rodeada de rakshasas, demonios carnívoros y en su centro, orgías tántricas se suceden sin parar. Shambhala tampoco es un lugar necesariamente pacífico: cuenta con un ejército organizado que, en el año 2422 o 2424 (según la cronología que uno utilice) volverá a surgir de ese reino y conquistará el mundo, llegando a ocupar militarme a la ciudad de Jerusalén para convertir a todos al budismo y de esa forma instaurar la utopía por un tiempo, hasta su desaparición. Siendo parte de samsara, las Tierras Puras también tienen fecha de vencimiento, como el mundo y el cosmos mismo.

Existe también un tercer tipo de Tierra Pura llamado beyul. Estos son sitios liminares, dónde la diferencia entre nuestro mundo y las Tierras Búdicas son más débiles. En los beyuls del Himalaya, Padmasambhava ató a diferentes espíritus para permitirles a practicantes recibir enseñanzas de los Budas de forma más fácil. Pero no solo en el ámbito geográfico de Asia Central se pueden encontrar; según el vajrayana, el mundo está lleno de estos lugares dónde el tránsito entre el mundo corriente y las Tierras Puras conlleva menos esfuerzo.

Habiendo repasado brevemente los diferentes tipos de Tierras Puras, uno podría preguntarse ¿cuál es la función de estas en relación con los practicantes? En nuestra opinión, podemos pensar esta respuesta en base a varias dimensiones:

En primer lugar, nos parece interesante notar que las Tierras Puras son un foco en la interdependencia de factores externos e internos en la práctica. Lejos de la idea de que un practicante simplemente puede decidir iluminarse y lograrlo sin esfuerzo, las Tierras Puras refuerzan la necesidad de alinear los factores socioculturales a la búsqueda de la iluminación. Aún el gran ejemplo de un practicante tomando ese voto que se puede encontrar en todos los budismos, el Buda Shakyamuni, lo logró mediante un gran esfuerzo (casi muere en su búsqueda) y, por otro lado, los factores kármicos que le habían dado la posibilidad de hacerlo. No nos parece menor que las Tierras Puras nombren en sus textos muchos de los Jatakas (las historias de las vidas previas de quién sería el Buda Shakyamuni) como forma de mostrar que nació en el momento adecuado para iluminarse, con los recursos suficientes. Si hubiera nacido en otra era o aún en la misma en otra situación, no es seguro que pudiese alcanzar la iluminación.

En un segundo lugar, nos parece que las Tierras Puras sirven como modelo para una sociedad budista. Una de las críticas más recurrentes frente a cualquier proyecto utópico es: ¿cómo sería eso en el mundo real? Las Tierras Puras ofrecen un mapa para pensar una sociedad realmente budista. Nos parece interesante que el Dalai Lama, por ejemplo, haya llamado a su palacio potala, el nombre de la Tierra Pura del bodhisattva Avalokitesvara.

Avalokiteshvara. Fuente: Wikimedia Commons

En tercer y último lugar, la Tierra Pura remarca el carácter colectivista de la Iluminación mahayana. Una visión individualista del entrenamiento podría posicionar a un Buda, totalmente iluminado, enseñando su camino a los seres. Pero la forma de enseñanza en las Tierras Puras es una forma colectiva, es un vivir en una sociedad (ideal, por cierto, pero sociedad al fin) dónde todos los esfuerzos son puestos para el bien común de la Iluminación.

Por estas razones, creemos que las Tierras Puras son parte vital de la tradición mahayana; más allá del simple hecho que de son la tradición mahayana para los millones de budistas que confían en ellas, nos parece que es el momento de repensar su papel en la transmisión del Dharma en Occidente y reflexionar que quizás la falta de énfasis en su enseñanza corresponde al corte generalmente más individualista mediante el cual el Dharma es transmitido en Europa y las Américas.

Referencias:

Jones, C. B. (2021). Pure Land: History, Tradition, and Practice. Shambhala.

Sopa, G. L., & Jackson, R. R. (1991). The Wheel of Time: Kalachakra in Context. Snow Lion.

The Three Pure Land Sutras: Revised Edition (H. Inagaki & H. Stewart, Trans.; 2nd Revised ed. edition). (2006). BDK America. 

Para acceder a la segunda parte de este articulo aquí

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Federico Andino es profesor e investigador de la Universidad del Salvador, Departamento de Estudios Tibetanos. Enseña Filosofía Budista, Estudios Tibetanos y Tibetano. Es el maestro de la tradición Palden Sakya del budismo tibetano y director ejecutivo de la Fundación Internacional de Archivos Sakya.

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