El budismo en Uruguay

Ismael Apud

Este artículo es parte de nuestra edición especial sobre el budismo en los paises de habla hispana.

Uruguay es un pequeño país situado entre Argentina y Brasil, con una población de unos tres millones y medio de habitantes, de los que la mitad vive en su capital, Montevideo. Al situarse en Latinoamérica, el lector podría pensar que se trata de un país fuertemente religioso, con una gran influencia católica en su matriz de prácticas y creencias. Sin embargo, este pequeño país tiene un conjunto de características propias que lo diferencian del resto del continente. Uruguay es, por lo menos para el imaginario cultural de sus ciudadanos, un país poco religioso, con una fuerte presencia de un Estado laico y una institucionalidad democrática reconocida.

La construcción del Estado moderno uruguayo en las últimas décadas de siglo XIX y primeras del XX tomó como modelo un laicismo radical que buscaba expulsar la religión de los espacios públicos. El principal antagonista fue la Iglesia Católica, a la que progresivamente se la fue desplazando de instituciones educativas, hospitales, cementerios y otros espacios públicos. La separación entre la Iglesia y el Estado fue vista como un paso esencial para de la modernización del país. Esto llevó a que en el imaginario cultural se afianzara la idea de Uruguay como un país poco religioso, así como que ser religioso era básicamente ser católico. Sin embargo, ya en esas épocas podemos ver un escenario religioso plural, donde conviven distintas agrupaciones religiosas. Por un lado, iglesias de variadas confesiones, como metodistas, anglicanas, valdenses, armenias, entre otras. Por otro lado, e influenciados por nuestros vecinos de Brasil, los populares cultos afro-brasileños de posesión.

La segunda década de siglo XX marca distintos rumbos en el país. En 1973 comienza la dictadura militar, situación que Uruguay sufre en forma similar a otros países latinoamericanos. Por más de una década, la falta de libertad de expresión, la censura de los medios de comunicación, y la sospecha frente a cualquier agrupación civil, fueron en detrimento de posibles nuevas congregaciones en el campo de lo religioso. Es recién en los ochenta, con el retorno de la democracia y la progresiva globalización, que el mercado de bienes religioso/espirituales sufre una diversificación exponencial. Este nuevo contexto cultural permite la entrada de distintas corrientes, entre las que se destacan: New Age, yoga, orientalismo, centros holísticos, neochamanismo, y por supuesto, escuelas budistas de distinta procedencia. En esta nueva coyuntura, el Estado uruguayo adopta una actitud menos confrontativa, contemplando la pluralidad religiosa del país, y entendiendo la misma como parte del patrimonio cultural de la sociedad uruguaya. Ejemplos de este cambio de actitud han sido la construcción de la Cruz del Papa en uno de los puntos más transitados de Montevideo, o la construcción de la estatua de Iemanjá (diosa del mar en las religiones afro-brasileras), instalada en una de las playas más concurridas de la capital.

La Cruz del Papa (Montevideo). Foto cortesía del autor
La Estatua de emanjá (Montevideo). Foto cortesía del autor

Es en este contexto que distintas escuelas budistas hacen su aparición en Uruguay. La mayoría de ellas arriba al país gracias al interés y esfuerzo individual de distintas personas que en sus búsquedas espirituales deciden transitar por los caminos de la iluminación budista. Entre las escuelas que llegan al país en esta época encontramos dos escuelas de budismo tibetano, tres escuelas japonesas y una escuela de budismo Theravada. Sin embargo, éstas no son las primeras instituciones budistas en el país, siendo que décadas atrás, ya tenemos la presencia de una de las organizaciones budistas japonesas más importante a nivel internacional, la Soka Gakkai International (SGI).

La primera institución budista en llegar a Uruguay es la “Sociedad Pedagógica para la Creación de Valores”, conocida por su nombre japonés, Soka Gakkai. La organización nace en 1930 como una asociación civil fundada por Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, bajo el interés de una reforma humanista de los valores nipones, bajo un universalismo propio de la filosofía budista del monje Nichiren (siglo XII D.C.). La práctica del budismo Nichiren se basa en la recitación del mantra Nam Myōhō Renge Kyō (“devoción al Sutra del Loto”), en frente a un Gohonzon (“objeto de devoción”, consiste en un pergamino escrito por Nichiren, con la fórmula mencionada y los nombres de distintos bodhisattvas). Las fuertes críticas de Makiguchi y Toda al gobierno japonés de la época llevaron a la proscripción de la organización y el encarcelamiento de sus líderes. Makiguchi muere en prisión, mientras que Toda, al quedar libre luego de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, reconstruye la institución. Su actual líder a nivel internacional es Daisaku Ikeda, quien proclama una “revolución humana” a través de valores budistas que llevarán a una “paz mundial”. La SGI llega a Uruguay en los años 1960, a través de familias de inmigrantes japoneses que comienzan a propagar la ley al resto de los uruguayos. Actualmente la Soka Gakkai Internacional de Uruguay (USGI) posee centros en distintos puntos del país. Su sede cultural se encuentra en una de las avenidas principales de Montevideo.

Centro Cultural de la USGI (Montevideo). Foto cortesía del autor

La USGI no es la única institución de budismo japonés que sigue las enseñanzas de Nichiren en Uruguay. Tenemos también la Nichiren Shū, escuela con centros no sólo en Uruguay, sino también en otros países de Latinoamérica. Esta escuela llega a Uruguay a comienzos de milenio, cuando simpatizantes uruguayos contactan con el encargado de la Nichiren Shū para Latinoamérica, Shoyo Tamura. A partir de allí comienza un contacto cada vez más fluido entre el grupo uruguayo y autoridades japonesas e internacionales de dicha escuela.

Otra rama del budismo japonés en Uruguay es la Sōtō Zen, cuya vía para alcanzar la iluminación es el zazen, práctica que consiste en sentarse en la postura y la respiración correcta. En Uruguay, la práctica del zazen llega a fines de los ochenta, cuando un practicante funda la Asociación Zen del Uruguay (AZU). La creación de la AZU responde inicialmente a una iniciativa individual, sin filiación internacional alguna. La falta de adscripción institucional provoca distintos conflictos en el emergente grupo, que finalmente se divide en dos grupos. El primero se afilia a la Kosen Sangha de Buenos Aires, escuela perteneciente al linaje de Estefan Thibaut, discípulo de Taisen Deshimaru. Dentro de este marco institucional se crea el Centro Zen de Montevideo (CZM). El segundo grupo mantendrá el nombre de AZU, pero ya desligado de su fundador inicial. Este grupo se ampara en la figura de Roshi Daigyo Moriyama, responsable de la Sōtō Zen para Sudamérica.

Además de escuelas japonesas, en Uruguay también se pueden encontrar escuelas de raigambre tibetana. El budismo tibetano o Vajrayana (“camino del diamante”), quizás sea una de las ramas más “barrocas” del budismo, dada la profusa utilización de pinturas e imágenes, la devoción de seres celestiales, y la diversidad de prácticas meditativas. Las escuelas uruguayas no son la excepción. La primera pertenece a la tradición Kagüypa, cuyo líder es el XVI Karmapa Trinley Thaye Dorje. La escuela uruguaya surge gracias al contacto de un grupo de uruguayos con la organización internacional Diamond Way en los años noventa. La organización es dirigida por el Lama Ole Nydahl, un danés que se convierte al budismo luego de visitar al Karmapa en Nepal en los años sesenta. A partir de este vínculo inicial se crea en Montevideo el Centro Budista Camino del Diamante. Actualmente el grupo de practicantes cuenta con un local de práctica en Montevideo y un centro de retiros en el interior del país, denominado Karma Dechen Ling (“tierra del más alto gozo”).

Práctica de meditación en el Centro Budista Camino del Diamante (Montevideo). Foto cortesía del autor

Una segunda escuela tibetana en Uruguay es la Chagdud Gonpa, proveniente de la tradición Ningmapa. La escuela es fundada por Gagdud Tulku Rinpoche, difusor del budismo en occidente a través de la creación de la Chagdud Gonpa Foundation en Estados Unidos, en el año 1992. En la segunda mitad de los noventa un grupo de uruguayos comienza a interesarse por sus enseñanzas, invitando a su líder al país. Actualmente el grupo cuenta con un templo en el interior del país, donde una vez al mes se organizan visitas programadas para aquellos interesados en el budismo, o que simplemente quieran admirar el arte pictórico y arquitectónico del Vajrayana. El grupo uruguayo se encuentra afiliado a la filial Chagdud Gonpa Hispanoamérica.

Templo Chagdud Gonpa Sengue Dzong (Minas). Foto cortesía del autor

Por último, la tradición Theravada también tiene sus representantes en Uruguay. Las enseñanzas del budismo Theravada son consideradas usualmente como las más “antiguas”, en tanto suponen conservar el mensaje y estilo original de la práctica enseñada por Buddha. Su ideal a seguir no es el bodhisattva sino el arhat, y su forma de meditación es la vipassana. Su área de influencia es el sur de Asia, abarcando países como Sri Lanka o Tailandia. En Uruguay, la llegada del Theravada responde a una agrupación de personas que, interesadas en el budismo, toma contacto con el monasterio Dhamma Viharay el Instituto de Estudios Budistas Hispano, ambos situados en México. En el 2013, el grupo se registra bajo el nombre de Asociación Civil Religiosa Cultura Dhamma. Es un pequeño grupo en consolidación, dando sus primeros pasos en el país.

Hoy en día el número de practicantes en Uruguay es difícil de calcular. La USGI, institución budista con más antigüedad en el país, ronda en unas 1000 familias afiliadas, aunque esto no implica que todas ellas participen activamente en la práctica. El resto de los grupos poseerían entre 10 y 50 miembros permanentes, si bien es cierto que son frecuentados por cientos de “buscadores espirituales”, que podríamos calificar como practicantes fluctuantes. Es una parte de este capital humano móvil el que eventualmente termina comprometiéndose con los caminos de la iluminación. Los buscadores espirituales son un perfil de practicantes cuya popularidad ha sido posible bajo el contexto posmoderno y globalizado del Uruguay de las últimas décadas. La aparición y popularización de las distintas escuelas budistas en Uruguay responde entonces a este contexto,  con sus transformaciones en  lo político (salida de la dictadura y retorno de la democracia), tecnológico (creciente globalización del país, a través de la aparición de nuevas tecnologías de comunicación, que permiten un contacto más fácil con los grupos internacionales), cultural (aparición de una vasta literatura e información en torno a filosofías y espiritualidades orientales), y religioso (desencanto de instituciones y creencias tradicionales como el catolicismo, y búsqueda de nuevos modelos y prácticas de espiritualidad).

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PhD Ismael Apud.
Docente de la Facultad de Psicología, Universidad de la República, Uruguay.
Investigador, Sistema Nacional de Investigadores (SNI), Agencia Nacional de Investigación e
Innovación (ANII), Uruguay.

Referencias bibliográficas sobre budismo en Uruguay

  • Apud, I.; Clara, M.; Ruiz, P.; Valdenegro, A. (2019) Buddhism in Uruguay. In H. P. P. Gooren (ed.) Encyclopedia of Latin American Religions. Religions of the World (pp. 131–134), Springer International Publishing, Switzerland. Sitio web
  • Apud, I.; Clara, M.; Ruiz, P.; Valdenegro, A. (2015) Seis Grupos Budistas en el Uruguay de siglo XX.Anuario de Antropología Social y Cultural en Uruguay, 13, 135-144. Sitio web
  • Apud, I.; Clara, M.; Ruiz, P. (2013) Linajes budistas en Uruguay. ‘Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 18, 9-25. Sitio web
  • Clara, M.; Apud, I.(2005) Las tradiciones Budistas en Uruguay. Sitio web

Sitios web de algunas instituciones budistas uruguayas

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