Presencia del budismo en Cuba

Eduardo Francisco Freyre Roach

Este artículo es parte de nuestra edición especial sobre el budismo en los paises de habla hispana.

Inmigrantes chinos contratados por España en el siglo XIX creían en Kwan Kong y el «Buda gordo». Es usual que los feligreses de un país perciban «aires de familia» entre otras creencias y las suyas. Este es el caso en Cuba con la creencia en Kwan Kong y el «Buda gordo» de los inmigrantes chinos. Un cubano católico o yoruba (santero) diría: ¡Ah, compadre!, Kong es Sanfancón, Santa Barbara o el Orisha Shangó. El «Buda gordo», no obstante, ni es un santo, ni es Orisha. Si le vendieron una figura de «un Buda» que no es un chino, ni gordito, ni calvo, ni con la barriga al aire libre y sonriente, hagan que le devuelvan su dinero.

Obsérvese que estamos ante dos mentalidades distintas en la comprensión para un cubano de estas creencias religiosas: la creencia per se, y su incorporación a nuestro folclor religioso cubano. Ahora bien, suele decirse que muchos cubanos confunden al«Buda gordo» con el Buda Gautama. Tal aseveración es incorrecta si la aplicamos al caso de una persona que conoce bien la distinción. Pero aun suponiendo que exista tal yuxtaposición, hay que remontarse a su origen.

Estatuilla en porcelana de Budai. Fotografía cortesía del autor
Estatuilla en porcelana de Budai. Fotografía cortesía del autor

Sabido es que los budistas mahayana veneran no solo al Buda histórico, sino también a otros budas, bodhisattvas, etc. El monje mahayana hace voto de bodhisattva-bodhicitta de buscar la budeidad, es decir, convertirse en un buda. En la China del siglo VI, el budismo mahayana se adapta el taoísmo, o viceversa, resultando el budismo chan y otras tradiciones. Justamente este es el contexto histórico, doctrinal e institucional de donde viene la creencia en el «Buda gordo». Al «Buda gordo» en el chan lo llaman monje Budai, o Pu-Tai, o Qieci, o lohan (arahant) Angida. En Japón, el budismo chan se llama zen, y Budai apunta al monje Hotei, Budaishi o Miroku.

Preste atención a que entre los seguidores del budismo chan/zen hay quienes ven a Budai o Hotei como la representación o encarnación del bodhisattva Maitreya, que una vez que sea un buda será el sucesor de Buda Gautama, y revitalizará el Dharma.  Por cierto, esta profecía se remonta al Canon pali, donde aparece como el arahant Metteyya.

¿Son Budai y Maitreya reales o no? ¿Es la profecía de Maitreya escatológica o apocalíptica? ¿Importada, interpolada o apócrifa? ¡No importa! Lo relevante es que entre los inmigrantes chinos—portadores del espíritu mahayana chan y del taoísmo—había quienes conservaron y diseminaron su creencia en el Buda y aún hay quienes aún desconocen que Budai no es el Buda Gautama y que, en cambio, es Maitreya. La homofonía Budai-Buda como causa de la supuesta confusión, en el mejor de los casos, hay que relegarla a un segundo plano.

Budai, Montana Xuedou, Zhejiang, China. Fuente: archive.shine.cn

Por toda Asia, a Budai se le identifica con algún monje local, por ejemplo, en el budismo theravāda tailandés, se le identifica con el monje Sangkachai, pero también con Metteyya. Quien, como yo, no conoce las diferencias iconográficas entre ellos, puede caer fácilmente en la trampa de confundirlos. Además, las leyendas son distintas.

Maitreya, Gandhara, siglo II. Fuente: wikipedia.org

Por ejemplo, se dice que Budai era un Don Juan que se engorda, empeñado en ser monje y estar fuera del alcance de las mujeres. En otras fuentes, se afea para que no lo confundan con Gautama. No es difícil darse cuenta de que el emparentamiento entre Budai y el monje Sangkachai es un caso de confluencias creencias en el interior del budismo, o entre tradiciones budistas. En Cuba, el caso de Kwan Kong es parecido, pero diferente en cuanto a que se le cristianiza y se le africaniza.

En Cuba, si notan que has engordado, o eres alegre y ecuánime, te podrían decir: ¡Eres un Buda!, lo cual indica un complemento mahayana chino incrustado en nuestra idiosincrasia espiritual secular y religiosa. Pedirle la buena suerte al Budai no parece muy budista que digamos, a la luz de que el Buda censura a quienes se ganan la vida presagiando el futuro, alimentando la superstición, la fe ciega, un determinismo absolutista, o un indeterminismo o a-causalismo que desafía la «ley del karma». Mas bien se plantea que la suerte de una persona, es decir, el grado de iluminación que alcanza o pierde, es directamente proporcional a sus acciones nobles (kusala-karma) o innobles (akusala karma) en esta u otra vida. Un augurio es capaz de hacerlo quien tiene una mente entrenada en el Dharma. Empero, entre los budistas hay muchos cuya creencia en el Budai no corre en ese sentido.

Ahora veamos la presencia budista en Cuba desde un ángulo convencional. Tradicionalmente, en Cuba sobresalen los devotos cristianos y de religiones de origen africano. Hoy en día, aunque in crescendo, los budistas aun apenas representan el 0,05 % de la población.  No obstante, en todos los tiempos ha habido cubanos que, sin identificarse como budistas, ven al Buda y el budismo con buenos ojos, por ejemplo, nuestro gran José Martí (1853-1895).

En Un paseo por elpaís de los anamitas, Martí describe al Buda como «hombre de carne y hueso», honrado, de infinita compasión, pero que después de su muerte “el rey vio poder en lo que decía”. Hay consenso en que tal imagen histórica y moral, pero también económica y política, del Buda y el budismo, contrasta con la de autores clásicos de habla hispana. Tratándose del budismo mahayana, la descripción de Martí podría apuntar al Buda Gautama, o algún bodhisattva o buda, en tiempo de las dinastías donde el budismo fuera religión oficial de los regímenes monárquicos.

Dando un salto en tiempo, hay escritores cubanos como Severo Sarduy (1937-1993), o pintores como Zaida del Río, Alexander Hernández, Rubén Fuentes, Tomás Sánchez y Leandro Soto (budista de la escuela soto zen), y el danzarín Carlos Acosta, que se inspiran en el budismo para tratar temas de Cuba, y combinan elementos del budismo con el folclor religioso cubano.

rabados de Alexander Hernández. © Alexander Hernández
rabados de Alexander Hernández. © Alexander Hernández
rabados de Alexander Hernández. © Alexander Hernández

Grabados de Alexander Hernández.© Alexander Hernández

Están también apareciendo estudios que proyectan imágenes positivas del budismo. Cito, por ejemplo, los que viene realizando el filósofo Gustavo Pita Céspedes sobre pensamiento samurái (bushi) y la obra del filósofo zen japonés Nishida Kitarō (1870-1951); los de Giraldo Rodríguez Plascencia, sobre el budismo Nichiren Daishonin (1222-1282) y la Sokka Gakkai en Cuba; y, en mi propio caso, sobre las confluencias entre los budismos y Ludgwig Wittgenstein (1889-1951).

¡Sanghas a babor!, es la expresión que se me ocurre al observar la entrada en la escena religiosa de nuevos ciudadanos conversos budistas y de aquellos que practican el budismo no solo en lo personal, sino que también se reconocen como miembros de una determinada organización.

Ni hablar de esto antes de finales de 1980, sobre todo porque el Estado, cuya ideología oficial es el marxismo-leninismo, promovía el «ateísmo científico». En esta coyuntura, se aplaude el budismo porque se opone al régimen de castas bendecido por el brahmanismo, pero, al mismo tiempo, se le reprocha compartir las limitaciones gnoseológicas y políticas de todas las religiones. Por último, el Estado venía cautelando que las organizaciones religiosas, fraternales, y las ONGs se prestaran a jugar el papel subversivo de Caballo de Troya del Gobierno de los Estados Unidos y sus aliados cubanos dentro y fuera de Cuba.

La década de 1990 ya trae «harina de otro costal». Entre otras razones, el socialismo en Europa y la URSS colapsa. Cuba pierde sus aliados. Al unísono, sube el voltaje del bloqueo económico que Estados Unidos impuso a Cuba en 1961. Comenzamos a vivir un periodo de crisis y urgencia no solo económica sino también social y espiritual.

El Gobierno introduce reformas y otras buenas nuevas para las religiones. La nueva Constitución, aprobada en el 2002, y ratificada en el 2019, refleja un cambio aperturista en la agenda ideológica, política y educativa del Gobierno respecto a la religión y, sobre todo, el ateísmo le cede el paso al laicismo. El auge del turismo, la flexibilización de la política migratoria, y el progresivo acceso a Internet, propician el contacto de los cubanos con religiosos budistas dentro y fuera de Cuba. En estas circunstancias soplan vientos de respeto, reconocimiento y garantías a las diferencias, no solo en economía, educación, ciencia y arte, sino también en religión. Y, con ello, viene la reanimación y diversificación religiosa.

Es en este contexto que, en 1996, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz (1926-2016), vestido no de traje militar, sino de cuello y corbata, conversa con Daisaku Ikeda, presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI), que, en el 2007, y por diversas razones, se convierte en aquel momento en la primera y única organización budista con reconocimiento oficial en Cuba.

Encuentro de Fidel Castro y Daisaku Ikeda en la Habana. © Seikyo Shimbun

Pero esto no significa la SGI acapare el panorama de la presencia budista en la Isla. Estudios sobre las religiones en Cuba indican la presencia del budismo en el país incluso antes de los años 1990. Así, en agrupaciones que no son exclusivamente budistas como, por ejemplo, en las asociaciones de teosofía y yoga, y entre grupos New Age y de Reiki, Meditación Trascendental, Tai Chi y Qigong.

La presencia budista en Cuba existe también en grupos que practican zazen (meditación sentada zen) y que hoy en día están afiliados al Centro de Dojo Zen de la Habana, fundado en 1996 por Kosen Thibaut, promotor en Cuba y otros países de la tradición del zen soto de Taisen Deshimaro. Y comienzan a oírse las voces de quienes practican budismo vajrayana, o el vipassanā de Goenka.

No faltan también aquellos cuya identidad budista es difusa. Este distanciamiento puede darsepor cierto temor, o por guardar distancia con el sectarismo religioso, percibiendo el budismo no como una religión sino como camino espiritual personal.

Concluyendo, una pista de la presencia del budismo en Cuba es la creencia popular mahayana en el «Buda gordo». No importa si un cubano, al invocarlo, no sepa ni del Buda Gautama, ni los diversos budismos, ni mucho menos que sea o no sea budista, sino que esa creencia complementa nuestro folclor espiritual, tanto religioso como secular. Por eso, si a un cubano le dices que el budismo es pesimista, lo más probable es que arrugue el ceño o apriete los labios.

Hoy en día se dan condiciones favorables para que en el panorama religioso actual en Cuba concurran los diversos budismos y los cubanos budistas sean más visibles y más escuchados, incluso más allá sus organizaciones.

Como en Cuba el budismo se entremezcla con el cristianismo y las religiones de origen africano, no se asuste de que un cubano le diga que Jesús, algún orisha, o el espíritu de sus ancestros, haya comparecido en una meditación zen, vipassanā, o en una visualización de algún bodhisattva o buda. Hay mucha tela por donde cortar con respecto a las relaciones entre las diversas religiones, y en cuanto a la consideración de las voces quienes ven y no ven luces en el budismo.

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Eduardo Francisco Freyre Roach es filosofo cubano, graduado y Ph.D. en Filosofía por la Universidad Estatal de Moscú. Dispone también de un diploma de maestría en estudios budistas por el Centro de Estudios Budistas (Centre of Buddhist Studies) de la Universidad de Hong Kong. Eduardo es exprofesor de la Universidad Agraria de la Habana y profesor de budismo en la Maestría de Estudios Sociológicos y Filosóficos de la Religión de La Universidad de la Habana y el Centro de Estudios Psicológicos y Sociológicos de la Habana. Sus investigaciones giran en torno a varias áreas de interés y, entre ellas, el Budismo y Wittgenstein.

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