Sobre las emociones y el Dharma: ponte de tu parte

VENERABLE KARMA TENPA

Cuando hablamos de emociones, ¿de qué hablamos? y ¿qué conocemos de ellas? Es un tema muy interesante que a mi entender necesita un acercamiento multidisciplinar, metódico y reflexivo antes que la pronta censura y crítica habitual. Un enfoque que colabore al desarrollo de una provechosa gestión de algo que nos ocurre todo el tiempo: emocionarnos.  ¿Y por qué ocurre esto? La emoción es un proceso automático modelado por nuestro recorrido evolutivo y «sazonado» por nuestra historia personal. Nos da a entender nuestro estado de ánimo frente a la situación y nos orienta hacia la adaptación de una circunstancia en particular y genera reacciones fisiológicas, psicológicas o conductuales. Pero ese proceso, mucho más complejo que estas pocas citas, no siempre escoge la mejor opción.

«La mayor parte del tiempo—y en el caso de algunas personas siempre—las emociones nos prestan un valioso servicio al hacer que nos ocupemos de lo que es realmente importante en la vida y nos proporcionan placeres de muy distinto tipo. Sin embargo, a veces nos meten en líos. Ello sucede cuando nuestras reacciones emocionales resultan inadecuadas…» (Paul Ekman, 2013).

Hay cierta inercia de resaltar más esto último, lo problemático, que el aporte beneficioso de las emociones. Muchos practicantes budistas valoran las emociones como algo negativas en sí mismas y creen que la propuesta budista es su represión y anulación. He escuchado tantas veces «yo y mis emociones», o «yo y mi ego», con un tono culposo que hace pensar en un «budismo punitivo» que señala con un dedo acusador.

Tal vez esta suerte de «mala prensa» que tienen las emociones sea tributaria de ideas que durante muchos siglos primaron en nuestras sociedades, la prevalencia de la razón sobre las emociones. Por ejemplo, Platón afirmaba que las emociones eran caballos salvajes que tenían que ser refrenados por el intelecto. Descartes nos dejó el famoso «pienso, luego existo», situando claramente la preeminencia del intelecto sobre lo emocional. Y Pascal recordaba la inteligencia de las emociones diciendo que «el corazón tiene razones que la razón no entiende». Y en nuestros días escuchamos, tanto, «confía en tus sentimientos» como «eres demasiado emocional, tienes que ser razonable y controlarte». Ha permeado la idea de que la «manera correcta» ante los peligros de la supuesta pérdida de control emocional es ser razonable y reprimido.

Pero las emociones nos preparan para la acción en lo adaptativo, lo social y lo motivacional entre sus funciones más importantes y también nos despiertan cuando las hojas aplauden al viento y cuando la enfermedad se convierte en sanación. Nos llevan a contemplar obras bellas y magníficas, antes que se encojan en la oscuridad, una y otra vez hasta curar nuestros ojos rasgados por el dolor. Definitivamente, una vida sin emociones sería una vida plana desabrida, como un refresco sin burbujas.

Cuatro emociones básicas. Fuente: https://psicologiaymente.com/psicologia/emociones-basicas-cuatro-seis

Dharma y emociones

El budismo, como extraordinaria ciencia de la mente, tiene mucho que aportar en este tema. Nos anima a investigar la realidad que percibimos porque refleja nuestro propio estado de conciencia, y jamás podemos explorar la realidad sin hacer al mismo tiempo una exploración de nosotros mismos, no sólo porque somos parte de esa realidad, sino también porque creamos esa realidad que exploramos.

Una de las razones fundamentales de la incomodidad, dolor y frustración que a veces nos causan las emociones es que muchas veces la reactividad que impulsan tiene muy poco sentido en nuestra vida moderna, si las consideramos a la luz del recorrido evolutivo de nuestra especie, que antepuso la seguridad contra la amenaza, la reproducción ante la extinción y el individuo y su grupo ante lo demás.

Sin embargo, si conocemos más acerca de ellas—y hoy las ciencias contemporáneas aportan mucho sobre el conocimiento de los procesos neurofisiológicos y cognitivos—podremos conectarnos a fondo y plenamente con las emociones. Así, dejarán de ser un problema de vivencia interna y de manifestación externa. Tendremos un contacto tan estrecho con ellas que se hará transparente hasta diluirse, la guerra entre nosotros y las emociones, nosotros y nuestras proyecciones, nosotros y el mundo exterior.

“El Equilibrio Balance”de Christian Schloe. Fuente: https://www.facebook.com/ChristianSchloeDigitalArt

Una batalla sin sentido

Una manera poco amable y menos eficiente de gestionar la expresión desadaptativa de la emoción, enojo, incertidumbre, agitación, etc. es batallar contra ella; es una causa perdida por la simple razón de que la energía del combate es la misma que la del conflicto. Un incendio no se apaga con gasolina.

No hay flor que no haya nacido de una semilla, ni semilla que no haya germinado en la fértil generosidad de la tierra, cobijada luego por el espacio que la alberga y el cielo que le cubre. De manera similar, y metafórica, así lo hizo a diario el Buda en todos sus años previos al florecer de su interior más profundo. La tierra sostuvo su búsqueda, el espacio albergó todo su sentir y el cielo fue un ecuánime testigo.

En sus momentos previos a la liberación final Mara, el «demonio», hoy diríamos neurosis, le amenazó primero y sedujo después, como lo hacen con nosotros el miedo y la esperanza. Pero el Buda confió permanecer sobre la tierra, la base, dando espacio al rechazo y al aferramiento, el camino, y siendo testigo del devenir, como el cielo, el resultado. Así se liberó de las ataduras de la dualidad que nos separa de nosotros mismos y de los demás, que hace surgir el agravio o el desprecio como también, es justo decirlo, el amor y la solidaridad, pero que no suele ir más allá de nuestras preferencias.

Aprendiendo de la naturaleza

Hace millones de años, los organismos unicelulares iniciaron un proceso de colaboración que alentó el desarrollo de una nueva forma de vida. El cambio tan notable fue el énfasis de la competición a la cooperación, encontraron un punto intermedio perfecto entre competición y cooperación. De este ejemplo, al que seguramente lo empobrezco con lo extremo de la síntesis, me valgo como metáfora para explorar la tensión emocional que no siempre se resuelve bien cuando se plantea en términos aceptación o rechazo. Esta hipotética frontera cuándo es permeable a la tensión y al conflicto contribuye a negociar la resolución a través de la cooperación y el entendimiento. Así se entiende porque se siente lo que se siente y nace la superación desde el aprendizaje.

La tristeza puede ser una invitación a repensarnos y de allí puede surgir la alegría de ser artífices de nuestros cambios. El enojo ante la arbitrariedad engendra la calma de sentirnos coherentes con nuestros principios y del amor la energía para el compromiso equilibrado entre lo individual y lo colectivo.

Ponte de tu parte

Toda la enseñanza y los medios hábiles del budismo, habitualmente llamados «práctica», tienen el cometido de ponerse de tu lado. Muestran que la emocionalidad puede ser conflictiva pero que siempre es condicionada y, por lo tanto, temporal y maleable. No te señala como el hacedor único y responsable de la confusión emocional, sino que te ayuda a hacerte responsable y observar cuáles son las causas que te llevan hacia la felicidad y cuáles son las causas que te llevan hacia el dolor. Y esto es un enorme empoderamiento, por eso el Dharma está de tu lado, falta que tú te pongas también de tu lado.

Indica como generar nuevos modos de prestar atención para integrar los ritmos propios de la vida, acoger la conflictividad y descubrir la vivencia interior de la confianza en las cualidades más nobles del auténtico corazón. Se descubre, así, una hospitalaria acogida donde reposar amistosamente junto a la ira, la insatisfacción o la tristeza.

Jean Louis Corby - escultura, bronce. Fuente: https://www.pinterest.com/nevilazaimi/jean-louis-corby-sculptures/

Y ahora, renuncia

Pero, ¿a qué se renuncia? Antes es necesario precisar a que no se renuncia; no se renuncia a amar, ni a la sociedad, ni al desarrollo personal, ni a la familia ni a los amigos, ¡ni siquiera al deporte! Se renuncia a la mentalidad de pobreza que repite una y otra vez que no puedes, que eres así, que las emociones son más fuertes que tú. Se renuncia a la pereza emocional de trabajar con uno mismo que se esconde tras la culpa, cuando se dice «es que…yo y mis emociones», o «yo y mi ego».

Reposa en la atención plena como un medio fiable donde renunciar. Con ello se cultiva un claro discernimiento y se ejercita una mente fuerte y valerosamente compasiva, que ve el sufrimiento y sus causas, que es capaz de transformarlas desde su pureza y al mismo tiempo abre la puerta hacia la empatía benevolente, hacia la compasión. Cuando entiendes tu relación con las emociones entiendes la relación con las emociones de los demás, cuando entiendes tu dolor comprendes el dolor de los demás disolviendo la ilusión de la dolorosa separación.

«En última instancia, la felicidad se reduce a elegir entre la molestia que supone tomar conciencia de nuestras aflicciones mentales o la molestia de ser gobernados y dirigidos por ellas» Mingyur Rinpoché.

Referencias:

Paul Ekman, El rostro de las emociones. (RBA Bolsillo, 2013) Edición de Kindle, posición 428,

Leslie Greenberg, Emociones: una interna (Desclée de Brouwer, 2008), pág. 33.

Tara Brach, Aceptación radical. Abrazando tu vida con el corazón de un Buda (Gaia Ediciones, 2014), Edición de Kindle, posición 3172,

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