Los budistas laosianos de la Argentina

CATÓN CARINI

En la ciudad de Posadas, provincia Misiones, Argentina, se levanta una impresionante estatua del Buda dorada de catorce metros de altura y diez metros de base, la más grande de Latinoamérica. ¿Quiénes la construyeron? ¿Cómo llegaron al país? ¿De qué manera mantienen sus tradiciones culturales en un lugar tan distinto del que los vio nacer? Estas son algunas de las cuestiones que abordaremos en este escrito con el propósito de dar a conocer el proceso por el cual una comunidad étnica de origen asiático recrea el budismo en Occidente.

El Buda de Posadas en su etapa final de construcción. Fuente: Infobae

Laos es un país del Sudeste Asiático que linda con Birmania, China, Vietnam, Camboya y Tailandia. Lo atraviesa el Río Mekong, el octavo más largo de mundo, y tiene una población de seis millones de habitantes, la mayor parte de los cuales son fieles budistas. El país atravesó un conflicto bélico denominado «Guerra Civil de Laos» (1963-1975) que lo sumió en un caos político y económico. A fin de escapar del clima de violencia y conflicto reinante en los años posteriores a la guerra y buscar una oportunidad de vivir en paz y prosperidad, muchos laosianos huyeron a los países vecinos donde fueron confinados en campamentos de refugiados.

En el año 1979, se llevó a cabo una conferencia convocada en Ginebra por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para resolver la problemática de los refugiados del Sudeste Asiático, evento en el cual participaron sesenta y cinco países. Argentina fue el único que aceptó recibir a algunos de ellos, una actitud que, más que un acto humanitario, fue una estrategia para «lavar» la imagen negativa de la dictadura militar que gobernó al país entre los años 1976 y 1983, la cual en ese momento se encontraba cuestionada internacionalmente por las violaciones a los derechos humanos que estaba ejerciendo sobre sus ciudadanos.

Ese mismo año unas 266 familias de refugiados laosianos—la mayor parte de los cuales eran campesinos—llegaron a la Argentina y tuvieron que afrontar la difícil situación de insertarse económica y socialmente en un país con un lenguaje y una cultura completamente diferente. A menudo sufrieron el desprecio y la discriminación de parte de los habitantes locales y la violencia de los funcionarios de la dictadura militar argentina que se ocupaban de «integrarlos» y que no cumplieron con muchas de las promesas que les habían hecho cuando los invitaron a su país. Tras residir en distintos lugares, una parte significativa de ellos se asentó en la ciudad de Posadas, donde recibieron tierras para labranza.

Desde su llegada a la Argentina, la comunidad laosiana tuvo dificultades para mantener sus tradiciones religiosas debido a la falta de templos y de monjes budistas. Un hito destacado para superar esta situación fue la apertura del templo Wat Lao Rattanaranysaran en la colonia de Posadas en el año 1997. Otro hecho importante ocurrió en febrero de 2020 con la inauguración de la estatua del Buda de catorce metros de altura, construida por los propios laosianos a lo largo de ocho años y financiada con sus propias donaciones y las de devotos budistas de otros países, principalmente EE.UU.

Este evento se realizó en el marco de la celebración de los cuarenta años de la llegada de los laosianos a la Argentina, y participaron en él otros miembros de la comunidad asentados en diferentes partes de la Argentina, junto a vecinos de Posadas y una delegación de catorce monjes y seis monjas budistas provenientes de Laos y EE.UU., quienes arribaron al país especialmente para consagrar la imagen del Buda. 

Consagración de la estatua de Buda en Posadas. Fuente: Gabriel Pecot/Clarín.

La celebración comenzó con una vigilia la noche previa durante la cual los participantes meditaron y recitaron textos budistas durante doce horas, hasta el amanecer del día siguiente. Luego, se entregaron diplomas y obsequios a los obreros laosianos que trabajaron en la construcción de la estatua. Además, hubo danzas tradicionales, degustaciones de comidas típicas del Sudeste Asiático, y ofrendas de frutas, plantas, arroz, velas y dinero al Buda. El acto finalizó con un pastel gigante para compartir y con el baile generalizado de todos los asistentes al ritmo de la música popular laosiana y argentina.

Bailes en la fiesta por los 40 años de los laosianos en Argentina. Fuente: Gabriel Pecot/Clarín.

Durante la ceremonia, se leyeron unas palabras que la comunidad había escrito para que las escuchen todos los presentes: «este es el lugar donde nosotros crecimos, hablando otro idioma y practicando la religión budista. Muchos años a nosotros nos costó adaptarnos a la cultura argentina y salir de la pobreza. Hoy los laosianos pudieron construir sus sueños y realizar su vida en la Argentina, realizando con sus propias manos el Buda más grande de América Latina. Es un símbolo de la cultura que pretendemos dejarnos a nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, como muestra de que todo es posible, resignificando de que todos los sueños pueden volverse realidad con esfuerzo y que con esfuerzo claramente soñar es posible».

Al igual que en Posadas, en la ciudad de Chascomús, ubicada unos 120 km al sur de Buenos Aires, existe una comunidad de refugiados laosianos que procura mantener sus tradiciones. Durante el mes de noviembre realizan el festival llamado «Loy Krathong», celebrado todos los años en Laos y Tailandia en la noche de luna llena del duodécimo mes del calendario lunar. «Loy» significa «flotar» y «Krathong» designa a una pequeña balsa fabricada tradicionalmente con una sección del tronco del banano, decorada con hojas de la misma planta, flores, velas, varillas de incienso, etc.

El Loy Krathong es una fiesta tradicional que articula diversos niveles de sentido. Por un lado, se realiza para venerar la figura del Buda mediante las ofrendas contenidas en las balsas flotantes. Por el otro, simboliza tanto el agradecimiento por las cosas buenas recibidas como la aspiración de renunciar a las emociones negativas y los defectos propios, los cuales se «dejan atrás» a medida que la pequeña balsa se aleja flotando. Además, se dice que la ceremonia sirve para solicitar buenos deseos, atraer la buena suerte y honrar a la diosa hindú del agua, Phra Mae Khongkha.

Fuente: acercandonaciones.org

La celebración comienza a la mañana con una ceremonia religiosa en el tempo de la comunidad de Chascomús y es acompañada de bailes tradicionales, comidas típicas laosianas y un concurso de belleza. Culmina a la noche cuando se depositan las balsas flotantes en la laguna de la ciudad, iluminadas por la luz de las velas, la luna llena y los fuegos artificiales. Con el tiempo, esta festividad ha trascendido la comunidad laosiana y a ella se acercan vecinos y turistas, atraídos por su belleza e interesados en conocer más de su cultura y su religión.

Cabe resaltar que la preservación de las tradiciones laosianas en la diáspora ha sido posible gracias a la presencia intermitente pero constante a lo largo de los años de la comunidad budista internacional. Por ejemplo, en 1997 visitaron la Argentina dos monjes budistas provenientes de Laos para la inauguración del templo Wat Lao Rattanaranysaran en la colonia de Posadas. En el caso de la estatua del Buda, otros dos monjes budistas provenientes de Bangladés, país situado al sur de Asia, dieron el puntapié inicial al proyecto cuando en 2011 llegaron a Posadas y propusieron a los residentes locales realizar una estatua de gran tamaño. Los monjes dejaron la colonia en 2014 para vivir en Buenos Aires como laicos, pero su proyecto utópico de un Buda gigante permaneció en los corazones de los habitantes de la colonia, quienes siguieron juntándose todos los domingos para trabajar en él.

Finalmente, un tercer caso que ilustra el apoyo de la comunidad budista internacional al mantenimiento de las tradiciones culturales y religiosas laosianas en la diáspora sucedió en la colectividad asentada en Chascomús. En febrero de 2013 llegaron tres monjes budistas laosianos residentes en EE.UU. quienes, al igual que sus compatriotas argentinos, habían arribado a ese país como refugiados. El propósito de su visita radicaba en comprobar si la comunidad local mantenía sus raíces, su cultura y su religión y en alentarlos a «seguir el camino de nuestros ancianos». En dicha ocasión, uno de los monjes remarcó que «nuestra religión no se puede borrar, porque donde hay laosianos debe haber un templo. Donde hay laosianos continuamos con nuestra cultura, nuestras comidas, nuestras fiestas, nuestras ceremonias, nuestras danzas. Yo quiero agradecerles a todos, y le pido al más sagrado (el Buda) que les guíe en el buen camino, que tengan salud, trabajo, felicidad y una larga vida».

En suma, la construcción del Buda de Misiones y la celebración del Loy Krathong en Chascomús brindan testimonio de la diversidad cultural y religiosa de Argentina y, al mismo tiempo, ponen en evidencia la enorme voluntad de los inmigrantes laosianos, quienes pudieron atravesar contextos adversos y superar enormes escollos no sólo para solventar las dificultades económicas y sociales de su llegada a un país extraño, sino también a la hora de dar continuidad a su rica tradición cultural y su milenaria fe en el Buda Siddharta Gautama.

Bibliografía:

Page Poma, Eduardo. «La integración de los refugiados laosianos de Posadas».  Tesis de Licenciatura en Ciencias Antropológicas. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 2015.

Marcela Landazábal-Mora. «Huellas que pasan, imágenes que pesan: El imaginario-archivo de la diáspora laosiana en Argentina». Iluminuras, Porto Alegre, v. 21, n. 53, p. 289-327, 2020.

«Refugiados del Sudeste Asiático en Argentina: 30 años de Historia». Serie de Documentos de la Dirección Nacional de Población, Registro Nacional de las Personas, Argentina, 2012.

Fuentes periodísticas:

«Celebración de Loy Krathong en Chascomús». Diario Chascomús Ciudad, 17/08/2018.

«El Buda más grande de Sudamérica y la increíble historia de los laosianos en Argentina». Diario Clarín, Buenos Aires, s/f.

«En Misiones construyeron una estatua de Buda de nueve metros». Diario Perfil, 17/02/2019.

«La estatua de Buda más grande de Latinoamérica». Diario El Reportero, Posadas, 23/02/2020.

«La travesía de los laosianos». Revista Gatopardo, Ciudad de México, 11/01/2017

«Laosianos en Argentina: cómo la guerra de Vietnam y un plan de la dictadura dio origen al Buda más grande de Sudamérica». Diario Infobae, 21/02/2020.

«Se inaugura el Buda más grande de Latinoamérica»”. Diario Primera Edición, Misiones, 28/01/2020.

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Catón Eduardo Carini es licenciado en antropología por la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), magister en antropología social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y doctor en antropología por la UNLP. Trabaja como investigador adjunto del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina y como profesor de Antropología Cultural y Social en la UNLP. Se interesó en el budismo en 1999 cuando comenzó a practicar meditación zen con el maestro francés Stéphane Thibaut de la Asociación Zen de América Latina. Posteriormente, se abocó a la práctica de la meditación vipassana en centros vinculados al maestro birmano S. N. Goenka, así como a la práctica de la tradición dzogchen del vajrayana, bajo la guía del maestro tibetano Chogyal Namkhai Norbu.

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