Morando en el corazón de la realidad: Una entrevista con B. Alan Wallace

Daniel Millet Gil, editor de buddhistdoor en EspaÑol

Bruce Alan Wallace (Pasadena, California, 1950) es uno de los pensadores budistas contemporáneos de mayor relevancia en el dialogo en curso entre budistas y científicos sobre la naturaleza de la mente. Su principal tarea ha sido siempre el desarrollo de una ciencia contemplativa que integre los conocimientos y las prácticas budistas con la visión de la ciencia occidental, a fin de poder avanzar en el estudio de la mente y crear un mundo nuevo y más saludable: una revolución de la conciencia y el bienestar. En 1970 inició sus estudios de budismo y del idioma tibetano en la Universidad de Gotinga, Alemania, continuándolos en Dharamsala, India, donde fue ordenado por Su Santidad el Dalai Lama en 1975. Durante 14 años, se formó como monje budista tibetano con algunos de los grandes lamas de la época. En 1987 obtuvo una licenciatura en física y filosofía de la ciencia y sánscrito por el Amherst College y un doctorado en estudios religiosos por la Universidad de Stanford en 1995.

B. Alan Wallace. Cortesía de The Buddhist Society

Desde su inicio en 1987 hasta 2009, asistió como partícipe e intérprete en el Mind and Life Institute. Sus facetas como conocedor de las tradiciones orientales y occidentales, y como traductor del tibetano le han permitido ser interlocutor esencial entre el Dalai Lama y destacados científicos contemporáneos. Wallace es un escritor y traductor prolífico, con más de 40 libros a su nombre. A fin de integrar conocimientos científicos y contemplativos sobre la conciencia, en 2003 fundó el Instituto para el Estudio de la Conciencia en Santa Bárbara, donde creó el Proyecto Shamatha (tratado en este artículo). Hoy en día, Wallace es considerado uno de los grandes guías de meditación de Occidente. En este artículo nos hábla sobre varios temas, entre ellos, el nuevo proyecto de The Santa Barbara Institute for Consciousness Studies: el Centro para la Investigación Contemplativa en Crestone, Colorado (EE.UU.).

Buddhistdoor en Español: Ante la epidemia de covid-19, nuestras vidas se han transformado repentina y radicalmente, y con unas consecuencias últimas que aún no somos capaces de vislumbrar. ¿Cómo una antigua tradición como el budismo puede ayudarnos a responder a la grave crisis a la que nos enfrentamos?

Bruce Alan Wallace: En el budismo, nuestro desafío consiste en responder a todo lo que surja, lo consideremos felicidad o adversidad, tiempos buenos o difíciles, transmutando todo lo que se presenta ante nosotros, en nuestra práctica espiritual, para que se convierta en significativo. Nos encontramos, en efecto, en una época difícil, pero cuando miramos atrás en la historia de la humanidad, ¿cuándo no ha habido épocas difíciles, por lo menos para una parte considerable de la población humana? Estos son tiempos difíciles a nivel sanitario, pero solo una parte pequeña de la población humana ha sido influida directamente por este virus; aun así, millones y millones más han padecido consecuencias económicas, en lo que respecta a su subsistencia. Han perdido su sensación de seguridad, y se preguntan si podrán conseguir su próxima comida o cuidar de sus familias. ¿Cómo transformamos esto? Si examinamos esta situación desde una perspectiva profunda, veremos que esta pandemia no surgió de la nada. 

He leído muchos informes que dicen que nosotros, los seres humanos, hemos creado las circunstancias que han provocado esto. Estamos violando nuestro medio ambiente y a otras especies; hemos aniquilado la mitad de la vida salvaje en el planeta a lo largo de los últimos 40 años. Hemos provocado más destrucción en la ecosfera que en cualquier otra época, desde el impacto del gran meteorito hace unos 65 millones de años. Estamos experimentando ahora los resultados de nuestras propias acciones, y no hace falta mencionar la visión budista del karma, que por supuesto acepto. Si hablamos desde una perspectiva kármica, de una vida a otra, podemos ver cómo nosotros mismos hemos provocado esta situación. ¿Cómo podemos transmutarla? En primer lugar, tenemos que despertar. Todos nosotros, los 7.800 millones de personas. Tenemos que ser conscientes de cómo, de forma colectiva, estamos violando el medio ambiente, que no solo es nuestro hogar, sino que también lo es para unos 20.000 millones de animales con los que compartimos este planeta. Debemos tratar el entorno con cuidado y amor. Tenemos que mirar hacia 10 generaciones futuras para intentar dejar esta Tierra en mejores condiciones que cuando llegamos por primera vez. Pero ahora mismo, evidentemente, estamos haciendo exactamente lo contrario.

Así que estamos experimentando la cosecha de las semillas que hemos sembrado. Nosotros, colectivamente, especialmente las naciones ricas, las naciones que se enorgullecen de tener un creciente producto interior bruto, como si cuanto más puedes consumir y cuanto más produces, la sociedad fuera más exitosa: esta noción es una locura. Vemos cuánto sufrimiento sucede cada día. Lo presenciamos, y nos invita a pensar fuera de nuestros propios caparazones, y a cuidar la humanidad, cuidar este mundo entero de seres sintientes en nuestro planeta, y hacer surgir la compasión hacia aquellos que actúan desde el engaño y la ignorancia, desde la avaricia y desde una visión estrecha, y a veces, guiados por el odio, los celos y el racismo. Nos encontramos en un momento de transformación, para retirarnos temporalmente de nuestras vidas activas hacia la simplicidad y la soledad, y hacernos preguntas más profundas: ¿Cómo podemos llevar una vida lo más significativa posible, a nivel individual o colectivamente? ¿Cómo podemos cultivar una mayor compasión al ser testigos del sufrimiento y ver que existe una salida?

Alan escuchando a H.H. el Dalai Lama durante la Mind and Life Conference en 2004. Fuente: Mind and Life Institute

BDE: Háblanos sobre el nuevo proyecto de The Santa Barbara Institute for Consciousness Studies, el Centro para la Investigación Contemplativa (The Center for Contemplative Research-CCR), que se está desarrollando actualmente en Crestone, Colorado (EE.UU.). ¿Cuál es el objetivo de este centro?

BAW: El centro cuenta con de 44,51 hectáreas, y ya alberga 11 casas de retiro. Tiene una capilla, un salón de conferencias, y gran potencial para construir más casas de retiro, para desarrollar aún más estas instalaciones, que durante los últimos 35 años fueron un centro de retiro carmelita. Para el 24 de julio habremos finalizado la compra y rápidamente ocuparemos las 11 casas de retiro con personas dedicadas a la práctica contemplativa a tiempo completo, durante meses o incluso años. Pero esto, no es sólo para nuestro beneficio, no sólo para el beneficio de cada persona que venga aquí.   

Además de las 11 casas de retiro iniciales, con el tiempo, nos gustaría llegar a tener hasta unas 32, y poder organizar también retiros más cortos. Este será un lugar donde la gente recibirá un entrenamiento profesional intensivo para purificar sus mentes, desarrollar compasión, sabiduría y comprensiones profundas. Esto empieza por hacer que la mente esté a nuestro servicio, que realmente se purifique, desarrollando la atención plena, la introspección y las habilidades de atención. Cuando llegue el momento adecuado, empezaremos a trabajar con científicos, neurocientíficos, psicólogos y posiblemente con gente en el campo de la educación, la salud mental, y también con físicos, para intentar comprender la naturaleza de la mente y su función en el universo. La ciencia moderna ha estado mirando en la dirección equivocada durante los últimos 110 años, desde que el conductismo se apoderó de la psicología académica moderna hacia el año 1910. Hemos estado observando hacia el exterior, hacia el cerebro, el comportamiento, preguntando a la gente acerca de sus experiencias, cuando, si quieres entender la mente, como cualquier otro fenómeno natural, tienes que observarlo. Y tienes que desarrollar las habilidades para observarlo con continuidad, con rigor, con precisión, sin superponer nuestra experiencia, nuestros prejuicios, fijaciones o nuestras mentes estrechas.

Centro de retiro (Miyo Samten Ling) en Crestone, Colorado. Fotografía de Eva Natanya

Deberíamos estar mirando hacia el interior, atravesando las limitaciones de la mente humana, hacia un continuo de consciencia más fundamental, que trasciende la configuración de la mente humana que surge dependiente del cerebro. Más allá de esta dimensión de la corriente individual primordial de consciencia, debemos observar aún con más profundidad, más allá de la consciencia individual, para atravesar a una dimensión de la consciencia que llamamos Naturaleza de Buda, Tathagatagarbha, Dharmakaya, la mente del Buda, que no se puede localizar, es atemporal, totalmente trascendente y que es la fuente definitiva de bienestar genuino, de todas las virtudes, de toda la sabiduría y compasión. Estamos aquí para saber quiénes somos, y la forma de saber quiénes somos es mirando hacia el interior. Así que este es el objetivo para crear el Centro para la Investigación Contemplativa. Empezaremos a enfocarnos en las prácticas con las que mis compañeros y yo estamos más familiarizados, que provienen de la tradición budista. Pero el Dalai Lama también nos ha alentado a tender la mano y abrirnos a un diálogo en colaboración con la tradición cristiana, además de participar en una investigación colaborativa con los científicos. 

BDE: ¿Qué relación tiene el Centro para la Investigación Contemplativa con el Proyecto de Shamatha, que se realizó en el año 2007? ¿Por qué os enfocasteis en el logro de shamatha? 

BAW: El Proyecto de Shamatha, organizado en las Montañas Rocosas, consistió en dos retiros de tres meses, con un total de 70 personas, en dos grupos de 35. Nos enfocamos en shamatha, que se refiere a una serie de prácticas diseñadas para alcanzar el samadhi—una atención altamente enfocada, estable, clara, penetrante y vívida. Como desarrollar un telescopio para explorar los fenómenos celestes, shamatha es como un telescopio para explorar la mente.

También complementamos el entrenamiento de la atención con el cultivo del corazón. Esto lo hicimos a través de cultivar los cuatro brahmaviharas, las cuatro moradas divinas, que también se llaman los Cuatro Inconmensurables: bondad amorosa, compasión, alegría empática y la ecuanimidad. Estos fueron los dos temas—cultivar la atención y cultivar el corazón—la union de ambos, y para la gente fue inmensamente significativo. El estudio científico en sí fue un éxito extraordinario; ya se han publicado trece artículos científicos, y aún aparecerán más. En general, todas las personas en el retiro dijeron que fueron los tres meses más significativos de sus vidas. Inspirado por ello, pensé: ¿No sería maravilloso hacer algo más que un proyecto de tres meses? Acabábamos de participar en algo así como un aperitivo. ¿Por qué no ir más lejos y crear una infraestructura donde la gente pueda dedicarse a este tipo de prácticas meditativas fundacionales, desarrollando la atención, la consciencia, la introspección, cultivando el corazón de forma que estén abiertas a todo el mundo? No hace falta adoptar una visión del mundo budista (creer en el karma, la reencarnación, nirvana y demás) para poder entrenar la mente con shamatha, para cultivar estas cuatro virtudes sublimes del corazón. Son accesibles para todo el mundo.  

Esta fue la razón principal por la que escogí para el estudio científico estos dos modos de meditación- shamatha y los Cuatro Inconmensurables. Están abiertos a cualquiera, ya sean cristianos, judíos, musulmanes, taoístas, ateos o agnósticos. Así que ahora queremos, con esta base, desarrollar este centro para la investigación contemplativa. Un lugar en el que la gente pueda venir para recibir un entrenamiento completo y profesional en prácticas contemplativas. Estamos intentando mantener los costes al mínimo, para que durante meses o incluso años, puedan entrenarse como expertos contemplativos.

A lo largo de la historia del budismo, allí donde el budismo floreció —India, Sudeste Asiático, Asia central—siempre han habido personas, hombres y mujeres, que se han dedicado por completo, toda su vida, o, por lo menos, algunos años o incluso décadas, a un entrenamiento contemplativo profesional, y estos fueron los que se convirtieron en las luces más brillantes, los que penetraron en el significado de las enseñanzas budistas: la realidad del sufrimiento, la fuente del sufrimiento, la posibilidad de la libertad y el camino hacia dicha libertad. Este es el objetivo de este centro: enfocarse en las prácticas fundacionales, incorporar a la ciencia, para que los contemplativos colaboren con los científicos y no sean, simplemente, estudiados por los científicos. Esto será algo único, sin precedentes. Conseguir que científicos, formados profesionalmente, colaboren con expertos contemplativos, trabajando juntos desde fuera hacia dentro y desde el interior hacia el exterior, para comprender la naturaleza de la mente, los orígenes de la mente, qué sucede en la muerte, las causas de la aflicción mental, y las causas internas del bienestar genuino, el tipo de bienestar que puede ser sostenido a lo largo de las vicisitudes de la vida, incluyendo las pandemias, y todos los cambios, y los desafíos que nos esperan como civilización humana durante las próximas décadas.

Centro de retiro (Miyo Samten Ling) en Crestone, Colorado. Fotografía de Eva Natanya

BDE: A lo largo del año tenías previsto un programa extenso de cursos y conferencias por todo el mundo que ha tenido que ser cancelado como consecuencia de la pandemia de covid-19. Me interesa, en concreto, el retiro anual en el Campus de Lampeter, de la Universidad de Gales, que ahora tendrá lugar online y que presentarás junto con la Dra. Eva Natanya, del 18 al 23 de agosto de 2020, titulado «Morando en el corazón de la realidad: prácticas paralelas en el budismo Dzogchen y el misticismo cristiano». ¿Cómo podemos dar sentido a las afinidades estructurales y similitudes fenomenológicas entre estos dos sistemas religiosos, pese a sus diferencias innegables?

BAW: Evidentemente, al haber sido educado desde pequeño en el cristianismo (mi padre es teólogo cristiano), estoy familiarizado con las diferencias profundas entre la visión del mundo cristiana y sus prácticas y las del budismo theravada, budismo indio mahayana, vajrayana, chan, zen, dzogchen, y mahamudra. Son ciertamente, muy diferentes. Hace cincuenta años leí el libro de Aldous Huxley, La filosofía perenne, en el que proponía que si observamos las grandes religiones del mundo y dentro de ellas, sus tradiciones contemplativas; si profundizamos en las experiencias mismas, entre los grandes adeptos de las prácticas contemplativas budistas, cristianas, taoístas, hinduistas y demás, sugería que existe una confluencia en una realidad común, «una realidad» que trasciende los métodos e ideologías que son el marco en el que estas prácticas contemplativas se cultivan. Así que la idea de la existencia de una «filosofía perenne» de la realidad, una realidad trascendente que es unitaria, en la que convergen todas las grandes tradiciones religiosas, las grandes tradiciones de sabiduría del mundo, ha sido una de mis hipótesis de trabajo, durante los últimos cincuenta años. A lo largo de este medio siglo, me he enfocado en la tradición de sabiduría del budismo, porque es aquella con la que me siento como en casa, y apela a mi corazón y a mi mente. Pero mis orígenes son cristianos.

 Mientras estaba haciendo la investigación para mi libro Mente en equilibrio: la meditación en la ciencia, el budismo y el cristianismo, quedé impactado, ya que al explorar los escritos de los primeros padres del desierto, a través de la tradición ortodoxa griega de la práctica contemplativa, así como la tradición neoplatónica, desde John Scotus Eriugena en el siglo VIII hasta el siglo XV, con Nicolas de Cusa, existe una resonancia entre estas enseñanzas y las del dzogchen (la tradición de la Gran Perfección del budismo tibetano). Encontré que era algo sorprendente y que valía la pena escribir sobre ello. Y sí, el contexto de la teología cristiana y el contexto de las enseñanzas budistas (las Cuatro Nobles Verdades, la perfección de la sabiduría, las enseñanzas del Tathagatagarbha) son ciertamente muy diferentes. Pero cuando entras directamente en las prácticas y los destellos que emergen de ellas, encontré una base común muy estimulante. 

Su Santidad el Dalai Lama, que es mi principal mentor y guía espiritual, enfatiza que por encima de todo, busquemos la base común que nos une a todos, que nos vincula a través de las diversas tradiciones religiosas del mundo, reconociendo las diferencias, e incluso celebrándolas. Como Su Santidad señala, las religiones del mundo están para ayudarnos a superar las aflicciones de la mente, superar el sufrimiento, cultivar compasión, bondad amorosa, sabiduría. Busquemos esta base común, destaquemos esta base común, mientras reconocemos las diferencias. Y en el curso haremos esto en la teoría y en la práctica, alentando a la gente, a todos los que participen, a comprobar por sí mismos, tal y como vemos en el Canon Pali de la tradición budista, ehi pasi «ven y comprueba por ti mismo». ¿Existe una base común genuina entre estas tradiciones, o es solo algo que estamos imaginando? Esto es algo que debe ser comprobado a través de nuestra propia experiencia y colaboración con nuestros compañeros contemplativos de diferentes tradiciones.

Alan Wallace dando enseñanzas en tibetano en el convento de monjas «Dongyu Gatsal Ling» de Jetsunma Tenzin Palmo en India. Fuente: The Meridian Trust

BDE: Desde hace años has estado vinculado con el monje benedictino, el Padre Laurence Freeman, director de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana. ¿Puedes hablarnos sobre tu dedicación para desarrollar un diálogo y unir puentes entre las diferentes tradiciones de sabiduría?

BAW: Conozco al Padre Laurence Freeman, monje benedictino, por lo menos desde 1999. Nos vimos en un precioso encuentro en el pequeño pueblo de Prato, en Italia, donde Su Santidad el Dalai Lama participó en un diálogo entre budistas y cristianos con el objetivo de buscar formas de comprender la interrelación entre estas dos tradiciones. Antes de llegar, suponía que los cristianos estarían en un lado, con el padre Laurence Freeman y sus acompañantes todos vestidos de blanco; y Su Santidad, al ser un monje budista tibetano, iría vestido de color burdeos, por lo que el otro lado sería de color rojo. Estos dos grupos diferentes, por supuesto, no vestían todos con estos colores, pero, metafóricamente imaginé que se verían dos grupos muy distintos. Pero cuando el diálogo empezó a abrirse entre los participantes, vimos que no se trataba solo de blancos y rojos, no eran únicamente cristianos y budistas, sino que había tonalidades de rosa. Los cristianos que participaron, estaban genuinamente interesados en aprender del budismo sin intentar convertir al cristianismo a los budistas y, por supuesto, los budistas no vinieron a convertir a los cristianos, sino a aprender del cristianismo, para ver cómo aprender los unos de los otros. Recuerdo esto vívidamente. Y, desde entonces, me he reunido con el Padre Laurence en más ocasiones; hemos guiado juntos varios talleres en Santa Barbara y en Londres. Recientemente, a finales de marzo, tuvimos un diálogo online, junto con mi colaboradora, Eva Natanya, que es una practicante budista y cristiana. En esa época, yo estaba haciendo una cuarentena en Crestone, en el centro de retiros que estamos a punto de comprar. Así que el encuentro que habíamos organizado en el centro benedictino que el padre Laurence Freeman ha creado en Francia se tuvo que hacer online. El padre Laurence y un pequeño grupo de sus alumnos se reunieron en su centro en Francia, mientras que Eva y yo nos conectamos desde Crestone. Fue maravilloso al aprender los unos de los otros. Había sentido del humor, humildad, respeto, calidez y afecto. Nos dimos cuenta de que realmente teníamos mucho que aprender los unos de los otros. Cada una de estas tradiciones tiene sus propias fortalezas, y cada una tiene, por supuesto, sus propias limitaciones. ¿Cómo podría no ser así? De manera que fuimos a aprender, y este diálogo continúa.

B. Allan Wallace, Eva Natanya y el Padre Laurence Freeman. Evento en línea. Diálogo sobre las tradiciones místicas del budismo y el cristianismo. Cortesía: Bonnevaux Center for Peace

Hay muchos encuentros interreligiosos, libros y demás, y todos son muy provechosos. Pero pienso que podemos ir más lejos. Se han realizado muchos estudios científicos sobre el cerebro y el comportamiento de los meditadores, en los que los meditadores son los sujetos de los científicos. Pero, en nuestro centro, estamos avanzando más allá. Vamos a tener a contemplativos colaborando con los científicos. Y de esta forma los científicos aprenderán de las experiencias y la sabiduría de los contemplativos, y los contemplativos aprenderán de las experiencias y la sabiduría de los científicos. Esta será una verdadera colaboración, no solo científicos estudiando sujetos. De la misma forma, los contemplativos se reunirán con contemplativos de otras tradiciones para compartir sus experiencias y no únicamente hablar de sus doctrinas, ideas, creencias, instituciones y rituales. Todo esto tiene su lugar, no estoy despreciando nada de ello, pero lo que es más importante es la transformación interior, la liberación interior, la salvación, la libertad, el cultivo de la sabiduría y la compasión, y aliviar las causas internas del sufrimiento en nosotros y en todos los que nos rodean. Es el momento para un gran cambio, de forma que las religiones del mundo se reúnan bajo el espíritu de la humildad, con el deseo de aprender las unas de las otras, y con el deseo de sanar este planeta. Necesitamos científicos y gente de todas las creencias y también gente sin creencias religiosas, pero con buen corazón. Esto es lo que quería compartir hoy con vosotros.

B. Alan Wallace. Cortesía de Michelle Magrini

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Próximos cursos online de B. Alan Wallace con traducción al español:

LIBROS B. ALAN. WALLACE

  • Mente en equilibrio. La meditación en la ciencia, el budismo y el cristianismo. Editorial: Rigden Institut Gestalt. 2009.
  • La ciencia de la mente. Cuando la ciencia y la espiritualidad se encuentran. Editorial Kairós, 2009.
  • El poder de la meditación para alcanzar el equilibrio. Barcelona: Ediciones Oniro. 2010
  • El entrenamiento de la mente en siete puntos. Un método tibetano para el cultivo de la mente y el corazón. Editorial Eleftheria S.l. 2018

VIDEOS CON TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL

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