Las mujeres en el budismo contemporáneo: un desafío para el siglo XXI

Sónia Gomes

Este artículo fue publicado originalmente en Buddhistdoor Global. Lo siguiente es una traducción al español de aquel artículo.

Sónia Gomes con Su Santidad el Dalai Lama. Imagen cortesía del autor

Según la tradición del canon budista temprano, el Tipitaka, Sujata fue la primera mujer en ofrecer sustento a Siddharta Gautama. Este sencillo acto de bondad por su parte le salvó la vida, ya que este estaba a punto de desmayarse tras seis años de práctica de un ascetismo extremo. En este sentido podríamos reconocer a Sujata como la primera discípula laica del Buda Sakyamuni, aunque, técnicamente, fueron los mercaderes Trapusha y Bhallika los primeros en ponerse bajo el ala del Buda recién iluminado. Sujata ya era devota de Siddhartha Gautama antes de que este alcanzara la iluminación, porque había oído hablar de él al pasar por donde él estaba. Su encuentro supuso un punto de inflexión en la vida de Sujata y también en la de Gautama, que en aquel momento estaba practicando el ascetismo. Su ofrecimiento marcó un nuevo enfoque en sus reflexiones que condujo al mendicante a alcanzar la iluminación y convertirse en el Bendito.

Sujata que, efectivamente, salvó la vida del Buda y aseguró la transmisión del budismo al mundo, no recibió el reconocimiento que merecía. Si hubiera sido un hombre, sería venerada como un bodhisattva. Como ella, muchas mujeres han transitado un camino similar a lo largo de la historia, sin que nadie se percatara de su existencia.

La presencia de mujeres en el budismo merece ser revisada y rescatada. Desde Mahaprajapati, la tía de Siddhartha (que lo crio y se convirtió en la primera monja) a Yeshe Tsogyal y Magig Labdron; desde Alexandra David-Néel (la primera occidental ordenada) a Khandro Tsering Chödron, junto con Jetsum Kushok, Pema Chödrön, Tenzin Palmo, Charlotte Joko Beck y muchas otras grandes maestras, debemos reexaminar seriamente a las yoguis y practicantes pasadas y futuras tanto en Oriente como en Occidente.

En el budismo tibetano encontramos muchas personificaciones de la sabiduría femenina. Entre las más conocidas está Ary Tara, la princesa que vigila y protege a los practicantes. Un maestro le aconsejó que rezase para reencarnarse en un hombre, porque, como tal, podía llegar a convertirse en Buda, un estado que se cree que es inaccesible a los seres con cuerpos femeninos. Ella lo rechazó y prometió que regresaría y se convertiría en Buda en un cuerpo femenino. Como escribió Jennifer Watts: «A lo largo de la historia las mujeres se han esforzado por alcanzar sus objetivos espirituales. Las mujeres que practicaban el budismo se veían obligadas a convertirse en estereotipos femeninos tradicionales y negativos para poder practicar el Dharma y seguir el camino hacia la salvación». (Universidad de Idaho).

Sónia Gomes con Dra. Kunsang Dolma, presidente de Lotus Heart. Fuente: lotusheart.org

El sistema patriarcal como auténtico obstáculo

El abuso de poder siempre ha sido un gran problema humano y el patriarcado está plagado de abuso de poder. Pero uno de los aspectos más violentos del poder patriarcal es que los hombres asumen automáticamente que tienen poder sobre las mujeres. Aunque queramos protegernos y tomemos precauciones ante el abuso de poder, una sociedad totalmente igualitaria en la que nadie tiene más influencia o prestigio, o incluso riqueza, que los demás parece imposible. Lo importante aquí no es abolir la jerarquía social, algo que no es realista, sino establecer un sistema humano en el que la jerarquía quede amortiguada y los géneros puedan relacionarse entre sí como iguales.

Como el sistema patriarcal, que está profundamente arraigado, ya pone a los hombres en una posición de poder en la sociedad (antes incluso de que alcancen una posición institucional de poder ya sea en los negocios, el gobierno, la religión o los medios de comunicación) esta no es tarea fácil. Los grupos privilegiados no ceden fácilmente su poder y, de hecho, pueden sentir una repulsión instintiva y psicológica ante una propuesta así. Dicho esto, si observamos de cerca muchos de los abusos de estos sistemas, veremos que se dieron después de que un maestro alcanzara un cierto nivel de popularidad que lo hizo sentirse totalmente invencible. Y las personas y las estructuras que lo rodeaban, colegas, seguidores, editores y, ahora, redes sociales, le ayudaron a mantener esa ilusión.

No basta con nacer en un cuerpo de mujer para darnos cuenta del poder de nuestra sabiduría femenina.

Imagen cortesía del autor

Recuperar el aspecto de «feminidad sagrada» en la época contemporánea

El concepto «feminidad sagrada» valora el principio femenino (junto con el masculino) como aspectos iguales y fundamentales de la trascendencia. Este paradigma se centra en el cuerpo de la mujer, sus ciclos emocionales, físicos y psicológicos, y proporciona una guía sobre cómo pueden las mujeres rearmonizarse e integrarse con la naturaleza y el plano espiritual. La feminidad sagrada busca redescubrir una sabiduría natural y antigua que incorpora en la vida cotidiana los valores del arquetipo femenino en los campos social, personal, religioso, cultural y educacional, entre muchos otros. 

El movimiento de la feminidad sagrada ha ganado fuerza en los últimos años gracias a la creciente sensación de que es urgente un cambio. Durante mucho tiempo nuestra experiencia del mundo ha sido coloreada por voces exclusivamente masculinas y, a causa de esta exclusión y represión de lo femenino, acabamos experimentando una «masculinidad negativa». Esta obsesión dogmática y excluyente por desatar la masculinidad y reprimir la feminidad ha conducido al derrumbe de los valores relacionados con el cuidado, la salud integral, la educación, las relaciones, la comunidad, la unión, la ecología, el arte y la espiritualidad natural. Se prioriza enormemente todo lo relativo a la economía, el poder externo, la guerra y el imperialismo, el desacuerdo, la competencia y la explotación de las personas y la naturaleza. La humanidad se centró en el exterior, en lo material y físico, olvidando el interior, la vida interior y, lo que resulta más trágico, la conciencia espiritual.

Creo que la ciencia moderna solo podrá avanzar cuando las mujeres vivamos en una sociedad que nos vea como realmente humanas, seres humanos plenos con una gran variedad de deseos, esperanzas, defectos y contribuciones que ofrecer. Es más, las mujeres pueden desarrollar tres roles que los hombres no: hermana, esposa y madre. Las mujeres crean y sustentan comunidades, apoyan religiones y comunidades de fe y son quienes crean literalmente la unidad familiar al dar a luz. Es la mujer la que lleva al bebé en su vientre durante nueve meses y, después de dar a luz, se convierte en su primera maestra y mentora. La realidad es que a pesar de que esto es conocimiento general, a las mujeres se les sigue negando la plena igualdad y los plenos derechos en distintos grados.

Como muchas otras grandes religiones, el budismo ha sido bastante desfavorable para las mujeres, pero puede proporcionarles libertad, dignidad y paz. Todo depende de cómo se practique el budismo y mucho de eso depende de la iniciativa, la valentía y la imaginación de las mujeres que lo practican, especialmente de las que abogan por una manera de entender la práctica budista independiente del género.

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Sónia Gomes, Ph.D. en Marketing y Comunicación, es asesora internacional de Lotus Heart, una ONG que ayuda a mejorar la salud, la educación y el sustento de las poblaciones desfavorecidas de Nepal. Es fundadora y directora ejecutiva de los centros de bienestar Spaso Zen-Wellness & Beauty en Portugal y embajadora de buena voluntad global (presidenta de Portugal). Ha hablado en conferencias en Asia sobre el empoderamiento y la educación de las mujeres en materia de higiene femenina.

Enlaces

Women in Buddhism (UIdaho)
Lotus Heart

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  1. Proselitismo feminista disfrazado de “justicia social”. Esta divina la nena, pero ya estamos hartos del lavado de cerebro mediático del “progresismo” y un feminismo que cada vez se aproxima más a un “hembrismo”

  2. Proselitismo feminista disfrazado de “justicia social”. Esta divina la nena, pero ya estamos hartos del lavado de cerebro mediático del “progresismo” y un feminismo que cada vez se aproxima más a un “hembrismo”

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